EL INSULTADOR

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EL INSULTADOR

Este mundo virtual, inventado y aparente de Internet –y sus submundos de las redes sociales y demás– goza de una extraordinaria popularidad. Raro es aquel que, situado en el espectro de entre los pocos años de edad y los casi muchos, no se siente habitante y colaborador de este universo intangible de información, de servicios, y también de sentimientos, sensaciones y sensibilidades.

Un mundo virtual, inventado y aparente por donde pululan –remedando y parodiando el real– gente de todo tipo. De diversa índole y calaña. Gente que tiene verdadera vocación de servicio y con la generosidad implementada en su perfil. Personas que –al margen de los negocios– gozan ayudando a desconocidos con trabajos –a veces muy arduos y laboriosos– sin ningún ánimo recaudatorio. También están los delincuentes y mal nacidos a los que no voy a regalar ni una sola palabra. Pero después, para nuestra desgracia, también están los insultadores. Los insultadores que se creen tocados por la mano de Dios. Los que se creen con la posesión de la verdad absoluta. Los que –amparados por sus buenas o malas experiencias– se sitúan seis dedos por encima de las cabezas de los demás, ignorando que esos seis dedos, no son, ni siquiera, una buena polla. Estos insultadores –profesionales que son del vituperio– acostumbrados a la descalificación dura, al insulto gratuito y a la ofensa más inmerecida y arbitraria, se dedican, a veces, a injuriar a personas que son un ejemplo de caballerosidad, de nobleza y de señorío.

Eso pasó ayer. Un insultador sacó su lengua envenenada –no debe de estar acostumbrada ni a besar ni a la conversación amigable y pausada– para ofender a un amigo mío. Vaya por delante que a mi amigo no le hace falta ningún valedor, pero a mí, me dolió tanto como si yo hubiese sido el receptor de esos insultos. Un insultador, que desde su innoble y autoproclamado trono, se atrevió a pontificar y a dogmatizar –pensando, supongo, en causar admiración entre su camarilla– sin conocer ni la trayectoria, ni la conducta intachable, ni el habitual comportamiento desinteresado del insultado.

Mi amigo, ya lo ha borrado de su directorio. Ha hecho bien. No merece la pena dedicarle ni un minuto más de su tiempo. Si acaso, su tiempo, para mí; y para la multitud de seguidores que lo queremos.

He dicho.

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EL ARTE DEL BUEN INSULTAR

EL ARTE DEL BUEN INSULTAR

Me remite mi buen amigo Luis M. “Toro” Bravo, un magnifico recopilatorio de la ofensa y el improperio llamado “ Inventario General de los Insultos”, cuyo autor es Pancracio Celdrán Gomáriz.

Es esta recopilación un recorrido por la historia de España teniendo como eje principal la palabrota. Así que, si gustáis  leerlo, no creáis que vais a encontrar un texto zafio y maleducado; sino un paseo por el Siglo de Oro -entre otras épocas – desde la cual podréis leer  Calderón y al Maestro Quevedo (Dándole caña -como siempre- a Góngora), a la Celestina de Rojas, y a Leandro Fernández de Moratín .

Este último, por ejemplo, con su insulto “Badulaque” entronca directamente con el Capitán Haddock, el amigo de Tintín, que usa y abusa del Anacoluto, Nictálope, Pacta-con-todos, o Bachibuzuk entre otras demostraciones de desafecto.

Han cambiado muy notoriamente los excesos verbales a través de los tiempos; aunque en esencia siguen siendo los mismos. Pues muchísimos de ellos tienen sus raíces en los atributos sexuales (la falta o el tamaño), la disposición de la esposa a yacer con otro, o en el mentar a la madre del prójimo e incluso a la propia. Temas universales donde los haya.

No obstante, el insulto también  tiene unos ciertos condicionantes territoriales que le confieren un significado distinto dependiendo del lugar donde se impreca.

Casos internacionales conocidos como el Coño /Concha de España /Argentina, que no hace falta aclarar. O el otro mas típico como es el de la Lotería /Polla en  España / Chile.

Distintos significados, si; aunque eso de una “Gran Polla de Beneficencia” en Chile, también puede coincidir en su concepto aquí en España. Porque, para según quien, también le puede resultar -una gran polla- casi un premio de la Lotería.

Ordinarieces aparte:

La territorialidad también se nota y mucho, en las España según seas del Sur o del Norte. Según seas de Andalucía o del resto del país.

En Cádiz, te encuentras con un amigo y le espetas tranquilamente….Queháse Pisha! Mogollón de tiempo sin verte, maricón!

Que en Santander sería interpretado contextualmente algo así como: Como estás miembro viril? Mucho tiempo ha pasado desde la ultima vez  que nos vimos, sodomita!

¡Y no sé yo! ¡No sé yo!

O en Málaga; que dándose la misma situación sería esta: Er ííolagrandísimapuuuta!!! Ondetemeetesss zo mamóona?

Que en Castilla la Mancha se podría traducir literalmente como: Hola, hijo de enorme  ramera, por donde sueles moverte, so lactante?

Y tampoco es eso. Porque claro, no solo resultan un enorme agravio al insulto en sí, sino que, además, no tienen ninguna gracia.

No obstante, el insulto se ha vulgarizado sobremanera es estos tiempos que ahora nos acontecen. De ese modo, hemos pasado, consecuentemente, también a una pobreza incontestable del lenguaje. Así, del Alfeñique pasamos al Canío. Del Botarate al Tontopollas. Y del Vuestra Descendencia al Tó tus Muertos…

Tampoco se han salvado de la vulgaridad las expresiones de sorpresa y/o exclamación.

Pues del Sapristi, Cáspita y el Diantres, hemos pasado al, Cohones, Ojtia puta y Copón bendito. Si bien son  -estos dos últimos- mas eclesiásticos, también son – para según que personas- mas irreverentes. Verbi gratia, Cagondió.

Del Voto a Bríos! Al Tiví partí en dos! Del Santiago y cierra España! Al Venacápacá si tiés cohoness! Del Rediez a la Leshe que tan dao! Del Bellaco y el Malandrín al Joputa  y Zocabrón.

Dejemos a un lado la mariconada del Recórcholis. Que decir del Repámpanos!

Mi admirado Don Arturo Pérez Reverte, tiene elaborado un estupendo articulo( Una tesis, diría yo) sobre la palabra Cojones- Cuestión de cojones (26/04/98) que recomiendo enormemente su lectura. Podéis leerlo en muchos sitios de Internet

Termino pues, con el Desengaño de las Mujeres de Don Francisco de Quevedo. Para así amenizaros doctamente el tiempo que tarda en bajarse el archivo.

Si queréis bajaros el “ Inventario General de los Insultos” podéis hacerlo desde aquí:

https://skydrive.live.com/?cid=9b5ad4b7dbd9e872&sc=documents#cid=9B5AD4B7DBD9E872&id=9B5AD4B7DBD9E872%212162&sc=documents

Que lo disfrutéis.

DESENGAÑO DE LAS MUJERES

Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado

si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.

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