EL CABALLERO MAGIAR

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EL CABALLERO MAGIAR

La Revista La Bombonera es una publicación deportiva centrada en el Málaga Club de Futbol.

Uno de sus valores mas apreciado y estimable, es la enorme implicación de los hermanos Pachi y Ángel Idígoras. La Bombonera se reparte cada dos semanas coincidiendo con la jornada futbolera en el Estadio de La Rosaleda de esta ciudad.

Ángel Idígoras – con esa enorme empatía que demuestra y esa generosidad  incuestionable –también sabe rodearse de los más granado de la ciudad, para que con sus aportaciones, den más clase y carácter (si cabe) a dicha publicación.

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Esta vez es el amigo común  Fco. Javier López Navidad;  Christmas, cómo a mi me gusta llamarle. El amigo Javier con esa erudición tan inherente a él, nos da un paseo por sus años de infancia y nos cuenta – con una enorme proliferación de datos y recuerdos entrañables- el día en que Puskas le marcó un gol al portero malaguista Américo y – de propina – lo dejo baldao y cojitranco para siempre.

Contemplamos en este relato que ahora viene, un paisaje ya desaparecido de los alrededores de La Rosaleda cuando, para cruzar el río, había que pagar el óbolo exigido por los buscavidas que proporcionaban escaleras y tablas para ahorrar al hincha el rodeo. Saboreamos una tortilla de collejas que, desaparecidos los campos junto al Convento de las locas, desaparecida la receta.  Y por fin, entre Camisas Tervilor, Zapatos Segarra y Dugan Impermeables asistimos a la final del Torneo Costa del Sol del año 1963 donde se jugaban los cuartos el C.D. Málaga  y el  Real Madrid  C.F.

Cierra el artículo, internándose y centrando como Paco Gento, el también Poeta Juan Miguel González del Pino. Miel sobre hojuelas, niño!. Miel sobre hojuelas, lo que yo te diga.

Este es el artículo; saboreadlo!!

El caballero magiar

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Nunca olvidaré el día 16 de agosto de 1963, con su cielo abierto y limpio que prometía una tarde de milagro. Yo salí temprano de casa y me acerqué a lo que llamaba la avenida de las moras, por los árboles de morera que, a ambos laterales de la calzada, ornamentaban con sus abundantes verdes hojas y sus frutos rojos y negros, regalando una sombra placentera y fresca en este me metido en grados. Cercano a la avenida había un campo plagado de collejas que daba a los muros del Convento de la Locas. Fui cortando las collejas con las tiernas manos que tiene un niño de menos de diez años y me frotaba en la alegría pensando en el tortillómetro que mi madre me iba a preparar para ir a la Rosaleda, a ver la final del Costa del Sol: C.D. Málaga – Real Madrid C.F.

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Pasan unas horas y hete aquí que efectivamente me veo en GOL, con mi marmita militar de aluminio y plata que me había regalado mi primo Gervasio que había hecho la mili en el Benítez. La marmita o fiambrera constaba de dos cuerpos apilados de tortilla de collejas, tomatito picado, ajo, ¡cómo me gusta el ajo!, pan, moras y una naranja de Coín. Siempre nos quedará Coín.

 Observé en un punto del graderío a un individuo que no me quitaba ojo de encima desde una hora antes del partido y me tenía algo mosca, sus idas y venidas visuales a la fiambrera cantaba a las claras que era un «pidión». Sólo una mirada y se decantaba su hambruna. Cuando menos lo esperaba, lo tenía cercano a mi cogote: «¿Me das una mijita?», «Soy enfermo del pecho», le contesté y no le di nada; es más, di la espantada y me escondí en tribuna, dado que entraba entre la valla y el cemento del escalón. Me habían dicho que por donde pasase la cabeza pasaba el resto, y pasó con una limpieza increíble, yo manejaba por entonces pocos kilos y muchas ganas de quitarme de en medio.

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¡Qué nervios estaba pasando entre el fútbol y la marmita! Cuando cogí una clarilla, tras el segundo gol del Málaga y de Bernardi, exterminé la existencia. ¡Dios mío, qué jugosas las collejas con huevo, el tomate con su ajito picado, qué dulces las moras negras y qué carne la de la naranja de Coín!¡Siempre nos quedará Coín! y si el partido estaba emocionante, la tarde de «papeo» resultó aún más. Cuando observé en lejanía dos ojos abiertos como dos platos de loza mirándome con mal ojo y peor cara. ¡Qué se le va a hacer!, le hice ver con los brazos abiertos, la fiambrera en la mano y una ligerísima inclinación de cabeza, a la par que canturreaba «Un amigo mío» de don Emilio el Moro.

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Cuando el magiar se fue para el balón, tembló la Rosaleda; frente a él, un cancerbero ceutí propio del lugar: pelo zaino, naufragando en brillantina, bigote de verduguillo y en el último tercio de su corpachón de atleta griego: zapatos Segarra con punta Sacromonte, calcetines manolos, o sea, de nylon verde, cañas prietas y enjutos tobillos; y todo porque, con las bullas y nervios del partido, en el vestuario había olvidado borceguíes y calcetas. Se hizo la parada de su vida, quedó cojo para siempre. Aquel proyectil lanzado por el tal Ferenc impactó contra el enjuto tobillo y fue a parar al marcador simultáneo Dardo, a camisas Tervilor, llevándose, así mismo, un trozo de Dugan impermeables. ¡Qué parada, Dios mío!, y sin querer. Para siempre, el buen Américo Canas, quedó perdido de nalgas y con patente caída, y así se sostuvo muchos años en la portería como ídolo perenne en el recuerdo de los malaguistas.

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Un motocarro espera el ansiado trofeo en el patio de armas de la Rosaleda, pero éste estaba condenado para siempre al transporte de bebidas: corría mucha «coñá» por sus venas, Larios a porrillo y cerveza Victoria, malagueña y exquisita; y sus lomos de metal no gozarán del roce de un trofeo con orejas de oro, cabeza de plata y cuerpo plagado de ágatas, ónices, rubíes, zafiros, esmeraldas…y otras piedras caras y raras que nos regala la tierra.

 

Fco. Javier López Navidad, Málaga, 3-3-2014

 

¿Quién al gran zurdo de Hungría,

en una noche remota,

con denuedo detendría

el proyectil que partía

como un rayo, de su bota?

¿Quién, de penalti, el esférico,

en el aire paró fiero?:

El heroico cancerbero

del Club Deportivo, Américo.

 

Juan Miguel González

***

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AFORISMOS POR NAVIDAD

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AFORISMOS POR NAVIDAD

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“Posiblemente, lo insufrible sea la comodidad
de lo humanamente perfecto.”
 

