NO ME TOQUES EL CUENTO

NO ME TOQUES EL CUENTO

Tengo la inmensa suerte que, desde mi más temprana juventud, me he rodeado de buenos amigos artistas que me han hecho, con sus diversas disciplinas, la vida mucho más enriquecedora y divertida. Además, en un acto de suprema generosidad, ellos, me han dado la oportunidad de subirme alguna que otra vez a los escenarios, compartir interesantísimas conversaciones o participar en eventos que de ninguna de las maneras podría haber llegado yo a protagonizar por méritos propios. Si algún mérito se me puede atribuir, es la capacidad que he desarrollado –no es difícil estando rodeado de tanta creatividad y tanto cacumen– si algún mérito se me puede atribuir, pienso, es el de haber sabido conservar estas amistades durante la mayor parte de mi vida. Y disfrutarlas.

Por esa entrañable circunstancia – y de teatro voy a hablar– asisto regularmente a representaciones escénicas, más que nada, aclaro, porque los que se suben a las tablas son ya os digo, buenos amigos míos. Y esa entrañable circunstancia se rodea también, de suerte. Pues casi siempre (y aquí el adverbio de cantidad sobraría) siempre salgo contento y feliz por haber participado cómo espectador de dicha obra de teatro

Lo de ayer fue distinto. Porque no sólo salí feliz y contento, sino que también, con un buen chute de entusiasmo e hilaridad desatada; porque les aseguro, que en pocas obras de teatro me he reído tanto.

La frescura del tema tratado, el cómo se resuelve la vida de cuatro princesas de cuento, que se percatan de que desde el “Érase una vez”, hasta el “Y comieron perdices”, su existencia posterior  se llena de realidades y de frustraciones. Que los príncipes no son ni encantadores ni azules y que los ogros y las madrastras, en la mayoría de los casos, son los verdaderos protagonistas de la vida después de la almibarada historia.

Ayer, asistí en el Teatro Echegaray a una producción de mi querido y antiguo amigo Juanma Lara a una desternillante obra escrita y dirigida por su hija Olivia –que ayer también se subió al escenario–  y no paré de reír durante la cortísima hora que duró el espectáculo. Una obra  también llena de agudas reflexiones. Una obra que me hizo inmensamente feliz porque se corrobora mi idea de que, desde el humor, se pueden hacer serias reivindicaciones de género y de lógica justicia.

En fin, que hoy se puede ver otra vez en el Teatro Echegaray. NO SE LA PIERDAN. Merece la pena ver a estas cuatro mujeres cantando, bailando, y sobre todo, actuando. Nunca una obra de teatro se me había hecho tan corta, de verdad os lo digo. Se van a reír. Te lo juro, Arturo.

Aquí tenéis información suficiente para que veáis los que se avecina. Lo repito: NO SE LA PIERDAN.

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LAS MUJERES DE VERDAD

 

LAS MUJERES DE VERDAD.

(Texto de mi querido amigo Agustín Zurita Ortíz-Tallo)

Las mujeres de verdad tienen curvas, o no. Usan una 34 o una 42. O la talla que les da la gana. No permiten que un número las condicione. Las mujeres de verdad tienen hijos, y envejecen felices viéndoles crecer, o eligen no tenerlos, y envejecen exactamente igual. Se casan o son solteras. Y no consienten que ni su vida ni su felicidad dependan en exclusiva de ello. Las mujeres de verdad hacen el amor. O follan. Disfrutan y no se avergüenzan. No van pidiendo perdón por ser como son: altas, bajas, delgadas, gordas, guapas o feas. Las mujeres de verdad tienen el culo grande. O pequeño. Muchas tetas. O pocas. O ya no tienen. Usan tanga o bragas o nada. Se depilan si les da la gana. Tienen la piel blanca, o la piel oscura. La piel tersa, o con arrugas. Las mujeres de verdad sonríen mucho, o sonríen poco. Y no pasa nada.


Las mujeres de verdad no tienen miedo de estar solas, porque han comprendido que ese miedo únicamente les conduce a conformarse con las excusas, con las mitades, con las dudas, con las sobras, con la condescendencia, con las caricias en el lomo; con los ‘ya veremos’, los ‘quizá’, los ‘puede’, los ‘tal vez’, los ‘el tiempo dirá’; con la incertidumbre, con las puertas entreabiertas, con los ‘perdón’ a destiempo. Que ese miedo les lleva a esperar, a justificar, a demandar, a sentirse culpables, a querer de más, a quererse de menos. Las mujeres de verdad han decidido que su felicidad depende únicamente de esa mujer que ven cada mañana frente al espejo, esa mujer a la que, por fin, han aprendido a amar.


