“Cái se bebe el sol
Cái es la brisa marinera
Y que remienda tu corazón
Con la sonrisa más morena”
Alejandro Sanz.
Mi querido amigo el profesor titular de la Universidad de Cádiz: el Dr. Antonio Arcas de los Reyes, es amigo desde los inmemoriales tiempos del negro anaranjado. Antoñete, que es como los íntimos le llamamos, tiene -como casi todo el mundo- una cosa buena y una cosa mala.
La buena, es que -siendo seguidor de este blog- tiene la deferencia de remitirme “vezencuando” diverso material publicable; casi siempre, relacionado con una de las tierras que más amo y más respeto en todo el mundo mundial: Cádiz.
La mala, es que se prodiga muy poco por aquí, por su tierra de adopción donde estudió: Málaga. Espero que en la próxima reunión que nuestra logia musical organice (a manos me temo del excelso Jotapunto) pueda tener yo, el privilegio de volver a abrazarle y darle las gracias personalmente.
Bien.Vamos a lo que vamos . Me remite Antoñete, un preciso y documentado documento (valga la “repugnancia” que diríamos los dos) donde se trata la inigualable Cocina Marinera del Estrecho.Ya sabéis, el de Gibraltar; ese donde aún navegan -contra legalidad y natura- corsarios catetos con inglés ceceante de la Pérfida Albión.
Un interesantísimo documento este, que informa entre otras cosas, acerca de los tipos de barcos que componen la flota de la costa gaditana. La que -cuando la dejan los acuerdos- se va para Marruecos a Larache, Alhucemas o Agadir y se traen las capturas para guisarlas como nadie sabe hacerlo, cómo Dios manda. Habla también, el documento referido, de las lonjas de pescado o de las artes de pesca. Todo muy instructivo e interesante para los adoradores de la costa gaditana que somos legión.
Pero sobre todo, nos enseña una magnifica muestra de recetas propias de la provincia, basadas en el pescado, que son absolutamente deliciosas.
Mi propia experiencia gastronómica, me vuelve a poner en marcha por esa preciosa ruta que, desde Bolonia, bordea el mar hasta Zahara de los Atunes, para, inmediatamente, seguir junto a una playa casi virgen vallada de alambre espinoso (por imperativo legal) que evita que las vacas retintas invadan la carretera. Siguiendo la línea azul que el mar te manda, llegamos a Barbate para, en su mercado, hacernos con los mariscos y con la ventrecha de atún que nos resolverá mas de una fiesta posterior. No olvidar los salazones de Herpac!!!
A la vuelta, y cambiando de ruta, nos vamos entre bosques de pinos hasta Vejer de la Frontera, rozamos Tahivilla y Facinas y volvemos otra vez a Bolonia, al hogar provisional, donde daremos cuenta de una orgía de ácido úrico con sabor a rocas, ostiones y erizos de mar.
Regularmente, he ido a Jerez (lugar donde reside mi amigo el Doctor en Económicas) que me sirve de centro estratégico para mis rutas por la provincia. Dejaremos para otro día la zona montañosa de Arcos, Grazalema, El Bosque, Ubrique…porque hoy, de lo que se trata, es de comer pescado y marisco.
De Jerez, vamos a Sanlúcar; langostinos en Casa Barbiana y después, para Balbino para adorar y rendirle pleitesía a la persona que hace encajes de bolillos a base de harina de garbanzos ajo y perejil y borda, literalmente, las tortillitas de camarones.
A Rota, precioso pueblo -a pesar de esa imagen errónea que pueda provocar la base americana- para comer una deliciosa Urta a la Roteña en el Bar Emilio en calle Mina. Al Puerto de Santamaría -y para no complicarnos- acercarnos a Romerijo que nos ofrece un surtido de cartuchos de mariscos fresquísimos que quitan el sentío a un precio razonable.
Si vas a Cádiz, no dejo de comerme alguna ración de ortiguitas en Casa Grimaldi, o unos papelones de pescado frito en la Plaza de las Flores. La llamada Plaza Topete.
Este documento que ahora viene, su recetario, esta dividido -como tiene que ser- en secciones:
Los Entremeses y Ensaladas: Los salazones, las ensaladas de melva canutera, de caballa, de jurel…
Los Guisos: los pescados en amarillo (la raya, el atún), el arroz aparte a la banda (sic), los potajes de jibia o de garbanzos con choco…
Los Segundos: aquí están los mas gloriosos: El atún encebollado, el choco en salsa, raya en pimentón, el atún a la plancha, las papa aliñás con huevas, las acedías fritas…
Un mundo, ahora sí alcanzable, que gracias a mi amigo pongo a vuestra disposición.
