EDUBEA

EDUBEA.

“Para Lú. Amor imposible de todo un escalón”

 

Debo de tener una cierta intolerancia hacia Eduardo Guille, mi Amigo. Porque cada vez que tenemos una  reunión en el 4ºM, una parte de mi memoria -la final afortunadamente- no retiene ni lo hecho, ni lo dicho, ni lo vivido. La naturaleza, que es tan sabia como generosa.

Y sé -estoy seguro de eso- que es una intolerancia, porque cuando la reunión con ellos, se celebra el 5º4 me pasa lo mismo. Y no creo que sea por esa incontenible avalancha de chupitos que libamos en una especie de guerra sin cuartel contra la botella hasta su total aniquilación. No creo que sea por eso; o sí, no lo sé. Bueno sí.

About my Beita:

Nada más puedo decir de Beatriz Taillefer que no sea otra vez lo mismo. Solo insistir en que es el arquetipo de la atención. De las buenas maneras, y de la cortesía. Por eso, tuvo la delicadeza de retirarse a sus aposentos cuando su pareja, Eduardo y el que expone, abandonados a la batalla perdida contra el enemigo Barceló, tomaron como rehenes al banjo el uno. A la guitarra acústica el otro.

Así que, poco puedo contar que no esté mediatizado por cierto poso de desazón de 40º a la sombra de la resaca. Pero aprovechando esa inveterada costumbre que he adquirido a lo largo de más treinta años de trabajos forzados, que no es otra que el madrugar, voy a exponer e intentar reconstruir y ordenar las cosas que, envalentonado por el veneno, anoche le dije cuando el pudor y las buenas maneras, habían saltado por la ventana y paseaban cuatro pisos mas abajo entre olores a hojas restregadas del  árbol de la  pimienta.


Todo empezó con su petición de auxilio y asesoramiento para su próximo viaje a Nueva York.

Una velada que debía de tener una duración aproximada de dos o tres  horas; ese era el límite que me había fijado yo, y que al final – para que veas como son las trampas de la amistad- se transformó en un festejo lleno de recuerdos hacia tiempos ya lejanos y un con-cierto homenaje al de Duluth. Guitarra, banjo y armónicas. Solo mediatizado, por el respeto que se le debe y se nos supone a los vecinos.


La preparación y el afianzamiento del precioso viaje, que les espera a mi querida pareja de amigos,  estuvo acompañado de un fantástico Carpaccio de ternera, un delicioso patedefuá y otros manjares. La Taillefer, prudente como siempre -aunque menos que otras veces- acompañó la manduca, como debe de ser, con vino tinto que es lo realmente pegaba. Pido perdón por olvidarla siempre en los brindis, cosa que ella enmendaba de inmediato. Los leones de la manada, irreflexivamente, continuábamos con chupitos de ron, que es como acostumbramos Edu y yo a celebrar nuestros mágicos momentos de reencuentros. Malacostumbre, esa de los chupitos, rediós! Bueno, tampoco tan mala, que diantres!

Sólo le pido a Baco y a Dionisos que me permita citar las reconvenciones adornadas de reprimenda que le hice anoche -y que le recuerdo- por si su estado es al menos, la mitad de la mitad de la mitad, del que yo me encuentro ahora; 10.43 de la mañana del día después. A Hard Day’s Night.

 

Así que ahora le digo, que no tire- como anoche le sugería- el banjo. Pero que desista de su intención de vender el que tiene – una magnífica pieza- para comprarse otro. Que lo haga y se compre otra.

Que dedique su tiempo a perfeccionar- aún más si cabe- esa danza que él ejecuta de manera magistral, que no es otra cosa que el arpegio; que  se dedique plenamente a las guitarras acústicas ( Pongo el plural adrede, porque ahora tiene cita obligada en la calle 48). Que acompañe el retiro y la soledad del banjo con las dos demoníacas armónicas en FA y en SI y que aumente su repertorio con blues en MI soplando la bicha de LA.

Que lo haga así, cohoness, que lo haga. El fue quien me enseñó a bailar los dedos entre las seis. El fue quien me enseñó a transformar el aire en música. Así que esto, casi no es una petición. Es casi una orden, porque el derecho y la antigüedad en el cargo de Amigo me asiste.

También, aprovechando el estado poca-ninguna vergüenza, le pedí sugiriese a Bea  -Maestra de la  luz y del color- me volviese a pintar una acuarela muy pequeñita para el libro que -una vez corregido por Damas Flores- vea la luz, espero, con mis relatos de humor.