Tengo, me jacto enormemente de ello, muchísimos amigos que poseen un enorme ingenio y una inimitable capacidad de ocurrencia; tan ágiles en el comentario son, cómo insaciables y  amablemente despiadados en la réplica. Es por eso que en nuestras reuniones, pasa que, cuando hablamos sesudamente  –que también suele suceder de vez en cuando– rara es la vez que un comentario serio, sensato y circunspecto, rara es la vez, digo, no es aderezado con un chascarrillo de algún contertulio que le proporciona la frescura  y la simpatía necesaria para que dicha conversación no sea un tostón o una disertación entre pesada, latosa y coñazo. La letra, ya se sabe, con risa entra.

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Después, hay amigos –entre esos ingeniosos que nombro– que ya son el punto máximo de la respuesta acelerada y certera. Justa, apropiada y pertinente. Los llamados: Insignes.

 

Yo, disfruto con esos amigos como un Sus Scrofa, en un fangal; vulgo guarro en una charca. Porque cuando el chascarrillo surge y se expande, incontrolablemente, a base de eternas sucesiones, sabed amigos míos que eso es un placer sólo superado por el comerte un plato  –acompañado siempre de pan que realza el sabor– de pata negra de Sus Scrofa ibérico con su mitití de tocino vernáculo y una jarra de cerveza bien fresquita. (Por ser reiterativo, he citado  otra vez al guarro).

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Esos amigos, añado –si estamos asociados en la red social Facebook– son perfectamente distinguibles e identificables, pues las conversaciones duran hasta el infinito y más allá; y siempre -digo siempre- hay que interrumpirlas con una excusa por una u otra parte… Que me llama mi mujer! dice el uno. Que tengo que ir a ver al Señor Roca! dice el otro. Que me están llamando por teléfono! El de más allá. Que si tal, que si cual… Que si patatín, que si patatán… Porque si no fuese así, júrolo por mi honor de supernumerario del “Cassius Cleis,” que no tendría –la conversación– término de ninguna de las maneras.

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Uno de estos amigos es Javier López Navidad. Paco Navidad para los que lo disfrutamos. Posee Paco un verbo inagotable y espléndido. Cultísimo es además de interesante. Nada apegado a la presunción o a la altanería. Un tío chapado a lo pretérito, que cuando se junta con su compadre –el poeta González, mi amigo– me hacen disfrutar, con las risas, hasta el deleite y el regocijo.

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Paco Navidad me manda una serie de Aforismos –ya sabéis, reflexiones, pensamientos cortos– para vuestro uso y disfrute. Leedlos, pues algunos (están escritos en el 2005) son de rabiosa actualidad.

 Estos son; disfrutadlos!

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AFORISMOS POR NAVIDAD

1.     Todos llevamos una muerte en nuestra conciencia: la propia. Seamos algo misericordiosos con su ejecutor.

 

2.     Bajo la lluvia, una pala dentada, que articulaba un poderoso brazo de acero, ha abierto una zanja en el sendero que recorro a diario, arrasando siete hormigueros. Hoy ha brotado una florecilla azul en el escalón del surco, quinientas hormigas la rodeaban, otras se dirigían al sitio en extraña peregrinación. He rezado una oración.

 

3.     La enseñanza de un pueblo no es azaroso asunto que sólo merezca volear dados sobre el tapete verde de la inocencia.

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4.     Cuando sepamos distinguir el disfrute de la dulce pereza de la vagancia, habremos dado un paso gigantesco hacia el autoestímulo; que no es otro, que saber por qué existen los pájaros y los burócratas.

 

5.     El poeta viene a dar en un raro sujeto, con la cabeza a pájaros y el corazón de Bach. El paso del tiempo le inunda el cáliz de las torturas, de ahí, que con la edad, algunos se vuelven obscenos y deslenguados, requiriendo para sí El Dorado y la juvenil doncella, y los siete enanitos cargados de buñuelos de viento.

 

6.     Nunca fuimos racistas escuchando a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald en la canción « Summertime ».

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7.     No hay nada más parecido a un paisaje desolador que un hombre solo.

 

8.     De la propia muerte provocada y urdida del hombre por el hombre, así como la de los suicidas, sólo debieran acordarse los muertos, los forenses, los poetas y algún músico ebrio.

 

9.     Recelo y me muestro en total rebeldía hacia ese mundo feliz que nos prometen políticos, biólogos y banqueros; donde la edad, la felicidad y el nuevo orden sean cuantificables y controlados. ¡Qué desdicha!, ¡Con lo que uno disfruta con sus viejos zapatos y los perros de la calle!

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10.El hombre que ambiciona domeñar la voluntad de los demás y silenciar las voces que le rodean, es doblemente infeliz y un converso idiota.

 

11.Todo iba bien en la contemplación del luis de oro que tenía en la palma de mi mano, hasta que la cara real reflejó el cariado de la muela del juicio.

 

 12.Cuando seamos capaces de oir caer la lluvia, gota a gota, dentro de una lata vacía, cuando reparemos en la armoniosa lentitud de la pequeña hoja del abedul en su caida abismal y sepamos mirar fijamente los ojos de nuestro perro, notaremos el peso del alma sin distinguirla de nuestro cuerpo.

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13.La gente que nunca lee, aquella que anda a pecho descubierto y cabeza ausente, es muy dada a transformar el horror propio en error ajeno.

 

14.Todo puede decirse, lo difícil es acertar con la fórmula adecuada. He presenciado reprimendas que acabaron en sinceros abrazos, y felicitaciones que fueron sentencias de muerte para el corazón del homenajeado.

 

15.Reyes, caudillos, padres de la patria, ciudadanos…todos merecemos la piedra capitolina en la plaza más alta de la tierra. Ese ebúrneo marmolillo que refleje, si no los vicios, sí las continuas torpezas que cometemos.

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16.Abogo, si me es posible, por una sociedad democrática, donde los poderes recaigan en hombres de contrastada probidad. Es inaceptable, por inmoral, tener que soportar la mala educación, la ambición y la doblez de por vida.

 

17.22 de diciembre, Lotería nacional. Generosa la entrega. Enlace sindical, de la rama del gas, invita a compañeros a magna mariscada, en barrio Santa Paula, para comunicarles que abandona el cargo, y la revolución, filial y permanente, por razones logísticas. De él jamás se supo. Se negó a dar parte.

 

18.Tenía las neuronas tan llenas de psicópatas, que a duras penas podía conciliar el llanto.

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19.Don Honorio Sepúlveda Carnero, cada Semana Santa, leía Archipiélago Gulag y fragmentos de Gironella para entrar en calor. Sobre el atril de su mesa reposaba el Testimonio de Franco, con dos estampitas de la Virgen del Perpetuo Socorro. Fue un vecino ejemplar, nunca alzó la voz, siquiera, cuando fue arrojado desde la terraza de La Equitativa por dos progresistas autonómicos.

 

20.Perdió sin querer los dientes, y fue una pena. ¡Con la maña que se daba con los cantes del Palanca!

 

21.Tras arduos cálculos cabalísticos sobre la historia de su país, un lider independentista, es declarado aranero mayor del mentidero político. El cara-dux en cuestión, hizo su primera comunión vestido de guardia civil en una casa cuartel cercana al Pirineo y pierde el paso bailando la sardana.

