GURUGLÚB! (Crónica de una ecografía anunciada)

BASADO EN HECHOS REALES.

A causa de la circunstancia del haber cumplido 65 años y, por consiguiente, el llegar a la provecta situación de pensionista, mi doctora (previsora siempre que es) me prescribió una ecografía de abdomen para controlar el tema de cálculos renales que – de vez en cuando y de manera porculante– me aquejan y me dan mala noche.

Así qué tras haber solicitado dicha ecografía, y más tarde que pronto, debido a las circunstancias de esta horrible pandemia, me llegó por correo ordinario –que es el sistema de comunicación más soez e impertinente– una carta indicándome el lugar, día y hora en el que debía de personarme en el Hospital Civil para realizarme dicha prueba.

Acompañado de mi amada Santa, me presento en el Hospital para someterme a la puta ecografía. Mi Santa, a la que no le viene el apelativo gratuitamente, me dice una vez que hemos aparcado…

  • Gordooo… Mira! Ve bajando tú que yo voy a aprovechar para donar sangre.
  • ¡Vale! De todos modos, creo que voy a tardar muy poco (pensaba erróneamente en una radiografía y no en una ecografía) El que termine antes que llame.
  • ¡Enga!

Y allá que me fui, displicente y altanero, silbando como un chisgarabís resignado, para la planta sótano que tan familiar me resultaba de ocasiones precedentes.

Una amable enfermera me envío al fondo de un pasillo donde me informó que una compañera saldría a recoger mi cita y que ya me informaría. A mí me extrañó, pues no era el sitio habitual donde antes me habían realizado las radiografías anteriores. Pero claro no se trataba de una radiografía; se trataba de una ecografía.

Sale la compañera, recoge el papel de la cita y, sin dejarme hablar, me dice…

  • Se va a esperar usted un buen rato bebiendo agua hasta que no se pueda aguantar las ganas de orinar. Cuando ya no pueda más, llama usted a la puerta y le hacemos la ecografía.

Así que me voy para la cafetería un poco mosqueado por que no era lo que me esperaba.

Me pongo en cola guardando las distancias y compro una botella de 1´5 litros de agua, me siento en una mesa y me pongo a matar la nula sed que tengo.

Glub, glub, glub. Bebo sin ganas. Glub, glub, glub, sigo bebiendo con menos ganas todavía. Al litro ingerido me llama Santa…

  • Gooordoooo…. ¡Yo ya he terminaaadooo! ¿Dónde estás? Le cuento y se viene hacia la cafetería.

Glub, glub, glub. Pego tres buches y llega. La verdad es que tanta agua –tan rápido y sin sed– me está costando tragarla. Me siento pelín pesado.

  • ¡Gordo! Vámonos al patio a la sombrita que aquí me da paranoia con tanta gente y el aire acondicionado.
  • ¡Enga!

Así que para allá nos vamos con las mascarillas puestas, el culín de agua que me queda y nos sentamos tan ricamente en un incómodo banco de durísima madera a la sombra de un nuevo y horrible edificio de cristal y aluminio.

Glub, glub, glub. Pego los últimos buches, acabo el litro y medio y me “acomodo” a esperar que el agua baje hasta la vejiga y me den ganas de mear.

  • ¿Qué haces?
  • Pues ya ves, esperando a que me den ganas de mear.
  • ¡Eso no es así!
  • ¿Cómorrr? Pregunto yo.
  • Tú tienes que seguir bebiendo hasta llenarte la barriga. Que yo me he hecho muchas ecografías y eso va así. ¡Voy a comprarte una botella de agua!
  • ¡Puaj! Exclamo yo por lo bajini.

Vuelve con una botella de medio litro de la máquina expendedora. ¡Toma, quítate la mascarilla y te la vas bebiendo buchito a buchito sin parar! Así lo hago. Buchito a buchito.

Las ranas ya empiezan a sentirse a gusto en su líquido elemento dentro de mi barriga. Acabo la botella. Dos litros llevo ya ingeridos.

  • ¿Tienes ganas de mear ya?
  • ¡No!

Al ratito…

  • ¿Tienes ganas de mear ya?
  • ¿No!

Al ratito…

  • ¿Ya?
  • ¡No!
  • Es que así no es, me dice. ¡Tú tienes que beber más que yo sé lo que me digo, voy a comprar más agua! Vuelve con una botella de litro y medio. Yo, alucino.

Glub, glub, glub… Empieza el quinario. Glub, glub, glub… Ya no puedo beber más. Glub, glub, glub… empiezo a marearme. Glub, glub, glub… esto es un tormento propio de Fumanchú. Acabo la botella y doy un largo paseo para ver si me dan las putas ganas de mear. Nada. Me siento con una tremenda sensación de infelicidad.

