ROCKBERTO. A 7.000 KILOS DE DISTANCIA

  

 

ROCKBERTO. A 7.000 KILOS DE DISTANCIA.

 “Pues si! Hay gente que piensa que nosotros somos  made in Hong Kong y lo que pasa es que no se enteran lo que es Tabletom”

Yo estoy completamente seguro que tenemos implantado, en nuestra memoria, una especie de contador de situaciones que nos sirve de referencia para posicionar nuestros episodios vitales. Nuestros recuerdos.

 Si hicimos, por ejemplo,la Mili en el año tal, de ahí partimos para hacer según que cuentas.

 En ese contador figura que mi primer disco de Tabletom me lo compré en 1980. Si me apuras en el 79. Mezclalina se llamaba. Disco, por otra parte, que presté y no me ha sido devuelto, y que- aún sabiendo quien lo tiene- no lo pienso pedir. Pues nadie mejor que el puede tenerlo, verdad cateto?

 Pero sigo; también estoy seguro de que tenemos otro contador, este de ausencias, que no solo -en determinados caso- nos sitúa temporalmente, sino que además, cuando ya la lista se alarga demasiado, nos da el timbre de alarma y nos señala de que no solo pesan los años y los kilos, sino que también nos indica el irremediable peso de lo cercano de nuestro destino en esta vida, que no es otro sino el cese de lo que ahora nos pasa.

 

Cuando esto sucede -la aceptación de que gente mayor que nosotros que nos acompañaba en nuestra niñez, incluso me atrevería a decir en nuestra adolescencia, pasan a peor vida- te lo tomas con resignación porque es el orden lógico de la naturaleza. Que con lo que Dios da y el Rey ofrece, no hay mas remedio que joerse.

 Pero cuando te das cuentas de que los que se van son,los que  han frecuentado tu vida mas cercana, la cosa te da que pensar. Ya sabes, eso de las barbas de tu vecino…

 Ahora le ha tocado a las barbas de Rockberto; el gran Rockberto de Tabletom, que por cierto pasaba mogollón de lo que le pudiera dar Dios o de lo que pudiera ofrecerle el Rey. Una persona que- sabiéndolo él- me acompañó en algunos momentos importantes de mi vida,  y que  – ignorándolo- me acompañó, en formato vinilo o en directo, muchísimos más de las que el podría imaginarse.

  Ahora se ha ido el incombustible Rockberto. Ese alguien que, yo sabía a ciencia cierta,  no era Made in Hong Kong. Y que por supuesto, ninguno de los suyos, estaban hechos en Japón.

 Le decía el otro día a sus “Hermanos” Perico y Gloria: Tu verás como sale, Perico! Que este ha salido de muchas y gordas. Pero Álvaro…es que esta es muy gorda -me contestó-  y si sale, no va a quedar mú católico. Aunque eso de católico, ya lo dábamos por hecho.

 Pero, inesperadamente, salió. A los dos días me dijeron que estaba ya fuera del hospital y que ya volvía a las andadas con todo lo que le habían prohibido. Ni fumar ni beber. Expresamente.

Somos duros…Somos tipos duros

 

Ayer domingo estaba yo con amigos comunes  en Bolonia (Cádiz) y un afecto me envió un escueto mensaje acompañado de un link: Rockberto nos ha dejado, decía este mensaje.

 Me estremecí y mientras se bajaba en mi móvil el articulo de la Opinión de Málaga -creo recordar que era, no me hagáis mucho caso- ya estaba comunicando a los colegas la mala nueva. Desde ese momento no pararon los mensajes y las llamadas de cantidad de amigos que, sabiendo que estábamos lejos, pensaban que no sabíamos la noticia.

 Pero, ya sabéis… estas,  -y si son malas más- vuelan;  y esa mañana un  viento de Levante inclemente, se había propuesto ayudar a transportarla a toda velocidad desde Málaga. Un viento agorero que nos amargó el fin de fiesta.

 

No voy hacer ningún panegírico sobre Rockberto, pues hay gente con mas don para esto del plasmar letras en un papel que yo. Pero si quiero decir, que sentí una punzada de dolor al conocer la noticia de su muerte. Porque tenía conciencia de que Málaga acababa de perder alguien que detentaba, sin habérselo propuesto siquiera, el poder de convocatoria, el cariño y la admiración de alguna que otra generación de Malagueños.

 Rockberto se paseaba por su ciudad sabiéndose querido por lo suyos, que éramos legión; sabiéndose admirado y respetado. Y esa admiración y cariño, y respeto, es directamente proporcional al dolor que produce su lejano y apresurado viaje.

 Tómate un cateto enLa Campana a nuestra salud, Rockberto !! Aunque sea a 7.000 kilos de distancia, que no es poco.

 

 

Y es que Dios no es la espiga ni el minuto,

ni la azarosa Historia y sus abismos.

Dios es la copa, el chute y el canuto :

Los martes trece de nosotros mismos

 

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Una respuesta

  1. Me ha encantado el artículo, muy buen retrato de lo que ha sido y, quizás sin saberlo, significa… Enhorabuena!

    PD – El video que has elegido, buenísimo también.

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