MALAGACUARELA

MALAGACUARELA

Tengo una especial predilección por la técnica artística pictórica denominada “Urban Sketcher”. Muchos la conocerán. Me introdujeron en este ámbito dos queridos amigos  –ambos máximos exponentes en el grupo de Málaga– como son Javier Rico y Luis Ruiz Padrón.

La frescura de dichos dibujos, la inmediatez en la realización y el colorido del resultado, me cautivaron desde el primer de los primeros momentos. Ya saben que dichos trabajos se realizan a pie de calle y sobre unos cuadernos (las muchas veces sin sentarse) y empleando trazos que retratan el paisaje elegido y que se visten de colores a base de aplicar acuarela al dibujo resultante. Todas esas circunstancias: La frescura, la inmediatez, el colorido, y, sobre todo, la franca camaradería que se respira en estos grupos de amigos artistas, hacen –ya lo he dicho repetidamente– que sea un impenitente y fervoroso admirador de esta interesantísima técnica y de sus preciosos y apreciados resultados.

Pues bien; casualmente, llega a mis ojos una serie de dibujos, que con temática malagueña, mi querido y viejo amigo Eduardo Guille ha elaborado recientemente. Él no lo sabe todavía, pero como dispongo de su permiso eterno, abusando, le he mangado su trabajo y lo cuelgo en este blog –que es tanto suyo como mío– para el disfrute de aquellos que tengan el privilegio de dedicar unos minutos a contemplar preciosos rincones de Málaga dibujados por este –y no me canso de repetirlo– querido y viejo amigo.

Disfrutadlos.

 

 

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EL OJO DE CURRI

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EL OJO DE CURRI

Muy en consideración debo de tener yo a unos amigos para permitir que me “obliguen” a salir, con estos terrales inclementes y despiadados, a la hoguera de la calle. Mucho debo de quererlos para arriesgarme al síncope por calor. Pero acudir a la exposición de mi admirado y querido amigo Andrés Mérida y cumplir con la cita concertada -al día siguiente- con mi entrañable Curri Guille, ambos artistas de la brocha y el pincel, merecía la pena. A pesar del suplicio térmico, y la amenaza del golpe de calor, me merecía muy mucho la pena.

Lo de Curri, tenía un fin benéfico. Benéfico para mí, pues ésta había prometido regalarme una acuarela que a mí me encantaba. Como quiera que la benefactora había bajado desde Unter-Stammheim, Schaffhausen (pronúnciese con una castaña pilonga bajo la lengua) allá por las tierras planas de Helvecia para pasar unas cortas vacaciones, aquí en Málaga -en el Reino de Conde Ureña- quedamos citados para la entrega de la donación a las trece horas en punto del maldito e infausto terral en la Cafetería Bar Samoa que tantos recuerdos nos traía a ambos. Y así fue y allí quedamos.

Puntual cómo suelo ser cuando me dejan -y en bajada de Mérida- me presenté en Samoa con los “suóres de la muette” para recibir las dos dádivas: la presencia de Curry -y en menor medida- la acuarela prometida. Un ojo, para más señas.

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Llegó Curri acompañada de una delicia de ojos cristalinos y boca culopollo que no estaba por regalar risas así como así, dado que su madre le había dado la mañana leyéndole la cartilla en un perfecto alemán victoriano. Danielle; una preciosidad no apta para diabéticos.

Cocacolas y aguas para empezar. Charlamos amistosamente y esperamos la apreciada presencia de Eduardo Guille y de su Santa Taillefer (una debilidad que tengo que reconocerme) para que se unieran al comité.

Rememorar tiempos pasados del Reino de Conde Ureña, siempre es un placer para mí. Por los recuerdos inolvidables que mantengo; por las amistades que todavía perduran a pesar del tiempo transcurrido. Por las anécdotas que no pierden vigencia. Esta reseña -sin ninguna significación ni transcendencia para el resto de los mortales ajenos a los que estuvimos- no tiene ninguna intención ni alcance que no sea el de certificar mi agradecimiento a Curri por su regalo; a Edu y a Bea por su comparecencia y a Danielle, por su mirada transparente y su nariz manchada de pecas, que fue la que realizó las fotos que ahora estáis viendo.