Las mujeres de verdad son cada día más fuertes, más sabias, más valientes, más auténticas. Han entendido que las migajas no son una opción, que se merecen la tinta entera, que con la ilusión no se juega, que quien las pierde es el que pierde, que la cobardía no tiene excusa y las excusas no tienen perdón, que querer es sencillo, que el amor no duele. Las mujeres de verdad le han ganado la batalla al rencor, al odio, al miedo. Han vuelto a confiar en sí mismas, a valorarse, a respetarse, a atreverse. Han aprendido a marcharse a tiempo, a dejar de querer cuando era el momento. Las mujeres de verdad han comprendido que el miedo no es estar solas, sino estar con alguien que les haga sentir solas, normalmente un GILIPOLLAS.


Las mujeres de verdad han dejado de pedir perdón por decir lo que piensan, y mucho menos por hacer lo que dicen. Las mujeres de verdad han empezado a disfrutar de la vida sin remordimientos, y han descubierto que no hay nada de malo en hacer lo que quieren si les hace feliz. Las mujeres de verdad han dejado de permitir que nadie les haga sentir culpables ni avergonzarse de ser quienes son.


Las mujeres de verdad no necesitan que nadie les diga que lo son, porque ya lo saben…

Texto: Agustín Zurita Ortíz-Tallo / Ilustraciones: Catalina


LA MONCRIEF

(© de la fotografía Charlie Marciano)

Sube la Moncrief al escenario y las tablas, sin esperarselo, se iluminan bastante más de lo habitual. Felices y contentas se ponen por esta inusual y luminosa circunstancia. No se vayan a creer ustedes que esta súbita claridad es debida al reflejo de las lentejuelas que cubren su esplendida figura. Tampoco al brillo rutilante y resplandeciente de su piel que le procuran esos focos que la buscan, ávidos, para acariciar su cuerpo vigoroso con tremendos cañonazos de luz.

Esta, la luz –que es frívola y veleidosa– tiene predisposición  y preferencia hacia la belleza, y trata mejor a unas personas que a otras. Dotándolas, cómo las estrellas de arriba, de fulgor propio. Por eso, despliega y aplica todas sus cualidades lumínicas con Suzette Moncrief. Porque ella, siempre agradecida, la corresponde y la recompensa.

¿Fotogenia o singularidad divina? Ya os digo, cosas de las estrellas!

La Moncrief cantante es adorada por su público. Yo anoche lo comprobé incontestablemente. Durante el largo tiempo que ella generosamente me regaló, no paré de hacerle fotos con una legión de seguidores que querían tener su ración efímera de vanidad (y la prueba gráfica) del tener la oportunidad de posar junto a ella.

En un momento de tranquilidad, le dije a Suzette que tenía nombre de Crêpe. Y no me apeo de esa consideración. La Moncrief (me imagino) debe de tener el sabor levemente salado en su cuerpo hermoso y deseable, mezclado con la dulzura de su trato cercano, amable y cariñoso. Ya sabéis: la tortita de maíz y su relleno de mermelada de frambuesas, de Grand Marnier o de Licor de Curaçao. Beurre Suzette

Anoche, en la Sierra de Mijas, la Moncrief,  después de imponer la paz desde lo alto del escenario junto al Maestro Lito y su Blues Band, me rozó con la suavidad eterna de sus labios algodonosos y yo, ilusamente, soñé en ese momento, que era la reencarnación de Etta James la que me estaba besando y que me estaba dejando ese indeleble sabor a Jazz, Soul y a Rhythm & Blues en los míos.

(© de la fotografía Ángel Céspedes)


APOLO Y LA BALADA DE GREGORIO Y PEPITA.

 

Era el ínclito Apolo, hijo de Júpiter y Latona, el encargado en el Párnaso de repartir los dones entre los probos hombres mortales. Hermano de Diana, habitaba con las musas y trabajaba –a tiempo completo–  como Dios de las Bellas Artes y de los oráculos.

Podríamos decir que si el Olimpo fuese comparable a un ayuntamiento, Apolo era “Er niño del Alcarde”.

