ADELA

ADELA

Se la ve, adorablemente, venir desde lejos. Mas que nada porque una enorme y franca sonrisa la precede.
Esa misma que -como la del Gato de Cheshire- hace que, cuando ya estás un rato con ella, solo se vea eso, una enorme y franca sonrisa.

Siempre va con un andar que se maneja entre lo pizpireta y lo travieso; produciendo un aleteo, en su bata blanca abierta, que le incrementa esa imagen de belleza fresca y espontánea. Que además, le confiere una mezcla de confianza y alegría que, ineludiblemente, contagia a los demás.

¿Que haces Guapoo? Me dice siempre que me ve! Y ahí es ya -desde ese mismo momento- cuando me tiene ganado.

Es una mujer de una simpatía abrumadora. De una fidelidad a prueba de tiempo. Amiga desde mucho antes de los tiempos oscuros; aquellos de la reclusión obligada. Aquellos en los que ella era la única que nos confortaba a Santa y a mí. Tiempos duros que ya, afortunadamente, pasaron.

Adela es muy querida en el seno de la Familia Gorgonzola. Y por eso escribo esta corta referencia. Para que se sepa eso, que la queremos.

Si ella supiese -que lo sabe- lo que a mi me gustan las mujeres pelirrojas, de sonrisas blancas y pecosillas. Guapas como ella…

Posee nuestra querida amiga, un humor intolerablemente ingenioso. Alguien con quien me siento a gusto; cuando hay duelo de chascarrillos entre nosotros, no suele haber vencedor. Y yo a eso, no estoy acostumbrado, queridos míos.

Cuenta las cosas como nadie, imita fantásticamente a los más característicos, y además, posee una naturaleza generosa -regala hasta su tiempo libre- que es infrecuente en estos tiempos tan insolentes que nos están tocando vivir.

Como los mejores, conserva amistades de entre sus primeras; y eso dice mucho de una persona. Yo, particularmente, no me fío ni un pimiento de aquel que pone y quita de inmediato. Que suplanta afectos de forma reiterada e inconsecuente; y Adela Ruiz Galdón -diremos los apellidos para que se sepa- es enormemente de fiar. De absoluta confianza.

Por eso escribo esta referencia aquí: para que se eternice en este blog lo que yo siento por ella. Lo que sentimos Santa y yo por ella; que no es otra cosa que un adorable cariño y un impenitente agradecimiento. Por ser tan buena amiga y, sobretodo… porque eso de que “El ser agradecidos es de bien nacidos”, es una verdad como un templo.

Te queremos un montón niña! Un montón de los gordos. Como yo.

Father dixit!

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: