CON UN POCO DE AYUDA DE MIS AMIGOS

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CON UN POCO DE AYUDA DE MIS AMIGOS

“Presta atención y te cantaré una canción e intentaré no desafinar
oh, me las arreglo con un poco de ayuda de mis amigos”

Uno de los tributos mas indeseados, y que se ha de pagar por eso del cumplir edades, es el del contemplar como la vida –impune y cruelmente– te va quitando las referencias que en ese trasiego, te han formado como persona.
Más de cuarenta años han pasado desde aquellos días en los que –por el Reino de Conde Ureña– bailábamos feliz, frenéticamente y obligados por la voz ronca y áspera de un borrachín impenitente que se contoneaba en lo alto del escenario tal si fuese un espasmódico zombi: Joe Cocker. Ríanse ustedes de los Walking Dead y demás zarandajas. Danzábamos agitada y disparatadamente porque así nos lo requería y obligaba el ritmo de “Marjorine”, o “The Letter”; o de “Delta Lady” o del “Something goin’ on”. Aunque también, para que mentir, nos movíamos lenta y pausadamente –abrazados y siempre pendientes al roce a la moza intransigente y confundida– con el Dylaniano “I Shall be released” y sobre todo con esa versión fastuosa e inimitable de The Beatles (y la guitarra de Jimmy Page) llamado “With a little help from my friends”.

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Con un poco de ayuda de mis amigos. Con la ayuda de la amistad, como la traducíamos por aquella época.
Joe Cocker, no me quiero extender demasiado, pues quiero que sea él quien hable en esta entrada, tuvo también el detalle – ya lo he indicado– de encandilarme haciendo magnificas versiones (era un versionador –ahora se llaman covers– único y excelso) de mis otros ídolos: Bob Dylan. John B. Sebastian, Beatles, Stones, Leonard Cohen, Animals, Nina Simone o Traffic. Inconmensurable la versión de Lovin’ Spoonful “Darling be home soon”.
Si alguien me preguntara que tema escogería como favorito de este inglés, no me iría para aquel en que la Basinger se dejaba puesto sólo el sombrero tras la persiana. Tampoco lanzaría la gorra de oficial al aire delante de la pava; ni siquiera, fíjense Uds. lo que me atrevo a decir, tomaría Berlín después de Manhattan; porque lo que yo, lo que yo verdaderamente escogería, sería toda su producción que va desde el 69 hasta el 72. Y, si ya me obligaran a mojarme, Mad Dogs & Englishmen (1970) y el Cocker Happy (1971) serían los álbumes elegidos.

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Dos veces tuve la oportunidad de verlo en directo: en la Marbella de 1985 y en las playas de Málaga en el 2007. El primero bastante más borracho que en el segundo.
Descansa en paz viejo amigo. Cuarenta años juntos, sí son muy pocos con la ayuda de la amistad.
Este es uno de los últimos conciertos de Joe Cocker; disfrutad al Maestro. Disfrutad al único, al grande, al irrepetible John Robert Cocker; de Sheffield, Reino Unido.

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