EL VIEJO AMIGO PEREZ-REVERTE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El viejo amigo Perez- Reverte.

 El amigo Perez-Reverte ,es amigo mío aunque el no lo sepa, Y además, el erudito amigo, tiene una gran influencia sobre el que suscribe.

 Alguna vez he relatado en este blog , la circunstancia y la oportunidad de poder, en la niñez, estar agazapado -casi escondido- en el llano de Tío Matías y Tía Lourdes en la Cañada de los Ingleses oyendo hablar a hombres de letras con la sola recompensa de tener acceso a la conversación precisa y preciosa. El acaparar palabras.

 Aun sigo haciéndolo  con Don Arturo. Agazapado, en cierta forma, tras sus libros y sus artículos con la misma enorme recompensa. Otra vez al loro acaparando.

 Soy su amigo unilateral , pues, lógicamente, el no me conoce. (He de reconocer que  tengo celos del Rey de Redonda)

  Además conociéndolo, a través de sus escritos, e intuyendo como es y como se las gasta con su intimidad, no se si me atrevería a tan solo saludarlo si alguna vez vuelve a tomarse algo sentado en la terraza del Café Central de Málaga..Da respeto el joío. Daría algo por tener un libro suyo firmado y asi dar de comer a mi parte mas fetichista.

 Pues bien, leyendo su ultima recopilación de artículos  de la revista El Semanal “Cuando éramos honrados mercenarios”  he recordado y disfrutado como una ” especie de zuavo”, uno llamado : El viejo amigo Haddock.

 Me ha  llevado a recordar  asimismo,  a la Tánger Soto de la Carta Esférica que, como yo, aun guardaba como un tesoro los libros de lomos de tela de Tintín en su biblioteca .Como el mismo autor también.

Mal que  le pese al adorador de la línea oscura : El amigo Méndez.

 He leído toda la obra de Perez-Reverte  a excepción del Trafalgar , cuyo lenguaje profesional marinero me superó, y algún otro de los últimos (El pintor de Batallas y Un día de Cólera) ,pues ahora “navego” por tierras del Norte en un mar de novela negra y paisajes nevados.. Pero caerán.

 Unos me han gustado mas que otros.Evidentemente.  También espero al ultimo que será en Marzo: El Asedio.

 Alatriste y Sabina hicieron que mirara con otros ojos los sonetos de Quevedo. Y los artículos semanales de Perez-Reverte, hicieron  que mirara la vida desde un prisma distinto. Y se lo agradezco. Mucho.

 Pasa que he vuelto esta noche a leer dicho articulo. Y no me resisto a ponerlo aquí para gozo de quien lo lea con los mismos ojos lejanos y agradecidos que yo.

 Con el mismo cariño que yo.

 Me puse el Nick de Gorgonzola y por ende a este blog , por el alter ego en Stock de Coke  del malvado Rastapopoulos: El Marqués de Gorgonzola. Intenté, Dios lo sabe, ponerme como Nick el de mi admirado Haddock, pero ya estaba ocupado por alguien. Un Maldito bebe-sin –sed ¡!!!!

 Me tomaré unas copas de Loch Lomond a la salud de Arturo y de Archibald.

 El articulo es este. Espero que lo disfrutéis.

 El viejo amigo Haddock, por Arturo Pérez Reverte

Siempre he dicho que, en un incendio, salvaría a Mordaunt, mi perro, y la colección completa de las aventuras de Tintín: todos los volúmenes en su antiguo formato, con tapa dura y lomos de tela. Alguno de los más viejos aún tiene pegada la etiqueta con su precio original: 60 pesetas. Caían en mis manos dos o tres veces al año –juntaba cien pesetas el día de mi santo y cincuenta cada cumpleaños–, cuando, sonándome las monedas en el bolsillo de los pantalones cortos, me paraba ante el mostrador de madera donde el librero, el señor Escarabajal, me mostraba los ejemplares para que eligiese uno, antes de salir a la calle con él en las manos, aspirando el olor maravilloso a buen papel y a tinta fresca que, desde aquellos primeros años –editorial Juventud, Mateu, Bruguera, Molino–, asocié siempre con el viaje y la aventura. Y viceversa: más tarde, cuando aterrizaba en lugares lejanos o desembarcaba en puertos exóticos, a menudo los vinculé con aquel olor a papel y aquellas páginas. No es extraño, después de todo, que para un reportero tintinófilo contumaz, el primer viaje profesional fuese al País del Oro Negro, y que la primera vez que puse pie en los Balcanes, el pensamiento inicial fuese que había llegado, por fin, a Syldavia.