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Gracias a todos ellos. La amistad bien conservada y mantenida, bien vale un Terral. Aunque sea un Terral inclemente y terriblemente despiadado.

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UNA NOCHE EN EL BALNEARIO

UNA NOCHE EN EL BALNEARIO

SÓLO UN MOMENTO.

Cada vez que acudo a un concierto del grupo amigo “Sólo un Momento” me acompaña no solo la intención y el deseo de oír el repertorio de estos músicos; sino también el agradable sentimiento de cariño que siento hacia cada uno de sus componentes. Hacia mi querida familia amiga sobretodo. Si!, esa misma: La del Pelúo!

Ellos, me imagino, acudirán a su propio concierto temblando. Y digo eso de temblando, porque están seriamente considerando el cachearme antes de cada actuación por si el que suscribe llevase escondida entre sus ropajes, esa armónica letal rompetemas;  esa misma que, a base de resoplidos disparatados, sorpresivamente, boicotea  la actuación a base de solos nada ensayados en ese diabólico y perverso instrumento de viento que Alá confunda.

Consideran también -los “Sólo un Momento”–  poner guardia de seguridad en los accesos o, en su caso, disponer pasquines con mi retrato en cada uno de los rincones de los alrededores donde se celebrarán estos conciertos. También, alguien del grupo –me temo que la deliciosa Sole Villalba o mi querido Girilín-  han sugerido el amputarme los labios.  No es mala idea, al fin y al cabo;  pues así, de ese modo, mi vida transcurriría en una eterna y  perenne risa forzada. Que al menos, es risa.

Eso, o cambiarse el nombre a “Sólo un Momento & The Inesperated” (Unexpected, en realidad)

Fueraparte chascarrillos y bromas (que todo o anterior es mentira), la realidad, es que  cada vez que acudo a un recital, me lo paso fantásticamente bien; porque no solo es espectáculo lo que ofrece este grupo, es también la sobremesa posterior.

“Solo un Momento”, es un cúmulo de disciplinas artísticas que se reúnen en un escenario. Poesía, música, teatro y danza. Una placentera combinación  que debiera, que tendría que oírse y contemplarse en recintos adecuados; aquellos donde la nefasta acústica , no estropease  -en parte- el sonido fantástico que esta banda desplegó –pongamos por caso- en su concierto del pasado mes de Febrero en el Teatro Echegaray de esta ciudad.

El amigo pintógrafo Eduardo Guille ha tenido el detalle de enviarme una colección de fotos realizadas esa noche durante el concierto desarrollado en El Balneario del Carmen. De entre esas, yo he entresacado algunas que componen la presentación en Power Point que viene ahora.

Todo el grupo al completo en estas fotos – y como no podía ser menos- el maletilla intruso también.  Que para eso se lo curra. Digo lo de subirse al escenario sin que nadie lo llame. Por la puta cara. Que después hay que echarlo abajo con agua caliente. Jirviendo, diría yo! Ya me callo!.

Si queréis bajaros esta presentación, podéis hacerlo desde aquí:

https://skydrive.live.com/redir.aspx?cid=9b5ad4b7dbd9e872&resid=9B5AD4B7DBD9E872!2419&parid=root

Que la disfrutéis. Yo ya lo he hecho dos veces; arriba y abajo.

Just a Moment. In Concert!

 

 

 

…///…


NEW YORK CITY. EDUARDO GUILLE

NEW YORK CITY.

EDUARDO GUILLE.

Se lo advertí muchas veces. No vayáis a Nueva York, queridos…Os romperá el corazón!

Pero no me hicieron caso, y , a pesar de la advertencia, reservaron billetes y vuelos, y para allá se fueron haciendo caso omiso del consejo.