 

Eso del habitar con las musas, mire usted por dónde, le procuraba no pocos ratos buenos, amenos y agradables. Había que sacarle partido a su posición en la eternidad, pensaba él; así que lo mismo se marcaba unos cantes con Calíope y con Polimnia que se escribía unos chascarrillos con Clío y con Erato. Igual se marcaba un bailecito pegao con Terpsícore (que tenía nombre de refresco) que se iba a libar con el siempre atolondrado Dionisos y su colega mellizo Baco que era un colega romano nada recomendable.

 

Pues bien: Debiera de ser Apolo –como todo dios perita  que se precie– suficientemente  ecuánime y justo en el desempeño de su trabajo; es decir: en el reparto eficaz y ordenado de capacidades y competencias. Pero que quieren ustedes que les diga, aquel año de 1962, después de haber pasado la velada anterior de sarao con Dionisos (y el inefable Baco, no lo olviden) estaba como muy echaíllo a perder y, por consiguiente, decaído  y desanimado para eso del cumplimiento competente en el currele.

 

Así que, de esa manera, tras tomar un chupito de éxtasis para los dolores de San Juan,  decidió realizar su trabajo en modo “rapideo” y largarse a su casa a descansar porque no tenía, lo que se dice, el alma etérea para farolillos. Cogió los dones que debía de repartir ese día entre varios humanos, y lanzándolos a puñados –sin mirar a quién– los endiñó desordenadamente y se fue a su casa para tratar de apaciguar la indigna mona que le estaba dando más lata de la deseada y que no paraba de atormentarle la “chorla”.

 

Los dones bajaron todos unidos (y confundidos) y aterrizaron en tropel sobre un proyecto de humano llamado Ángel Idígoras. Lo que yo os diga. Así fue cómo se gestó el sujeto.

Viene toda esta perífrasis, todo este rodeo jocoso y festivo, para decir que el querido amigo Idígoras, dispone – por mor del fiestero dios y su colega la Fortuna– de una inmensa variedad de capacidades intelectuales y artísticas que raras veces se da, tan profusamente , en una sola persona.

 

Ángel, lleva de serie en su existencia, la música, la pintura y el don del cante; domina  la composición escrita y plástica. Maneja con acierto el humor y el don de gentes.

La amabilidad y la benevolencia siempre le acompañan junto a la  generosidad, la sensibilidad y la tolerancia. Todos esos atributos juntos y apropiadamente mezclados en la debida proporción, conforman la persona que es Ángel Idígoras. Artista en todos los aspectos. Único como persona comprometida e involucrada en causas nobles.

No se vayan ustedes a creer que hablo de memoria. No. No se lo vayan ustedes a creer; porque todas esas características, las ha observado (y disfrutado) este que ahora escribe, personalmente.

Le he visto pintar y tocar la guitarra en directo. Dar amenas clases magistrales a un público entregado. Realizar la viñeta que el día siguiente ofrecería en la prensa escrita. Fíjense, para ya rizar el rizo, que hasta el ukelele le he visto tocar junto a otro maestro dotado de otras tantas habilidades: Jesús Durán.

Ahora, para darme la razón, Ángel reúne y presenta un compendio de esos dones en un solo trabajo: la composición, el dibujo, la música, la interpretación, la escritura… todo en un vídeo en el que homenajea a uno de los matrimonios más queridos de nuestra ciudad: Chiquito de la Calzada (aquí en Málaga “de la Calzá”) y a su inseparable mujer Pepita. El gran amor de su vida.

Este trabajo que ahora podéis ver junto a mi admirado Jesús Durán, fue publicado ayer públicamente. Yo, que gracias a su generosidad, lo conocía de antemano, no pude acudir por los imponderables y las inesperadas contingencias de la vida. Nada me hubiese gustado más que abrazar a mis dos queridos amigos: el polifacético Idígoras y a mi respetado Ned Land de los teclados. Pero ahora –sacándome la espina– ya os digo, lo inserto para vuestra diversión y esparcimiento. Para gozo y regocijo. Para que veáis que no miento.

Aquí lo tenéis . Antes la letra; después el video.

 

Disfrutadlo. Es un gran trabajo.

 

LA LETRA:

 

Era un pecador de la pradera, un muchacho que cantaba,

natural de La Calzada, en el barrio La Trinidad.

 

Ella era una aspirante a estrella, bailarina itinerante,

 por la gloria de mi madre, que iba de ciudad en ciudad.

