TARDE CON IDÍGORAS

TARDE CON IDÍGORAS.

 Entre mis defectos, que son todos, brilla –en el horizonte lejano de las virtudes– una cualidad perdida entre tanta tacha y tanta descompostura: la puntualidad. Tengo y presumo, de una impenitente puntualidad. Tanta, tanta, que a veces caigo en la infame e indeseada falta de exactitud horaria, pues llego –la mayoría de las veces– cinco o diez minutos antes a la cita acordada. Y llegar antes, cómo que tampoco es puntualidad en el sentido estricto de la palabra. No se si me explico.

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 Lo de anoche –el llegar tarde a la exposición de mi amigo Ángel Idígoras– fue un imponderable provocado por personas a las que tanto quiero, que por esa misma circunstancia, no puedo ni tan siquiera regañarles. Llegué pues a la sala de exposiciones, y me tuve que tragar ese sentimiento de desconsuelo por haberme perdido al mago Rubiales y a la Nölting cantando; a mis cada día más queridos y admirados Tiritos ( Los elegantísimos Javier Martín y Jesús Durán) me perdí –Oh desdicha!– al Idígoras rascando acompasadamente el Ukelele. Y, también, a más magos haciendo improvisadas Magic–Sessions. Me perdí todo eso y más; me perdí la Vernissage que dicen los pedantes y asiduos a los cócteles de apertura.

 Tarde con Idígoras.

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Y me pregunté, atribulado… ¿Que diantres escribo yo ahora cómo crónica del evento? Sería, si la escribiese –pensaba yo– una crónica  parcial e incompleta?; sin situaciones vividas en primera persona del mascular singulino?.

 Pero no! Después, recapacitando y dándole la vuelta a la tortilla de los disgustos, me dije que no!  Que había que escribirla sin complejos. Que ese retraso me había proporcionado no desconsuelo, sino el suficiente espacio físico y mental como –para no distrayendo mi atención con los actos de amistad de los mencionados– prestarle el pausado interés y la detenida observación a las obras de Ángel que allí estaban colgadas en su presidio de cristal. Todas ellas, aclaro, magníficas.

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Verán Uds.: Me considero un capacitado y tenaz seguidor de este artista y amigo. Tengo guardada a buen recaudo la casi totalidad de su producción –le he dedicado algunos artículos y presentaciones en Power Point en este lugar– y creía saberlo y visto todo. Pero me faltaba– ahora gracias al retraso lo sé– el poder contemplar sin prisas el verdadero alcance de su trabajo. Porque la perspectiva y el detalle que te da la obra en vivo, no es para nada comparable a lo visualizado a través de una pantalla de ordenador.

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 Pensaba uno –en su limitada capacidad– que la mayoría de los trabajos de Idígoras se manifestaba en un soporte “dinacuatrense”. Equivocado estaba. Poder ver algunos de mis cuadros favoritos en gran formato, supuso para mi una agradable e inesperada sorpresa. Yo, humildemente aconsejo que cuando vayáis a dicha exposición –porque insisto una vez más en que no os la podéis perder– os dirijáis a la esquina donde Harold Lloyd cuelga suspendido del reloj de la única torre de la Catedral de Málaga, que sigáis junto a  un Hitchcock rodeado de palomas en la esquina del Parque, o a Marilyn o a Oliver Hardy  y a Stan Laurel  “El Gordo y al Menuíllo” de nuestra infancia;  e incluso –ya casi al final– a los Beatles preparados para actuar en el Recinto Eduardo Ocón.

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 Pero seguid caminando entre retratos, observad cómo te miran Charles Bukowsky o Walt Whitman. Cómo Modigliani se asoma a la ventana entre tejados;  A Toro Sentado junto a Kafka; a Nube Roja con otro rojo: Van Gogh. Y sus músicos: Inconmensurables estampas de B.B. King, Scott Joplin y Howlin Wolf. Tom Waits, Muddy Waters o Johnny Winter. Nina Simone y muchos más. Muchos más.

 Una exposición interesantísima y amena. Cautivadora y atrayente. Distinguida por sus célebres personajes que si no son conocidos –en muy pocos casos–  después de haber pasado por el lápiz de Idígoras, tiene el derecho adquirido de gloria e inmortalidad, de perdurabilidad; y si me apuran… de pernada.

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Por último, un consejo gratuito que le doy al dibujante; ya se que los consejos no pedidos no suelen gustar, pero mi responsabilidad de amigo me obliga a ello: Te recomiendo que tengas cuidado, Ángel. Mucho. Porque anoche, cuando yo ponderaba tu arte y tu siempre disposición hacia los demás, salía a colación un tal Pablo Rodríguez que –amenazante cual lince de cinta adhesiva– te acecha y acorrala echándote la pata encima cual eximio concursante de Gran Hermano. Ten cuidadín. Que el que avisa no es traidor, y a ti, te encontré en la calle, maifrén.

 Los datos de la exposición:

 Autor. Ángel Idígoras.

Título. ‘Kakfa, Toro Sentado, Van Gogh y compañía’.

Lugar. Escuela de Arte San Telmo. C/ El Ejido, 3.

Fecha y horario. Hasta el 3 de marzo. La sala abre de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 y de 17.00 a 20.30 horas.

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LA LIBRERÍA DENIS

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LA LIBRERÍA DENIS

 

“La librería Denis…Un maravilloso y mágico mundo de material de papelería. El arco iris de los estuches de lápices de colores Alpino. Un mar de gomas de borrar Milán, aromatizado con el olor de la Tinta para recargar Parker. Plumieres de madera barnizados y carteras de buen cuero para los colegiales de la época. Si tenías suerte, te regalaban unos papeles secantes de la marca Pelikán preciosos.”

Plaza de los Mártires ,17. Circa 1960
Álvaro Souvirón

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 Este texto que ahora vais a leer, le he encontrado gracias a unos generosos amigos , locos por “Sólo Fotos Antiguas de Málaga” y, gracias a ellos, me retrotraigo a uno de los palacios indestructibles de mi niñez: La Papelería Librería Denis. No voy a decir ni una sola palabra más de mi propia faltriquera; porque no hace ni pizca de falta; Porque lo que viene ahora es tan evocador, tan razonable, tan… Me callo!! He dicho que ni una sola palabra mía más!!

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UN NIÑO EN LA CASA DE LAS PALABRAS

 
(Elegía y homenaje a la Librería Denis de Málaga)
 
Por Victoriano Colodrón Denis

Yo he habitado desde que nací la casa de las palabras, la casa que sabe y que dice, que conoce y que cuenta, y en la que esperan los vocablos, pacientes pero con ganas de ver mundo, a los solitarios que van a buscarlas por estar solos de otra manera, solos… pero no aislados. La librería de mi abuelo -como todas las buenas librerías- era, sí, una casa de las palabras. Yo he pasado allí muchas tardes, de pequeño, hojeando libros, leyendo cuentos, aprendiendo a buscar entre las páginas lo que ellas tuvieran que decirme, enredado en el ensueño de creer que el mundo, con sus rimas, sus aventuras, sus explicaciones, sus historias, estaba hecho también para mí, y se parecía a ese paraíso de letra y papel, que bastaba con que un niño abriera las páginas de un libro…

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¿Qué pierde una ciudad cuando desaparece una de sus librerías? Si me hacen esta pregunta, no sé responder de una forma mejor: las librerías, las buenas librerías -como también las buenas bibliotecas- son casas de la palabra. Al facilitar el acceso al libro, es decir, a la expresión meditada del lenguaje, a la decantación verbal de sentimientos, reflexiones, fantasías y recuerdos, las librerías son manifestación concreta de una forma de civilización y al mismo tiempo poderosos agentes civilizadores: hacedoras de ciudad, sí, porque una ciudad no es sino el espacio que crece alrededor de la palabra, de la conversación. Y por eso cuando desaparece una de sus librerías, una ciudad se pierde un poco a sí misma…

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El nacimiento de una librería en una esquina cualquiera de la ciudad constituye un acontecimiento gozoso, un prodigio que viene a renovar el aire que en ella se respira, a inyectar savia fresca y un vigor desconocido -más palabras, nuevas y viejas- a su caudal lingüístico, a su afán de voces que digan, que cuenten, que canten, que expliquen y razonen. “Una ciudad respira si hay en ella espacios de la palabra”, ha escrito Michel de Certeau. De ahí que el cierre de una librería sea una auténtica catástrofe: la respiración de la ciudad -la respiración de los habitantes de la ciudad- se torna entonces más difícil, el aire parece estancarse, se pierde capacidad pulmonar…

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En enero de 2001, hace ahora trece años, cerró sus puertas la Librería Denis de Málaga, después de medio siglo de existencia. ¿Málaga sigue siendo Málaga sin la Librería Denis?, cabría preguntarse. Una cuestión absurda, dirán muchos, pero ¿no sería justo también pensar lo contrario, que la pregunta tiene mucho sentido, o sostener al menos que ahora Málaga es menos Málaga por el solo hecho de que en la esquina de Santa Lucía con el callejón de San Telmo, camino de la iglesia de los Mártires según se viene de calle Granada, a espaldas de la Plaza de la Constitución, ya no está la Librería Denis?

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Lo sabemos: las ciudades (¿como nosotros mismos?) son precisamente esta informe acumulación de cicatrices, de recuerdos que van perdiendo nitidez y densidad, de apariciones y desapariciones, muertes y nacimientos, encuentros, pérdidas, búsquedas, vertiginoso sucederse de relevos y mudanzas, ráfagas de nombres y presencias que apenas sumidas en el flujo de los días, muy poquito después, empiezan a no decirle nada a nadie… En cuanto a Málaga, Antonio Soler ha dicho alguna vez que es una ciudad olvidadiza, alegremente olvidadiza de su pasado, muy desapegada de lo que va dejando atrás, de lo que va perdiendo. Tal vez tenga razón, pero ¿no son así todas las ciudades, incluso las muy aficionadas a las placas conmemorativas y los monumentos, a marcar esquinas, pasajes y fachadas con brevísimos textos en recuerdo de lo que allí sucedió, y que pronto nada significan para los pocos que se detienen a leerlos? Así son las ciudades, querámoslo o no, igual que las mismas personas que las habitamos: olvidadizas y pasajeras… Y sin embargo…

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Aquellas largas tardes de invierno en la librería, leyendo cuentos en la sección infantil abstraídos del trajín de clientes y empleados, o huroneando por el laberinto de escaleras, tabucos, galerías, pasillos y almacenes, mirando y remirando con codicia los libros nuevos y también las cartulinas, los bolígrafos, los lápices de colores, los cuadernos…, ayudando a abrir paquetes y marcar libros o incluso atreviéndonos (¡¡¡qué vergüenza!!!) a despachar, a salir al mostrador a atender mal que bien a los compradores. Largas tardes leyendo cuentos y merendando en la librería: íbamos a La Española, la confitería de la esquina de Santa Lucía con calle Granada –otro entrañable comercio de la ciudad desaparecido- a comprar ‘bollos de leche’ y nos los comíamos en el minúsculo despacho de los abuelos, en la trastienda. Y siempre volvíamos de la librería a casa con un nuevo tesoro en nuestro poder, un sacapuntas reluciente, una libretita de hojas cuadriculadas, otro libro…

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Historia de una librería,

de un jardín,

de unas vidas admirables…

Fue en 1951 cuando Juan Denis Zambrana abrió en Málaga la Librería Denis, en el piso bajo de un hermoso edificio de la calle de Santa Lucía, pero a mí me gusta pensar que el negocio nació en realidad veinticinco años antes de su apertura, en la misma época en que Juan trabajaba de aprendiz en la imprenta de su tío Manuel. Sucedió cierto día de 1926 en que la adolescente María Dolores Zambrana Delgado, paseando con su madre por la playa de Almería, tuvo su primer encuentro, insospechado y fortuito, con quien se convertiría en su marido quince años después: una avioneta sobrevolaba el arenal esparciendo unas octavillas publicitarias que, tal y como se hacía constar en letra pequeña, se habían tirado en la Imprenta Zambrana de Málaga, y a Lola le sorprendió y le divirtió encontrar su apellido en aquellos prospectos… que había impreso precisamente el joven Denis…

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Y digo que hay que buscar ahí, en ese temprano y peculiar augurio de un encuentro posterior, el verdadero origen del nacimiento y el desarrollo de la Librería Denis, porque en ella tanta importancia tuvo Juan como su mujer, María Dolores. Si el primero volcó durante casi medio siglo gran parte de su extraordinaria energía vital –y de su perspicacia y buen juicio comercial- en el negocio de los libros, con una portentosa capacidad de trabajo que bastaría por sí sola para desmentir el rancio e indignante tópico de la holgazanería andaluza, ella no le fue a la zaga, y, sin escatimar esfuerzos, siempre compaginó su oficio de maestra nacional con el cuidado de los papeles y las cuentas de la librería. Ambos compartieron, además del amor a los libros (¿hacía falta decirlo?), la convicción de que venderlos es cuando menos un comercio especial, distinto, por su relevancia cultural y educativa, al de otros productos. Y juntos lograron hacer de la Librería Denis, durante toda la segunda mitad del siglo veinte, una de las más grandes e importantes librerías de Málaga, si no la más grande e importante. (Lo que no dejaba de tener mérito incluso en tiempos en que el panorama librero en Málaga no era precisamente muy atractivo. Así lo ha pintado siempre una antigua coplilla, no sé si popular: “Málaga, ciudad bravía, / que entre antiguas y modernas / tiene veinte mil tabernas / y una sola librería”. “Que es la mía”, añadía como estrambote el dueño de la Librería Rivas, en los años veinte: porque las demás que había eran, en realidad, más papelerías que librerías).

