LUIS DE PASAPALABRA

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LUIS DE PASAPALABRA.

Uno de mis programas favoritos de la tele (casi el único), es un concurso llamado Pasapalabra.

Pasapalabra es un programa que suelo ver y disfrutar a menudo porque me permite una interactividad amena y agradable; y también –cómo en todos los juegos– una cierta competividad y pugna con el concursante de turno. Aunque en la mayoría de los casos, la batalla la tengo perdida.

Ahora, acaba de llevarse “el rosco” un participante llamado Luis. Un tipo sonriente y simpático.

Una persona que no se corta en nada y con nada; con un inexistente sentido del ridículo; principalmente, porque le precede y avala una profunda capacidad cultural y formativa. Luis tiene cara de ser buena persona. También tiene aspecto de ser muy cabezota y recalcitrante; es Inspector Jefe de la Comisaría de la Policía Nacional de Manacor. Un tipo –este maño– que, a fuerza de verlo reír franca y abiertamente, de cantar –aparcando el pudor– con decisión y, sobre todo, de contestar –súper concentrado– eficaz e impecablemente, te llega a caer muy bien.

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Como Paz, una mujer sencilla, discreta y campechana que se llevó el penúltimo Bote. O cómo Laura, una chica de preciosos ojos que aparte de ser “un coco” hablaba élfico; Todos ellos, se adivinan personas amables y condescendientes ; cómo suelen ser los grandes; sin ínfulas y aires de engreimiento.

Y volviendo con Luis –y aclarando, que no es la finalidad de este post el hablar ni del concurso, ni de sus concursantes– Luis, también escribe. Libros; bueno, por ahora sólo uno publicado y otro que está preparando. Una novela: “El Inspector que ordeñaba vacas” se llama su primera obra, y aunque, llevando apenas un 20% de lectura (cosas de la tecnología eso del tanto por ciento) y que con semejante porcentaje nunca me atrevo a recomendar ningún libro, este, pinta muy bien y me está dando muy buenas sensaciones. Así que ya está al caer la recomendación. Una historia bicefálica ésta, en la que se combina una trama policial con una serie de reflexiones muy convenientes y oportunas cómo la que ahora, más adelante, podréis leer.

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Luis Jesús Esteban Lezáun (Zaragoza 1972) que así se llama el concursante, escritor, abogado y policía, dice esto que, al fin y al cabo, es el motivo principal de este post.

“Trato de concentrarme en el presente, disfrutando de la belleza y la dicha que el día de hoy pueda ofrecerme. Durante el transcurso de las peripecias que os estoy relatando, aprendí que la felicidad reside en el ahora. El pasado sólo trae melancolía y el futuro ansiedad. El concepto «tiempo» es una trampa que la mente nos tiende para distraernos del presente y así poder jugar a su antojo viajando por un pasado que ya no existe y por un futuro que, tal vez, jamás llegue a concretarse. Sólo existe, con certeza, el presente. Y aquel que logre centrar su cuerpo, su mente y su espíritu en el momento actual, aquel que consiga escapar del juego insidioso de la mente, podrá disfrutar de la vida, porque vivir es estar aquí y ahora.”

Verán Uds… Siendo dialécticamente cierto el párrafo anterior y no discutiendo que sería magnífico actuar así cómo lo indica el autor, no estoy de acuerdo en todo lo que dice… Yo, no es que trate de concentrarme exclusivamente en el presente –gravísimo error, el que tengo que reconocerme– sino que también apoyo mi existencia, en cierta medida, en el pasado; porque ese pasado configuró este presente que a su vez, me prepara para el futuro.

El pasado. El pasado no sólo trae melancolía (que tampoco es malo); trae rememoración afectiva y recuerdos entrañables. Trae cariños y amores que se fueron y que merecen permanecer en nuestra memoria para que, lo que se fue, perdure. El pasado es el maestro que te dicta las lecciones que tú deberás de impartir a los que vienen detrás de ti. El pasado –en su fase de evocación nostálgica– es uno de los sentimientos más placenteros –por lo que tiene de agridulce– que se puedan sentir.

El futuro. Lo que tiene que venir. También trato, equivocadamente supongo, de prever de alguna manera ese futuro inmediato que me imagino cómo me ha de llegar; cosa ésta bastante difícil. Aunque no se crean, que hay maneras. Que te digo yo…pagándote un buen plan de jubilación (en mi caso es casi anecdótico) que te cubra esas espaldas que apenas te tapan la Seguridad Social o teniendo un trato cordial con los amigos y con la familia (esto sí que lo hago) para procurarme una vejez rodeada de gente que me quiera y aprecie. Que me proporcione compañía, solaz y divertimento.

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Pero si quiero decir que estoy muy acuerdo con Luis en una cosa: en que hay que saber vivir el presente; pero ignorando, añado yo, a determinados miserables (siempre, los hay) que te tocan en el injusto sorteo de la vida. Porque estas indeseables y abyectas personas –dignas de olvidar y de recluir en el departamento del desprecio y del olvido– tratan de jodértela continuamente; porque ellos, amargados de sí mismos, son víctimas de su propia maldad e intransigencia; de su propia podredumbre existencial. Y la vida, de la misma manera, así les paga. No tengan ellos, la menor duda, de que la vida es tan roñosa y cicatera, cómo agradecida y generosa. Que todo lo paga y todo lo cobra. Afortunadamente.

Por cierto, ya les puedo recomendar que se lean “El inspector que ordeñaba vacas”.

***

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3 comentarios

  1. Magnifico y generoso tu análisis sobre este gran tipo, mi compañero el I.J. Luis Esteban!

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