 

Un día el azar los unió, Cupido estaba de buen humor.

En un caballo llegó Desde Bonanza cargado de amor.

 

El cantante y la bailarina se inventaron la nueva vida

de la Condesa y el Conde Mor.

 

Gregorio fue creando un mundo propio, plagado de disparates

donde habitaba Grijander que era un fistro diodenal.

 

A Pepita le salía la sonrisita con sus pasos tan bailones,

 una mano en los riñones y la pierna levantá.

 

Tras muchas risas, el tiempo pasó y Cupido se unió a la emoción.

En un caballo llegó Desde Bonanza cargado de amor.

 

Tiempos complicados, años duros. Esposos siameses, siempre juntos.

Venciendo a la tristeza, dando jaque con su grito de guerra: Al ataquer!

 

No puedor el pueblo exclamó, Cupido se unió a la emoción.

 En un caballo llegó desde Bonanza cargado de amor.

 

El cantante y la bailarina se inventaron la nueva vida

de la Condesa y el Conde Mor.

 Se fue ella y él la siguió y cuando dijeron adiós

(hasta luego, Lucas) más chiquito el mundo quedó.

 

Y EL VÍDEO:

 

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THE ALHAMBRA SKETCHBOOK.

Nunca agradeceré lo suficiente, a mi muy querido amigo Javier Rico, el haberme dado la ocasión de conocer el mundo de los Urban Sketchers en general; la caballerosidad y bonhomía, en particular, de uno de los máximos exponentes mundiales de esta especialidad pictórica como es Luis Ruiz Padrón.

El doctor arquitecto Luis Ruiz, ha tomado la buena costumbre cada año por estas fechas, de estrenar libro con una muestra de sus trabajos de campo. Libros que yo, oportunamente, tengo a bien el procurarme para que le den categoría y volumen a mi biblioteca que tan denostada está últimamente de nuevas adquisiciones. Aburrida y resignada por estar siempre con los mismos vecinos de tabla desde que decidí pasarme al frío e impersonal (pero cómodo) libro electrónico.

Pocos son los que, de entre los muchos que me leo, tienen el cuerpo de papel y el alma de tinta impresa. Que manejan el olor a cola y a cartón, y una guarda impoluta idónea para pegarle aquel “ex-libris” que en su día me fabriqué para darle un toque de propiedad física al tocho que entraba en mi repisa, y advertirle al prestatario, por donde transcurría el camino de vuelta a casa.

Pero cada como año, acompañando al turrón El Almendro, vuelve por Navidad a poblar los estantes de las librerías una nueva delicia para los ojos. Una impresionante obra realizada para gozo de sus lectores por el Maestro, para sugerirnos el regalo infalible y acertado, con el que no queremos decepcionar. El que, ávidamente,  no queremos dejar de poseer. Un nuevo tesoro, que cada cierto tiempo volveremos a ojear, pues siempre nos reporta nuevos hallazgos y perspectivas. Nuevos detalles y particularidades.

Y es entonces, por esa circunstancia, que cada vez que publica no puedo dejar de volver  al imperio del papel impreso y le hago –entre empujones– sitio de honor a la nueva obra del amigo Ruiz Padrón. Eso, si! Debidamente rubricado y personalizado, que para eso tengo el atributo concedido por él, del morro y el descaro.

Luis esta vez, nos trae La Alhambra de Granada para que nos sentemos con ella tranquilamente en nuestro sillón más personal y siempre intransferible. Para gozar con esos textos tan bien elaborados cómo descriptivos y con esos trazos magníficos a los que tan mal acostumbrados nos tiene; con esos colores –a veces sólo un tímido asomo– suficientes, justos y adecuados. Luis esta vez, nos trae La Alhambra de Granada con su nueva publicación “The Alhambra Sketchbook”.

Siempre recomiendo sus publicaciones, sus últimas entregas, pero esta vez la recomendación se torna en prescripción y la prescripción en advertencia; y la advertencia (si no la seguís) en chufa, befa y amonestación por mi parte por no hacerme caso. No os lo perdáis!!! Si no os hacéis con uno de estos ejemplares, lo lamentaréis.

Para casi terminar, os indico que la presentación de esta maravilla, tendrá lugar en mi librería de cabecera: La preciosísima Mapas y Compañía. Sita en Calle Compañía, 33. El próximo jueves día 9 de este mes de Noviembre.