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Claro que para ello, para salir adelante y prosperar de esa manera en el siempre difícil negocio de la librería -tan precario, tan amenazado, tan incomprendido-, Juan Denis y María Dolores Zambrana contaron con la ayuda de otras personas. Para empezar, la del escritor Salvador González Anaya y el impresor José Domínguez Mingorance, en cuya librería, La Ibérica, aprendió Juan Denis el oficio durante los veintidós años que trabajó en ella antes de establecerse por su cuenta. Y para continuar, con la ayuda de sus muchos empleados, entre los cuales un recuento justo, por mínimo y apresurado que sea, no debería olvidar a Agustín Denis, hermano de Juan, a Salvador Domínguez, Francisco y Antonio Rivas Ortiz, Miguel Ángel Antúnez, Luis Zurita y Francisco Triviño. Pero sobre todo con la ayuda de sus hijos Pepe y Jorge, quienes aplicando siempre su sentido de la anticipación y una fina comprensión de lo que los lectores necesitaban, y a base de inteligencia, cordialidad y mucho buen humor, consiguieron ir ampliando una clientela fiel y encantada con el buen servicio que recibían (clientela especialmente nutrida en el ámbito universitario, y no sólo de Málaga, ni español), y lograron extender entre los malagueños la convicción de que allí, en la Librería Denis, se encontraba, o se conseguía, por difícil que fuera, todo lo que uno necesitara o estuviera buscando.

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Y como correlato perfecto de la librería, labor de una vida, otra creación maestra: la de la casa y el jardín, a la que Juan Denis y María Dolores Zambrana aplicaron la misma energía, la misma paciencia, el mismo coraje y tesón de auténticos pioneros: de aquellos que, casi desde la nada, son capaces de construir algo propio, grande y hermoso. Una casa rodeada de un verdadero vergel mediterráneo y tropical gracias al buen clima malagueño, pero también, y sobre todo, al mucho cariño y al trabajo infatigable: y de ahí las flores, los árboles frutales, las hierbas aromáticas, las verduras del huerto, los pájaros y los perros… Unas vidas volcadas en los libros y en la educación, en una casa y un jardín, en una gran familia… ¿Qué decir de unas vidas así, de unas vidas que con sencillez, con honradez, con trabajo, con generosidad, se dedican a crear espacios de belleza y de armonía, moradas del silencio y las palabras –una librería, una escuela, un jardín- en medio de una realidad a menudo tosca y chirriante? ¿Qué decir, sino que han sido, que son, unas vidas admirables?

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Y aquellos largos veranos de la infancia, entre la librería y ‘Las Palmeras’, en la casa de las palabras y la casa del jardín. Mañanas en la librería, en “el centro”, y tardes interminables en casa, con la compañía infalible de los cuentos, los tebeos, las novelas, que había que leer con mucho cuidado, sin abrirlos demasiado, sin estropear las hojas, para que después se pudieran vender… Lectura y aburrimiento, mucha lectura y mucho aburrimiento en el silencio y el sopor de la siesta de agosto. Y los deambuleos ociosos, las travesuras y los juegos en el jardín, haciendo cabañas en una higuera o en el algarrobo; comiendo ciruelas o higos o piñones; trasteando con las herramientas en el taller del abuelo (que además de librero y jardinero y cazador y jugador de dominó, era inventor); escondiéndonos, cuando jugábamos al escondite, en las ramas altas de un ficus o de un olivo; haciendo “peleas de mangueras” entre matas de romero y tomillo y macizos de jazmines; buscando cochinillas debajo de los bebederos de los pájaros, donde el abuelo ponía sus trampas; jugando a la pelota en la hierba, entre el níspero, el almendro y el madroño, pero con cuidado, no fuera a aparecer la viborilla que salía por ahí todos los veranos, o uno de esos camaleones repelentes…; y volviendo siempre a los libros, a los cuentos, los tebeos… Bien mirado, en aquellos veranos todo era aprender palabras, en las páginas de los libros, al leer, y también en el jardín: biznaga, alberca, heliotropo…

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Librería, lenguaje y ciudad

(y un niño leyendo un libro)

La Librería Denis: la librería donde miles de malagueños han comprado sus libros de texto, sus  novelas, sus manuales, sus cuentos, sus libros de regalo, sus poemas… ¿Qué puede hacer una librería así durante cincuenta años por la vida de una ciudad, por la felicidad de sus habitantes?, ¿cómo contribuye a la riqueza de su guardarropa sentimental, a la solidez de su armazón intelectual y moral, a la intensidad y la densidad de sus vidas? Preguntas, claro, imposibles de responder. Pero habrá que tener en cuenta que las librerías trafican con palabras, nos abastecen de lenguaje, almacenan y nos despachan, en forma de libros, nuestra propia lengua, y la lengua es nuestra morada vital, como bien supo decir un distinguido cliente de la Librería Denis, don Manuel Alvar…

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No, no se puede medir el efecto que tiene una librería en la ciudad que la acoge, ni la energía que despliega en sus calles, que transmite a sus habitantes. Desde luego, no bastan números de clientes y ventas ni cifras de negocios, porque el influjo de la librería en la ciudad es sutil, secreto, inaprensible: se produce en silencio, aunque a través de palabras, en la sensibilidad y la inteligencia de cada uno de los lectores que aprendieron, fantasearon, disfrutaron, sufrieron y crecieron con los libros que en ella encontraron alguna vez. Y es también en su sensibilidad y en su inteligencia donde la desaparición de una librería produce el daño principal.

