PARA PACO ROJI

PARA PACO ROJI!

Querido Paco: Quiero darte las gracias. Las gracias por tu empeño, por tu trabajo, por tu afán. En estos tiempos tan malditos en que todo se mueve por la miseria del dinero, es muy loable que personas como tu mantengan cruzadas -muchas veces onerosas- tan valientes y arriesgadas.

Las jornadas han resultado un éxito; porque reunir tanto material y tanta buena gente a tu alrededor y a la figura de Rockberto, debe de haber sido un trabajo ímprobo y a veces –supongo- engorroso.

Compartir mesa coloquio contigo, con Mariví Verdú y con el POETA Juan Miguel González, fue un honor inmerecido que te agradezco profusamente.

Para rizar el rizo, poder saludar y conocer a un mito viviente de la música como Ricardo Pachón, fue otro de los honores, tan espontáneo, como inesperado.

Estrechar la mano de la persona que produjo “La Leyenda del Tiempo” de Camarón, “Veneno” del grupo Veneno, “Imán” de Imán Califato Independiente, “Como el agua” de Paco de Lucía… “Los Managers” y “El Blues de la Frontera” de Pata Negra y, por fin, “Mezclalina” “Inoxidable” y “La parte chunga” de mis amigos Tabletom -y solo cito los álbumes que están viviendo a plazo fijo conmigo en mi discoteca particular- representó una mezcla de regocijo, orgullo y sentimiento de privilegio.

Te vuelvo a dar las gracias por este día que permanecerá, indeleblemente, en mi memoria.

También quiero dar las gracias a los que nos acompañaron en esta charla. A los esperados, por eso, porque los esperaba; y a los inesperados: Carlos Gil, Jesús Prieto y Frank Ramos, doblemente. Gracias!!

Un fortísimo abrazo!

P.S.

En la foto del encabezamiento de este post, figuran de izquierda a derecha: Willy (Webmaster de www.rockberto.com) Paco Roji (Organizador y comisario de las Jornadas Rockbertianas) Juan Miguel González (excelso Poeta y letrista de Tabletom), Mariví Verdú (Poetisa y Moderadora de la mesa coloquio) Álvaro Souvirón ( Bloguero y Webmaster de http:///fathergorgonzola.com) y Por fin, Ricardo Pachón, reconocidísimo productor musical)

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LA IMPERCEPCIÓN DE LA BELLEZA

LA IMPERCEPCION DE

LA BELLEZA

Por: Josh Nonnenmocher

Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín, era una fría mañana de enero. Interpretó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora pico, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.

Tres minutos pasaron, y un hombre de mediana edad de dio cuenta de que había un músico tocando. Disminuyó el paso y se detuvo por unos segundos, y luego se apresuró a cumplir con su horario.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.

Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.

El que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre le apresuró, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre le empuja duro, y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por varios otros niños. Todos sus padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.

En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor del 20 le dieron dinero, pero siguió caminando a su ritmo normal. Se recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.

Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había interpretado sólo una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín por valor de 3,5 millones de dólares.

Dos días antes de su forma de tocar en el metro, Joshua Bell agotó en un teatro en Boston, donde los asientos tuvieron un promedio de $ 100.

Esta es una historia real. Joshua Bell tocando incógnito en la estación de metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podrían ser:

Si no tenemos un momento para detenerse y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?

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