Un par de semanas antes, fui a cenar -y a beber- a su casa para tomarles la lección. Para comprobar si habían hecho bien los deberes que les había encomendado para preparar su viaje…Y vaya si lo habían hecho.

Así que entre chupito y chupito, fuimos limando un planning que ya tenían mas o menos elaborado. Consejos  acerca de lo que no debían perderse e insistir muchísimo (aunque maldita la falta que hacía) a Edu para que se comprase una guitarra Martin & Co.

Pero yo intuía, me rumiaba, que les estaba haciendo más mal que bien. Porque sabía yo -por experiencia propia- que volverían con el corazón roto y con el virus de la vuelta ineludible e incurable (dos años les doy) inoculado para siempre en sus memorias.

Y digo que les hacía más mal que bien, porque dos artista de la talla como lo son el pintógrafo Guille y la deliciosa pintora y retratista Taillefer, no podían venir sino heridos de muerte en el ánimo con una impenitente sobredosis de nostalgia por la ciudad visitada.

Yo estaba feliz con ese viaje que ellos iban a emprender. Sabía que Beatriz traería una visión muy especial de Central Park para mi. Y sabía -muy mucho me lo temía también- que Eduardo me proporcionaría una serie de fotografías de la ciudad que tanto amo -y ahora ellos también- que avivaría la, por ahora imposible, vuelta a Nueva York. Ya se sabe: los Gorgonzola no entendemos la Citysi no es en comandita, y eso -hoy por hoy- es un Harakiri económico.

Eduardo Guille me sugirió  -con esa cara que pone de “Por favor, si a ti no te importa…” que elaborase esta entrega con una selección en blanco y negro de su trabajo fotográfico. Para que el color no distorsionase la imagen retratada.

Yo dudé, porque las mismas instantáneas que componen esta presentación, en su versión color, transmiten una alegría formidable e imponente.

Pero tengo que reconocer que la elegancia y la belleza del blanco y negro es indiscutible.

Así que me puse manos a la obra y este es el resultado. Un resultado nada gratuito y que me ha resultado muy duro el hacerlo; pues me ha costado mucho el contener la emoción de descubrir los rincones nuevos. De rememorar los  rincones de siempre. Mucho me ha costado teniendo en cuenta que compartimos – aunque en distintos años- la misma época de visita: Halloween; cuando el frío del  otoño neoyorquino está empezando a pintar de marrones, ocres y rojos los árboles del Literary Walk o The Lake: los alrededores de Bethesda Fountain y del Boathouse.

De todo Central Park.

Pero, como de naturaleza soy un entrañable ser vengativo, no me he podido reprimir el realizar, yo también, esta presentación -incluido textos, portada y la firma final- en rigurosa ausencia de color. No querías Blanco y Negro? Ahí lo llevas!

Y para joder mas al autor de las fotografías, -amigo desde los principios que es- también le pongo, como banda sonora al trabajo, una tristísima -pero bellísima- canción de nuestro mas querido amigo para que acompañe la sobriedad de este trabajo.

Queridos todos. New York City por Eduardo Guille.

Disfrutadlo!!

Si queréis, podéis bajaros este trabajo desde aquí:

https://skydrive.live.com/redir.aspx?cid=9b5ad4b7dbd9e872&resid=9B5AD4B7DBD9E872!2398&parid=root

Lo dicho, disfrutadlo!!

EL MURO DE LOS AFECTOS

EL MURO DE LOS AFECTOS


Aquel que siga este blog, habrá alguna vez leído algo acerca de mi “Muro de los Afectos” ¿Y que es eso del Muro de los afectos? Se preguntará la mayoría.

Pues es -nada más y nada menos- que un muestrario de cariño; un repertorio de amistad y fidelidad. Un lugar privilegiado en mi guarida personal donde colgadas de las paredes -que ya son dos- están eternizadas las muestras de afecto que, en los últimos y no tan últimos tiempos, he estado recibiendo de mis buenos amigos, que son -felizmente- muy muchos.