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Porque, ¿qué se pierde cuando se cierra una librería?, ¿qué vacíos deja y en dónde? No es sólo el espacio en blanco que se abre durante unas semanas o unos meses en el lugar que ocupaba, y donde pronto la reemplaza otro negocio, otra tienda, otra oficina, sino el que se crea en la memoria de los lectores que la frecuentaron. Es cierto que sucede algo parecido cuando desaparece cualquiera de los comercios que durante muchos años hicieron suya una esquina de nuestro barrio: “De repente / la ciudad que me hizo se deshace, / excluye de su tiempo mi experiencia”, dice el protagonista de unos versos de García Montero, con esa clase particular de perplejidad que producen las mudanzas vertiginosas del propio paisaje urbano. Pero la muerte de una librería causa un daño especialmente agudo, porque lo que ella nos suministraba, lo que en ella buscábamos, no era pan, no eran zapatos, no eran camisas, tornillos, pescado, botones, aspirinas, lotería; era… el mundo entero y a nosotros mismos, así de poderosas y de esenciales son las palabras, esos minúsculos artilugios de ilusionista de apariencia inocente con lo que todo podemos hacerlo, deshacerlo y rehacerlo, una y otra vez.

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“El lenguaje es la capa de ozono del alma”, ha escrito Sven Birkerts, “y su adelgazamiento nos pone en peligro”. Las librerías, las buenas librerías, como casas de la palabra que son, como hogares del mejor lenguaje, contribuyen a preservar esa capa de ozono del alma imprescindible para la vida humana. Por eso su desaparición es siempre una triste noticia para la ciudad y sus habitantes, y por eso cuando la que se cierra es una librería que uno ha frecuentado e incluso querido, suele dejar atrás, además de un recuerdo emocionado y lleno de gratitud, el deseo de dedicarle un homenaje público y una elegía en voz baja.

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El 26 de diciembre del año 2000 entré por última vez en mi casa de las palabras, en la Librería Denis de Málaga, pocos días antes de su cierre. El libro que me llevé de allí ese día fue un ejemplar de El árbol del erizo, un libro triste, sí, porque recoge algunas de las muchas cartas que Antonio Gramsci escribió a sus hijos desde la cárcel, durante su largo cautiverio. Pero también un libro hermoso, en el que los textos del político italiano se intercalan con los relatos para niños que a él le gustaron de pequeño, y a los que se refiere en las cartas a los hijos (relatos de Tolstoi, de Dickens, de Pushkin, de Kipling). Me gusta pensar que mi último libro de la Librería Denis tiene un significado: la librería podrá cerrarse, sí, la librería desapareció, pero la infancia y la lectura siguen vivas, como siguen vivas las lecciones de vida de los abuelos, y como vivo estará siempre el latido de una historia en unas palabras, el sueño de ser un niño y leer un libro.

 Dedicado a mi abuela Lola, in memoriam, y a mi abuelo Juan, con todo mi agradecimiento y mi amor

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Nota:  Excepto la foto en Blanco y Negro y la primera ilustración, todos las demás que están insertadas en este artículo, son de la artista Camille Engel.

HISTORIAS DE LA SEMANA SANTA MALAGUEÑA

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HISTORIAS DE LA

SEMANA SANTA MALAGUEÑA

 Cómo cada vez que La Semana Santa llega a nuestra ciudad, realizo un relato  jocoso con temática cofrade en este blog. Insisto mucho en lo de jocoso, porque desde el prisma del humor –ya sabéis que el humor, muchas veces implica  unas ciertas dosis de incorrección- se cuentan aquí chascarrillos muy de por andar por la casa que es el recorrido oficial. Con el telón de fondo de las calles, del ambiente cofrade, de los puestos de chucherías, y sobre todo, del pueblo llano que abarrota –y que es el verdadero protagonista-  la ciudad de Málaga.

 Ni que decir tiene, que todo está escrito siempre -esa es condición ( o por lo menos, intención)  sine qua non–  todo está escrito, digo, desde el más absoluto respeto hacia las imágenes que portan los hombres de tronos y, por supuesto, hacia los fieles integrantes de las cofradías que se mencionan aquí. De forma disimulada, sí. Pero que todo el mundillo cofrade puede, fácilmente reconocer si así se lo proponen.

 La tercera parte de la historia, que pronto publicaré cuando las fechas se acerquen, se ha transformado en serie y la serie, sin yo pretenderlo, en saga; pues los personajes  que intervienen desde la primera entrega, siguen interactuando en las posteriores de una manera natural, y además, sin saberlo ni conocerse entre ellos.

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 El Jueves Santo fue de la  familia Vicente con Manolo a la cabeza. Y él y la señora Encarni, su mujer, se alinearon ese día -a los pies de la Virgen de la Esmeralda y Nuestro Padre Jesús Nazareno del Pasón en el Monte Escapulario- junto al inefable niño Pepito con su moco cerúleo atesorado por años de dar  insufrible porculo a cada nazareno que se ponía a su alcance. También con los populares (dicho sea esto sin retintín alguno) integrantes de esa afamadísima Archicofradía de Málaga: El pintor Feliciano Repello de Todo, Pepeluís Gómez Parra, Carlos Gómez Fangio, Manuel Parras Bolonio, Manolo Narval,…personajes  -en algunos casos- que ya, desafortunadamente, no están entre nosotros.

 El año siguiente fue un Lunes Santo con la Hermandad de la Venerable y Bastante Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Pedestal Y María Santísima de la U. Los Calés, como era conocida popularmente, donde el gitano Demetrio era el principal protagonista junto a las familias Montoya  (los sin premio) los  Cortés, los Heredia, los Amaya, y el insigne director de la banda de música el inefable Maestro Perfecto Artope.

 Allí también aparecían, realizando unos cameos, el insufrible niño Pepito, Los Vicente, Terelu Campos y su madre María Teresa, Liana Dobarro, y, cómo no podía ser de otra manera, el actor Antonio Banderas y su inseparable Melanie Griffith.

 Este año, nos vamos a ir toda la troupe al Miércoles Santo; a contemplar a la Señora de los Ojos Verdes, la familia Vicente con la abuela Paquita, la de Demetrio- que ha dado con sus huesos en la cárcel por un desliz con la justicia- y el puto niño Pepito al que le ha salido pelusa en el bigote y una desmesurada afición a tocarse el incensario.

