ENRIQUE ALOT. ENDECASILABOS

ENRIQUE ALOT. ENDECASILABOS

En-ri-que-ä-lot-en-de-ca-si-la-bos… son once silabas. Como no podría  ser de otra manera viniendo lo que viene.

Alguna que otra vez, en las Reuniones en la Nubes que mantengo con mi muy querido amigo el Poeta Juan Miguel González del Pino, en los aledaños de la Plaza del Obispo, sale a relucir el nombre de Enrique Alot. Vezencuando, ya digo.

Uno, que siempre está “oreja avizor”, se preguntaba quien sería esta persona de la que hablaban elogiosamente tanto el Poeta JMGdP  como los demás cofrades de las nubosas reuniones: Los ilustrados Navidad, Salinas y Quesada.

“Nostálgico de versos con albahaca” dice de Alot la maravillosa Mariví Verdú.

A modo de disculpa, siempre alego en mi descargo, que nunca he sido un lector impenitente de poesía -debo de reconocerlo avergonzado- en parte porque mi primera poesía me llegaba en inglés de mano de las canciones de Cohen y Dylan. Y esa magia de la rima, se perdía en la traducción; Así que yo, me conformaba sin más remedio, con lo fonético y lo musical. Fueraparte -que diría el inefable Pocarropa- lo endemoniadamente raros que son estos ripios norteamericanos para el españolito de a pie.

Sigo haciendo acto de contrición y arrepentimiento:

Leyendo los seis tomos del Alatriste Revertiano, me propuse leer la obra (ímproba tarea) de Don Francisco de Quevedo: Borrachín impenitente y pendenciero, buen amigo de los suyos y peor enemigo de -entre otros- el atribulado y narilargudo Góngora, al que no bajaba al pobretico, de entre otras cosas de ludópata, sucio, indecente y marimoña. ¿Sería porque era cura?

¡Desdichados los enemigos de los ingeniosos! Porque tienen la batalla perdida.

Pero… Oh! mísero de mí ,oh infelice! que decía el afligido Segismundo, tampoco lograba yo entender lo suficiente los textos de Don Francisco como para que me engancharan. Vuelvo a avergonzarme. Aunque agradezco esta catarsis expiatoria y aclaratoria que evita malentendidos.

Debo de reconocer, que fue mi Maestro el Maestro de Maestros (y no es redundancia aunque lo parezca) Juan Miguel González, el culpable de que uno viese el camino claro y expedito hacia la mediana y pasable comprensión poética; quizás por esa cercanía que detentan sus trabajos. Y por simpatía (que no es palabra casual, sino puesta adrede) de Manolo Salinas, la Verdú y ahora, la del poeta Alot.

La prosa irreverente y de interminable ingenio de Paco López Navidad -afortunadamente y gracias al Altísimo- la entendía y entiendo perfectamente. Y sus buenos ratos me procura.

Sigo con Alot:

Después, a través de estos nuevos medios, descubrí algún otro soneto que me impresionó por su descomunal belleza. Así que sin pensar en la negativa- esa que se me regala muy pocas veces- me dirigí a Alicia, la hija de Enrique Alot para que -si a ella le parecía bien- me proporcionara una muestra del trabajo de su padre.

Pronto tuve en mis manos un precioso botín de letras. Letras ordenadas debidamente que conformaban, cada  lote de versos agrupados en cuatro-cuatro-tres-tres-, una magnifica y espléndida colección de sonetos de los cuales, he tenido a bien el recopilar estos diez que ahora tengo el inmenso placer de insertar y presentaros en este post. Ya veréis que buenos son!

Al final, pongo un entrañable documento donde podemos apreciar a Juan Gómez, cantando un poema musicado por él de Enrique Alot y éste -aprovechando el momento- se arranca y anima, vestido de pijama (aunque sin orinal) a la Don Camilo manera, a interpretar junto al cantautor.

Si queréis leer más sobre la persona de Enrique Alot, os remito a este enlace donde en su Web, Mariví Verdú, hace una preciosa semblanza:

http://www.flamencoenmalaga.es/malaga-articulo.php?pag=&id_articulo=35

Y estos son los sonetos de Enrique Alot Montes, lamentando muy mucho no pode hacer la separación debida entre estrofas, pues este maldito y fascista cibernético que es el programa, me lo impide.

Que los disfrutéis.

# 01

Por culpa de la artrosis que galopa

estoy plantado aquí como una mata.

Debido a otro defecto que no mata

me encuentro condenado a caldo y sopa.

Por la confusa niebla que me arropa

sólo queda ceniza en mi fogata.

Por algo que no añade ni arrebata

se mantiene una brisa casi a popa.

La musa no me apaga ni me aviva

tan sólo me conserva en este medio.

La mente que por suerte no me esquiva

despierta y acuciada por el tedio,

se mece igual que un corcho a la deriva

buscando entre lo absurdo algún remedio.

# 02

El incordio que suelta mi verso

y se aleja prendido a la brisa,

sólo lleva mi amago de risa

y el fracaso marcado al reverso.

A desgana conmigo converso

animando a la mente imprecisa,

y la mente me engaña, me sisa

y me deja plantado en lo adverso.

