100 cuentos de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges

100 cuentos de Julio Cortázar y

Jorge Luis Borges

Por Cultura Colectiva

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Según el argentino, basta preguntarse por qué un determinado cuento es malo. No es malo por el tema, porque en literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay solamente un buen o un mal tratamiento del tema. Tampoco es malo porque los personajes carecen de interés, ya que hasta una piedra es interesante cuando de ella se ocupan un Henry James o un Franz Kafka.

Uno de los mejores cuentistas latinoamericanos y, además, uno de los máximos exponentes del Boom Latinoamericano, dijo sobre el cuento casi todo lo que los narradores contemporáneos definen como tal, fue él uno de los grandes cimientos del relato corto contemporáneo y comparaba al cuento con una esfera; es algo, decía, que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos. Es Julio Cortázar.

Creó con sus ficciones un universo propio, un compendio asombroso de conjeturas, espejos, laberintos, paradojas… Obra imprescindible de la literatura contemporánea, sus cuentos pertenecen a la categoría de las páginas antológicas. Utiliza un singular estilo literario basado en la interpretación de conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. La simbología que utiliza remite a los autores que más le influencian -William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad-. A lo largo de toda su producción creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra, exigente con el lector y de no fácil comprensión, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio autor escribió: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”. Es Jorge Luis Borges.

Ambos nacidos en el seno de la patria argentina, ambos escritores y cuentistas. Son dos representantes del género quienes descubrieron con su pluma mundos inmediatos y desmenuzaron las posibilidades del ser que habitan en un relato corto. Cortázar y Borges legaron en su producción literaria joyas talladas como cuentos: narraciones breves que abordan temas universales desde la intimidad de cada autor.

Dejamos 100 cuentos de Julio Cortázar y Jorge Luis Borges que fueron recopilados y publicados en el sitio Lecturas Indispensables.
Estos escritos se han convertido en clásicos del relato corto y forman parte de las páginas de otros volúmenes o antologías de cuentos memorables:

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Cortázar

Bestiario (1951)

1. Casa tomada
2. Carta a una señorita en París
3. Lejana
4. Ómnibus
5. Cefalea
6. Circe
7. Las puertas del cielo
8. Bestiario

Final del juego (1956)

9. Continuidad de los parques
10. No se culpe a nadie
11. El río
12. Los venenos
13. La puerta condenada
14. Las ménades
15. El ídolo de las Cícladas
16. Una  flor amarilla
17. Sobremesa
18. La banda
19. Los amigos
20. El móvil
21. Torito
22. Relato con un fondo de agua
23. Después del almuerzo
24. Axolotl
25. La noche boca arriba
26. Final del juego

Las armas secretas (1959)

27. Cartas de mamá
28. Los buenos servicios
29. Las babas del diablo
30. El perseguidor
31. Las armas secretas

Todos los fuegos el fuego (1966)

32. La autopista del sur
33. La salud de los enfermos
34. Reunión
35. La señorita Cora
36. La isla al mediodía
37. Instrucciones para John Howell
38. Todos los fuegos el fuego
39. El otro cielo

Queremos tanto a Glenda (1980)

  1. Queremos tanto a Glenda
    41. Orientación de los gatos
    42. Anillo de Moebius


Borges

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Ficciones (1944)

43. Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
44. El acercamiento a Almotásim
45. Pierre Menard, autor del Quijote
46. Las ruinas circulares
47. La lotería en Babilonia
48. Examen de la obra de Herbert Quain
49. La biblioteca de Babel
50. El jardín de senderos que se bifurcan
51. Funes el memorioso
52. La forma de la espada
53. Tema del traidor y del héroe
54. La muerte y la brújula
55. El milagro secreto
56. Tres versiones de Judas
57. El fin
58. La secta del Fénix
59. El Sur

El Aleph (1949)

60. El inmortal
61. El muerto
62. Los teólogos
63. Historia del guerrero y la cautiva
64. Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)
65. Emma Zunz
66. La casa de Asterión
67. La otra muerte
68. Deutsches Requiem
69. La busca de Averroes
70. El Zahir
71. La escritura del Dios
72. Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto
73. Los dos reyes y los dos laberintos
74. La Espera
75. El hombre en el umbral
76. El Aleph

El informe de Brodie (1970)

77. La intrusa
78. El indigno
79. Historia de Rosendo Juárez
80. El encuentro
81. Juan Muraña
82. La señora mayor
83. El duelo
84. El otro duelo
85. Guayaquil
86. El evangelio según Marcos
87. El informe de Brodie

El libro de arena (1975)

88. El otro
89. Ulrica
90. El Congreso
91. There are more things
92. La secta de los treinta
93. La noche de los dones
94. El espejo y la máscara
95. Undr
96. Utopía de un hombre que está cansado
97. El soborno
98. Avelino Arredondo
99. El disco
100. El libro de arena

Fuente del artículo: Cultura Colectiva.

Esta es su página, entrad en ella; es interesantísima:

Cultura Colectiva

 

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LOONEY, EL BATON ROUGE Y ALLAN POE.

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LOONEY, EL BATON ROUGE Y ALLAN POE

“Navegué con Jasón y los Argonautas…
temblé de miedo con el Manuscrito encontrado dentro de una botella.
Conocí a la ballena blanca de Ahab y a Dorian Grey;
y por llegar, fíjense Uds. llegué hasta la Isla del Tesoro .”

(Tardes de lluvia con el Nibelungo. Father Gorgonzola.)

Hace algunos días, terminé de leer una novela policíaca de César Pérez Gellida cuya acción se desarrolla en la ciudad de Valladolid. En esta historia, un inteligentísimo asesino en serie llamado Arturo Ledesma, frecuenta un “bar de cabecera” donde, desde el anonimato, pasa sus ratos libres entre suspiros de cocaína y libaciones varias de Ginebra Hendrick’s maridada con Tónica Fever Tree.

Vamos al bar, que es lo primero y lo que quiero.

Describe ese bar -y a su propietario- como un templo -entre tanto local de modernidad estandarizada- donde la música era especial y singular. Seña de identidad. Un lugar donde el ambiente era proporcionado por un camarero-propietario culto e instruido, con una habilidad muy particular para poner siempre la música idónea; y que se salía, ya te digo, de la comercialidad y la simpleza imperante en el resto de negocios del ramo.

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Describe el bar y sigo, oscuro, con un aspecto decadente y con una larga barra donde, al final de ella, se hallaba el cubículo del diablo de Tasmania; con una clientela casi fija. Y con un “atendedor”, ya te digo, que brillaba, por su capacidad cultural y por saber las cosas principales que un profesional del lado estrecho de una barra debe de saber: que beben sus habituales y que música les gusta.

En Málaga, había ya hace algunos años, un bar que me recordaba muchísimo a este otro literario de Valladolid. El de Málaga era el Batón Rouge. Y era igual que este que acabo de describir. De hecho, lo que acabo de describir no ha sido sino el Batón Rouge. Porqué decir otra cosa.

 

El Batón Rouge era el último escalón de la consciencia. El sitio donde se perdía cada noche el poco equilibrio que nos restaba. Era el reducto de la última dosis de realidad donde a golpe de chupitos de Jacks Daniel’s, destripábamos la vida a golpe de interesantísimas conversaciones acompañados por una música de calidad suprema siempre proporcionada por Jose. Jose el del Batón. Uno de los pájaros más ilustrados y eruditos de entre los que anidaban en las madrugadas brumosas de aquella Málaga que fue, desde los años más gloriosos de los 80, a los más menguados y decaídos de finales del Siglo XX.

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Jose ahora renace en las redes cómo el tasmano Taz Looney.(no sé si a él le gustará que yo lo descubra) y haciendo honor a esa conocimiento cultivado que tiene, me lleva a una niñez- adolescencia (porque yo también me acuerdo de ese día de fiebres y estirón) de la mano de sus lecturas de terror; de los Cuentos de Edgar Allan Poe (porque yo también, en esa época, me los leí). De sus comentarios inteligentes.

Ahora no voy escribir más, voy a copiar literalmente lo que mi amigo Taz, escribe sobre Poe. sobre esos relatos extraordinarios (es precioso) y sobre esa juventud que cada vez nos encontramos, cada mañana, más aprisionada entre los pliegues de nuestra memoria.

De regalo, os añado los cuentos completos del autor, traducidos por Julio Cortázar.

Proporciónenselos a sus jóvenes hijos o nietos para que los lean. Dejen que se asusten oyendo latir un corazón delator a través de las paredes; no les importe que se imaginen al Diablo subido en un campanario. Permítanles que lleguen a oler un extraño y sorpresivo tonel de amontillado. No dormirán -lo sé por propia experiencia- pero no veas como ejercitarán la imaginación. Años después, el susto habrá desaparecido. La imaginación, perdurará.

“Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura.”
Edgar Allan Poe.

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Dice Taz Looney:

“Allá por mis trece, catorce años, pillé unas fiebres cojonudas que me postraron en cama más de una semana. Allí me llevé un volumen con las Narraciones Extraordinarias que había estado evitando irónicamente hasta esa fecha. Los relatos se sucedían como una espiral la calle Morgue, la Mansión Usher, Berenice, Morella, Valdemar, entraban por la habitación y se quedaban hasta que los personajes del siguiente relato ocupaban el cuarto. Cada una de esas historias tenían ruidos y olores como a hierbas y flores marchitas, o a polvo rancio en cortinas y muebles, olor a foso de humedad y putrefacción en los sótanos y mazmorras.

Durante la noche unas formas muy quietas estaban apoyadas junto al armario o tras la silla pero yo simulaba no verlas. Alguien debía haberme hecho una herida en la cabeza y la almohada estaba empapada en sangre. Hasta que un día las fiebres acabaron. Noté que yo y mis huesos habíamos pegado un considerable estirón. Las terroríficas pesadillas duraron algo más. Pero estos relatos se me grabaron en el alma para siempre. Y algunas (bueno, muchas) veces me gusta recordarlos, lástima que la inocencia se fuese para siempre!”

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Y aquí tenéis los Cuentos de Edgar Allan Poe. Traducidos, yo os lo he dicho, por Julio Cortázar.

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Disfrutadlos!!

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