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También hay protagonistas nuevos; los miembros más notables de la Cofradía de la Tórtola y Alistair O’Donnell un estudiante, de prominente familia liberal irlandesa con beca Erasmus,  y que llega desde Dublín para perfeccionar el idioma castellano a casa de Manolo Vicente y de Encarni -en un intercambio estudiantil con la sin par Manoli; hija del simpático matrimonio perchelero- y que sin venir a cuento, se hace involuntariamente, protagonista de este capítulo anual semanasantero.

 Para hacer más atractiva la lectura, cuento con un prólogo de un afamado cofrade malagueño, y -así lo espero- alguna sorpresa gráfica que de lustre y brillo a esta serie de Historias de la Semana Santa malagueña.

 Para poneros en situación, os recomiendo encarecidamente, leáis las dos primeras entregas, que son estas:

 Manolo Vicente. Nazareno Penitente

El Lunes Santo de Demetrio

 Próxima entrega, muy pronto en este blog!!!! Resérvala en tu kiosco de confianza.

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MÁLAGA. IMÁGENES DE LA MEMORIA.

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MÁLAGA.

IMÁGENES DE LA MEMORIA.

 Lo bueno que tiene eso del bucear por Internet, es que a veces –muchas en realidad– te encuentras con páginas tan fantásticas cómo inesperadas; con lugares intangibles, enormemente sorpresivos. Para bien, esos encuentros, son los muchos; para mal, algunos; son muy pocos, la verdad sea dicha.

 Entre esos buenos, he encontrado dos páginas en las redes sociales –en Facebook, concretamente– con un nexo común: la Málaga antigua. Fotos de la memoria de muchísimos malagueños, que ahora ,con eso de la rememoración compartida, se han armado de escáner (yo mismo me lo he renovado) y se han puesto a la generosa tarea de desempolvar los cajones de esas cómodas antiguas de las abuelas; y –aprovechando la técnicas modernas– las ponen sobre esta mesa de camilla con brasero virtual que es el ordenador, para que todos, las podamos disfrutar.

 Las páginas, desde hace tres o cuatro meses estoy abonado a ellas y tengo que reconocerme una considerable dependencia, son estas:

 https://www.facebook.com/MalagaAyerYHoy

 https://www.facebook.com/groups/solofotosantiguasdemalaga/?fref=ts

 En ellas me encuentro cómo en casa. En mi casa una tarde lluviosa de invierno. En ellas, en estas páginas, vuelvo a pasear por mi niñez, por mi juventud. Fotos de lo pasado. Sitios que ya no existen sino en el recuerdo; en el rincón olvidado de la memoria que se activa a base de remembranza y evocación. Lugares que fueron los que pateamos –todos los componentes y yo mismo– cuando Málaga era una ciudad mucho más pequeña, pero también mucho más acogedora. Mucho más humilde, pero también mucho más cercana. Mucho más sencilla, pero también mucho más doméstica. Igual de internacional, igual de cosmopolita. Igual de amable e igual de afectuosa.

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 Una ciudad que –aunque no lo parezca– también en aquellos lejanos años, era de colores. Colores desvaídos por la lejanía temporal pero hoy vuelta a renacer por culpa de una panda de pirados (locos por su ciudad) que no renuncian –con sus fotos y comentarios; con sus juegos de adivinanzas–  a lo pretérito sin tampoco renunciar a lo presente. Aunque temiéndonos -maldita sea- un poco lo futuro, en viendo quienes nos gobiernan y lo que portan en las mochilas de sus intereses particulares.

 Estos dos sitios, son tremendamente apolíticos. No se permiten opiniones partidistas para evitar enfrentamientos que, a unos les encanta, y a otros – cómo es mi caso, y el de casi todos–   nos las trae al pairo. Estos Trolls que aprovechan el menor descuido o la mas mínima oportunidad (se me perdone el oxímoron) para enturbiar una buena  convivencia que suele ser protegida por algunos guardianes que, casi siempre –lo sé por propia experiencia– suelen ser desbordados por la cabezonería y el machacamiento de unos pocos que no entienden que estas imágenes no se pueden descontextualizar.

 A todos los malagueños, a todos los residentes en esta ciudad, a todos lo que quieren a Málaga, les recomiendo encarecidamente  que se pasen por estas dos páginas. Imágenes y fotos de la memoria personal de cada uno. Una vuelta al pasado. Una vuelta a lo más entrañable de aquellos tiempos en que la esperanza y la fe (en que lo que tenía que venir sería mejor) no estaban perdidas aún. Como no ocurre hoy, porque estamos sumidos en el desamparo y en el pesimismo que proporcionan esta nueva sociedad tan consumista cómo ambiciosa y arribista. .

 Entrad en ellas. No os arrepentiréis!

LOS POTORROS DE LA GWYNETH Y DE LA CAMERON

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LOS POTORROS DE

 LA GWYNETH Y DE LA CAMERON

                                                   ¡¡¡Que bello era mi vello!!!!
                                          (How Beautiful Was My Haired Pubis)

Leo, enormemente aliviado y animado en la prensa, que mis admiradas Gwyneth  Paltrow y Cameron Díaz, han vuelto a sus principios adolescentes porque, sensata y razonablemente, han decidido dejarse la media melena en el chichi; y porque –si así lo desearan– se lo pueden peinar a lo garçon que es peinado muy cómodo y llevadero. Además de calentito en invierno.

 No veas tú lo tranquilo que me he quedado. Una barbaridad.

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Ahora, parece ser, que muchas actrices de Hollywood vuelven a soltarse el flequillo entrepernilero y ponen de nuevo a la moda su piloso Wilfredo. Bienvenido pues, de nuevo, a La República Independiente de mi Coño.

 Aunque puestos a meditar el caso en profundidad, a mi, me parece muy requetebién; porque el cruel depilado puesto de moda desde hace algunos años (y me refiero a la barbaridad del método láser definitivo) sólo podría traer –con el paso del tiempo– mucho más inconvenientes que beneficios. Fueraparte depresiones mil. De hecho, parece ser que ya hay un buen número de chicas (y no tan chicas) que habiéndose realizado dicha operación de estética hace algunos años, observan incrédulas y apesadumbradas, cómo inexorablemente, el aspecto de su brevita fresca está pasando a parecerse a un higo chungo. Con g de colgajo.

 Lo llevo intuyendo desde hace ya muchos años, verdad es. Estupefacto y atónito, estaba observando desde hace tiempo el derrumbe pilífero. Nada más que había que ver la proliferación de clínicas ofertando el despioje. Y meditaba yo, que la pérfida moda de la definitiva depilación láser potorrera no era cosa aconsejable. Que ésta mala fiebre que se sufre hoy día -consistente en depilarse de manera implacable cualquier incauto vello que brotara- no podía traer nada bueno! Para nada! Lo que yo te diga!

