EL PARADIGMA DE LA DESATENCION

EL PARADIGMA DE LA DESATENCIÓN.

El súmmum de la antipatía. La antítesis de la amabilidad. Ella, es doctorada en hostilidad y animadversión. Un dechado de irresolubilidad. Un verdadero monstruo de la desfachatez y del desagrado. Osada hasta el espanto

Gloria (que nombre mas poco apropiado) es la regenta- gobernanta- propietaria del Hostal / Hotel Poqueira y no se cuantas posesiones mas en el precioso pueblo que es  Capileira en Las Alpujarras Granadinas.

Adoradora absoluta del dinero, y antipática a ultranza, antepone todo ante su afán recaudatorio.

Nos brindó nada mas llegar una habitación de la cual el mismísimo Satán se hubiese quejado por calurosa. Con unos armario cutres e insolentemente viejos, que hicieron que nuestro equipaje reposase en las maletas durante toda nuestra estancia. A salvo también -todo hay que decirlo- de las legiones de moscas que, por allí, pululaban a su antojo. Quizás esperando nuestra muerte temprana por hipertermia.

Algún compañero de viaje, le solicitó a la pérfida hostelera, una almohada aduciendo problemas cervicales. ¡Es que si usted tiene problemas de espalda, debe de viajar con almohada propia! Le espetó.

Sabiendo, por nuestros compañeros de viaje, de la disponibilidad de habitaciones mejores (igual a las suyas; nada más queríamos) y ante la súplica del cambio de horno crematorio, la callada fue su respuesta. Ante la súplica también de otros amigos del cambio de habitación, por el mismo motivo dos día después, ésta, solícita, accedió y les corrió la suya un solo puesto en el corredor del Averno hasta situarla junto a la nuestra. No falleceríamos calcinados solos, al fin y al cabo. Y eso es de agradecer.

El agua del grifo caliente y repugnante de sabor. Y estamos hablando de Las Alpujarras!! Un lugar donde las piscinas se llenan con agua mineral de las propias montañas. Allí, donde habitan Lanjarón, Bubión…Y Campaneira.

Pedimos un ventilador y se nos ofreció un secador. Cuando fuimos a pagar, hasta una inmisericorde botella de agua no solicitada se nos cobró. Y se pagó esta, por no discutir.

Un pan seco y del día anterior, duro hasta el quebranto y la fractura, nos sirvió cada día de desayuno.

Colmo del descaro y la poca vergüenza la de esta mujer al mandarnos callar desde una terraza a la piscina donde estábamos (A nueve clientes de su hotel, con una compulsiva afición al consumo desaforado y religiosamente pagado Ipso Facto) con el pobre argumento de molestar a una mesa de incautos que habían tenido la inoportunidad de intentar tragar un agua medio caliente y desazonada, tornada amarillo peomona a base de colorante, con tres picatostes náufragos resignados a la desesperanza y  a la soledad, nadando en su propia ausencia de huevo, jamón y de la sustancia que se le supone. Sopa de ajos le llaman allí…

Puede que me intervenga -que no- el temor de que no sea bien acogido la próxima vez que vuelva a ese establecimiento -que volveré- para poder disfrutar de la parca hospitalidad de los dos resignados hermanos que siempre nos dispensaron las justas palabras amables. De los jóvenes que nos atendieron en la terraza y el restaurante BBQ con una actitud risueña, afable y cordial (Quizás para compensar tantísima antipatía y la roñosa miserabilidad de la Doña)

Y digo que volveré sin miedo, porque ese derecho me asiste. Pero… Si no fuese alojado en sus mejores habitaciones – que las hay- y no fuese atendido debidamente como se le supone al que te cobra el precio estipulado, júrolo por mi honor, que sacaré de los aposentos de este blog este escrito; y reseñaré este post, que ahora estáis leyendo, en todas las páginas de alojamientos y restaurantes de Internet, que haberlas las hay, y muchas.  Sin olvidar los cauces legales para denunciar, que también, haberlos, haylos.

No olvidemos que hacen abstracción de los pertinentes impuestos; y la negrura del dinero que recaudan es incuestionable teniendo en cuenta que la factura figura escrita a mano en una hoja de una  libreta publicitaria de Anís Arruza que he tenido la precaución de guardar junto a otras evidencias.

¿ Que pensarían si supiesen que, entre los que vamos -además de la doctora – uno de los más perjudicados por el trato inhumano es Inspector Fiscal ?

Unas habitaciónes, ya te digo, que hubiesen hecho las delicias de Belcebú y Leviatán. Un trato personalizado que hubiese dejado chicos a Luzbel y a Mefistófeles. Un infierno. Un puto infierno tirando a horno incinerador. Y que me perdonen los hornos incineradores.

Este post debería de figurar como prólogo al relato de ese fantástico periplo que hicimos por las Alpujarras granadinas. Pero, después de meditarlo, he decidido no emponzoñar tan entrañable viaje con esta queja tan descarnada como real. Porque todo lo demás, fue absolutamente perfecto. Y esta queja, deberá de quedar -por mi parte así será- enterrada de por vida en este sitio y quedará como una incomprensible anécdota. Si ellos así lo quieren, porque así les conviene.

Porque quitando la inmerecida Gloria, todo lo demás fue tal y como se esperaba. Una delicia de viaje.

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