NIDOS PARA LOS ESTORNINOS

1292867829454NIDOS PARA LOS ESTORNINOS

Está un poco enclenque y bastante escuchimizado; moreno y arrugado de piel; maneja una desgreñada melena al viento cubierta, a veces, por una gorra de visera de publicidad incierta. También, y para arreglarlo ya del todo, posee una tristísima mirada que le proporcionan dos ojos profundos y oscuros. Apenas levanta –ese de quien hablo– un metro cincuenta del suelo y si pesara más de cuarenta kilos ya serían muchos y demasiados. Podría ser la definición perfecta del descorazonamiento y del desánimo, pero no se lo vayan Uds. a creer del todo.

11924675id

Todos los días paso junto a él y ni tan siquiera lo saludo. Maleducadamente. Por no hacer nada, tampoco lo miro a la cara cada día que me lo cruzo, que son todos. Y esa circunstancia, no tengo más remedio que admitirlo, me abochorna soberanamente.

Y saben Uds. porqué no lo saludo? Saben Uds. porqué no lo miro a la cara cada día que me lo cruzo que son todos? Pues porque no nos ha intervenido esa formalidad convencional, precisa y necesaria, que es la presentación. Nadie nos ha presentado. No lo conozco absolutamente de nada. Si no fuese porque todos los días lo veo allí sentado, en la acera o en un escalón, esperando no se sabe bien el qué. Ya sé que nadie nos ha presentado, nadie; pero cada día nos encontramos, él sentado en la diminuta atalaya de su escalón, y yo pasando junto a él como si fuese un inmenso y antipático fantasma.

images

Para mi descargo y justificación, me digo que yo no puedo ir saludando a todas las personas con las que habitualmente me cruzo. Por ejemplo: Hay un par de tiendas vacías con sus aburridos dependientes apoyados en la puerta a los que veo siempre; hay también un carrillo de chuches que no es el oficial (el que regenta mi amiga María la gitana) a cuyo propietario también le evito la mirada porque nunca le compro nada; jamás entro en unos cuantos bares tristes –porque no llegan a despegar del todo– y, porque, además, tengo el mío de cabecera. No somos amigos entre nosotros, puesto que, a pesar de vernos cada día que son todos, nadie nos ha presentado y, por consiguiente, ninguno nos saludamos. Pero extrañamente, cada día que me cruzo con el de la mirada oscura –y lo ignoro– se me cae la cara de vergüenza.

estor 2

Ya os digo que es enjuto y canijo y además añado que se busca la vida a base de una enorme paciencia –adornada de frío y humedad o de un intenso calor– en una interminable e improductiva tarea. Me lo encuentro cada día en la puta calle que es su lugar de trabajo. Una calle en medio de un polígono industrial sin presente ni futuro y con un pasado seguramente nada glorioso.

Se sienta este hombre, ya lo he dicho, en el escalón de una puerta lateral de una nave de una enorme cristalería al por mayor, y se sienta –y se siente– el gobernador representante de su particular trozo de acera. Más que nada, porque lo es. También vigila –y hace suyo– un enorme contenedor de desechos por lo que pudiera caer. Allí, sentado casi en el suelo, con la ayuda de una pocas herramientas (un destornillador y un martillo, y poco más) va desguazando con infinita parsimonia los muebles y los electrodomésticos que el resto de los mortales tiran al contenedor cuando ya están absolutamente inservibles. El canijo, con una meticulosidad exasperante, va sacando los pocos despojos que le procuran los cadáveres metálicos para venderlos y sacarse muy pocas monedas que le servirán para el sustento diario. Tornillo a tornillo; lamento a lamento; día a día que son todos.

estorninos-f-goiriz-03-11-2007-2-006-26

Tiene tiempo de sobra mientras llega el botín. Incluso para tejer–con tiras de plástico que él mismo elabora y saca de garrafas de plástico– diminutos nidos que cuelga en los ficus que jalonan la calle para que los estorninos, que pululan por la zona, aniden más cómodamente.

Mañana, sin falta, voy a empezar a saludarlo; aunque nadie nos haya presentado. Porque ya no me hace falta. Y estoy seguro, que el agradecerá mi saludo, y yo, agradeceré aún más el suyo. Porque me encanta, sobretodo, que en sus muchos ratos libres –y sin que nadie le obligue a ello– fabrique nidos para los estorninos y los cuelgue de los árboles para que aniden.

***

_estorninos_1_96ca2876

***

separador

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: