¡CUARENTA AÑOS NO SON NADA!

 

Ayer asistí –invitado por mi hermano “ab imo pectore” Diego Guzmán– a  la celebración del cuarenta aniversario de la creación del “Grupo de Teatro Acuario”.

Todo estuvo muy bien. Perfectamente realizado. Cómo se esperaba.

Anoche, les digo, presencié una celebración justa y merecida de uno de los grupos de teatro más importantes del panorama escénico malagueño. Fue un acto entrañable para todos los que como yo hemos disfrutado de los espectáculos de esta formación. Aunque a mí, me incumbía una doble vertiente: la del haber sido espectador de sus representaciones y la del seguir siendo amigo irrenunciable y verdadero de sus más destacados integrantes.

La conducción de la celebración –a cargo de Diego–  cómo no podía ser de otra manera, estuvo acompañada de actuaciones divertidas, de números musicales en directo, de vídeos evocadores de la historia de las cuatro décadas del grupo sobre las tablas. Podría destacar la hilarante intervención improvisada de Juan Manuel Lara. La justa y oportuna mención a Marisa Centeno (alma mater del grupo) por el también amigo Antonio Meliveo. La emotiva y enternecedora comunicación por vídeo de Perico Vez. La sensación de dolor por la falta de mi otro hermano Jose maría Alonso. El ver cómo aquella Martita que yo cogía en mis brazos, se ha transformado en una artista completísima… en fin, todo resultó tan efectivo como afectivo. Tan conmovedor como ameno. Tan evocador como emocionante.

(Dibujo de Ángel Idígoras)

Y de Diego… De Diego voy a reafirmarme en lo que en su día escribí en mi blog hace ya ocho años, y que viene a decir, chispa más o menos, que ha sido, es y será, uno de los mejores y más noble amigo que me haya tocado en suerte en la vida.

Esta es la entrada: “About Diego Guzmán”

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ABOUT DIEGO GUZMAN

Dicen hoy así los diarios de Málaga:

 Referentes de la sociedad malagueña…

 Fosforito, Rafael Ballesteros, Diego Guzmán, Manuel Alcalá y Rafael de la Fuente recibieron anoche la Medalla de Oro del Ateneo de Málaga en un solemne acto en la Sala María Cristina de la Fundación Unicaja y arropados por familiares y amigos.

About Diego Guzmán.

 

 

“Un hermano, nunca podrá ser tu amigo. Pero un amigo si puede llegar a ser tu hermano”

Corrían los 70 en er Lejío (Ahora le llaman El Ejido. Fitetú lo que se ha perdido de frescura). Era Málaga. Y como corrían los dichosos 70!! De que manera!! 

 Ahogados por nuestra propia risa dentro de un desvencijado Citroen 2 CV estábamos Luis Centeno y yo, sobreviviendo al sofoco producido por una niebla espesa e inclemente de humo procedente de  productos típicos de allende las montañas de Ketama. O Chefchaouen, que lo mismo da.

Diego Guzmán, el propietario del vehículo gesticulaba sentado al volante, comunicando vehementemente mucho más con las risas y los gestos que con la palabra.  Y yo, atrás con los ojos desorbitados  por motivos que no vienen al caso,  pensaba… Tengo que ser amigo de este tío!!! Por más cohoness!

 Y así lo hice. Lo hicimos. Nos hicimos grandes amigos. Aunque absolutamente distintos físicamente,se percibía una enorme semejanza entre ambos. Porque con solo mirarnos, ya sabíamos por donde iban las cosas; como iban a acabar. Y eso, en según que momentos, resultaba hilarante. Al margen de la rapidez mental.

Y vivimos mil momentos fantásticos que se prorrogaron con la amistad de nuestras mujeres y de nuestras hijas. De mil amigos comunes. Hasta que la vida, lista y oportuna como nadie, puso un paréntesis temporal necesario.

 Después el reencuentro.

 Y, ahora, recapitulando y pasado el tiempo – mirando hacia atrás- me doy cuenta que juntos hemos visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá del Hotel Tritón. Vimos – literalmente – rayos C resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser junto al abismo del Torcal de Antequera.

 Y aunque parezca que todos  esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia, siempre nos pertenecerán. Hasta siempre. Hasta  la hora de morir.

 Y que me perdone la licencia Roy Batty.

 Diegotto…Ayer, desafortunadamente, no pude estar contigo acompañándote físicamente. Ni con Quino, Ni con el Meliveo, ni con la poetisa Inés María. Ni tan siquiera, con el alter ego de Cesar Cabo. Tampoco pude brindar  – insistentemente, que es como a mi me gusta- por nuestra amistad. Como se merecía el momento.

 Aunque tu, si sabes que estuve.

Y, además, te voy a devolver una cosa que  me regalaste ayer y que hoy, quiero que sea tuya:

 A mí me basta con haberte reencontrado. Eres un referente (de diversión, pasones, música, proyectos, juventud, compañerismo, atrevimiento, vida…) y quiero tenerte cerca (no “muy” cerca, que te veo de vení). 

 Porque sabemos que  un hermano, nunca podrá ser tu amigo. Pero un amigo si puede llegar a ser tu hermano. Y sé, indiscutiblemente, que siempre tendremos un lugar el uno para el otro. Porque son muchos años ya, my friend, porque son muchos años ya.

  See you later…

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