LA GOTA MALAYA

 Tercera entrega del anecdotario tunero.

gota

 De los llamados “Contratos Fijos” que se tenían en la Tuna, uno de los mas antiguos tenía lugar en un precioso Restaurante Mirador que había en la Urbanización Pinares de San Anton. Situado en lo alto del monte del mismo nombre.

 El que suscribe, al que llamaremos El Varisto, era fijo en este contrato, pues, al ser novato en aquella época , servia de comparsa al grupo casi habitual de ese sitio. El mencionado en otra entrega, grupo canario y su inseparable y entrañable Jerezano.

 Entrañable ahora, porque en esa época me las hacia pasar puta. Hoy es un gran amigo además de cariñoso y amabilísimo.

 Toñete le llamaremos, por llamarlo de una manera anónima, ya que actualmente es profesor universitario en una universidad andaluza.

 El restaurante se llamaba Pino Rojo y a mi me gustaba muchísimo ir por diversas razones. Primero, porque el grupo habitual era francamente estupendo, Varo, Mingo, Fae, Feo, Toñete.y algunos mas.  Todos turnándose menos yo que era el fijo. Pero como no cobraba todo el mundo feliz de que fuese. Aposho musicovocalista que dicen los argentinos.

 Pa que aprendas, mullallo!! Me decían los mamonesss. Y vaya si lo hice.

 Yo, al ser novato, no entraba en el reparto total del dinero, solo en una parte anecdótica. Pero al margen de lo que me tocaba en el reparto, el compartir escenario y posterior coperío con esta sarta de amigos, lo espléndido del paisaje, lo cercano del bar habitual, El Galeón, y como lo pasábamos de bien con el grupo flamenco, hacía que esperara con ilusión los miércoles para subir al citado contrato.

 La actuación tenia lugar de la siguiente manera: esperábamos que unos autobuses repletos de turistas llegaran a las puertas del restaurante, donde se les servia  un vaso de repugnante sangría y que estos agradecían como si estuviesen libando el Néctar de los Dioses.

 Pasaban acto seguido a la terraza mirador donde actuaba en primer lugar el Cuadro Flamenco.

 Todos los turistas, una vez cenados, se situaban en una terraza alrededor de un pequeñísimo escenario que a nuestras espaldas, rodeaba una considerable caída y una impresionante vista de la ciudad iluminada de noche. Y delante de nuestros ojos, un enorrrrme foco que en vez de iluminarnos, nos cegaba absolutamente y que solo nos permitía ver la primera fila de turistas que estaban, literalmente, bajo nuestros paquetes.

 Allí, sucedió la tercera anécdota que he dado en llamar:

 LA GOTA MALAYA

 A mi encantaba tocar con esta gente. Eran grandes músicos y de verdad aprendía con ellos; y ademas, yo tenía el honor de disfrutar de su amistad y de su protección; y eso me enorgullecía.

 Dos de ellos han tenido el horroroso detalle de abandonarnos para siempre. Una perdida irreparable,

 Sigo….

 Llegan los turistas y siguen el tramite de rigor, los recibimos, y nos vamos al bar del restaurante ,para mientras ellos cenaban, nosotros nos bebíamos ,con la complicidad del camarero, unas copas que este nos servía subrepticiamente. Vezencuando me bebía yo algunos Vodkas con lima. Bebida putesca donde las haya.

 Una vez cenados el turisteo y debidamente animados por el grupo flamenco, llegaba la hora nuestra.

 Guantanamera!!! Empezaba así el show y los turistas animadísimos gracias al potingue sangriero y a la dosis de flamenco recibida, aplaudian enfervorizados.

 El calor, en esa época era terrible, pues a pesar de actuar en mangas de camisa, los pantalones de terciopelo no ayudaban. Además teníamos el enemigo en casa:

 Un enorrrme foco de una potencia descomunal enfilaba hacia la mitad del escenario haciéndonos sudar la gota gorda. Si a eso le sumamos que es Agosto en Málaga, que estábamos con dos o tres copas y que no parábamos de movernos en el mini escenario y de tocar y cantar, bien es de suponer que sudáramos como caballos trotones.

 En mitad de la actuacion, el que suscribe, El Varisto, nota que una enorme gota de sudor empieza a resbalarle justo por la mitad de la frente. Hacia abajo

 Sigue cantando El Varisto con el bochorno que le atosiga y de regalo la gota que, inexorablemente,  empieza a resbalarle por la nariz. Hacia abajo,ya digo.

 Justo debajo de los músicos y pegadísimos al escenario una fila de damas asisten complacidas al espectáculo. Los vapores etílicos y el no entender una sola palabra de lo que están cantando los sujetos de mas arriba, les hace creerse en el Olympia de Paris. O casi. Masssomenosss.

 Cruzadas de piernas, estas extranjeras de edad avanzada y delgadísimas, contemplan extasiadas con las piernas cruzadas y las palmas de las manos juntas con los dedos entrelazados y a su vez, apoyadas en su rodilla, el espectaculo musical. Finísimas de la muerte.

 La gota de sudor sigue cayendo. Sin remedio. El Varisto no sabe que hacer con lo que se le avecina. Así que cuando la gota llega a la misma punta de su nariz, pega un resoplido con el labio inferior y expele la gota con una fuerza inimitable. Hacia arriba. Hacia el cielo estrellado. Cometa celestial.

 Esta, la gota, sale disparada rapidisimamente describiendo una curva perfecta y describe un trazado brillantísimo, pues esta refulgía debido también al maldito foco que Satanás mantenga en el infierno como principal atracción.

 Navega raudo el goterón entre el haz de luz, y va a caer justo en medio del entrecejo de la primera turista que contempla el espectáculo a modo de lunar hindú. Remedando a la Diosa Shiva (Protectora de los whiskies de 12 años)

 Esta, la guiri, se queda estática e inmóvil con el brillante lunar pegado entre dos finas y depiladas cejas. Impasible, imperturbable. Circunspecta y flemática. Absoluta y tremendamente asqueada ,vamos.

 El Varisto que se queda a cuadros. Los canarios miran al sudoroso musico que no sabe donde meterse.

 El Jerezano echa un capote y grita al golpe de tres panderetazos Plasss, Plasss, Plasss ..… Niñoooooos….Sebastopooooool!

 (Que gran y oportuna cancion!!!)

 Sevaaasevaaaasevaseva…Sevaaasevasevastopoool…..sevasevasevaaaaa….sevasevasevaaasebastopol y nos najamos de inmediato. Andayquezusdén!!

 De allí y hechos un mar de risas nos fuimos a El Galeón donde nos pegámos multitud de copas y unas tocadas impresionantes hasta altas horas de la madrugada. Dias inolvidables.

 Esto ocurrió en Pino Rojo. Málaga. Circa 1982.

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