Ahora sé, con toda seguridad, lo que quiero que me pinte. Ahora lo sé. Quiero que extraiga de su retinas un trozo de Central Park. Sin edificios que distraigan la mirada; solo ese cocktail de tonos verdes, marrones, rojos y ocres que configuran el otoño neoyorquino. Luminoso, brillante, como ella acostumbra. Su dibujo es el prolegómeno visual de la mayor parte de mis relatos: El llamado Miscelánea. Y debe de dar el tono alegre que se le supone a lo que viene. Así que Edu…Ya sabes lo que te dije anoche -cuando navegábamos en el mar confuso de la embriaguez- respecto al dibujo de Bea, ahora te lo recuerdo y, además te doy el motivo.

También Eduardo, me hizo un  fantástico regalo que adornará mi Muro de los Afectos.

Un precioso grabado realizado por el mismo: El 9/50. Debidamente rubricado. Doblemente rubricado, pues figura no solo la firma del autor, sino además, una marca de presión -no se como se llaman realmente- que no es otra cosa que el recuerdo que tengo en mi cabeza de Don Eduardo. Un elegantísimo sombrero; como el que llevaba siempre -con una inigualable distinción- su padre.

Ya está dicho todo. O casi. ¿Porque he dicho que los dos amigos pintores son – entre otras cosas- formidables retratistas? Lo acabáis de comprobar. Las imágenes que habéis visto acompañando este escrito, son algunos de sus trabajos. El que encabeza este post, – Balneario del Carmen- es el 9/50; el regalo que me hizo ayer. Un millón de gracias de nuevo.

Impagables. Bueno, en mi caso si que están pagados. Con la amistad, el cariño y la benevolencia que me dispensan. Yo a ellos. Guille y Taillefer. Edubea.

Si queréis volver a ver una parte de sus trabajos, podéis hacerlo desde aquí:

https://fathergorgonzola.com/2010/05/06/eduardo-guille-pinturas/

https://fathergorgonzola.com/2010/11/01/de-vuelta-con-eduardo-guille/

https://fathergorgonzola.com/2010/08/21/beatriz-taillefer-portraits/

Volved a disfrutarlos!!!

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DE VUELTA CON EDUARDO GUILLE

DE VUELTA CON EDUARDO GUILLE.

 Otra vez con el amigo Eduardo.

 Cuando hice la presentación pps de Beatriz Taillefer llamada Portraits (Retratos) sabía que habría una segunda entrega de las pinturas de Edu, pero solo de retratos. Estaba seguro de que así sucedería.

He esperado un cierto tiempo para poder tener acceso al determinado número de imágenes que me proporcionara la duración debida de dicha presentación.

 Ahora, afortunadamente, ese tiempo ha llegado. Y así lo he hecho: Recopilar el material necesario. Fantástico material, como podréis comprobar.

Los retratos de Edu, son de una belleza innegable, y ser poseedor, además, de uno de ellos es un orgullo y un privilegio. Y sé de lo que hablo amigos. Sé de lo que hablo.

 No solo me ha servido la elaboración de este trabajo, para observar muy mucho y detenidamente los antiguos y nuevos retratos de mi – en tiempos- compañero de viaje. También me ha servido para que Eduardo Guille, tenga sala  propia en el espacio  de mi blog llamado Ateneo’s (Alas con Secuencias) Me encanta, que quieres que te diga.

Me encanta tanto como que el autor de estos retratos, mi amigo el pintógrafo, haya decidido no solo desempolvar el ejercicio acústico con la guitarra, sino además, que vuelva a sus raíces con el toque de armónica. El fue mi maestro en este arte, ya lo dije en su día. Y todavía, estamos esperando esa dura lluvia que va a caer. It’s a hard rain gonna fall.

La próxima vez que nos veamos, juntos le daremos un nuevo repaso a Dylan, pero esta vez con dos voces armónicas.

 Para este trabajo, me he permitido el detalle de la soberbia. El detalle de poner como cabecera, el retrato que el – tan generosamente- tuvo a bien el regalarme tocando dicho instrumento: Playing Harmónica.

 Contentostói.

 Si queréis contemplar este trabajo, podéis hacerlo y guardarlo desde aquí:

http://cid-9b5ad4b7dbd9e872.office.live.com/self.aspx/EDUARDO%20GUILLE.%20RETRATOS/EDUARDO%20GUILLE.%20RETRATOS.pps

 Que lo disfrutéis.

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