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22.Siempre lo grotesco, aunque pueda producir alegría, deja un poso amargo en el corazón.

 

23.Ciertos políticos, autollamados demócratas, odian – no puede decirse de otra forma -, la lengua madre más universal: el latín. Me temo, tras lo visto, que su pretensión cultural se quede en la contemplación del color de la hoja, olvidando las ramas, el tronco, las raíces, y sobre todo, la savia y la clorofila.

 

24.Qué bien se soporta el desorden y la incomodidad oyendo a Billie Holliday y a La Niña de los Peines. Posiblemente, lo insufrible sea la comodidad de lo humanamente perfecto.

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25.Cae la tarde, suena Schubert, mi hija estudia álgebra en silencio. Yo leo el diario y mi esposa, con sus agujas de punto, va dando fin a un jersey de lana de color caqui; intercambiamos comentarios sobre una u otra noticia que le leo del periódico. Todo es armonía. Abro la puerta, dejo el hogar, piso la transitada calle y todo se vuelven desgracias para mí.

 

26.El señor Marqués del Podado Espino y Demás, murió degollado mientras dormía, a manos de una furcia tunecina. Son las consecuencias lógicas del amancebamiento y de la alianza de culturas, del capricho o de la laceración, podría pensarse a tresbolillo; pero la verdad es otra bien distinta: le descubrió el último análisis de orina.

 

27.La adulación para con el amigo, debe ser, llegado el caso, la fórmula más espontánea para mostrar, amén de nuestro respeto, la profunda admiración y reconocimiento que uno siente por él.

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28.El tiempo es inmudable, de ahí mi admiración por los relojes y los mecanismos que se empecinan en medirlo a sabiendas.

 

29.Porque nos resistimos al olvido, recordamos. De ahí que todos tengamos guardados en cajas de zapatos, en las rancias y casi oxidadas cajas de carne de membrillo, Ntra. Sra. del Rosario o de La Góndola, en las viejas carteras de escolar…: las cartas, las fotos, algún lazo, la suerte de estampitas, el anillo más valioso, el más bello de nuestros poemas de niño…, como tesoros o reliquias de nuestra existencia.

 

30.Hoy me crucé con una pareja formada por un hombre maduro y una mujer joven, iban de la mano, él le hablaba con dulzura y ella lo miraba entre la sorpresa y la admiración. Estas parejas desiguales en edad son ideales, fascinantes, incluso, sugerentes. ¿ Por qué la mayoría de las parejas jóvenes de edad similar son dadas a la tortura y a la zafiedad ilimitada ?

 

31.Me decanto, sin dudar, por la pareja clásica española: la equilibrada Guardia Civil.

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Nota: Todas las ilustraciones, a excepción de la foto del autor de los aforismos, son de Igor Morski.

 

VUELVE LA NAVIDAD A CASA GORGONZOLA. 2013

VUELVE LA NAVIDAD

A CASA GORGONZOLA.

 2013

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LOS CUATRO, LOS CUATRO…

SIEMPRE LOS CUATRO

 Lo reconozco; soy muy tradicionalista, mucho. Pero no se confunda esa condición con la de ser conservador; háganme Uds. el favor.

 Digo tradicionalista, porque a pesar de que tengo la capacidad -de la cual me satisfago- de fusionar y hacer convivir costumbres nuevas con las adquiridas y asumidas en todo mi periplo vital, no sólo no reniego de estos hábitos, sino que además trato de imbuirlos y traspasarlos a mis hijos para que sigan dando la tabarra, con mis manía y mis querencias, a los que hayan de venir detrás de mí.

No se me confundan Uds. háganme el favor, y crean que les estoy hablando de clasicismo trasnochado o folklore casposo; de prácticas anticuadas o de pasado nostálgico. Estoy hablando de conservar las raíces, y los usos y los modos, en los que fui criado y educado y que -orgullosamente- aún trato de mantener.

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Adoro algunas prácticas que me resultan absolutamente gratificantes: La costumbre de mis cuñados de que me regalen un jamón ibérico en Navidades (habrá cosa más bonita?) o la de los otros, que desplazados a mi domicilio, me cocinan una inimitable orza de lomo en manteca para que nos acompañen y acaricien el paladar las frías tardes de Invierno (habrá otra cosa más bonita?) También me encanta esa tradición de asistir a la Fiesta de los Villancicos cada año a Casa de los Gaviño-Spinner, para que una vez acabando con las viandas y los licores, Margarita nos haga entrega a los Gorgonzola (en petit comité y ocultos de miradas envidiosas y suspicaces) de una caja llena de galletitas hechas por ella misma a la suiza manera; cómo no podía ser de otra forma.

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Me fascina que vengan Titi y Ana a visitarnos cargadas de ellas mismas, que ya es bastante. Porque bailaremos y reiremos hasta desfallecer. Desfallecer de puro contento, que es cómo a nosotros nos mola. Comprar dulce de los conventos con Maxi y Pepa; y que vengan Jóse y Silvia a abrirnos el jamón y a beberse mi reserva de Ron. Que venga. por fin, mi hermano Fernando y su manada, para hacerlo llorar; tanto de risa cómo de ternura y emoción. Cómo a él le gusta.

Me encantan también esas costumbres -que a fuerza de ejercer cómo tal, se transforman en tradiciones- como es la de mi querido amigo Fernando Damas que, cada vez que nos reunimos con la Logia del Negro Anaranjado, tiene a bien el obsequiarme con botella de ron de la más alta excelencia.

Me gusta esa nueva costumbre que tiene mi hija Cristina -desde que se emancipó- que es esa que nos traiga churros para desayunar cada domingo por la mañana. Para aliviar indeseadas, pero gloriosas, resacas sabatinas. Los cuatro otra vez juntos.

Me gusta adornar la casa por Navidad. Cada Puente de la Inmaculada y de La Constitución.Me gusta.

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Adoro que los Gorgonzola nos reunamos los cuatro -siempre los cuatro- y que Cris, nos haga más galletitas de mantequilla que dispondremos en bandejitas ad-hoc junto a otra bandeja de porcelana centenaria de mi abuela Matilde, sobre la que reposan algunas botellas de espirituosos que darán su vida en martirio por atender a mis invitados cómo ellos se merecen.

Me gusta preparar la fondue de queso que la familia nos zamparemos en el intervalo del almuerzo; mientras descansamos de instalar las luces de las ventanas que adornan e iluminan la calle desde nuestro salón. De colgar guirnaldas y flores de Pascueros. De llenar la casa de villancicos. Una música que cada año se debate en una lucha  feroz y sin cuartel entre Frank Sinatra y Manolo Escobar; según sea Father o Santa quien disponga el ambiente. Cris en mi bando; Cigalowsky en el bando contrario con su madre.

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Este año estoy contento, y mucho. Pues hemos decidido recuperar una tradición que teníamos ciertamente abandonada desde hace ya algunos bastantes años. Montar el Belén. Con permiso, claro está, de Paco Martínez Soria.

P1190337(Nótese algún intruso en el Belén; los encontráis?)

Desde que los tiernos infantes crecieron, se abandonó dicha costumbre que éste año, ya te digo, vamos a recuperar. Pero no sólo esa; sino también la de desplazarnos -tijera podadora en mano- a nuestro Monte de San Antón y traernos para casa un abundante acopio de ramas de algarrobo, de pinos y de lentiscos. Enormes manojos de tomillo y de romero; de naranjas cachorreñas y de piñas de abetos. Musgo verde y húmedo; piedras llenas de manchas blancas y amarillas de líquenes. Todo un botín botánico natural que compondrá un escenario, fresco y perfumado a campo, donde se situarán las figuras de barro que en su día el Father Gorgonzola compró – hace ya la friolera de medio siglo- en una ya irretornable Plaza de la Merced abarrotada de puestecillos de Navidad, Circa 1963. Todo un botín botánico natural, ya os digo, que coronará también los muebles que desde hace mucho más de un siglo, acompañan la vida de la familia Souvirón y que cada año, al realizar este rito, saben que han cumplido un año más de vida vivida. Yo me entiendo.

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Así que este año, la Casa Gorgonzola -cómo cada mes de Diciembre- otra vez se vuelve a vestir de luz y de Navidad. Y esperará, impaciente y nerviosa, a que los regalos vayan apareciendo -de manera encubierta, pausada y misteriosa- a los pies de nuestro Árbol. Para que el día de Reyes (Santa Claus Go Home!) comiéndonos unos trozos de roscón de la Confitería La Exquisita, (todo es tradición) los abramos en un mar de ilusión, de sorpresa y fascinación. De amor. Los cuatro, los cuatro; siempre los cuatro.

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 Porque ya es Navidad en Casa de los Gorgonzola. Ya es Navidad!

***

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MANUEL SALINAS. BAILANDO CON MÚSICA DE LLUVIA

MANUEL SALINAS.

 BAILANDO CON MÚSICA  DE LLUVIA

Posee  mi querido amigo el Doctor en Literatura Manuel Salinas  un ligero aspecto de indiano urculiano.

Lo de indiano lo digo, porque parece (con ese moreno sempiterno que luce) recién llegado de allende los mares; además de la elegancia que le proporciona ese sombrero Panamá que le cubre la testa últimamente. Lo de urculiano, viene dado por esa apariencia y envoltura que le confiere dicho tocado, y que él sabe -tanto como nosotros- que le favorece y que le sienta tan bien, tan bien, que le procura papel principal como interviniente en el universo pictórico de Eduardo Úrculo.

Cierto es que si en vez de un Panamá, vistiera canotier, bombín o chistera, luciría igualmente elegante. La buena facha, que diría mi madre.

Tiene a bien mi buen amigo el Doctor en Literatura Manuel Salinas, el recopilar en un blog su última producción poética. ¿He dicho que es un insigne poeta? Pues lo digo: es un excelso e insigne poeta. Tal y como lo son la camarilla de amigos que le rodean. Mi muy querido amigo González -el del Pino- a la cabeza de tan distinguido grupo literario: Alot, Navidad, Quesada, Verdú y los propios Salinas y González del Pino, Don Juan Miguel.

Sigo con lo del blog:

Quiero escribir esta reseña en este mi sitio, acerca de mi amigo Manolo, ya sabéis… el Doctor en Literatura Manuel Salinas, porque quiero haceros partícipes de su lugar en  Internet.  Un lugar donde bailando, la palabra del poeta se resguarda de la lluvia.

Porque ya se sabe… “Siempre fue la lluvia una música muy bailable.” ¿Verdad Manolo?

El link a esa página, para que la visitéis, es este:

http://ningunanubeesinutil.blogspot.com.es/

Y como para muestra, vale un botón, -yo, que tiendo a la exageración- inserto en esta entrada seis muestras, que no una, de la poesía de Manuel Salinas. Para vuestro uso y disfrute. Para gozo y alborozo; júbilo, placer y regocijo que le dicen.

Como quiera que el poeta Manolo –no sé como lo hace- siempre está rodeado de bellas mujeres, ya sabéis eso de “Cuídate de los que saben escribir, pues tienen el poder de enamorarte sin tan siquiera tocarte”, he pensado que -a lo mejor (no sé que dirá la propia)- le gustaría que sus poemas estuviesen escoltados y amparados  por las pinturas surrealistas de Michael Parkes.

Porque como mejor se está, maifrén, es en buena compañía.

Estos son los poemas que he destacado de Manuel Salinas. ¿Os es dicho que es Doctor en Literatura, verdad? Pues sabed amigos míos, que antes de eso, y por encima de eso, es poeta.

***

Tomados los ojos, no fue difícil adivinar que lo lluvioso y perdido

 terminarían por echarlo de la tarde de sol aquella.

Manuel Salinas

Llévame a los cielos
envuelto en el fuego de las cosas que amas;
hospédame a solas en su corriente;
pídeme socorro con un perfume de flauta de espina;
avívame, soy lumbre,
violeta sonora de un ático donde las niñas
se peinan con alondras y cantan.
Vuélame la noche, la tarde, el claro día.
Madúrame la casa de verde fruta.
Lléname de saltos de caballo el alma.
Llámame con sueños por mi nombre de poeta.
Coróname de migas de buen pan. Ampárame
y baila hermosa, mientras el mundo se hunde,
con un dulce violín en la solapa.
Regálame esa nube para gastarla juntos;
dime que sí. Dame la tinta, luz, agua: todo
lo que sea tuyo y tiemble de alegría
en los falsos oros de esta pavana
que la noche toca en los atardeceres con niebla.

La palabra es río
y se demora en el aire como un pájaro.

Aves y peces son de un mismo linaje,
pertenecen a lo hondo.

Ay,  y yo sólo miro el agua, el agua
que tiembla. El aire.

En las manos, el aire.

Tal es la malicia que me tiene que sólo desea quitarme la alegría de esos otros mundos que he visto alzándolos hasta los sueños, salvándolos de la noche donde se habían ahogado. Pues lo mío es cabalgar en lo oscuro, picar espuelas a contracorriente, emprender la hazaña que nos niega la voz que nos llama. Mira, que andar en las nubes es un destino. Mas cuida que, si bella es la verdad, también las mentiras sean bellas. Sé señor en todo. No ayunes en amores ni en derroches. Pide, que no te harte el descanso, que generosa sea la mudanza. Y de claro en claro, cree.

Y que así te ayude Dios, pues de nada vale el saber en este antiguo oficio de caballería, que alivia la tristeza, socorre el dolor, consuela la desgracia, ampara en la tormenta.

Desayunados todos,
en el hombro ningún sueño duele
y la muerte a la muerte ahoga en la azul rosa de una taza.

Prodigio esta mermelada
donde dulce aguardaba lo lluvioso
y perdido en los verdes manteles

y donde, para ver el milagro,
los niños cruzan el jardín con una nube en el pecho,
hartos de pan mojado y rubias alas de cristal de Sèvres.

Ésta es La Casa;
ésta es mi casa y sobra el café
y es pecado la tristeza
junto a esa naranja
que de la primavera bajó al frutero.

Es tu dolor lo mejor de mi vida:

me duelen tus manos, como una fresca llamarada;
me duelen tus ojos, de su herida vengo.

Me dueles tú, yo te conozco:
escasa eternidad
que ni llega ni se queda.

Y cuando deje de amarte,
qué raro fruto de frío será el mundo.

Es bueno que al dolor le duela algo,
que nada se repare,
que llore y que se muera.

Es tu dolor esa llama que llamo;
es tu dolor el color de mi alma.

Me dueles tú, dolor, yo  te conozco,

yo sé de tu alta nieve, de la fiereza
donde se turba el agua.

En el aire del verano somos eternos.
Todo es fresca fruta que está en llamas.

Y hace tanto calor
que es joven luz la sombra en el celindo.

Vamos a abrir la ventana, no tardes.
Ya no estaremos más solos.  Sube

que están las palabras que queman
en el parque, soñándote.

…///…

ENRIQUE ALOT. ENDECASILABOS

ENRIQUE ALOT. ENDECASILABOS

En-ri-que-ä-lot-en-de-ca-si-la-bos… son once silabas. Como no podría  ser de otra manera viniendo lo que viene.

Alguna que otra vez, en las Reuniones en la Nubes que mantengo con mi muy querido amigo el Poeta Juan Miguel González del Pino, en los aledaños de la Plaza del Obispo, sale a relucir el nombre de Enrique Alot. Vezencuando, ya digo.

Uno, que siempre está “oreja avizor”, se preguntaba quien sería esta persona de la que hablaban elogiosamente tanto el Poeta JMGdP  como los demás cofrades de las nubosas reuniones: Los ilustrados Navidad, Salinas y Quesada.

“Nostálgico de versos con albahaca” dice de Alot la maravillosa Mariví Verdú.

A modo de disculpa, siempre alego en mi descargo, que nunca he sido un lector impenitente de poesía -debo de reconocerlo avergonzado- en parte porque mi primera poesía me llegaba en inglés de mano de las canciones de Cohen y Dylan. Y esa magia de la rima, se perdía en la traducción; Así que yo, me conformaba sin más remedio, con lo fonético y lo musical. Fueraparte -que diría el inefable Pocarropa- lo endemoniadamente raros que son estos ripios norteamericanos para el españolito de a pie.

Sigo haciendo acto de contrición y arrepentimiento:

Leyendo los seis tomos del Alatriste Revertiano, me propuse leer la obra (ímproba tarea) de Don Francisco de Quevedo: Borrachín impenitente y pendenciero, buen amigo de los suyos y peor enemigo de -entre otros- el atribulado y narilargudo Góngora, al que no bajaba al pobretico, de entre otras cosas de ludópata, sucio, indecente y marimoña. ¿Sería porque era cura?

¡Desdichados los enemigos de los ingeniosos! Porque tienen la batalla perdida.

Pero… Oh! mísero de mí ,oh infelice! que decía el afligido Segismundo, tampoco lograba yo entender lo suficiente los textos de Don Francisco como para que me engancharan. Vuelvo a avergonzarme. Aunque agradezco esta catarsis expiatoria y aclaratoria que evita malentendidos.

Debo de reconocer, que fue mi Maestro el Maestro de Maestros (y no es redundancia aunque lo parezca) Juan Miguel González, el culpable de que uno viese el camino claro y expedito hacia la mediana y pasable comprensión poética; quizás por esa cercanía que detentan sus trabajos. Y por simpatía (que no es palabra casual, sino puesta adrede) de Manolo Salinas, la Verdú y ahora, la del poeta Alot.

La prosa irreverente y de interminable ingenio de Paco López Navidad -afortunadamente y gracias al Altísimo- la entendía y entiendo perfectamente. Y sus buenos ratos me procura.

Sigo con Alot:

Después, a través de estos nuevos medios, descubrí algún otro soneto que me impresionó por su descomunal belleza. Así que sin pensar en la negativa- esa que se me regala muy pocas veces- me dirigí a Alicia, la hija de Enrique Alot para que -si a ella le parecía bien- me proporcionara una muestra del trabajo de su padre.

Pronto tuve en mis manos un precioso botín de letras. Letras ordenadas debidamente que conformaban, cada  lote de versos agrupados en cuatro-cuatro-tres-tres-, una magnifica y espléndida colección de sonetos de los cuales, he tenido a bien el recopilar estos diez que ahora tengo el inmenso placer de insertar y presentaros en este post. Ya veréis que buenos son!

Al final, pongo un entrañable documento donde podemos apreciar a Juan Gómez, cantando un poema musicado por él de Enrique Alot y éste -aprovechando el momento- se arranca y anima, vestido de pijama (aunque sin orinal) a la Don Camilo manera, a interpretar junto al cantautor.

Si queréis leer más sobre la persona de Enrique Alot, os remito a este enlace donde en su Web, Mariví Verdú, hace una preciosa semblanza:

http://www.flamencoenmalaga.es/malaga-articulo.php?pag=&id_articulo=35

Y estos son los sonetos de Enrique Alot Montes, lamentando muy mucho no pode hacer la separación debida entre estrofas, pues este maldito y fascista cibernético que es el programa, me lo impide.

Que los disfrutéis.

# 01

Por culpa de la artrosis que galopa

estoy plantado aquí como una mata.

Debido a otro defecto que no mata

me encuentro condenado a caldo y sopa.

Por la confusa niebla que me arropa

sólo queda ceniza en mi fogata.

Por algo que no añade ni arrebata

se mantiene una brisa casi a popa.

La musa no me apaga ni me aviva

tan sólo me conserva en este medio.

La mente que por suerte no me esquiva

despierta y acuciada por el tedio,

se mece igual que un corcho a la deriva

buscando entre lo absurdo algún remedio.

# 02

El incordio que suelta mi verso

y se aleja prendido a la brisa,

sólo lleva mi amago de risa

y el fracaso marcado al reverso.

A desgana conmigo converso

animando a la mente imprecisa,

y la mente me engaña, me sisa

y me deja plantado en lo adverso.

Frente al mar y en su orilla me huelo

que me falto a conciencia el respeto

cuando amaso a lo incierto y al ripio.

Que mi llanto no tiene consuelo

pues termino con este soneto

y me encuentro peor que al principio.

# 03

Su maltrecha apariencia me señala,

que el hacha no le aviva en absoluto,

que a veces, por costumbre, da algún fruto,

que sólo a falta está de olvido y tala.

Seguro de que antaño tuvo a gala,

haber sido el más fuerte y el más bruto,

y puede que sirviera al disoluto

borracho de refugio, alcoba o sala…

Mas por lo que endurece y que deshoja,

falta la sombra en que penara un chivo

 y al mochuelo su copa ya no aloja.

Con furia y arrastrando a lo erosivo,

insiste el huracán que me despoja

como el paso del tiempo hizo al olivo.

# 04

Aceite de ricino en la tetera.