Y ahora, ya sí termino, os pongo una serie de dibujos de Luis Ruiz publicados cada domingo en la contraportada del diario Sur llamada “Málaga a Trazos”. Para que os hagáis una idea de la belleza que se avecina estas Navidades.

Disfrutadlos!!!

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TEJERINGOS

 

TEJERINGOS

Hablaba yo ayer con mi barbero-peluquero, sobre la oportunidad de su negocio y acerca de esa circunstancia que se repite cada cierto tiempo: la vuelta de las modas y de los comercios de antaño.

Maneras y costumbres que  se consideraban perdidas en el uso, pero no en la memoria, y que se recuperan por el atisbo de aceptación (o los estudios de mercado) de una nueva generación que no conoce lo que se pretende poner de nuevo en boga. En la ropa y complementos hay evidente ejemplos: los pantalones de pitillo y/o acampanados, los zapatos de plataformas, los bolsos para hombres (vulgo mariconeras) los vinilos, el pelo largo, las barbas, el abundante pelo sobaquero… Y en las comidas, los dos ejemplos más claros, le decía yo que era: El Salchichón García-Agua y los tejeringos.

Y a los tejeringos me voy a referir, porque el García-Agua, como que ya no sabe como antes.

Los tejeringos: Esa deliciosa masa de harina y agua frita con la peculiaridad de presentarse en enormes lazos que, antes, se ensartaban con un junco para facilitar su transporte. Me gustan mucho las churrerías típicas; mi favorita siempre fue “La Cacería” en la calle de noble nombre de Blas de Lezo. No me gustan la nueva hornada de churrerías franquiciadas (están ricos, no lo negaremos) donde la denominación de “Bar de Churros” de toda la vida se ha sustituido, con una pretendida sofisticación,  por un nombre leído al revés y con un inapropiado apostrofe o genitivo sajón que le da un toque de modernidad que no le pega nada.

–– “Tráigame Ud. si es tan amable –le digo a la enlutada señorita– cuatro Tejeringo’s que estén cruditos. Un Coffee mitad descafeinado de máquina. Con sacarina, por favor. Un sobrecito de azúcar para mojar los Tejeringo’s. Un vasito de agua fría y la cuenta que tengo que salir pitando.”

–– ¿Árgo már?

––  Un vasito de gazpacho, le digo para hacerme el simpático.

Pone cara de tener un garbanzo debajo del labio superior la chochotriste y se va como diciendo… “Ya ha llegado el gordo que se cree gracioso”.

El Coffee llega a los 20 minutos. El agua te la tienes que servir tú dentro del local en una máquina que hay y, además, en  vaso de plástico. La sacarina se le olvida, los Tejeringo’s está esperando, dentro de la lava hirviente, a que se te enfríe el Coffee para traértelos;  y la cuenta, la pagas dentro esperando cola, con un tiquet lleno de logaritmos neperianos que solo entiende un lector de código de barras y Stephen Hawking cuando está despabilado.

Yo , prefiero al camarero de camisa blanca con la sacarina en el bolsillo de la camisa para paliar el improbable olvido. Que te diga:

Entonces….cuatroshurritosblanquitosmitaddobledescafeinadodemáquinayvasitodeaguadelAaiúnfresquita. Oramismo!!!

Y en un segundo, tienes un vaso de agua helada a tu disposición para ir templando el paladar para lo que se avecina.

En fin, a lo que vamos: Esto que vais a leer, es un texto escrito por José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.  Y publicado por “Málaga en el corazón”. Un estupendo y detallado estudio de lo que es el característico mundo tejeringuero en la ciudad de Málaga.

Disfrutadlo

Málaga y sus tradiciones: EL ORIGEN DEL TEJERINGO MALAGUEÑO
“Que recuerdos, de niños, cuando comprábamos los domingos por la mañana las ruedas de tejeringos, al churrero del barrio, y lo llevábamos a la casa enganchado en el junco”.
Si repasamos varios diccionarios, podremos observar que la mayoría de ellos definen los siguientes vocablos: ‘tejeringo’, ‘jeringo’, ‘calentito’, ‘cohombro’, ‘churro’, ‘fruta de sartén’, ‘mandungo’, ‘porra’ y ‘tallo’ como «masa de harina parecida a la de los buñuelos, a la que se da una forma alargada con un aparato especial y se fríe en aceite. Es típico de algunas regiones españolas, donde se toma acompañando al café o chocolate del desayuno o de la merienda». El vocablo ‘tejeringo‘ presenta una etimología sumamente curiosa y hace referencia al instrumento con que se fabrica. Así pues, su constitución se debe a la suma de ‘te‘ y ‘jeringo‘, especie de jeringa, por donde se echa la masa a la sartén. Antonio Alcalá Venceslada, en su ya clásico ‘Vocabulario andaluz’, identifica la palabra ‘jeringa’ como sinónima de ‘tejeringo’, ‘churro’, ‘tallo’ o ‘cohombro’.


