ELEMENTUS. UNA PUÑALÁ TRAPERA

ELEMENTUS.

 Una Puñalá Trapera

Descanse el paz el digno lugar. El ágora de la tolerancia y el buen rollo. Centro del Universo Salviniano. Nos lo han jodido. A todos. Mísera y perdulariamente.

¡Que verde era mi Valle!

Algún que otro desleal desde dentro y los putos funcionarios -abyectos y ceñidos al descorazonador papeleo- desde fuera, han tenido su parte de culpa me dicen. Ahí se pudran ellos mil veces entre normativas los unos; entre ingratitudes los otros.

Porque me han dejado sin noches de música y de recuerdos. Sin  encuentros con los Litos y Ramírez Brothers. Sin mi Martita Guzmán y su tropel de Palos. Sin Richard Ray Farrell… Sin todos mis amigos músicos. Sin los que no lo son.

Noches sin Blues

Ya no volveré a ese patio, reducto de humos, que sin ser andaluz tenía su acento propio. Su propia esencia. Cine de verano aún en invierno.

Me han dejado sin la compañía de Pilar, de Valle (otra vez), sin ese tropel desafinado de camareros que deambulaban – a veces- sin orden pero con concierto. En directo.

Me han vuelto a privar de la sensación del bar de amigos de toda la vida. Del centro de reunión espontánea. Del sitio al que podías acudir solo porque se intuía la compañía segura y abierta.

Me han dejado sin la certeza del Salvi a tiro de copa para la charla nostálgica. Para recuperar y revitalizar  el catalogo de las anécdotas. Para el reencuentro con los perdidos por el paso del tiempo. Nóminas de afectos.

Me han vuelto a dejar otra vez sin bar de cabecera. Sin tan siquiera consultarme.

(Foto: Antonio Ruiz-Molero)

La última noche de Elementus- 16 de Julio del triste año 2011 (Que prolijo está siendo en ausencias) día del Carmen- aparecí por allí, también,  por ultima vez. No sabía aun lo próximo que estaba el óbito. Salvi pagó su tributo de amistad y me permitió libar lo que se me  antojase; y me hizo una “Salvidad”: Cateto, di en tu blog que el Elementus ha muerto a consecuencias de las heridas producidas por una puñalá trapera. Si, cateto: Por una puñalá trapera.

Y así lo digo mil y una vez para que a todos los que han provocado este cierre anticipado, se les quemen durante la inmortal eternidad todos los pelillos del culo. A fuego lento si puede ser. Con soplete de fontanero

¡¡¡Partida de mamoness!!!

A lo mejor se creen que no despertáremos al ritmo después de la puñalá. Yerran si así lo creen amigos… Yerran ciertamente!

¡POR SIEMPRE ELEMENTUS!

ELEMENTUS

 ELEMENTUS.

 LLENA TU CABEZA DE LO QUE SEA.

 Uno, había perdido la afición y la buena costumbre de salir de noche por los locales de moda de esta ciudad. Porque uno, había dejado de salir por culpa, entre otras circunstancias, de la música altísima y atronadora y por los gritos de los asistentes;  por culpa de las apreturas;  de los calores asfixiantes y las atmósferas irrespirables por la  humanidad condensada en muy pocos metros cuadrados de sala de tortura. Y, sobretodo, por la  absoluta imposibilidad de entablar una conversación medianamente inteligible y sosegada. Tampoco necesariamente coherente, ya se sabe.

 Así que, resignado quedé, a las reuniones en domicilios particulares y salidas esporádicas -que no es poco, aclarémoslo-  y tenía asumido, chispa más o menos, que eso de salir de copas para oír a un buen grupo de música tocando lo que a mi me gusta, se había acabado para siempre. Porque no entraba en mis planes lo que hoy por hoy tenía a mi alcance, que era todo el horror que acabo de describir más arriba.

 No encontraba sitios de mi gusto que fuesen  recoletos y tranquilitos, mayfrén, que ya peinamos canas y nos sentimos en determinados lugares un poco fuera de lugar entre tanto tiñalpa chillón, chundachunda y refresquero.

 Pero, gracias a Mr. Natural, todo vuelve en esta vida.

 Y ahora, mira tu por donde y cuando llega el fin de semana, espero con ilusión que me lleguen los mensajes -vía Caralibro- con la programación mensual (o semanal) dela Sala Elementus para bichear qué  amigos (o no) tendrán el detalle de volver a llenar mi cabeza de rock, o de blues, o de flamenquito, o de pop. O de rhythm’ blues…o de teatro y de poesía; que pa tós hay.

 

Fíjate si hay pa tós, que si quieres rizar el rizo, puedes llenarte la cabeza  de sonidos secos a golpe de goles contundentes en el  futbolín de la casa;  de lo que sea. Llena tu cabeza de lo que sea.

Así que estoy feliz con haberme encontrado en este recodo de la vida con la Sala Elementus.

 Porque Elementus se ha transformado en una opción más que excelente para hacer eso que yo hacía antes – y que dejé de hacer, porque ya no lo aguantaba- , que no es otra cosa que salir a tomar unas copas con esos amigos directos y encontrarme, otra vez, con los inhabituales que siempre pululan por allí- y casi siempre-  para oír buenísima música en directo tocada por ellos mismos.

 Parque Jurásico que dice mi colega el cateto.

 Volver a oír a los músicosaurios de Málaga que yo creía estaban durmiendo en el Rincón de la  (v) Historia, o  hacerlo con los mitos aún en activo, eso es, cuando menos… es cuando menos un placer. Y una suerte.

 

Y eso es lo que me pasa ahora todas las semanas en Elementus – en la Avenida Juan Sebastian Elcano (frente al Opencor del Balneario del Carmen) está, para quien no lo sepa- que puedes cenar y tomar copas mientras te reencuentras con los viejos amigos. O haces nuevos.

 Porque hay noches que entre el humo de fuera y la música de dentro, se puede percibir -si tienes suerte y sabes mirar- deambular a Fali Villalba recién llegado de La Axarquía, o a Javier Espinosa con su violín y su cara triste y resignada.  A veces tienes que esperar a que el Pingüi se baje de la mesa -como hacía en la Buena Sombra, después de haber lanzado su discurso- para sentarte tú al lado.

 Porque hay noches que entre el humo de fuera y la música de dentro, te llegan sabores como aquellos tés con absenta de la tetería de Pepito el Anarca o los olores a cerveza derramada el la barra de madera del a Valdepeñense. O las birras con espuma de mar de la Paca del Vietnam…tantos recuerdos…tantas vivencias… Que ahora, y gracias al poder de convocatoria de mi querido Salvi, mi querido cateto, se recuperan desde el pleistoceno de nuestra vida en este local.

 Que es mucho más que un restaurante, que es mucho más que un local de copas;  que es  mucho más que una sala de conciertos.

 Elementus es el empujón definitivo hacia el rememorar –no he dicho nostalgia todavía- de tiempos vividos que fueron y que se hacen actuales  a base de anécdotas. Y que te encanta poder volver a vivirlas. Aquellos tiempos, si no mejores, si que fueron muy importantes. Pasaros por allí, está frente a los Baños del Carmen. No tiene pérdida, ¿Verdad? No tiene pérdida.

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