Aún los hojeo de vez en cuando, sobre todo mi favorito: Stock de coque. Me gusta mucho ese volumen porque lo considero el más equilibrado y perfecto, pero sobre todo porque su protagonista principal es el mar, y porque además de Piotr Pst –ametrallador con babero– y viejos amigos como el general Alcázar, Abdallah, Muller, el malvado Rastapopoulos y el comerciante Oliveira de Figueira, aparece todo el tiempo el capitán Haddock. Y les juro a ustedes que una de las razones por las que me eché una mochila a la espalda y puse un pie delante del otro, fue porque iba en busca de un amigo como ése. Porque quería conocer al Haddock que la vida podía tenerme destinado en alguna parte.

Lo encontré, desde luego. Varias veces tuve ese privilegio. Unos se le parecieron mucho y otros menos. Unos siguen vivos y otros no. Unos le pegaban al Loch Lomond y otros manejaban con soltura los epítetos de sajú, vendedor de alfombras, paranoico e imbécil. Cada cual tuvo su registro. Pero en todos ellos, en cada compañero fiel que la vida me deparó en mi juventud, cada vez que alguien estuvo junto a mí, hombro con hombro, cuando un avión Mosquito del Jemed viraba sobre la popa de un sambuk para ametrallarnos en el mar Rojo –¡cuántas veces no me sentí dentro de esa viñeta inolvidable!–, pude reconocer al marino gruñón y barbudo que acompañó tantas horas felices y tantos sueños de mi infancia, desde el día decisivo y magnífico en que lo conocí a bordo del Karaboudjan, buscando luego el aerolito misterioso en el puente del navío polar Aurora, acompañándolo después –o quizá me acompañó él a mí– tras el rastro del Unicornio al mando del Sirius de su amigo el capitán Chester, esquivando en otra ocasión los torpedos del submarino pirata, marcha adelante y marcha atrás, con el telégrafo de órdenes del Ramona, o repeinado con raya en medio y uniforme de gala en la sala de marina del castillo de Moulinsart, allí donde Bianca Castafiore –el ruiseñor milanés– estuvo a pique de llevárselo al huerto, según reportaje de Paris Flash, con fotos de Walter Rizotto y texto de Jean-Loup de la Battelerie.

El otro día ocurrió algo extraño. Recibí una carta de un joven lector, asegurando que a veces, en algunos de estos artículos, cuando despotrico sobre zuavos, bachibuzuks y coloquintos, le recuerdo al capitán Haddock. Con barba y todo, añadía el amigo. Y me dejó pensando. Después fui a la biblioteca, saqué Stock de coque y lo hojeé un rato. Dios mío, pensé de pronto. El capitán, al que siempre vi como un hombre mayor, viejo y curtido por el mar y la vida, ya es más joven que yo. Él sigue ahí, en los libros de Tintín, sin envejecer nunca, con su barba y su pelo negros, su gorra y su jersey de cuello vuelto con el ancla en el pecho; mientras que la imagen que me devuelve el espejo, la mía, tiene más arrugas, y canas en el pelo y en la barba. Canas que Archibald Haddock, capitán de la marina mercante, no tendrá jamás. Soy yo quien envejece, no él. Ya no soy Tintín, ni volveré a serlo nunca. Soy yo quien ha pasado, con el tiempo, al otro lado de las viñetas que acompañaban mi infancia. Y mientras devuelvo el álbum a su estantería, me sube a la garganta una risa desesperada y melancólica. Mil millones de mil naufragios.

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5 comentarios

  1. Alatriste tiene un pase pero la carta esférica es para condenarlo a muerte. El artículo es buenísimo

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  2. El asedio te va a gustar. Sobre todo si conoces Cadiz y alrededores.
    Un abrazo de otro seguidor de Arturo Perez Reverte

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    • Querido Pako…Ya me lo leí hace algun tiempo; podría decirte que es uno de los que mas me ha gustado: por el final inesperado (cosa rara en Reverte) y por el paseo que te dá por las tierras y por la historia del Cái de la Pepa.( Y no me refiero a la mujer de Maxi)

      Otro abrazo para tí, viejo amigo.

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  3. Lo de Pérez Reverte me gusta habitualmente.
    Tintín me gusta y le estoy agradecido. Me ayudó a entrar más veces a la Biblioteca Municipal en la que también aprendí cosas de dibujo.
    Pero no me resisto a valorar tu frase ” Soy su amigo unilateral …”
    Creo que es muy buena.
    Y se me ha quedado.
    Saludos.
    Chip.

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