Veneno de una cobra en la marmita.

La medusa, el rosal, la dinamita.

La ortiga, el aguijón, la esparraguera.

La sed, la indigestión, la vomitera.

El hombre sudoroso, el que tirita.

La pena inaceptable, la infinita.

La electoral campaña dominguera.

La horca, el pelotón, la guillotina.

La canción de un borracho en la mañana.

El aullido de un lobo solitario.

La lepra, el sarampión, la tos ferina.

O el virus que atraviesa una ventana.

No tienen parangón con mi calvario.

# 05

Se tropezó mi orgullo con tu orgullo

de sopetón, y un canto de sirena

me arrojó, convertido en alma en pena,

al banquillo primero y luego al trullo.

Un verso y un arrullo y otro arrullo,

forjaron poco a poco una cadena

y me encontré cumpliendo la condena,

ligando tu silencio a mi barullo.

Una década, un lustro, un mes y un día,

dibujando tu rostro sobre el muro

y pateando el reducto igual que un oso.

Con una cama dura, exigua y fría,

con agua no potable y con pan duro,

disfruté el pestilente calabozo.

# 06

Viva esta capital, la pandereta,

la castañuela, la guitarra, el cante.

Su feria y su jolgorio trepidante.

La bailaora, el vino y la peineta.

El trono, el estandarte, la saeta,

nuestra Semana Santa y su talante.

La guapa en su revuelo, en su desplante,

y El Palo, El Perchel, y La Caleta.

Y viva su castillo fortaleza.

Su gente a la que admiro y la respeto.

La biznaga, el sombrajo, la cerveza.

Y la extranjera rubia y el espeto.

Mas su mucho abandono y su pobreza

ponen broche de luto a mi soneto.

# 07

Porque es amante fiel  que lame terca

tu herida, bajo el cielo mientras nieva.

El genio amable que un manjar te lleva

cuando el potaje sabe a barro y tuerca.

La mensajera que su paz te acerca

y al yermo lo florece y lo renueva.

El soplo que te empuja y que te eleva

cuando el mundo te atrapa en una cerca.

Es un pájaro que anida en cierta nave

que avanza sobre un mar de fuego y quejas

con rumbo siempre fijo  hacia tu enclave.

Y aunque entre el barco y tú coloquen rejas,

verás que por un hueco pasa el ave

para ocupar un puesto entre tus cejas.

# 08

Y al perder tu ilusión, puede que el hielo

no cumpla su objetivo y te acalore.

Que acaso ante tu vista se evapore

el agua mansa que hizo de espejuelo.

Puede que sobre ti descanse el cielo

que la vida te aplaste o te devore

que tu venero exista y nunca aflore,

mas si eres como yo, de fiesta y duelo,

disfrutarás del tiempo que amanece,

con una suave brisa que te lava

la brecha que te mata o que te escuece.

Y acusarás el viento que a la brava,

destroza la esperanza y sólo ofrece,

la punta de una esquirla y te la clava.

# 09

Carne para aguantar, alma abatida.

Osamenta de alambre, pelo escaso.

Arrastro mi infortunio en el ocaso

por un barullo al que otros llaman vida.

El uno que hace trampa en la partida

El dos que me gobierna con retraso

El tres que me involucra en su mal paso

Y el cuatro que envenena mi comida

El rayo, el huracán, la lluvia helada

la humillación, el juicio, la condena

el cánido guardián, la zarpa, el cuerno

Sumiso y obediente a tu llamada

como un fantasma unido a la cadena

voy con mi cruz, camino de otro infierno.

# 10

No me vale el que enmienden bien la plana

ni cambien torbellino en suaves giros,

si ponen en mi alcoba unos vampiros

o nitroglicerina en mi campana.

No me sirve el que orquesten la pavana

ni embellezcan con gaitas los suspiros,

si después de pegarme cuatro tiros

me avivan con cianuro en la tisana.

No olvides que es mi mundo un vertedero

donde yace la risa con la pena.

“Prémiale por su esfuerzo al jornalero,

aleja del cadalso a la sirena

y ponle al pobre humano en el mortero,

un poco más de cal, menos de arena”.

 …///…

Y ahora, el vídeo prometido

…///…

CINCO ESTACIONES DE PASO

CINCO ESTACIONES DE PASO

“Cártama Estación.
Bobadilla.
Valdepeñas.
San Petesburgo.
Viaje de vuelta.”

“Crónicas del Poropo”

Cuando me comentó un querido amigo que Paco Navidad me iba a enviar cinco relatos cortos con nombres de estaciones de trenes, imaginé erróneamente que eran relatos independientes, sin ninguna conexión argumental; eso sí, teniendo como nexo de unión, como trama, dichas estaciones. Así que me dije: Haré cinco entregas. Una para cada apeadero. Craso error.

Francisco Javier López Navidad, su autor, tuvo anoche la gentileza de enviármelos para -por si yo lo consideraba oportuno- publicarlos en mi blog.

Estaba yo dispuesto -aun sin haberlos leídos- a hacerlo; porque este escritor posee las suficientes credenciales literarias como para insertar en mi blog cualquier texto creado por él, sin tan siquiera tener que leerlo previamente. Además, me venían dichas letras avaladas y comentadas por el Poeta amigo Juan Miguel González. Certificado de calidad literaria, tenían pues, de enorme consideración y prestigio.

En este blog, jamás trato de incluir ningún texto con una longitud mayor que la que yo considero cómoda y asumible por el lector. Esta vez voy a hacer una excepción, puesto que el escrito que ahora viene es tan ameno, rico y florido, que adolece de cualquier intención que no sea la de seguir leyendo. Implorando la continuidad.

Lo de publicarse en entregas a la dickensiana manera, ya te digo, venía dado por el razonamiento de que no se le puede dar al lector de pantallas, textos demasiados largos; pues, determinados leedores se atosigan, se les cansa y nubla la vista y dejan la lectura. De ahí la razón de que yo adorne las letras, de vez en cuando, con remansos de paz visuales que son las imágenes que busco con sumo cuidado e inserto en el articulo de marras. Para que la vista se pare, se acomode y repose.

Así que, esa es (era) mi teoría: Texto no demasiado largo y con “estampitas”.

Eran pasadas las diez de la noche. Hora que yo (lunes y jueves) me retiro a la calma y placidez de mis aposentos, para dedicarme a la lectura, obligado por la insoportable perspectiva del “reality” de turno en “Tela Jinco”.

Odio profundamente esa cadena televisiva, y no puedo evitar tratarla con el desprecio que se merece. Con la misma crueldad que ella me trata a mi. ¿¿Valeeeee??. (Léase con lo boca abierta y atiborrada de alimentos masticados, escupiendo, chillando, y cerrando los ojos a la belenesteban manera)

Sigo… Tenía ya la luz encendida y las sábanas desplegadas; el Kindle (mi ebook) preparado para la lectura y los piños adecuadamente cepillados y en perfecto estado de revista. Vaso de agua previsor en la mesita de noche. De repente (Sudenly que dicen los ingleses)… Un avisador de correo electrónico sonó en mi móvil: “Fco. Javier López Navidad; “Chiroski House Ballad”, decía el mensaje. Como se comprenderá fácilmente -por eso de “Balada de la casa del jorobado”- no pude evitar la tentación de abrir el archivo. Venía un escueto mensaje de Javier donde me indicaba que me anexaba un fichero en pdf con el texto en cuestión conteniendo cinco cortas historias.