Frente al mar y en su orilla me huelo

que me falto a conciencia el respeto

cuando amaso a lo incierto y al ripio.

Que mi llanto no tiene consuelo

pues termino con este soneto

y me encuentro peor que al principio.

# 03

Su maltrecha apariencia me señala,

que el hacha no le aviva en absoluto,

que a veces, por costumbre, da algún fruto,

que sólo a falta está de olvido y tala.

Seguro de que antaño tuvo a gala,

haber sido el más fuerte y el más bruto,

y puede que sirviera al disoluto

borracho de refugio, alcoba o sala…

Mas por lo que endurece y que deshoja,

falta la sombra en que penara un chivo

 y al mochuelo su copa ya no aloja.

Con furia y arrastrando a lo erosivo,

insiste el huracán que me despoja

como el paso del tiempo hizo al olivo.

# 04

Aceite de ricino en la tetera.

Veneno de una cobra en la marmita.

La medusa, el rosal, la dinamita.

La ortiga, el aguijón, la esparraguera.

La sed, la indigestión, la vomitera.

El hombre sudoroso, el que tirita.

La pena inaceptable, la infinita.

La electoral campaña dominguera.

La horca, el pelotón, la guillotina.

La canción de un borracho en la mañana.

El aullido de un lobo solitario.

La lepra, el sarampión, la tos ferina.

O el virus que atraviesa una ventana.

No tienen parangón con mi calvario.

# 05

Se tropezó mi orgullo con tu orgullo

de sopetón, y un canto de sirena

me arrojó, convertido en alma en pena,

al banquillo primero y luego al trullo.

Un verso y un arrullo y otro arrullo,

forjaron poco a poco una cadena

y me encontré cumpliendo la condena,

ligando tu silencio a mi barullo.

Una década, un lustro, un mes y un día,

dibujando tu rostro sobre el muro

y pateando el reducto igual que un oso.

Con una cama dura, exigua y fría,

con agua no potable y con pan duro,

disfruté el pestilente calabozo.

# 06

Viva esta capital, la pandereta,

la castañuela, la guitarra, el cante.

Su feria y su jolgorio trepidante.

La bailaora, el vino y la peineta.

El trono, el estandarte, la saeta,

nuestra Semana Santa y su talante.

La guapa en su revuelo, en su desplante,

y El Palo, El Perchel, y La Caleta.

Y viva su castillo fortaleza.

Su gente a la que admiro y la respeto.

La biznaga, el sombrajo, la cerveza.

Y la extranjera rubia y el espeto.

Mas su mucho abandono y su pobreza

ponen broche de luto a mi soneto.

# 07

Porque es amante fiel  que lame terca

tu herida, bajo el cielo mientras nieva.

El genio amable que un manjar te lleva

cuando el potaje sabe a barro y tuerca.

La mensajera que su paz te acerca

y al yermo lo florece y lo renueva.

El soplo que te empuja y que te eleva

cuando el mundo te atrapa en una cerca.

Es un pájaro que anida en cierta nave

que avanza sobre un mar de fuego y quejas

con rumbo siempre fijo  hacia tu enclave.

Y aunque entre el barco y tú coloquen rejas,

verás que por un hueco pasa el ave

para ocupar un puesto entre tus cejas.

# 08

Y al perder tu ilusión, puede que el hielo

no cumpla su objetivo y te acalore.

Que acaso ante tu vista se evapore

el agua mansa que hizo de espejuelo.

Puede que sobre ti descanse el cielo

que la vida te aplaste o te devore

que tu venero exista y nunca aflore,

mas si eres como yo, de fiesta y duelo,

disfrutarás del tiempo que amanece,

con una suave brisa que te lava

la brecha que te mata o que te escuece.

Y acusarás el viento que a la brava,

destroza la esperanza y sólo ofrece,

la punta de una esquirla y te la clava.

# 09

Carne para aguantar, alma abatida.

Osamenta de alambre, pelo escaso.

Arrastro mi infortunio en el ocaso

por un barullo al que otros llaman vida.

El uno que hace trampa en la partida

El dos que me gobierna con retraso

El tres que me involucra en su mal paso

Y el cuatro que envenena mi comida

El rayo, el huracán, la lluvia helada

la humillación, el juicio, la condena

el cánido guardián, la zarpa, el cuerno

Sumiso y obediente a tu llamada

como un fantasma unido a la cadena

voy con mi cruz, camino de otro infierno.

# 10

No me vale el que enmienden bien la plana

ni cambien torbellino en suaves giros,

si ponen en mi alcoba unos vampiros

o nitroglicerina en mi campana.

No me sirve el que orquesten la pavana

ni embellezcan con gaitas los suspiros,

si después de pegarme cuatro tiros

me avivan con cianuro en la tisana.

No olvides que es mi mundo un vertedero

donde yace la risa con la pena.

“Prémiale por su esfuerzo al jornalero,

aleja del cadalso a la sirena

y ponle al pobre humano en el mortero,

un poco más de cal, menos de arena”.

 …///…

Y ahora, el vídeo prometido

…///…

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Una respuesta

  1. Qué maravilla,
    qué sonetazos.
    Qué Enrique me he perdido,
    que suerte de encontrarlo.

    Me gusta

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