Según algunos destacados críticos, el origen del vocablo ‘tejeringo’ se encuentra en Málaga y Cádiz. Nació, al parecer, del pregón de algún expendedor que, mientras sudaba ante la sartén de aceite hirviendo, se dirigía a su clientela femenina, nerviosa y apremiada de tiempo, con la siguiente expresión, no exenta, quizás, de segunda intención:
-Niña, ¿no te jeringo?
El vocablo ‘tejeringo‘ es netamente patrimonial de la provincia malagueña y ello ha motivado los siguientes versos del poeta malacitano Barrionuevo Moncayo: «El tejeringo era una / cosa en forma de aro; / masa frita con aceite / de oliva, sin mezcla alguna / que no costaba muy cara / y comerlo era un deleite. / Era parte del tipismo / en lo que se distinguió / el autóctono malagueño; / hoy, por puro esnobismo, / su antiguo nombre cambió / por churro, que es madrileño».
Para el eminente arabista García Gómez, la típica masa de harina frita en aceite, antecedente del ‘tejeringo’ o del ‘buñuelo’, hunde sus raíces en la civilización griega y romana, con la consiguiente confirmación árabe, que desarrolló su consumo en la mayor parte de Andalucía, con preferencia en las provincias malagueña y gaditana.
Los tejeringos es la forma más tradicional y artesanal de hacer churros, es una variedad de churro de elaboración más compleja. Es más común cocinar churros o porra o churros madrileños, porque el sistema está mecanizado, lo que facilita mucho el proceso. El tejeringo es diferente hay que dibujarlo a mano, uno por uno y se tarda tiempo en aprender a hacerlos. La masa de los churros se puede congelar, a diferencia de la masa del tejeringo que no se puede ni reservar ni refrigerar, el tejeringo es un producto 100% fresco. Se elabora la masa en pocas cantidades para que se use al instante y no sobre nada, al menos así es como debe hacerse.


Realmente la receta es muy simple: harina, agua, sal y bicarbonato pero tiene otros factores como temperatura y tiempo.
En Málaga donde hay muchas churrerías, hemos conseguido acunar un ejemplar único: el tejeringo. Pero a día de hoy la ciudad está contemplando cómo cada vez son más los negocios que compiten por poner los churros modernos en sus cafeterías.
En Málaga se venden tres tipos de churros. A saber: Churro, tejeringo y churro madrileño. Por churro a secas se entiende el tradicional. El del palo largo. En el churro clásico hay lugares clave. Casa Aranda: Lugar típico y tópico del centro. Ahí se va sí o sí. Sillas pequeñas. Apreturas y calor. Pero merece la pena. Hay días que están más huecos que otros pero son perfectos. El Sauce: En Echevarría del Palo. Un clásico de la zona este. Coche mal aparcado en doble fila y un ojo puesto en el coche y el otro en la taza. Le acompaña en El Palo la cafetería Migui con churros perfectos y sin aceite en demasía. Y en otra dirección está Oña: El del Civil. Un sitio clave. Un lugar único. A Oña hay que ir alguna vez. Ya sea porque esperas el traslado del Cautivo o porque vienes de ver a alguien del hospital. Pero su churro es perfecto. En bandeja clásica de metal y crujiente.