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En el día de hoy, cautivo y desarmado el pelucamen, éste ha sucumbido por  la imparable  moda del trasquile entre los mozos y las mozas de los treinta para abajo. Todos los rincones corporales sufren en silencio la execrable plaga: El de las axilas; vulgo sobacos. El de las ingles; vulgo tiras. El del labio superior; vulgo bigotón. El de las patillas; vulgo Pantojas. El de la línea interglútea (hórror y pávor!!) vulgo rabadilla… etc… etc…etc.  Pero al que me voy a referir,  y –por no extenderme mucho más– es al amolletado rincon del pubis; vulgo felpudo o limpiabarros. Lo que por estos lares se llama a todo el conjunto  en general: Chocho. El chocho de toda la vida. Choripán allende los mares.

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Ahora, me acabo de enterar, decía –por eso de que los usos y maneras vuelven a ponerse de moda–  de que ya no se lleva el chiribindindi cómo el de la Mariquita Pérez: pelón, liso y lampiño, mi niño; sino que –la moda que es la que impone y manda– indica que lo que ahora se vuelve a llevar, es el lucir el potorro como lo llevaba en tiempos el inefable Birkiki.  Bien peludo y escandalosamente revuelto; como Chewbacca.

 -“Mamá… A ti te picaba… ya sabes…ahí?”

-Aiiinssss??… Replica la madre pegándose un jalón en tór mesmo!

 Llevo desde hace años, continúo, con el predicamento a las féminas (a las muy amigas, de mucha confianza y en tono jocoso, claro está) que el inmortal potorro, cómo todo, pasa por distintas fases en cuanto a turgencia y carnosidad a lo largo de su vida activa. Llevo años diciéndoles –porque ellas, entre risas, me lo permiten– que la rajuela (que no es una novela de Cortázar) tiene indefectiblemente escrito su destino en el dulce Pionono de Santa Fe que es la entrepierna; y que, lo que antes era puente de Brooklyn de acero inhiesto y turgente, con los años, se vuelve puente colgante de selva ignota y recóndita. Y que, una vez está pasada cierta edad, la prudencia invita a mudarse desde el promiscuo y aterciopelado Cráter del Ngorongoro -ese que enseña incluso el mismísimo Serengueti- hasta la más púdica  y recatada Selva Negra alemana que todo lo disimula y tapa a base de espesura, vegetación y chucrut.

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Que lo llevo avisando… Que lo llevo avisando… Que cuando la fuerza de la gravedad actúa sobre lo que en euskaldun se denomina “Txúmino”, pasa éste de ser alondra grácil y etérea a pavo amodorrado y traspuesto. De flor fresca y olorosa, a planta carnívora tuerce boca; de fruta lozana y madurada, a moco alicaído y pendulón. Con más arrugas –decía el poeta Verlaine– que el cuello de una bolsa del Carrefour*.

 Y es entonces… es entonces, cuando ya no quedan muy estéticas según qué colgaduras (visibles en su totalidad) por mor de la ausencia de camuflaje y escondrijos. Así es. Dramáticamente, lo sé. Pero así es.

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Y por eso que siempre he aconsejado –a toda fémina, cuando ha surgido tan piloso tema– Que sí! Que si, coño! Que sí! El Toto, repeladito del todo! Mono y gracioso él!  Chisgarabís y perdulario!  Calvatrueno y descarado! Pero nada de técnicas láser, por favor!!!! Porque cuando el tiempo pase factura, que la pasa…. O pegamos cruel tijeretazo o compramos gorro de astracán y se lo injertamos en salva sea la parte con una grapadora de la marca Stiluss.

Porque eso sí, el Stiluss, no hay que perderlo nunca.

 Y ahora…la que me espera!!!!!

 * Carrefour en francés en el original.

***

SEBASTIAN KRUGËR. CARICATURAS.

Sebastian Kruger Self Portrait

SEBASTIAN KRUGËR.

CARICATURAS.

 Desde los tiempos en que mi admirada y querida Pepa Flores (llamada en aquellos años de los sesenta, Marisol) afirmaba que la vida en este país era una Tómbola–Tom–Tom–Tómbola y que además, para más inri, era de luz y de color –desde aquellos tiempos, continúo– a estos que ahora nos ocupan, no solo ha pasado un largo intervalo temporal que nos ha transformado en más que medio centenarios, sino que además, se ha estropeado –la vida, digo– de una manera enormemente deshonesta, descorazonadora y vertiginosa.

  Bruce Springsteen

La vida de luz y de color en este país que nos anunciaba la malagueña de pelo rubio y ojos turquesas, ha pasado –después de unas décadas de irrealidad, fantasía moruna y canalleo político– a ser una caricatura de sí misma. Y observamos –cómo en toda caricatura que se precie–  que las características y peculiaridades que nos distinguían y diferenciaban, están exageradamente distorsionadas y exageradas (para mal) tal si fuesen los rasgos de un retrato grotesco, esperpéntico y bochornoso. Lo que yo te diga: Una caricatura indeseada de nosotros mismos.

Bob-Dylan

Mi admiración más indiscutible en el arte de la caricatura, recae sobre los hombros de mi amigo Ángel Idígoras; un tipo bueno que, generosamente, reparte su tiempo y su arte entre segmentos de población que lo necesitan, cuando no lo regala –cómo es mi caso– haciéndonos a todos más felices –para nuestra sorpresa y satisfacción– que una bandada de pimpantes y orondas perdices.

 (Por cierto mi querido amigo expone en breve; el próximo Jueves… Bueno, copio literalmente:” Una de las cosas que van a pasar el 30 de enero es que hago una exposición en la Escuela de Arte San Telmo Málaga. La otra es que me acompañarán algunos amigos artistas haciendo sus cosas artísticas. Si no pasa nada vendrá Juan Luis Rubiales con sus prodigios mágicos y sonarán The Tiritos con la gran Virginia Nölting”.Y además, por eso de la heterogeneidad, nos tocará el ukelele.) Ya sabéis!!!

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Pero me he desviado (adrede) del tema principal de este post: Las caricaturas. Ítem más: las caricaturas de otro maestro de dicho estilo: Sebastian Krugër.

