UNA NOCHE INQUIETA.

UNA NOCHE INQUIETA.

 A Gregorio Samsa.

 

Entre sueños oía ruidos que no sabia de donde venían. Se sobresaltó y asustado, se  despertó entre sudores y escalofríos en mitad de la noche. Había tenido una noche inquieta y no era esa la primera que pasaba. Y ya eran demasiadas como para que no se estremeciese y se echase a temblar de miedo. Con un terror irreflexivo e incontrolable.

No sabía donde estaba ni podía orientarse porque la oscuridad le rodeaba completamente. Estaba en un mundo de tinieblas perpetuas.

Se sentía húmedo y pegajoso. Sucio. Y notaba, además, como las paredes de la habitación, donde se encontraba, parecían haberse estrechado tanto y de tal manera que le apretaban en una especie de sarcófago mojado y viscoso. Ad eternum. Como si se encontrase prisionero en una suerte de placenta cerrada a cal y canto sin salida. Asfixiante y agobiante. Y con vida propia.

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No entendía nada. Tampoco podía pensar con claridad y necesitaba hacerlo. Pero no podía.

Quedó horrorizado. Y se preguntaba a que Dios habría podido insultar tanto para que le hubiese condenado a ese terrible padecimiento. Sin posibilidad de perdón.

Miraba a su alrededor y no veía nada. Sin embargo lograba percibir sonidos. Ligeros temblores a los que solían  acompañar  tremendos estruendos que no llegaba a entender de donde provenían. No había ventanas abiertas a las que acudir para respirar. Aunque de nada le hubiera servido.

Y sentía también, como si miles de pequeñas serpientes sin cabeza se paseasen sin su  permiso por su cuerpo doliente y afligido. Estaría en el infierno? Tanto habría pecado?

Trató de nuevo conciliar el sueño otra vez;  pero no podía. Era imposible, el terror lo invadía y lo desvelaba.  Así que decidió levantarse de la cama y dejar atrás aquella pesadilla en vida que estaba viviendo.

Hizo acopio de  fuerzas para incorporarse pero no pudo hacerlo completamente. De pronto, doblado sobre si mismo, sin dar crédito a lo que veía, contempló horrorizado que no podía mover las piernas. Porque las piernas se habían deshecho. Consumidas. Cayó hacia atrás desesperado. No podía creer lo que le estaba pasando.

Intentó apoyarse esta vez con los codos. A duras penas podía moverse en esa especie de  sudario húmedo  que lo envolvía cada vez mas apretado y casi enloqueció al darse cuenta, también, de que carecía de brazos. Horrorizado hubiera empezado a gritar si hubiese tenido boca. O a quien implorar.

Los sudores corrían como ríos por todo su cuerpo. Por todo el cuerpo abultado y deforme que le quedaba.  Los ruidos no cesaban y agotado, volvió a dormirse. Desmayado. Desfallecido y descorazonado. Tendría corazón todavía? Pensó.

Pasado un buen rato volvieron los ruidos que le volvieron a despertar. Unos  ruidos que le taladraban la cabeza,  una y otra vez sin piedad. Y los movimientos desacompasados también llegaron. Como latidos.

Olía a azufre. Como si el propio Demonio estuviese mirándolo desde la puerta entreabierta que comunicaba con el pasillo. Fijamente.

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Las paredes del habitáculo cada vez le apretaban más y más. Haciendo insoportable la presión. Presión  que le producía un daño imposible de sobrellevar.  Casi no podía respirar. Tanto era el aplastamiento  que notaba que, paulatinamente,  se iba escurriendo hacia adelante. Irremisiblemente. Deslizándose poco a poco. Adonde iría? Adonde le llevaban? Dios mío! Dios mío!

Sudaba tanto, que estaba al borde del agotamiento. Deshidratándose enloquecido por el miedo. Observaba una y otra vez, los ojos con pupilas amarillas que -desde el pasillo- le vigilaban y acechaban. La fuerza opresiva era cada vez mayor y el desplazamiento hacia delante era implacable e irremediable.

Una débil luz, por fin, se divisa al final del túnel. A lo lejos. Se dirigía hacia allí flotando entre nubes densas y viscosas;   en dirección a un destino desconocido.

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Poco a poco,se fue haciendo más grande y cercana la luz de  la salida del túnel sofocante. Hasta llegar un momento en que, deslizándose rápidamente -sin esperárselo- cayó en una suerte de abismo liberador. Hasta que repentinamente, se sumergió un mar de agua cristalina y fresca que pareció devolverle la vida por un momento. Si alguna vez la había tenido.

Una somera tranquilidad lo invadió de pronto. Empezó a dejar de sudar y empezó a relajarse. Habría acabado todo? Habría llegado la muerte liberadora?

Flotaba mirando hacia arriba en un silencio y en una quietud  anhelada. Por fin la oscuridad estaba desapareciendo.

Muy despacio, poco a poco.

Contemplaba extasiado, en ese relax inesperado, un universo nuevo arriba que parecía tener vida propia. Un cielo de constelaciones de luces y colores y estrellas fugaces; con dos enormes satélites de color rosado que parecían flotar en el cercano firmamento alrededor de un planeta informe e imperfecto.

Vio, también, como se cerraba un enorme cráter por el que, intuía había salido. Una especie de agujero negro que le había devuelto generosamente a la vida. O a la muerte. También comprobó que empezaba a calarse y a deshacerse en ese mar último y liberador. Habría acabado la pesadilla? Volvió a preguntarse.

Repentinamente, de improviso, una enorme masa de agua le cayó encima despertándolo del éxtasis. Como una inesperada cascada de agua limpia y transparente que empezó a arrastrarlo en un vórtice sin fin  hacia las entrañas de donde fuese. Hacia el fin soñado durante esas últimas noches de pesadilla. Ahora si! Ahora si que estaba acabando todo seguro. Ahora si!! Se terminaron las noches inquietas. Había sido perdonado.

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Fue entonces, cuando, en un fugaz momento de lucidez, se dio cuenta de lo que estaba pasando. De quien era el en realidad, y de quien había sido siempre. Se dio cuenta, en el último estertor, en el último hálito de vida que le quedaba.

Y resignado y riendo a carcajadas ahogadas, se dejó llevar por la corriente, sabiendo -por fin- de que era solamente un sencillo, ingenuo e incauto mojón. Un  simple mojón de mierda.

Y allá se fue; riendo y seguido de una majestuosa,  numerosa y sinuosa manada de caballos blancos que parecían de algodón, o quizás, seguramente, de papel higiénico Scottex mojado.

Fin de la cagada.  (Vista desde dentro)

Nota del Autor:  Ahora estaría bien que volvieses a leerlo sabiendo quien es en realidad el protagonista.

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2 comentarios

  1. Magnifico, deberías publicar un libro de relatos.
    Un abrazo

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  2. Es buenisimo…pobre “mojón”…que angústia trasmíte…jejeje¡¡¡

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