Pero tenemos los churros madrileños. –Mis preferidos (Gonzalo León)- y ahí hay un mano a mano. Nunca se sabe quién gana pero lo único claro es que si son congelados se nota. Doy dos lugares del centro típicos, tópicos y claves: Café Central y Café Madrid. Ambos pueden hacer lo que quieran. Obras, carteles modernos en las paredes u ofrecer paellas congeladas pero a las once allí debe oler a churros. Perfectamente fritos. Amarillo dorado. Secos de aceite. Y crujientes a la par de cremosos. La ración debe traer cinco. -Si trae menos se lo ha comido su hijo el gordo en un despiste de usted-.
Y por último tenemos el tejeringo. La piedra angular de todo. El ying y el yang de la masa frita malacitana. Un espécimen de origen local que ahora parece haber resurgido pero que nunca dejó de existir. El tejeringo es redondo. En unidades autónomas con textura lista y con mayor dureza y resistencia al mordisco. Pero más bueno que el churro. Más tierno y jugoso. Te puedes comer cinco churros o cinco madrileños pero con cinco tejeringos se te ponen los tobillos como dos colectores de EMASA. -Emasa de churros-.


Para disfrutar de Tejeringos hay que salir del centro. Y tienes una de sus catedrales en el barrio de la Victoria. A la altura de calle Cristo. En El Caracol. Desde su pequeña ventana ya ves el trasteo del aceite y el humo salir. Y entras y se te empañan hasta las gafas. Pero es de vapor del bueno. Es lugar de culto para el victoriano y se hace imposible no parar encima de la acera –viendo cómo aparco hagan cuentas de la cantidad de multas que me ponen (Gonzalo León)- y llevarse en un papel media docena para degustar en el hogar.
Ahí solamente van unos sitios básicos. El ABC de los churros en Málaga. Es evidente que hay más. Pero con esos vas sobrado. Y no lo olviden. No caigan en la tentación de las porquerías. Que los churros no llevan chocolate por fuera. Ni se rellenan de nada. Que no llevan salsas. Ni dulce de leche ni guarrerías de ningún tipo. A lo sumo se abre un sobrecito de azúcar y se echa en un platito para que mojen los infantes o la abuela. No vayan a las franquicias. Pidan que le retiren el plato si nota que son congelados. Comer churros que han estado a menos treinta grados en la ciudad de Málaga es una falta de respeto.


Coman churros. No cuestionen su precio. Y disfruten del momento sublime de envolver un lado con una servilletita para comenzar el homenaje. Compren para lleva a sus casas –y dejen la bolsa abierta que si no se empapan del vapor- y aparezcan en su hogar con el papelón un domingo por la mañana. Sus hijos lo querrán más. Su pareja también. Y si vive en soledad mírese al espejo con el tejeringo y verá qué bien le sienta.
Málaga es lugar de masa frita. De hambrientas y buñuelos. Y no de churros falsos ni panes con mijillas que parece que estás comiendo alpiste.
Disfruten de esta tierra y cómansela. Que le tiren la bandeja de aluminio rayada una y mil veces y aún escuche el gorgoteo de la fritura en sus últimos compases. Pida chocolate Santa María. Y salga del banquete con ganas de ser trasladado en carretilla. Pero cuidado. Hay que acabar siempre con el vasito de agua. En vaso de duralex. Con el agua rozando el límite de la temperatura de los purgantes. Y bébasela del tirón. Ahí acaba el proceso. Ahí acaba el disfrute y comienza la aventura. Pero habrás desayunado o merendado en condiciones. Y con cosas de tu tierra.

Autores: José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.

 Publicado: por “Málaga en el corazón”

 

 

 

JIA AILI. FUTURO IMPERFECTO

 

Suelo girar visita periódicamente el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga. Me gustan sus instalaciones; me gusta ese cercanía (que te permiten las celosas guardianas del templo) a las obras expuestas. Me gusta también, ese detalle sin importancia aparente como es la gratuidad al acceso. Me gusta todo. Pero sobre todo, me encanta, no sólo las exposiciones permanentes que habitan dicho museo todo el año. También las itinerantes. La penúltima exposición a la que asistí, fue a la de mi admirado (una de mis referencias surrealista) Mark Ryden.

Cuando aún no había salido de mi asombro -observando en directo obras mil veces vistas en esta ventana infinita que es Internet- va y viene Jia Aili. Yo, no lo conocía, seamos sinceros. Ahora me resulta inolvidable.

La monumentalidad de dichas obras; la temática futuro-catastrofista, la multitud de detalles que vas descubriendo a poco que las veas con detenimiento, hace que la visita a esta exposición sea de obligado cumplimiento.

Os la recomiendo encarecidamente. Vais a flipar. En colores.

Estas son lasfotos que hice con el móvil de dicha exposición. Disfrutadlas. Si podéis hacerlo, mejor en directo. Pero primero, el texto de la exposición.

Y, ahora… las fotos:

 

 

 

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