Al ratito…

  • ¿Tienes ganas de mear ya?
  • !!!¡NO!!!!

Santa se levanta, se va otra vez a la máquina expendedora y trae de vuelta ooootra botella de medio litro. Me la da y me dice…

  • ¡Buchito a buchito!
  • ¡Voy!

Cuando acabo la botella, me siento con los tobillos hinchados. Mareao. Con náuseas. La barriga inflada como un globo. Me levanto de un salto. GURUGLÚB! Y le digo a Santa, completamente congestionado…

  • ¡A tomar por culo! ¡Me voy para abajo a que me hagan la puta ecografía! ¡Y si no, me voy para la casa!
  • ¿Tienes ganas de mear ya?
  • ¡¡¡NO!!!!

Y me voy andando hacia el sótano –con cuatro litros de agua en la barriga– con los andares de un león marino y el estómago sonando… ¡GURUGLÚB! ¡GURUGLÚB! ¡GURUGLÚB!

La enfermera desde el fondo del pasillo me ve y me dice…. Álvarooooooo… vengaaaaaa…. Qué te estamos esperaandoooo….

Le cuento lo acontecido. Se hecha las manos a la cabeza, yo a la barriga, me pregunta si no he matado a mi mujer, me tiendo, en la camilla, me hace la ecografía y me manda para mi casa. Subo, recojo a mi Santa en el patio y nos vamos andando hacia el aparcamiento.

¡GURUGLÚB! ¡GURUGLÚB! ¡GURUGLÚB! ¡GURUGLÚB! ¡GURUGLÚB! ¡GURUGLÚB! Voy andando a trompicones y haciendo eses. Mareado y descompuesto.

Llegando al coche, le digo a mi mujer…

  • Omaíta… voy a largar.
  • Espera un poco a que…

Aaaaarrrgffffff… Primera bocanada. Primer litro. Aaaaarrrgffffff… Segunda bocanada. Segundo Litro. Aaaaarrrgffffff… Tercera bocanada. Tercer litro. Aaaaarrrgffffff… Cuarta bocanada y último litro. Tengo que aclarar que lo expulsado era agua límpida y absolutamente transparente; como recién salida del manantial.

Exhausto, temblicón, sin fuerzas y consumido por el acto aspersor, rodeo el coche, me derrumbo en el asiento del conductor y me doy cuenta de que las gafas que llevaba en el bolsillo de la camisa, al remangármela en la camilla de la ecografía, se me debían de haber caído en la consulta.

Santa – no podía ser de otra manera ante mi palidez y demacración– se ofrece a ir a la consulta a preguntar.

Cuando llega al pasillo, ve a la enfermera cerrando la puerta para ya irse. Desde lejos empieza a correr y a gritar:

  • Perdoooonaaaaa, Perdooonaaaa… ¡¡¡Soy la mujer del de los cuatro litros de agua!!!
  • ¿Pero todavía no te ha matado? le preguntó. Y le dio las gafas.

Llegué a casa y me acosté. Hasta bien entrada la tarde no pude mear.

P.D. Todo lo narrado en este relato es absolutamente cierto y se ha contado tal y como sucedió.

EL FUTURO

EL FUTURO

El tiempo presente, que será pasado en cuanto haya usted leído esto, ha sido futuro durante el momento efímero en que ha sido pergeñado. Hasta que, cuando llega al futuro supuesto en lo que fue pretérito, vuelve a ser presente en ese momento adecuado. En fin, un lio tremendo que no me atrevo a seguir desarrollando porque estoy empezando a sentirme mareado y que agradezco que ya pertenezca al pasado en el que se me ocurrió la mala idea de escribir este artículo sobre el futuro que nos ha llegado sin percatarnos y que conforma nuestro presente. Así que me callo por la salud que me trae este silencio y por la Gloria de mi madre.

Aunque…. ¿A qué venía esto? ¡Ah! sí!  Pues venía esto a que yo, desde el observatorio de mis sesenta y cuatro –qué edad más Beatle, rediez– me he dado cuenta de que ya vivo en el futuro soñado de mi niñez. Un futuro aquel, el soñado, ahora presente, que supera mis expectativas más calenturientas y visionarias. ¡Vale…Ya lo dejo!