Una sala de trofeos incruenta donde la palabra afectuosa se codea con los dibujos; la tinta con la pintura. El grabado con la fotografía. Y la prosa… con la poesía. Hasta la música, si nos ponemos.

Firmas y dedicatorias en sus trabajos que no son sino ofrendas generosas que me hacen los incondicionales y que me llenan de orgullo. De satisfacción y de honra.

De esa manera, cohabitan -todos los afectos- en una especie de comunidad de vecinos bien avenida que tienen como vínculo la amistad que a mí me pertenece.

Una reunión mágica donde Luis Centeno vecindonea con Miguel Ángel Cumpián a causa de dos preciosos poemas. También lo hacen -mientras les reprende por eso de la métrica-  con el mismísimo Juan Miguel González que recuerda a Álvaro Souvirón, en la parada del 15 preparándole su menú para la cena de cumpleaños a base de Basiliscos Tritones y Pegasos. Un Chicharro-perdiz y un boquerón indómito anchoado.


Asiste a la cena Antonio Abril. No solo con caricaturas y otros dibujos, sino, además, con la única foto íntima y personal, que he colgado y colgaré en este Muro. Si él no estuviese ”En presencia física” no estaría plenamente justificado en este Muro, el  calificativo “Afecto”

Jose Luis “Tato” Zambrano tiene también un sitio en el muro de enfrente con su trabajo. Y  no para de hablar con un Noni Gaviño: “Para mi especial amigo Álvaro, por lo que de especial tiene”. Otro cantamañanas que tuvo la poca delicadeza de abandonar este mundo sin pedirle permiso a nadie. Ni tan siquiera a sus amigos. ¡Y ya van dos!

Una foto de Brooklyn dedicada por el fotógrafo barcelonés Josep Marin  -mi Azafata`s Brother- va sumándose a estas muestras de cariño. Sin olvidar una mención especial y cariñosísima de mi Directora de la Escuela Oficial de Idiomas y un dibujo a lápiz y ceniza de Andrés Mérida que no es sino el representado de su íntimo Juan Rambla. Él, sobrino putativo que es, que es el que se lleva la parte de mi afecto y que sabe que, todavía mantiene conmigo un compromiso adquirido..

El precioso grabado de mi querido Eduardo Guille, el 9/50. Que pronto estará junto al Taillefer otoñal neoyorquino. Y un “Con cariño para mi amigo Álvaro, de Perico”. Del Tabletom Ramírez

Una pared llena de aprecio y de estima; de ternura y de consideración. Unas paredes -porque ya son dos en el mismo cuarto- y que van perdiendo el blanco porque están, poco a poco, siendo conquistadas por los agasajos que acompañan a tantos años de amistad. Muchos años de ternura que ocupan el lugar debido no solo en mi memoria para siempre, sino también, el lugar de honor que les corresponde: En mi Muro de los afectos. Una guarida muy acogedora y entrañable para compartirla con viejos amigos.

EDUBEA

EDUBEA.

“Para Lú. Amor imposible de todo un escalón”

 

Debo de tener una cierta intolerancia hacia Eduardo Guille, mi Amigo. Porque cada vez que tenemos una  reunión en el 4ºM, una parte de mi memoria -la final afortunadamente- no retiene ni lo hecho, ni lo dicho, ni lo vivido. La naturaleza, que es tan sabia como generosa.

Y sé -estoy seguro de eso- que es una intolerancia, porque cuando la reunión con ellos, se celebra el 5º4 me pasa lo mismo. Y no creo que sea por esa incontenible avalancha de chupitos que libamos en una especie de guerra sin cuartel contra la botella hasta su total aniquilación. No creo que sea por eso; o sí, no lo sé. Bueno sí.

About my Beita:

Nada más puedo decir de Beatriz Taillefer que no sea otra vez lo mismo. Solo insistir en que es el arquetipo de la atención. De las buenas maneras, y de la cortesía. Por eso, tuvo la delicadeza de retirarse a sus aposentos cuando su pareja, Eduardo y el que expone, abandonados a la batalla perdida contra el enemigo Barceló, tomaron como rehenes al banjo el uno. A la guitarra acústica el otro.