Podéis descargaros este documento en pdf, desde aquí:
Publicado el septiembre 21, 2011 por ÁLVARO SOUVIRÓN
LA RESPUESTA FLOTA EN EL VIENTO.
Tengo que reconocer que mi Amigo el escritor Jotapunto Rebuscá me conoce muy bien. Pues me describe con unos adjetivos que de ninguna manera le voy a refutar: Nervioso, intranquilo, impaciente, vehemente y, tambien, apasionado.
Porque es la pasión lo que me lleva a ese estado de excitación por ver el trabajo que se me ofrece -o se me ocurre- terminado con el agobio exasperado de la prontitud. Resolutividad lo llamo yo. Impaciencia los demás. Kelesdén!
El Summun de la intranquilidad; la prisa por ver el resultado que me imagino y que ya veo en mi mente, terminado y listo para entrar en la imprenta inexistente.
Asi, que no voy a desmentir al escritor amigo, porque todo, al fin y al cabo, es así; tal y como él lo cuenta. Por eso, por el gran respeto que me inspira, y por los cuarenta años de cabalgada juntos, voy a hacerle, por una vez ,y sin que sirva de precedente, caso. Casi caso.
Porque voy a insertar en este post que le pertenece, la primera entrega (el link a dicha entrada en este blog, de ahí lo de “casi caso”) de La Moda de los Chochos Afeitados (1) para que compongan el “Todo” de La Respuesta Flota en el, Viento.
Después, a continuación, inserto los tres cortos relatos que configuran la totalidad de la mini tetralogía Boloniense.
Así, de esa manera cumplo su deseo, casi; y voy “Del Segno a la Coda” que es como él quiere que se haga.
Para terminar este alegato amigo mio, te vuelvo a decir que este sitio, es tu sitio. Cuando quieras volver a disponer de rincón privilegiado… Don’t Think Twice, Its All Right. No te lo pienses dos veces, está bien.
Que una marea se lleve a los especuladores
y que, a los asustaviejas se los coman los tiburones.
Pasión Vega .Pregón del Carnaval de Cádiz, 2007
La segunda reflexión vino tras pedir audiencia al Faro de Trafalgar, oteando las aguas en las que españoles e ingleses empataron en una inútil batalla que perdieron los franceses cuando se fueron de rositas.
Pero la batalla del Estrecho que avistaba era otra.
Sólo la quinta parte de los 260 kms de la costa gaditana salvan el trecho que separa los faros de Punta Carnero y Cabo Trafalgar, allí donde la mar del Estrecho se redime en océano salpicando las arenas de Tarifa, Zahara de los Atunes y Barbate. Pero, pese a que tanta amplitud de línea costera, daría mucho de si para armonizar los entornos naturales con eso que llaman explotación turística -“resort” en la lengua de Drake- el especulador y el político ‘esperaolla’ ya apuntan, y disparan, sobre el maravilloso mundo de los parques naturales del Estrecho.
Disparan a matar. Atlanterra -menuda mierda- devora Zahara de los Atunes; las mareas de sicigias de Los Caños de Meca se achican cuando casi tocan los complejos hoteleros y turísticos de Faro de Trafalgar y San Ambrosio, lugar donde el delirio pretende construir ¡Un campo de golf! y así justificar decenas de promociones para turismo de calidad.
Malagueños y malacitanos dominan el tema.
Playa Bolonia se sostiene como último bastión. Todos saben que se salva de milagro. De milagro, gracias al Parque nacional y gracias también al ejército, propietario de parte del suelo; se trata de un suelo donde está taxativamente prohibido construir. Cádiz, con costa para dar y regalar, ha de comprometerse a evitar otro desaguisado y ganar la batalla de Estrecho
¿Resistirá?
La respuesta flota en el viento
LA CLAVADA
De la frase “ Venite ad me vos qui stomacho laboratis et ego restaurabo vos” («venid a mí todos los de estómago cansado y os lo restauraré») dicen que proviene la palabra ‘restaurante’; la ingeniosa frase, atribuida a un mesonero gabacho, de apellido Boulanger, sería incompleta en Playa Bolonia, donde deberían de añadir «y os pegaré una buena clavada».