Era yo un mico (aunque siempre tiré a gorila) cuando imaginaba un mundo fantástico y probablemente utópico en el que los robots estuvieran a mi servicio facilitándome la vida. ¡Pero que tontería! pensaba ya en mi adolescencia… ¿Cómo va a ser posible que se haga realidad todo eso que se viene a la cabeza?  ¿Y lo que ni siquiera imaginé? ¿Poder localizar a mis amigos, en plena vorágine de Semana Santa en el centro de mi ciudad, con un cacharrito pegado a mi oreja sin tener que usar ese obsoleto sentido arácnido de bares habituales para unirme al grupo? ¿Oír cualquier música deseada que previamente he escogido a golpe de voz? ¿Leer libros en unos artilugios llamados tabletas que siempre estuvieron implementados en mi cerebro como un trozo de chocolate envuelto en un papel rojo y otro de aluminio elaborado por una conocidísima marca llamada Nestlé? Imposible del todo, creía.

Muchos más casos son los que podría indicar, pero ya lo he hecho antes en estas páginas.

En fin, lo que quiero decir es que, lo de ahora, me pilla un poco asustado aunque ya viva en el futuro de antaño. Entro en mi casa y grito a las paredes –tal si fuese Moisés montándole el pollo a los judíos– para que se enciendan las luces. Pido a Alexa –que es un aparato de forma similar a una pastilla de jabón “Flota” repipi y petulante– que me diga la temperatura actual de mi barrio, del Baix Empordà o de Tombuctú. Que le ordene (a través de Alexa, recuerden) a un impenitente reptil fiscalizador que se llama “Conga” (y no es de Jalisco) a que se dé un tour guiado completo por mi hogar y que mientras se da el rule, ya de camino, lo husmee todo, transmita esos datos a no sé dónde ni con qué fines y ya, si acaso, y le viene bien, limpie, pula y dé esplendor a los suelos de nuestro domicilio patrio. Tengo, y ya termino, a mi disposición, más canales de televisión y cine de los que jamás hubiese soñado y me hacen falta; y me beneficio, finalmente, de acceso a la más inabarcable información universal a través de un milagro llamado Internet que me procura todo lo anteriormente citado. ¿Es fuerte o no es fuerte? Ya os digo: Todo esto me pilla un poco asustado.

Así que, ahora, por pedir, que este caso sí que cuesta dinero, le he pedido a la impertinente Alexa, que me diga la hora de Wuhan y que me haga un cronómetro regresivo para controlar el tiempo que queda para que los chinos construyan un par de hospitales –para atender a miles de personas afectadas por un constipado mortal llamado Coronavirus– en sólo quince días.

Yo no sé lo que pensarán ustedes, pero si esto no es el futuro nunca imaginado de nuestra niñez, que baje Dios de la Nube en su coche volador y lo vea.

 

MAMALUISA

MAMALUISA

Casa Centeno fue para mí –todo el que me conoce lo sabe– mi segunda casa. Mi hogar de adopción y acogida. Un lugar del que apenas salía pues allí me sentía verdaderamente cómodo y cariñosamente aceptado. Un sitio donde pasé infinidad de horas de mi vida disfrutando de un ambiente tremendamente familiar que sólo lo igualaba el mío propio.

Casa Centeno fue refugio, asilo y cobijo. Abrigo, albergue, guarida… Centro de mi vida en el centro de la ciudad durante aquellos años en los que se forjó una amistad imperecedera e inagotable con todos los miembros de ese maravilloso clan. Mi familia añadida. Mi otra familia querida.

La responsable de todo ese cúmulo de circunstancias afectivas –no lo duden ni un momento– fue la Mater Familias: Mamaluisa. Todo junto, como a mí me gusta.

Fue ella, el germen de esa naturaleza afable, cordial y sencilla que caracteriza a toda la familia Centeno. Una persona afectuosa y acogedora que tuvo suficientes alas para proteger –y encauzar con su ejemplo– no sólo a sus hijos biológicos sino también a los numerosos amigos de cada uno de ellos. Amigos todos, que nos sentíamos –orgullosos y satisfechos– parte activa y participativa de ese grupo familiar.

Ahora, Mamaluisa –sin tener el detalle de preguntarnos a todos los que la queríamos acerca de lo conveniente de su partida– se ha ido de esta parte tangible de la vida que es el mundo terrenal. Pero nosotros, los adoptados incondicionales, que somos inconformistas y cabezones por naturaleza, hemos decidido rebelarnos contra el sentimiento de despedida y separación y vamos a conservar – en la parte más personal e íntima de nuestra memoria– el recuerdo sencillo, bondadoso y condescendiente de esa maravillosa y dulce mujer. De esa persona atenta y obsequiosa que supo querer desaforada y desinteresadamente a todos los que la rodeamos y tuvimos el honor y la inmensa suerte de conocerla. Descansa en paz querida Mamaluisa. Dejas mucho amor en este mundo y un imborrable recuerdo en mi corazón.