Así que, poco puedo contar que no esté mediatizado por cierto poso de desazón de 40º a la sombra de la resaca. Pero aprovechando esa inveterada costumbre que he adquirido a lo largo de más treinta años de trabajos forzados, que no es otra que el madrugar, voy a exponer e intentar reconstruir y ordenar las cosas que, envalentonado por el veneno, anoche le dije cuando el pudor y las buenas maneras, habían saltado por la ventana y paseaban cuatro pisos mas abajo entre olores a hojas restregadas del  árbol de la  pimienta.


Todo empezó con su petición de auxilio y asesoramiento para su próximo viaje a Nueva York.

Una velada que debía de tener una duración aproximada de dos o tres  horas; ese era el límite que me había fijado yo, y que al final – para que veas como son las trampas de la amistad- se transformó en un festejo lleno de recuerdos hacia tiempos ya lejanos y un con-cierto homenaje al de Duluth. Guitarra, banjo y armónicas. Solo mediatizado, por el respeto que se le debe y se nos supone a los vecinos.


La preparación y el afianzamiento del precioso viaje, que les espera a mi querida pareja de amigos,  estuvo acompañado de un fantástico Carpaccio de ternera, un delicioso patedefuá y otros manjares. La Taillefer, prudente como siempre -aunque menos que otras veces- acompañó la manduca, como debe de ser, con vino tinto que es lo realmente pegaba. Pido perdón por olvidarla siempre en los brindis, cosa que ella enmendaba de inmediato. Los leones de la manada, irreflexivamente, continuábamos con chupitos de ron, que es como acostumbramos Edu y yo a celebrar nuestros mágicos momentos de reencuentros. Malacostumbre, esa de los chupitos, rediós! Bueno, tampoco tan mala, que diantres!

Sólo le pido a Baco y a Dionisos que me permita citar las reconvenciones adornadas de reprimenda que le hice anoche -y que le recuerdo- por si su estado es al menos, la mitad de la mitad de la mitad, del que yo me encuentro ahora; 10.43 de la mañana del día después. A Hard Day’s Night.

 

Así que ahora le digo, que no tire- como anoche le sugería- el banjo. Pero que desista de su intención de vender el que tiene – una magnífica pieza- para comprarse otro. Que lo haga y se compre otra.

Que dedique su tiempo a perfeccionar- aún más si cabe- esa danza que él ejecuta de manera magistral, que no es otra cosa que el arpegio; que  se dedique plenamente a las guitarras acústicas ( Pongo el plural adrede, porque ahora tiene cita obligada en la calle 48). Que acompañe el retiro y la soledad del banjo con las dos demoníacas armónicas en FA y en SI y que aumente su repertorio con blues en MI soplando la bicha de LA.

Que lo haga así, cohoness, que lo haga. El fue quien me enseñó a bailar los dedos entre las seis. El fue quien me enseñó a transformar el aire en música. Así que esto, casi no es una petición. Es casi una orden, porque el derecho y la antigüedad en el cargo de Amigo me asiste.

También, aprovechando el estado poca-ninguna vergüenza, le pedí sugiriese a Bea  -Maestra de la  luz y del color- me volviese a pintar una acuarela muy pequeñita para el libro que -una vez corregido por Damas Flores- vea la luz, espero, con mis relatos de humor.

Ahora sé, con toda seguridad, lo que quiero que me pinte. Ahora lo sé. Quiero que extraiga de su retinas un trozo de Central Park. Sin edificios que distraigan la mirada; solo ese cocktail de tonos verdes, marrones, rojos y ocres que configuran el otoño neoyorquino. Luminoso, brillante, como ella acostumbra. Su dibujo es el prolegómeno visual de la mayor parte de mis relatos: El llamado Miscelánea. Y debe de dar el tono alegre que se le supone a lo que viene. Así que Edu…Ya sabes lo que te dije anoche -cuando navegábamos en el mar confuso de la embriaguez- respecto al dibujo de Bea, ahora te lo recuerdo y, además te doy el motivo.