Menudo arte se gastan en Playa Bolonia para clavar al personal. No es que los precios sean altos…en Sotogrande; pero un discretito platito de almejas a 12 €, servido en un local afín a una ‘fonda de los años de la jambre’ y situada a un tiro de piedra de donde se capturan, raya un poco, la verdad. Pero admítase, y por eso se perdona, que es el peaje por la prohibición de edificar.
Merced también a dicha restricción se aprecia el ingenio y picaresca de los bolonieses (¿bolonianos?) seres capacitados para engendrar un exótico “resort”, gatuperio sin par de turismo rural y playa, en el que se habilitan aposentos hasta en los antiguos pesebres que alquilan al costo metro cuadrado más caro de la zona euro. Un ingenio que además da al traste con el problema del “overbooking”: los cuatrocientos habitantes de la pedanía se ofrecerán gentilmente a cederles un cachito de sus casas. Entiéndase ‘cachito’ en sentido estricto.
Lo de los pesebres es tan cierto como que asnos, caballos, gallinas, perros o vacas, con natural y espontánea placidez, bajan hasta el rebalaje. La vaca, de raza retinta, alienta a romper tópicos costero y por es razón atinan quienes incluyen carne en la comanda; su precio está más ajustado que el del pescado y la calidad asombra. Dado que en eso del ‘pescaitos’ a los malagueños y malacitanos nos ganan pocos, la opción vacuna arrienda las ganancias.
Proveerse de fruta viene de perlas para plantar cara a las inevitables, y siempre dilatadas, caminatas al borde del mar. Imposible calcular el precio, ya que siendo lo usual adquirir fruta variada – melocotones, peras y ciruelas- el frutero la pesará toda junta en un improvisado cartucho que colgará, haciendo el paripé y mientras suelta cualquier tinguiterana ocurrencia, en una romana descatalogada cuando Plinio el Joven era niño.
Esas caminatas playeras, surcando y profanando la finísima arena, con la silueta africana desterrada en el horizonte, eclipsan las clavadas.
Hacen que uno sienta que flota en el viento.
MONDRIGONES
Así llaman en algunos parajes de ‘Cai’ a los maricones, o sea los “gays” de los países anglosajones y los maricas nacionales de la globalización. Pero nomenclaturas al margen, la reflexión boloniesa que trajo la pertinaz ventisca fue: ¿tienen estos señores algún tipo de venia para hacer lo que les venga en gana delante de los hocicos del personal?
En un ataque de fogosidad, dos moñas se enfrascaron en un kamasutra de parguelas – a tenor de lo visto las posturas de los bujarrones parecen sacadas del circo- obviando la presencia de niños y por supuesto de mayores. Fue por la zona de las pozas y aunque se distinguían veinte mil sitios donde echar un casquete lejos de indiscretas miradas, los muy guarros empezaron a meterse manos y pollas justo en medio de la caleta, tal vez para divulgar lo antiestético que resulta a la vista un par tíos porculeándose.
Lo malo es que los que pierden aceite suelen estar cachas y aquel día los pocos que andábamos por allí no aparentábamos mucho. Pero como un padre es un padre, uno que jugaba con sus pequeños por el roqueo, y a todas luces frito de aquellos asquerosos mondrigones, se le ocurrió plantarse a dos metros de la escena haciéndonos gestos discretos, pero ostensibles, para que nos acercáramos a echar un pitillo con él, Ni corto ni perezoso los que le entendimos nos acercamos y aquellos puercos tomaron la de villadiego con dolor de huevos entre las patas y sin decir esta boca es mía.
Aseguró uno de concurrentes, que algunos grupos de los «que le patinan el embrague» pactaban estas actuaciones para espantar a la gente de lo que consideran ‘sus playas’- las toman al asalto de la guarrería pública- pero que en Bolonia les estaba saliendo mal la jugada; cada vez iban más familias y se estaban alejando a los Caños de Meca. Pues que les den.
Como siempre que se escribe sobre sarasas, llega el momento de exponer las innecesarias pero ineludibles excusas a los homosexuales de la tierra, para aclararles que el autor dista de ser homófobo; que le importa un comino las inclinaciones sexuales de cada uno y que considera que las culturas que dictan y mantienen leyes homofóbicas han de renunciar a denominarse culturas. Pero que se percaten de que es su cómplice silencio, ante estos hechos, lo que provoca en parte el rechazo social hacia la homosexualidad, a la que se identifica con el mariconeo y el guarreo, y a los homosexuales con las locas carnavalescas que desfilan el día del orgullo “gay”.
