MIGUEL ÁNGEL CUMPIÁN. COSAS QUE DECIR

OLYMPUS DIGITAL CAMERA( Miguel Lucena)

COSAS QUE DECIR

 

¿Te acuerdas las veces que te dije que no me lo dijeras?

 Y tu me lo dijiste.

¿Te acuerdas las veces que me dijiste que yo te lo dijera?

Y yo no te lo dije.

Ya no te acuerdas. Ni yo tampoco.

¿Sabes amor? … ¡Hay tantas cosas que decir!

¿Te acuerdas de aquello que tal vez no nos dijimos o dijimos tantas veces,?

¿Que era aquello que teníamos que decirnos y no nos dijimos?

Lo dijimos tantas veces, que de tanto decirlo, no sabemos si nos lo dijimos o no.

Ya no te acuerdas. Yo tampoco.

¿Sabes amor? … ¡Hay tantas cosas que decir!

El tiempo es un desierto donde no hay nada que decir

Por eso, nunca encontramos el oasis.

Estábamos al alcance de las manos.

Pero las palabras nos perdieron

¿Me lo dijiste tu? ¿O yo no te lo dije?

Ya no te acuerdas. Ni yo tampoco.

¿Sabes amor? … ¡Hay tantas cosas que decir!

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ALUCENANDO EN BLANCO Y NEGRO

Alucenando en Blanco y Negro.

Era un día de esos de los tantísimos en los que mis queridos amigos Miguel Ángel “Pelúo” Cumpian y su Santa de entonces: Begoña, venían por mi casa a rescatar de la oscuridad alguna  botella de whisky que estaba condenada a dos semanas y un día de reclusión. Sucedió que aparecieron acompañados de una parejita -amigos suyos- que eran de Bilbao. Del mismo Bilbo, ya te digo!

Miguel Lucena y su costilla Begoña se llamaban también; fítetú que coincidencia y que lío nos hicimos esa noche.

Después de las presentaciones y mil cervezas, todavía me acuerdo, regalé a los bilbainos una copla con mi guitarra acústica y mi armónica. Un Just Like a Woman de Dylan pero en una versión de Richie Havens. La noche continúo en un mar de volutas de humo y de chupitos sin fin. Buen comienzo, rediez!

Tiempo después, volvimos los Migueles, las Begoñas y los Gorgonzolas a reencontrarnos en la Casa Cumpián. Con los mismos aditamentos que habían habido en mi casa, y seguimos entre canciones de Cohen, Simon y Talking Heads tocadas al alimón con nuestro querido Antonio Abril. De nuevo, decidí hacerles un  regalo a los bilbainos amigos. Así que ni Corto (Maltés) ni Pérez (Oso) y, en nefandas facultades físicas y mentales, les bailé un Aurresku con dos cojones y con tal pasión, que el vecino de abajo – el también Cumpián, Paco- tuvo a bien el cagarse en tó mi Puta Madre aterrado como estaba con el bamboleo de su lámpara de techo.


Teníamos todas las variables aseguradas para que el fotógrafo y ya amigo Miguel Lucena y yo, nos cayésemos bien. Tres -como en casi todo- que no eran sino estas.  Primero: la coincidencia de los nombres  y del afecto con la pareja mas querida -por aquellos tiempos aún estaba juntos-, por la Gorgonzola Family. Segundo:  Nuestro amor común y desaforado por Dylan, Cohen, Morrison y un largo etcétera. Y por último, una especial sensibilidad – que yo admiraba muchísimo del vasco- por todo lo artístico donde destacaba sobretodo – ahora me doy mas cuenta que nunca- la fotografía.

Llevaba yo mucho tiempo detrás de la obra de Miguel Lucena. Alucenando1 se llama su página de Flickr. Buscadla en Internet. Yo- infructuosamente- traté de afanarle subrepticiamente una serie de fotos para elaborar un trabajo sobre él en un Power Point.

Más el mamón las tenía petadas. Toítas tóas!

Pero el que la sigue la persigue. Y ahora va el amigo y tiene el detalle, la deferencia, de enviarme una sarta de imágenes para tal cometido. Favor y distinción que me hace de nuevo.

Así que las veo. Les presto el tiempo y la atención debida, y con ellas, me doy un paseo por la ciudad vasca. Aunque, fíjate lo que te digo, es un paseo que me resulta doloroso.

Triste y atormentado recorrido. Crónicas de desconsuelo. Una plaga de imágenes en blanco y negro; también  algunas con colores desleídos- no vayamos a alegrarnos las pajarillas- que apenas (los colores) son perceptibles. Calles y paisajes atiborrados de una sola persona.

Mucha gente solitaria… ¿Que querrá hacernos entender con eso? ¿ Puede que sea la intención de conferir al paisaje retratado un retazo de humanidad? Hay muchos retratos de instantes robados al que posa sin saberlo. Cada foto, eso lo aseguro, te pincha el alma y merecería una presentación para ella sola…

Una magnifica muestra del saber hacer de Miguel Lucena. Adorador de Zimmerman. Devoto de Waits. Correligionario de Morrison. Desaforado admirador del cineasta recóndito y desconocido.

Un perla! Que diría mi madre. Una persona muy interesante, digo yo.

Miguel Lucena. Alucenando1. Observad sus fotos con cuidado. No tienen desperdicio. A lo mejor, -dentro de un tiempo- sigan rondando imperecederamente por el Guggenheim. Quizás colgadas en alguna sala. No me extrañaría nada. Nada de nada de nada.

Si queréis bajaros esta presentación, podéis hacerlo desde aquí:

https://skydrive.live.com/?cid=9b5ad4b7dbd9e872&sc=documents#!/?cid=9b5ad4b7dbd9e872&sc=documents&uc=1&id=9B5AD4B7DBD9E872!2156

Disfrutadlo. Ya veréis.

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