DE LEON Y PAZ

De León y Paz.

 

Ayer por la mañana, sorpresivamente, me encontré con un  precioso regalo en mi mesa de trabajo.

Acostumbrado uno como está a sólo encontrarme notas de petardadas, coñazos y problemas, me sorprendió el presente con mi nombre manuscrito.

Iba acompañado de una tarjeta en la que se mostraba el nombre de un gran amigo. De un gran amigo perdido entre las brumas oxidadas del desuso pero nunca olvidado.

El paquete contenía un libro. Una preciosa edición del Rubaiyat de Omar Jayman. También había un mensaje epistolar.

En una inefable y absolutamente kitsch tarjeta postal (como te agradezco el detalle, amigo. Siempre sacando lo mejor de mi) . Contenía esta, unas preciosas y entrañables palabras. Reproduzco solo una parte.

“Se lo regalo a personas a las que aprecio y sé que lo van a disfrutar”  y dentro del libro -en la primera hoja- “Para Alvarito, en recuerdo de los tréboles de cuatro hojas del Molino”

 

El Molino. Pues no va el cabrón y me emociona?

Y me emociona, no por el regalo en sí que es precioso, No por la dedicatoria que también es preciosa. Tampoco me emociona por la postal con gitana –y traje de flamenca en relieve- que me envía. No; me emociona porque me hace rememorar una época, una gente, y sobre todo una filosofía de vida que hoy- mucho me temo, amigo mío- no se lleva.

Porque eran unos tiempos -los de alrededor de la Casita de Pedregalejo- donde no existía la propiedad privada, ni afectiva ni material. Donde el buen rollo no había que aplicarlo ni explicarlo porque ya estaba implementado en toda la Basca Per se… La Basca.

 

Pocos grupos de los que han estado presentes en mi vida, han tenido el HONOR de llevar ese nombre. Tan solo dos, que yo recuerde.

Aun mantengo uno en activo. El otro, este nuestro, poco a poco se va reavivando en mi memoria.

Porque nunca me fue posible olvidar esas excursiones al Molino de Coín donde después de llegar en coche y bajar una cuesta infame, y después de haber buscado los tréboles de cuatro hojas –todos nos lo parecían-  debías de subirla en unas condiciones que no voy a definir. Después de las excursiones por el Torcal de Antequera. Después de las conversaciones profundas o de los festejos de carcajadas  interminables en la casa de González Anaya.

Después de esos conciertos de música (los primeros de los primeros) acompañándonos  siempre una manta para sentarnos en un ruedo casi privado y un botijo tuneado para según que menesteres. Después de miles de paseos por el centro de Málaga donde solo había una tribu. Una tribu donde primaba lo lúdico y lo cultural, Donde todo el mundo era leído e instruido. Donde abundaban los músicos y poetas- buenísimos algunos- la gente del mal bienvivir. La gente del rollo. La Basca.

Época irrepetible esa que vivimos, porque aunque todas lo son, esa fue realmente enriquecedora. Aunque también  -por los excesos- también se cobró algún tributo de vida. Algunos casos conozco.

Y viene ahora Carlos de León y Paz (Que nombre tan bonito) y me hace rememorar una época que  a mi- particularmente- me enriqueció de una manera absoluta; y que además, me proporcionó una filosofía de la vida que, aunque empañada ahora  por la desmemoria, ahí está. En los tuétanos del carácter.

 

Y viene ahora Carlos de León y Paz (He dicho que es un nombre muy bonito?) y me recuerda lo que fui; lo que a duras penas -gracias a el- sigo siendo aunque la edad se ponga en lo contrario.

Gracias a el, a mi queridísima Silvia (Como cantaba la íaputa el Mercedes Benz de la Joplin!) Silvia, que fue una de las más grandes de mis mejores amigas. Una de las que pagó el tributo.

Gracias a Jóse y a Nines. A mi querido Roberto. A Josemanuel y a los dos Juanes (Agüera y Sierra) Salvis y Carapapas. Rockbertos y sus Tabletones, Los Hermanos Villalba y su Axarquía. Abriles, Guzmanes y Zambranas; Cumpianes y demás poetas. Angelin y Josemaríaalonsos…. Maripaz!!! Tantos amigos que siempre estábamos a la Buena Sombra de Dios. O del Guru Majaruche, como dice mi amigo el Artista de la Vida.

Tantos amigos que fuimos y somos, que pesa que esos tiempos hayan pasado y que se diluyan en estos -ahora nuevos- que son tan inhóspitos. Tiempos aquellos donde la amistad a ultranza, la camaradería, la generosidad y el colegueo, formaban parte de nuestra irrepetible vida cotidiana… Indeleblemente. Para siempre.

Por eso hoy me ha emocionado el regalo de Carlos. De Juan Carlos de León y Paz (que nombr… Me callo ya!)

Porque, aunque el se crea que lo que me ha emocionado es el libro, o el detalle en sí, lo que verdaderamente me ha emocionado es volver a tener  esas sensaciones -que creía perdidas- de los tiempos de antaño. Los mejores de mi vida. Los mejores de mi vida. Como lo oyes.

“No te preocupes por el ayer:
ha pasado…
No te angusties por el mañana:
aún no llega…
Vive, pues, sin nostalgia ni esperanza:
tu única posesión es el instante.”

                                                                        Omar Jayman

No es tan fácil, Omar. No es tan fácil.

 Gracias Carlisss. Esto también es un regalo para ti:

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5 comentarios

  1. Precioso, como todo lo que tu escribes y me haces recordar tambien a mi esos tiempos ya pasados y tan bonitos. Que palabras mas bella las de Omar…

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  2. Oye porque no encuentro nada de Omar Jayman ?

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  3. Alvaro , me alegro de que el resultado sea el deseado.
    Sensaciones que se producen en los buenos momentos y se archivan en el haber . Y lo bailao no se lo quita a uno nadie .

    PD: El Omar tiene razón . Es mas fácil de lo que parece.

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  4. Alvaro , es un honor estar en tu blog , que lo sepas .

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