 Dice la Wiki de él:

Biografía

“Tras estudiar pintura libre con el profesor Dörfler en la facultad de Bellas Artes de La Universidad de Braunschweig, se forjó una gran reputación como diseñador de numerosas portadas para la prensa alemana y del extranjero como ilustrador y diseñador de varias carátulas de discos. Posteriormente, renunció a los encargos comerciales para dedicarse por entero a la pintura. En los últimos años, se ha convertido en uno de los más destacados exponentes del Nuevo Realismo Pop.

Anteriormente, había sido definido como “caricaturista de celebrities”. Destacan sus retratos de The Rolling Stones, clientes de Krüger y con quienes mantiene amistad. En e–bay se han subastado retratos suyos de la banda de rock por más de 1,1 millones de euros. Durante sus veinticinco años de producción artística, ha permanecido fiel a los postulados del Nuevo Arte Pop. Sus obras se recrean de forma lúdica en el trampantojo, en la interacción entre las poses de las figuras y su identidad, entre ficción y autenticidad. Goza de gran popularidad y tiene numerosos seguidores. Vive entre Alemania, en las cercanías de Hanover y California.”

John Wayne

En esta muestra ,que vais a ver en la presentación de Power Point que he realizado, hay sobretodo, dos grupos principales: Los músicos y los actores; aunque algún otro personaje se ha deslizado entre ellos taimada y astutamente.

Entre los músicos: Un par de Bob Dylanes de mis entretelas, o las almas atrapadas (en ellos mismos) de Iggy Pop y de Frank Zappa. La vena irlandesa de Bono, las mandíbulas batientes de Chet Baker o del Boss. Las caras, desde abajo, de Jimi Hendrix o la falsa dulzura y seguridad de Janis Joplin. Lou Reed y Neil Young quejándose amargamente de las agujas y del daño ocasionado. Y Tina y Petty. Y Slash y Nick Cave y  Sid; más Vicious los tres que nunca. Y entre ellos, campando por sus respetos, un buen número de cantos rodados; mucho, mucho, mucho Rolling Stones.

Mick Jagger with microphone

Entre los actores: La guapísima Loren y una súper sexy y “hombruna “ –lo digo por los hombros y por la pinta– Jamie Lee Curtis. La mirada celeste inmortal de Paul  Newman, y el aire infantiloide y desvalido de Jacko. Oh! El culito de Marilyn!!! Y el mentón sólido de John “The Duke” Wayne. La risa  de bueno de otro John: Hurt y la de malo del Nicholson más malo que nunca; Bogart, Walken y Bronson, que como todos sabéis, nunca han sacado los pies de sus respectivos platos. Y dejo para el final a Bette Davis. Porque a esa no me atrevo ni a definirla. Hay que verla. De día y con luz preferiblemente.

Bette Davis

Espero que disfrutéis estos trabajos. Son buenísimos!!!

Aquí teneis la presentación, podéis guardarla o verla. Lo que os venga en gana.

Sebastian Krugër. Caricaturas

***

Marilyn Monroe

AFORISMOS POR NAVIDAD

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AFORISMOS POR NAVIDAD

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“Posiblemente, lo insufrible sea la comodidad
de lo humanamente perfecto.”
 

Tengo, me jacto enormemente de ello, muchísimos amigos que poseen un enorme ingenio y una inimitable capacidad de ocurrencia; tan ágiles en el comentario son, cómo insaciables y  amablemente despiadados en la réplica. Es por eso que en nuestras reuniones, pasa que, cuando hablamos sesudamente  –que también suele suceder de vez en cuando– rara es la vez que un comentario serio, sensato y circunspecto, rara es la vez, digo, no es aderezado con un chascarrillo de algún contertulio que le proporciona la frescura  y la simpatía necesaria para que dicha conversación no sea un tostón o una disertación entre pesada, latosa y coñazo. La letra, ya se sabe, con risa entra.

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Después, hay amigos –entre esos ingeniosos que nombro– que ya son el punto máximo de la respuesta acelerada y certera. Justa, apropiada y pertinente. Los llamados: Insignes.

 

Yo, disfruto con esos amigos como un Sus Scrofa, en un fangal; vulgo guarro en una charca. Porque cuando el chascarrillo surge y se expande, incontrolablemente, a base de eternas sucesiones, sabed amigos míos que eso es un placer sólo superado por el comerte un plato  –acompañado siempre de pan que realza el sabor– de pata negra de Sus Scrofa ibérico con su mitití de tocino vernáculo y una jarra de cerveza bien fresquita. (Por ser reiterativo, he citado  otra vez al guarro).

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Esos amigos, añado –si estamos asociados en la red social Facebook– son perfectamente distinguibles e identificables, pues las conversaciones duran hasta el infinito y más allá; y siempre -digo siempre- hay que interrumpirlas con una excusa por una u otra parte… Que me llama mi mujer! dice el uno. Que tengo que ir a ver al Señor Roca! dice el otro. Que me están llamando por teléfono! El de más allá. Que si tal, que si cual… Que si patatín, que si patatán… Porque si no fuese así, júrolo por mi honor de supernumerario del “Cassius Cleis,” que no tendría –la conversación– término de ninguna de las maneras.

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Uno de estos amigos es Javier López Navidad. Paco Navidad para los que lo disfrutamos. Posee Paco un verbo inagotable y espléndido. Cultísimo es además de interesante. Nada apegado a la presunción o a la altanería. Un tío chapado a lo pretérito, que cuando se junta con su compadre –el poeta González, mi amigo– me hacen disfrutar, con las risas, hasta el deleite y el regocijo.

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Paco Navidad me manda una serie de Aforismos –ya sabéis, reflexiones, pensamientos cortos– para vuestro uso y disfrute. Leedlos, pues algunos (están escritos en el 2005) son de rabiosa actualidad.

 Estos son; disfrutadlos!

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AFORISMOS POR NAVIDAD

1.     Todos llevamos una muerte en nuestra conciencia: la propia. Seamos algo misericordiosos con su ejecutor.

 

2.     Bajo la lluvia, una pala dentada, que articulaba un poderoso brazo de acero, ha abierto una zanja en el sendero que recorro a diario, arrasando siete hormigueros. Hoy ha brotado una florecilla azul en el escalón del surco, quinientas hormigas la rodeaban, otras se dirigían al sitio en extraña peregrinación. He rezado una oración.

 

3.     La enseñanza de un pueblo no es azaroso asunto que sólo merezca volear dados sobre el tapete verde de la inocencia.

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4.     Cuando sepamos distinguir el disfrute de la dulce pereza de la vagancia, habremos dado un paso gigantesco hacia el autoestímulo; que no es otro, que saber por qué existen los pájaros y los burócratas.