También Eduardo, me hizo un  fantástico regalo que adornará mi Muro de los Afectos.

Un precioso grabado realizado por el mismo: El 9/50. Debidamente rubricado. Doblemente rubricado, pues figura no solo la firma del autor, sino además, una marca de presión -no se como se llaman realmente- que no es otra cosa que el recuerdo que tengo en mi cabeza de Don Eduardo. Un elegantísimo sombrero; como el que llevaba siempre -con una inigualable distinción- su padre.

Ya está dicho todo. O casi. ¿Porque he dicho que los dos amigos pintores son – entre otras cosas- formidables retratistas? Lo acabáis de comprobar. Las imágenes que habéis visto acompañando este escrito, son algunos de sus trabajos. El que encabeza este post, – Balneario del Carmen- es el 9/50; el regalo que me hizo ayer. Un millón de gracias de nuevo.

Impagables. Bueno, en mi caso si que están pagados. Con la amistad, el cariño y la benevolencia que me dispensan. Yo a ellos. Guille y Taillefer. Edubea.

Si queréis volver a ver una parte de sus trabajos, podéis hacerlo desde aquí:

https://fathergorgonzola.com/2010/05/06/eduardo-guille-pinturas/

https://fathergorgonzola.com/2010/11/01/de-vuelta-con-eduardo-guille/

https://fathergorgonzola.com/2010/08/21/beatriz-taillefer-portraits/

Volved a disfrutarlos!!!

DE VUELTA CON EDUARDO GUILLE

DE VUELTA CON EDUARDO GUILLE.

 Otra vez con el amigo Eduardo.

 Cuando hice la presentación pps de Beatriz Taillefer llamada Portraits (Retratos) sabía que habría una segunda entrega de las pinturas de Edu, pero solo de retratos. Estaba seguro de que así sucedería.

He esperado un cierto tiempo para poder tener acceso al determinado número de imágenes que me proporcionara la duración debida de dicha presentación.

 Ahora, afortunadamente, ese tiempo ha llegado. Y así lo he hecho: Recopilar el material necesario. Fantástico material, como podréis comprobar.

Los retratos de Edu, son de una belleza innegable, y ser poseedor, además, de uno de ellos es un orgullo y un privilegio. Y sé de lo que hablo amigos. Sé de lo que hablo.

 No solo me ha servido la elaboración de este trabajo, para observar muy mucho y detenidamente los antiguos y nuevos retratos de mi – en tiempos- compañero de viaje. También me ha servido para que Eduardo Guille, tenga sala  propia en el espacio  de mi blog llamado Ateneo’s (Alas con Secuencias) Me encanta, que quieres que te diga.

Me encanta tanto como que el autor de estos retratos, mi amigo el pintógrafo, haya decidido no solo desempolvar el ejercicio acústico con la guitarra, sino además, que vuelva a sus raíces con el toque de armónica. El fue mi maestro en este arte, ya lo dije en su día. Y todavía, estamos esperando esa dura lluvia que va a caer. It’s a hard rain gonna fall.

La próxima vez que nos veamos, juntos le daremos un nuevo repaso a Dylan, pero esta vez con dos voces armónicas.

 Para este trabajo, me he permitido el detalle de la soberbia. El detalle de poner como cabecera, el retrato que el – tan generosamente- tuvo a bien el regalarme tocando dicho instrumento: Playing Harmónica.

 Contentostói.

 Si queréis contemplar este trabajo, podéis hacerlo y guardarlo desde aquí:

http://cid-9b5ad4b7dbd9e872.office.live.com/self.aspx/EDUARDO%20GUILLE.%20RETRATOS/EDUARDO%20GUILLE.%20RETRATOS.pps

 Que lo disfrutéis.

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