Coda
Alejados del tufo a sudor y Nivea de las tumbonas, de las enfiladas sombrillas que estorban para ver las olas, del tronar de las motos acuáticas, del rugir de las lanchas que tiran de parejas colgadas de un paracaídas y del repetitivo sonsonete de la avioneta de la que cuelga la pancarta de la actuación de la ‘pantoja’ de turno; alejados de las urbanizaciones a cinco minutos de tres campos de golf con sus treinta promociones incluidas y sus fases I-II-III y IV, de al menos cuatro centros comerciales con incontables pubs, tiendas “kitsch” y real estate, for rent /sale, de otros cinco bloques de apartamentos y de los monótonos e inacabables paseos marítimos, los malagueños y malacitanos han reencontrado, en la vecina Cádiz, las viejas calas de marengos y merenderos y aquella mar sobre la que no flotaba la asquerosa nata, que durante cuatro décadas deriva a merced del Plan de Saneamiento integral de la Costa del Sol.
Sometida a un saqueo sin parangón, casi la totalidad de los caso doscientos kms, de la costa malagueña han sacrificado su perfil originario, perfil bendecido por calas, dunas, cañas y atalayas erigidas por el levante y la ‘ponentá’, a cambio de una mezcla de cemento y bullicio en aras de un desarrollo apadrinado por el lado oscuro del negocio turístico.
Nadie como malagueños y malacitanos saben del poder de la amenaza que se cierne sobre el Estrecho. Tal vez por ello no sea cierto que escapen hasta aquellos parajes.
Tal vez acuden a defenderlos.
Aunque probablemente, perderán la guerra.
Como perdieron la suya.
O tal vez no.
La respuesta flota en el viento de Bolonia
Que sople.
Y con fuerza.
Que sople, y con fuerza, el mejor aliado contra la codicia y los traficantes de espejismos.
Málaga a 20 de septiembre de 2011
(1) Depilados, como le reconviene mi amigo sonetista y nudista Luis ”Toro Bravo”. Este -Luis- usa barba desde siempre. Pues él se sabe que no hay nada menos autentico que un Toro Afeitado y mucho menos si está en la playa con el colgajo al relente y pendiente, de los chochos afeitaos. Perdón, depilados.
Publicado el septiembre 18, 2011 por ÁLVARO SOUVIRÓN
LA RESPUESTA FLOTA EN EL VIENTO:
“LA MODA DE LOS CHOCHOS AFEITADOS”
Un mensaje me manda mi querido amigo y escritor Jotapunto Rebuscá; cuyo alias es Inuit. En sabiendo este de mi admiración hacia Playa Bolonia en particular, y de mi querencia hacia Cádiz en general – una vez que me solicitó información sobre Bolonia- tiene a bien el agradecérmelo con unos textos dedicados a este su humilde servidor. Humilde servidor que, ahora tiene también a bien, el publicar este texto y otros más que vienen en el apartado de “Colaboraciones”.
Como quiera que lo escrito no puede ser mejorado – me refiero a la presentación que me hace en el email primero- , transcribo literalmente su texto de dicho mensaje para que sirva de eso: de Presentación a los restantes cuatro capítulos. Pues no solo poseen una perfecta gramática, sino un finísimo humor, del que hoy, tan necesitados estamos.
Disfrutadlos. En realidad la saga se llama: “Reflexiones Boloniesas”, y el primer capítulo: “La Respuesta Flota en el Viento” muy apropiado que es para referirse a Bolonia. Pero no he podido contenerme y pongo el título de la primera entrega. Lo siento, pero no he podido contenerme, ha podido conmigo.
Empezamos con los chochos afeitados.
MENSAJE ABIERTO DESTINADO Al CONSUL GENERAL
DE PLAYA BOLONIA, D. ALVARO SOUVIRON
Honorable Señor,
Tras releerme tus aventuras en playa Bolonia, y concluida mi breve estancia por allí, me propuse a enriquecer el tema en tu “blog”; pero lo que empezó por una ser breve narrativa ha terminado en algo más largo. … e iba a colocártelo allí – aún no sé como se hace- cuando pensé que lo mejor es que hagas con esto lo que te dé la gana.
Como alguien descubrió, los lectores de Internet rara vez acometen la lectura de textos superiores a las 500 palabras, así que lo enviaré en fascículos para así hacerlo asequible a quienes tengan interés y al final, como siempre, ilustrarlo.