Abrí el pdf; así que, como ya tenía ya organizada la zona de lectura en mi dormitorio, me lo reenvié al susodicho Kindle, para poder leerlo con la tranquilidad que se le tiene que disponer a los textos de los amigos y además, para que negarlo, poner la letra de estos al tamaño adecuado para mi mirada de topo cada vez más cansada y rota.

La primera intención de sólo leer una de las “estaciones” y dejarlo para el día siguiente, con ánimo de continuar con Jens Lapidus, se quedó sólo en eso: En una primera intención.

Empecé a leer y ya no pude dejar de hacerlo. Lo primero que me dejó impresionado fue el texto introductorio (ese que siempre se pone prestado de otro autor)…

El pasado es la única cosa muerta cuyo aroma es dulce.
(Eduard Thomas)

Precioso y absolutamente de acuerdo. Después de eso vino una lectura ininterrumpida que me dejó absorto y abstraído desde las primeras líneas.

Por esa riqueza de lenguaje, que dispone Paco Navidad, tan cercano en casos; tan docto y cultivado en otros (gracias que mi libro electrónico dispone de diccionario) pero sobre todo, porque la trama argumental -un pasaje de la vida de un inefable personaje llamado Poropo- me resultó tan amena e ingeniosa, que -no os engaño- me dejó buena parte de la noche sin poder conciliar el sueño y estuve revisitando “Aquellos lugares comunes que nos fueron arrebatados antes de tiempo como inmolación a un futuro ya pasado” (sic) ¡Genial!

Paco me llevó de vuelta a los aledaños de la niñez por los territorios del Cine Cayri frente a, donde supongo, estaba situado el Jardín de Babilonia -entre irreal, cutre y decadente- del Poropo. Ese mágico lugar lleno de ranas y proyectos de radios de galena.

También volví a estar en el Teatro Chino de Manolita Chen y en el de los Hermanos Tonetti al que acudí (al Teatro Chino me refiero) en una ocasión en mi tierna niñez; Porque eran tiempos, los aquellos, despojados de estos inútiles buenos propósitos que ahora ahogan a los niños con normas absurdas y de “buen rollito” y que en el mejor de los casos, los embobaliconan; y en el peor, los dejan inmaduramente desasistidos para enfrentarse a la vida.

Me llevó también, a ese mismo solar que era donde se instalaba el Circo Price y el Cinerama; aquel de La Conquista del Oeste del Hathaway y demases. Me llevó de paseo por el Camino de los Ingleses del Antonio Soler. Por un barrio -distrito le llaman hoy los modernos afectados- que nunca fue el mío por nacimiento, pero si lo fue por elección en determinadas épocas. Porque en tiempos, crucé las fronteras desde Martínez Maldonado a la Ciudad Deportiva, desde Lanuza -donde vivía mi Tía Anita- hasta Blanco Coris donde lo hacía la modista de mi madre… Desde la calle Bailén de mi gran e imperecedero amor, hasta aquella Plaza con Casa de Socorro donde trajinaba el Llanero Solitario de la Trinidad, vendiendo escondido, sus barritas de quinientas.

El querido amigo Fco. Javier López Navidad, tiene la conveniencia de dedicar muy merecidamente este escrito a dos de sus íntimos (comunes míos) que son: el Editor Jose Antonio Quesada y al Poeta y mentor Juan Miguel González del Pino. Pero la también la disparatada ocurrencia de dedicárselo a este que sus escribe. Y eso, es un honor tan apabullante como inmerecido. Algo que le agradezco feliz y enormemente.

Así que aquí tenéis este inapreciable documento de una Málaga, y uno de sus personajes, que desdichadamente, ya han desaparecido.

Cinco estaciones de paso

“La explosión atómica es un susto muy grande que afecta, sobre todo, al oído interno”. Poropo dixit.

Pues eso.

Disfrutadlo tanto como yo he hecho. Es una verdadera gozada.

JAVIER ELEPUNTO NAVIDAD

A modo de proemio:

(Quiero dedicar esta entrada de hoy – y para pagar deuda contraida con la actualidad- al pequeño gaznápiro, impertin-nieto Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Mariborbón y Chalár. Proclive, como su padre, a pegarse tiritos y no saberlos aguantar estoicamente)

JAVIER ELEPUNTO NAVIDAD

Ya me ha pasado antes.

En este blog y en la vida real. Me refiero a la Teoría del Aval; esa que dice…

“Teoría del Aval”: La Teoría del Aval, trata de la transferencia y el otorgamiento de la amistad y el apego al nuevo amigo por conocer ( y/o conocido recientemente) con la garantía, el crédito, y el aval del antiguo que presenta el uno al otro.

Es decir: Paco me habla de Pepe; y como yo soy intimo de Paco, pues le otorgo a Pepe mi amistad, aun sin saber -ni tener ni puñetera idea- de que pie renquea el tal Pepe.

Pasa ahora eso con el amigo desconocido (fíjese Ud. que bella contradicción,  que enigma amado) que no es otro que Javier López Navidad. Y pasa eso, digo, porque el avalista no es sino, sin embargo, que el Poeta Juan Miguel González del Pino; y si Juan Miguel me dice que una persona es “chapeau” yo, automáticamente, le doy plaza fija y acomodo en  mi apartadillo privado e incondicional de amigos con distintivo y marchamo “chapeau”.

Si además, una persona con el ingenio insolentemente desarrollado como es el Poeta JMGdP me indica, me afirma, que Javier Elepunto Navidad es un dechado incontenible de agudeza, chispa y gracejo; que posee una gracia innata y que es, también, un incansable conversador ameno y singular, me echo a temblar de alegría y de contento; y, entonces, voy, y no quepo en mí de regocijo. ¡Que ya es no caber!

Cuando escribí el prolegómeno de los Palos flamencos surrealistas de JMGdP, iba dejando atrás, adrede, otros que habían sido creados por el amigo Elepunto Navidad, Don Javier.

Los iba dejando atrás, porque no era otra mi intención  -al igual que al otro común amigo, el poeta Manolo Salinas- que el escribir e insertar en este blog una entrada con un florilegio de su obra para que puliera, limpiara y diera esplendor a este revoltijo de  temas que se acomodan, ya para siempre, en la de todos vosotros guarida de Father Gorgonzola.

Pero no solo Palos flamencos, también una dedicatoria que encabeza el libro de donde saco lo que ahora viene, alguna aclaración, y también porque no, alguna que otra reflexión y pensamientos. Para que -como en la viña de Dios nuestro Señor- haya de tó.