 

5.     El poeta viene a dar en un raro sujeto, con la cabeza a pájaros y el corazón de Bach. El paso del tiempo le inunda el cáliz de las torturas, de ahí, que con la edad, algunos se vuelven obscenos y deslenguados, requiriendo para sí El Dorado y la juvenil doncella, y los siete enanitos cargados de buñuelos de viento.

 

6.     Nunca fuimos racistas escuchando a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald en la canción « Summertime ».

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7.     No hay nada más parecido a un paisaje desolador que un hombre solo.

 

8.     De la propia muerte provocada y urdida del hombre por el hombre, así como la de los suicidas, sólo debieran acordarse los muertos, los forenses, los poetas y algún músico ebrio.

 

9.     Recelo y me muestro en total rebeldía hacia ese mundo feliz que nos prometen políticos, biólogos y banqueros; donde la edad, la felicidad y el nuevo orden sean cuantificables y controlados. ¡Qué desdicha!, ¡Con lo que uno disfruta con sus viejos zapatos y los perros de la calle!

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10.El hombre que ambiciona domeñar la voluntad de los demás y silenciar las voces que le rodean, es doblemente infeliz y un converso idiota.

 

11.Todo iba bien en la contemplación del luis de oro que tenía en la palma de mi mano, hasta que la cara real reflejó el cariado de la muela del juicio.

 

 12.Cuando seamos capaces de oir caer la lluvia, gota a gota, dentro de una lata vacía, cuando reparemos en la armoniosa lentitud de la pequeña hoja del abedul en su caida abismal y sepamos mirar fijamente los ojos de nuestro perro, notaremos el peso del alma sin distinguirla de nuestro cuerpo.

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13.La gente que nunca lee, aquella que anda a pecho descubierto y cabeza ausente, es muy dada a transformar el horror propio en error ajeno.

 

14.Todo puede decirse, lo difícil es acertar con la fórmula adecuada. He presenciado reprimendas que acabaron en sinceros abrazos, y felicitaciones que fueron sentencias de muerte para el corazón del homenajeado.

 

15.Reyes, caudillos, padres de la patria, ciudadanos…todos merecemos la piedra capitolina en la plaza más alta de la tierra. Ese ebúrneo marmolillo que refleje, si no los vicios, sí las continuas torpezas que cometemos.

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16.Abogo, si me es posible, por una sociedad democrática, donde los poderes recaigan en hombres de contrastada probidad. Es inaceptable, por inmoral, tener que soportar la mala educación, la ambición y la doblez de por vida.

 

17.22 de diciembre, Lotería nacional. Generosa la entrega. Enlace sindical, de la rama del gas, invita a compañeros a magna mariscada, en barrio Santa Paula, para comunicarles que abandona el cargo, y la revolución, filial y permanente, por razones logísticas. De él jamás se supo. Se negó a dar parte.

 

18.Tenía las neuronas tan llenas de psicópatas, que a duras penas podía conciliar el llanto.

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19.Don Honorio Sepúlveda Carnero, cada Semana Santa, leía Archipiélago Gulag y fragmentos de Gironella para entrar en calor. Sobre el atril de su mesa reposaba el Testimonio de Franco, con dos estampitas de la Virgen del Perpetuo Socorro. Fue un vecino ejemplar, nunca alzó la voz, siquiera, cuando fue arrojado desde la terraza de La Equitativa por dos progresistas autonómicos.

 

20.Perdió sin querer los dientes, y fue una pena. ¡Con la maña que se daba con los cantes del Palanca!

 

21.Tras arduos cálculos cabalísticos sobre la historia de su país, un lider independentista, es declarado aranero mayor del mentidero político. El cara-dux en cuestión, hizo su primera comunión vestido de guardia civil en una casa cuartel cercana al Pirineo y pierde el paso bailando la sardana.

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22.Siempre lo grotesco, aunque pueda producir alegría, deja un poso amargo en el corazón.

 

23.Ciertos políticos, autollamados demócratas, odian – no puede decirse de otra forma -, la lengua madre más universal: el latín. Me temo, tras lo visto, que su pretensión cultural se quede en la contemplación del color de la hoja, olvidando las ramas, el tronco, las raíces, y sobre todo, la savia y la clorofila.

 

24.Qué bien se soporta el desorden y la incomodidad oyendo a Billie Holliday y a La Niña de los Peines. Posiblemente, lo insufrible sea la comodidad de lo humanamente perfecto.

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25.Cae la tarde, suena Schubert, mi hija estudia álgebra en silencio. Yo leo el diario y mi esposa, con sus agujas de punto, va dando fin a un jersey de lana de color caqui; intercambiamos comentarios sobre una u otra noticia que le leo del periódico. Todo es armonía. Abro la puerta, dejo el hogar, piso la transitada calle y todo se vuelven desgracias para mí.

 

26.El señor Marqués del Podado Espino y Demás, murió degollado mientras dormía, a manos de una furcia tunecina. Son las consecuencias lógicas del amancebamiento y de la alianza de culturas, del capricho o de la laceración, podría pensarse a tresbolillo; pero la verdad es otra bien distinta: le descubrió el último análisis de orina.

 

27.La adulación para con el amigo, debe ser, llegado el caso, la fórmula más espontánea para mostrar, amén de nuestro respeto, la profunda admiración y reconocimiento que uno siente por él.

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28.El tiempo es inmudable, de ahí mi admiración por los relojes y los mecanismos que se empecinan en medirlo a sabiendas.

 

29.Porque nos resistimos al olvido, recordamos. De ahí que todos tengamos guardados en cajas de zapatos, en las rancias y casi oxidadas cajas de carne de membrillo, Ntra. Sra. del Rosario o de La Góndola, en las viejas carteras de escolar…: las cartas, las fotos, algún lazo, la suerte de estampitas, el anillo más valioso, el más bello de nuestros poemas de niño…, como tesoros o reliquias de nuestra existencia.

 

30.Hoy me crucé con una pareja formada por un hombre maduro y una mujer joven, iban de la mano, él le hablaba con dulzura y ella lo miraba entre la sorpresa y la admiración. Estas parejas desiguales en edad son ideales, fascinantes, incluso, sugerentes. ¿ Por qué la mayoría de las parejas jóvenes de edad similar son dadas a la tortura y a la zafiedad ilimitada ?

 

31.Me decanto, sin dudar, por la pareja clásica española: la equilibrada Guardia Civil.

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Nota: Todas las ilustraciones, a excepción de la foto del autor de los aforismos, son de Igor Morski.

 

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