El relato final ocupará como mucho cinco páginas, menos de 2000 palabras. El título casi ni pintado : la respuesta flota en el viento. El contenido constará, además del comentario principal ,de un subapartado con cuatro reflexiones, denominadas reflexiones boloniesas
- La moda de los chochos afeitados
- La clavada
- La batalla del Estrecho
- Los mondrigones ( maricones en algunas partes de Cádiz)
Un saludo y espero que guste y documente más sobre aquella tierra que tanto admiras.
J.
La respuesta flota en el viento (I) por j.rebuscá
A Álvaro Souvirón, cónsul de Playa Bolonia en Málaga
Hasta hace bien poco, cuando los malagueños y malacitanos sentían la necesidad de ‘encontrarse con alguien’, enfilaban hacia la hermoseada Calle Larios, hasta que tarde o temprano, temprano o tarde, se topaban con ese alguien con el que pegar la hebra . Pero como los tiempos cambian, y los hábitos con los tiempos, hoy en día malagueños y malacitanos optan por alejarse hasta Playa Bolonia cuando tratan de tropezarse con ese alguien con el que pegar la hebra.
Maxi, Celia, Pepa, Miguel, Juan, Cristina, Ángel, la madre separada de Pedro, el compañero de la clase del niño, o la veterinaria de los bichitos de la casa -pillada ‘en bolas’, una grata sorpresa que ha finiquitado con los litigios familiares sobre el responsable del trajín de llevar a los animalitos a revisión- son sólo algunos de ‘los malagueños y malacitanos’ que el autor de estas líneas ha saludado ¡oh, qué sorpresa! entre las ráfagas de Poniente y los ramalazos de Levante que baten la referida playa.
Habrá quienes se pregunten porqué escapan malagueños y malacitanos distanciándose decenas y decenas de kilómetros de su tierra cuando disfrutan de una tierra bendecida por uno de los mejores climas del continente? ¿Qué les impulsa a hacerlo pese a sufrir abusivos peajes o los atascos de tráfico de la horripilante y deslenguada Algeciras? ¿ Hay alguna respuesta a estas cuestiones?
Como cantó el poeta, la respuesta flota en el viento.
REFLEXIONES BOLONIESAS
La moda de los chochos afeitados
El autor, pese a iniciarse en los copiosos matojos de pelos de las «playmate» de los setenta, ha terminado por habituarse al «rasurado completo» ahora en vigor, tras un periodo de aclimatación, experimentado durante la etapa de los chochitos perfilados de los noventa. Los chochos se han quedado sin pelo en una generación y parece que está asumido por casi todos.
En torno a la moda de los chochos afeitados se vierten opiniones variopintas, tanto de parte de sus detractores como de sus fieles acérrimos, y una por una amparada en razones claras, ya que en materia de estética sexual cada uno patrulla a su aire. Pero es en torno a la función de vello púbico femenino donde los expertos mantienen cáusticas discrepancias, discrepancias que el autor, tras su estancia en playa Bolonia, cree haber resuelto.
Para los eruditos, la función del vello púbico es la retener las feromonas, que según explican son unos olores habilitados para poner verraco perdido a todo hijo de vecina, excluyendo a los de la cáscara amarga. Para otros lumbreras son simples protectores naturales de una parcela del cuerpo, de por si cálido y húmedo.
Pero como advertía renglones atrás, el autor cree haber descubierto su estricta y verdadera función: atraer la mirada del varón para que a éste se le agite la sangre que recorre su vena de semental.
Caben pocas dudas. En Bolonia, donde los chochos al aire compiten en número con las gaviotas, es fácil corroborarlo; un coño depilado se queda en nada, se vuelve invisible y casi desaparece a la vista, por lo que deja de ser una zona erógena salvo a esa distancia, en la cual, la lasciva y escurridiza mirada viril turbaría la pudorosa intimidad de la habiente. Allende los cinco metros, las sutiles miradas se concentran en otros menesteres – tetas, culos- partes que relegadas a un discreto segundo plano si entre las femíneas entrepiernas femeninas el tradicional mondongo.
Y expuesta esta primera reflexión boloniesa, concluir advirtiendo a quienes le pongan pegas, que en el sentido de la vista concentra el varón una generosa cuota de su enjundia sexual, sentido al que recurre tanto ante una moza que se luzca ‘en bolas’ como ante una que se esconda en el interior de un “burka”.