LA ABSOLUTA DESESPERANZA

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LA ABSOLUTA DESESPERANZA.

Cuando nuestro presidente se esconde detrás de un plasma (y no comparece) e insiste en que no todos son corruptos. Mientras la señora De Cospedal está “missing” (y no comparece) abucharada por sus últimas y desastrosas declaraciones; y a la bajita de cuerpo (Santamaría ¡¡Madre de Dios!!!) no la veo (porque no comparece) desde que Marlborough (Mambrú para el vulgo) se fue a la guerra… Tengo una espantosa sensación de inevitable desamparo. De enorme desasosiego. De absoluta desesperanza.

Parece como si estos malditos incumplidores de la palabra dada, estuviesen escondidos cobijándose de la tormenta que se les ha venido encima; en la vana esperanza de que las aguas, en un simple e inesperado giro del destino, se lleven los problemas y aquí no pasa nada, oiga!!

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Algunas veces caen en mis manos textos que me impresionan por su claridad Y que se adelantan a lo que yo siento. Como si me hubiesen quitado de la punta del teclado las palabras que definen mis sentimientos..

Este es uno de ellos que, gracias a mi amigo el artista Paco Aguilar, acabo de leer:

LA REALIDAD NO EXISTE

José María Calleja

La realidad no existe. Dan igual las fotos en el yate con el narco gallego, las contabilidades manuscritas del esquiador vocacional y trepador que nunca será culpable; los sumarios embotados en los que el presunto culpable aparece también como evidente acusador; los despidos simulados, diferidos, fragmentados, de tesoreros sobradamente enriquecidos y con cuentas sin fin; los dinerales para los ejecutivos corruptos e incompetentes de las cajas de ahorro, salvadas con millones de dinero público mientras los saqueadores robaban a sus clientes;

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los engaños a los ahorradores con las preferentes y las hipotecas; los suicidados en pleno trámite de lanzamiento de su vivienda, más conocido por desahucio; los consejeros de sanidad del PP que, después de favorecer a la sanidad privada, fichan con sueldos millonarios por las empresas a las que dieron trato preferente, cuando estaban en lo público; los millones de parados, que parecen ser unos cuantos menos, gracias a la Virgen del Rocío; el Rey y parte de su familia, con sus múltiples boquetes y los que vendrán por correo electrónico; los ERE, previstos para compensar a los despedidos, usurpados por voraces saqueadores.

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La lista es larga y la suma de todos los ingredientes da un único resultado: la oceánica desesperanza de millones de ciudadanos que ya no se creen nada, que ya no confían en nadie, que no ven ni presente ni futuro. Asistimos a la voladura del estado de certezas y confianzas, base del estado de bienestar construido durante los últimos treinta años. Estamos, de hoz y coz, en la construcción del Estado de sitio de la voracidad, en la tesitura de cada uno a lo suyo, en que siempre ha habido ricos y pobres y que se clausuró la etapa en la que algunos confiaron en  la igualdad y el progreso.

Solo nos salvan los movimientos de protesta contra el destrozo, las nuevas formas de actuar.

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Para que la realidad no exista, no se nombra a sus protagonistas, no se pronuncian ciertas palabras, no se comparece ante los medios, no se dice ni siquiera no; el momento llamado plasma como paradigma de la no comunicación, las ruedas de prensa escuetas, forzadas por viajes o visitas, la idea de que pase el tiempo y llegue el minuto noventa, más el descuento, sin habernos quemado dando explicaciones a la chusma.

A lo mejor no tenemos la distancia suficiente para saber todas las dimensiones del destrozo, pero, por lo que conocemos ahora, ya tenemos bastante.

EN UN PAÍS MULTICOLOR…

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En un País Multicolor…

Así empezaba la canción de la emérita abeja Maya (que por cierto está postrada en su colmena a punto de ser desahuciada y sin ayuda para su minusvalía). En un País Multicolor.

Así, de esa manera, nos tienen que ver en el resto del mundo: Un país multicolor. Multicolor por las diferentes propuestas en las tonalidades de las camisetas de los que, tomando las calles,  protestan contra este gobierno desnaturalizado, sin corazón ni alma.

La camiseta blanca por la sanidad. La negra es la de los funcionarios, Roja por el derecho al trabajo, verde por la educación… Como esto siga así vamos a tener que ponernos camisetas con todos los colores del Arco Iris. Aunque luego, de maricones, no nos bajen. Ni de tortilleras, mucho cuidado, seamos políticamente correctos y cumplamos la Ley de Miembros y Miembras.

Todavía no entiendo, fíjense Uds. como el Sr. Rajoy -que por no cumplir no cumple ni años- no ha sido denunciado por estafar a todo un país. De verdad os digo que si el “engañapueblos” hubiese dicho que iba a hacer todo esto, yo, me estaría calladito. Pero lo que no se puede hacer es ganar unas elecciones por el falaz método del timo de la papeleta (llamado antes de la  estampita).

Tendríamos que haber elegido, si lo hubiésemos sabido como Presidente, al difunto Tony Leblanc; mas que nada para que nos timara un profesional con gracia. No este malaje malapipa.

Vivo en un país que no es ni país para viejos tan siquiera. Vivo en país de desalmados donde lo único que no se recortan son las prebendas y privilegios de esos que -descuidadamente- han sido elegidos para que se lleven el premio gordo de la poltronería sin tan siquiera haber jugado. Y a nosotros, ni la “devuelta” que dice mi amiga María la gitana. A nosotros…Ni la devuelta.

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