Deberíais de prestarle atención a lo que se os presenta a continuación. Quede aclarado que, con esa máquina incontenible e imparable de verborrea pertinente y acertada que es Elepunto Navidad, solo he entablado conversación dialéctica en la fría y distante salita de estar que es el singrasia del Facebook. ¡Y ya fue gratificante!

Ni me imagino lo que tendría que ser un face to face con los susodichos poetas y, mejor aún, con el ánimo aliñado con algún espirituoso de las tierras altas de Escocia; con algún extracto de caña de la Republica Dominicana…o si no queremos que nuestros paladares viajen tan lejos…con un espíritu blanco de Mollina (Sidonia) o un Verdial Seco de la Casa de Garijo. Esa misma Casa que abandera nuestra amada y Antigua Casa de Guardia.

Esto que viene ahora es un batiburrillo surrealista de Javier López Navidad. Apadrinado que está – y ya le vale- por mi querido amigo el de Ferisment.

Ilustro esta entrada con una imágenes correspondientes a postales de los años 50 elaboradas por el artista Estela y  distribuidas  por Comercial  Prat i Ripoll, que -como no podía ser de otra manera- detentaban ese punto inconfundiblemente kitsch por estar bordadas en hilos de vivos colores  sobre la cartulina. Una cosa tremebunda que hoy, con el pasar del tiempo, tienen su aquel.

Glorifico en imágenes tambien a la Lube y al Isocarro, porque juguetes del viento son, que diría Don José.

Disfrutad esta entrada. Javier Elepunto Navidad. Otro amigo avalado. Y van dos.


DEDICATORIA.

(Y no la pongo entera)

A Indibil y Mandonio. Caudillos ilergetes.

A Gonzalo de Berceo. Lumen.

A Garcilaso de la Vega. Poeta.

A los Reyes Católicos. Reyes.

A Don Francisco de Quevedo y Vigente. Contumaz político. Hábil poeta. Cojo de veras.

A Javier Arzalluz. Humorista.

A Jose Luis Carod Rovira. También humorista.

A Olivetti, Magefesa y Bic.

Al Partido de Verdiales.

A la muy grácil tortilla de collejas.

A Emilio el Moro. Afinador de machotas.

A Pablo Picasso. Hombre.

A Átomos Vidal.

Al Alcalde de Málaga. Magnífico diestro.

Al esforzado Isocarro. Muy Sagivela él.

A la llave de grifa, socorrida y proxeneta.

A la “diez-once” tan menuda y perdediza.

A los inmigrantes retornantes.

A Anónimo. Monstruo literario, eterno y acertado pensador.

Al bicarbonato Sódico.

A los amigos.

PENSAMIENTOS.

“Cada actuación del impirico Vallejo, provoca en el auditorio la soez necesidad de hacerse chiricagua o nacionalista acto seguido”.

 Modesto Alpairo, agórico y ergúmedo (por encargo)

Por los Montes me caí

montado en mi Lube Rens

y la quijá me partí

como ustedes pueden vens.

¿Eternos? lo somos;

pero con mas Prisa.

Poco queda ya, todo se fue yendo,

salvemos la risa.

 Gervasio Pardal, licenciado y genio (Y no es coba)

FANDANGOS.

Y le quedó tras la monda,

veinte puntos de sutura,

doce pares de zambombas,

siete gramos de cordura

y medio Tajo de Ronda

 

Yo me hice una visera

del toldo de un motocarro

y sin notarlo siquiera

me fui sintiendo navarro

cantando cartageneras.

SEGUIRIYAS.

Si yo me equivoco

en lo que les canto,

es que yo estoy pensando en las letras

que le debo al banco.

 

Pasito a pasito

me lo voy buscando.

Que le voy a hacer, con esta cabeza

en la que no mando.

Ay, que no hay manera,

que todo fue hecho,

que lo encontraron abulto de noche,

y listo del pecho.

CANTES SIN GUITARRA

 

Romance, corrido o jiliana

 Siempre que entro en el trullo

me encuentro las mismas caras

Los mismos barrotes siempre

y el mismo son de palabras.

Toná

Un policía borracho

está escribiendo una carta

parándose, en cuando en cuando,

para contar cucarachas.

Deblas

Las ducas hacen ducado,

se sienten tan abrigadas

que en el pecho permanecen,

atadas, muy bien atadas.

Si no es verdad,

si esto que le digo

no fuera verdad,

que yo pierda tos los dientes

y el carnet de identidad.

Tangos

Cruzó el cielo una perdiz.

Siempre me pasa los mismo

cuando salgo de Motril.

 

Yo ya no quiero dinero,

sólo le pido al buen Dios

un trompo y un lapicero.

Tangos del Piyayo

Yo perdí dientes y muelas

por culpa del sarampión.

Sólo puré y cazuelas

alegran mi digestión.

 

Cuando me veas amarillo,

no me llames macabeo;

fue el azafrán con fideos

que compré en el baratillo.

TARANTOS.

(A modo de despedida)

Dime quién llevas al lao,

tu que de espaldas caminas.

Es a Perico El Morao(*)

que padece moratinas.

¡Vaya noche que me ha dao!

 

Con gorra y americana

camina en silla de ruedas

Cantando va por pravianas,

abriendo los Quitapenas

Y cerrando Las Campanas.

(*) Perico El Morao, responde a Pedro Cifuentes Crespón, natural de Alcaucín. De familia conservadora, mal estudiante; convenció a duras penas a sus progenitores para matricularse en el Conservatorio María Cristina de la capital malagueña tras sus continuos fracasos en la Escuela de Peritos. Siendo becado por sus buenas notas en composición y ritmo.

Realizó por encargo de Aspromanis un concierto para bandurria y banda al que tituló “Paralismás” emulando al sordo universal. Ante el inusitado escándalo que levantó su obra, hubo de escapar de noche en dirección al  Principado, entrando de minero en Langreo. En la mina Pertinaz, fue sepultado en quince ocasiones salvándose de milagro.

Jubilado por padecer continuos ataques de silicosis, vuelve con treinta años a Málaga y se dedica en su tiempo libre a la composición de piezas varias y letras para el cante flamenco, de las que extraemos el siguiente fandango de Lucena titulado:”Odio a Alcaucín que es mi pueblo” que forma parte de la obra “Caldera, el babilonio”

Eran zotal y serrín

las aceras y los bares

y ya sonando el clarín,

Puro orín de bacanales.

Todas olían a Alcaucín.

La primera edición de su obra obtuvo un fracaso contundente, solo vendió tres ejemplares en Mollina Sidonia, curiosamente a la misma persona, el barbero.

Hemos de agradecer a la Colección “Os vais a enterar” la gratuita entrega de un ejemplar de esta casi inédita edición, que nos acerca a un conocimiento más exhaustivo de este inhóspito ajarco.

(Estos textos, está sacados del libro Salvemos la Risa o El Duende de Zaragoza. Cuyos autores son Juan Miguel González y Fco. Javier López Navidad. De la Coleccion “Con el canto en los Dientes” 2006)

…///…

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