 

Supiste hacer crecer la hierba fresca,

Los árboles, las flores y los trigos

Y ahora se ha secado todo el campo;

El viento te lo has llevado contigo.

Has dejado tu mundo seco y frío

Sombría tu habitación y tu ventana

Y ha parado de crecer aquella rama

Que supo hacer contigo, todo mío.

Ya las rosas solo saben dar espinas

Y un olor amargo, frío y severo,

Será que tú paraste de regarlas

Al llevarte la lluvia con Enero

(Poema de Luis Centeno)

POLLO, POLLO. EL CHICKEN ART DE SARAH HUDOCK.

Antes de nada, indicar que me da auténtica grima comer pollo. Muchísimo asco. No soporto a ese rastrero volátil que se come, con sumo deleite escatológico, las mierdas de sus propios congéneres y que esta costumbre, configuró el inicio de mi más atávica aversión hacia aquellas comidas realizadas con ese alimento. El pollo pollo.

Odio a este animal en todas sus vertientes alimenticias; desde la apetecible (a la vista) alita churruscada o el pollo asado trinchado hasta el súmmun de lo desagradable que es cuando flota inerte y cocido en cualquier puchero o sopa con un indecente y repugnante color cadáver.

Y odio al pollo, y ya termino mi tremendo discurso negativo, porque manías aparte, todo el que me rodea y sabe de mi profundo desagrado hacia las aves de corral, procura meterme doblada disimuladamente entre pecho y espalda (no sé qué gracia le verán al desatino) cualquier receta que contenga al repulsivo y abominable omnívoro.

Admitámoslo: Sólo admito a esta subespecie de corral en forma de foie o paté (de oca y/o pato) porque de pequeño, mi tía Lourdes confeccionaba uno delicioso (tengo que reconocerlo) el cual, al cabo de los años, me enteré que era elaborado con higaditos de pollo. Pero para entonces, ya era tarde para reconocer el asco que (no) me producía.

Viene esto porque, eso sí, me encanta verlos dibujados o pintados. Su estética es notable y cuando el pollo es gallo o gallina clueca, inspira orgullo o ternura. Galantería o delicadeza. Afecto y terneza. Así que ahora, os voy a poner una preciosa galería de imágenes de trabajos con pollos de protagonistas y realizados por una exquisita pintora llamada Sarah Hudock… Chicken Art.

Sarah, vive en Vermont, su lugar favorito en todo el mundo. Es un lugar lleno de pastos y montañas verdes, antiguas granjas y bosques. Está lleno de caminos de tierra, ciervos, coyotes, zorros, mapaches, gatos pescadores, marmotas, ardillas y halcones. (sic)

Y añade: “¿Por qué pinté pollos durante cinco años seguidos? Porque el pollo del patio trasero es una de las criaturas menos apreciadas en este hermoso mundo nuestro. Son dulces, curiosos, inteligentes y divertidos. Sus colores, patrones y plumas son realmente hermosos, y también ofrecen una maravillosa combinación de dignidad y diversión hilarante. Son completamente vulnerables y, sin embargo, una gallina protegerá ferozmente a sus polluelos y un gallo dará su vida por el rebaño. Hice mi mejor esfuerzo para representarlos y honrarlos con amor.”

Por cierto… El escudo heráldico de mi familia es un pollo.

Esta es la galería:

 

 

 

 

 

 

 

CADA MES DE DICIEMBRE / DESPIERTOS, TRAS EL CRISTAL MIRANDO

CADA MES DE DICIEMBRE

Después de cada  mes de Noviembre y de su pertinente ramito de violetas, llega Diciembre. Con su anhelado puente vacacional y sus excesivos alumbrados callejeros. Con la hermosa Navidad que (al menos de boquilla) hermana a todos los ciudadanos cristianos que celebran el dosmilésimo decimonoveno aniversario del nacimiento del Niño Jesús.  Un niño que, en menos de tres meses, oh paradoja! será paseado ya hombre, crucificado, muerto y resucitado por las mismas calles del jolgorio luminoso. Cosa milagrosa sin duda y ejemplo de rapidez en eso del pasar los años.

Llegan, ya lo saben ustedes, las bacanales gastronómicas y sus kilos de más. Los excesos etílicos acarreando las pérdidas del pundonor y la dignidad. Llegan los cuñados sabelotodo y las concuñadas marisabidillas. Llega, en fin, el mes de Diciembre con sus típico tópicos mezclando  la repulsa y la ilusión. La fe y lo pagano en una balanza con el fiel perdido que ha olvidado sus principios en aras de un consumismo desaforado y enloquecido.

Yo, lo reconozco, soy más de estar ilusionado que agobiado por estas fiestas.  Feliz que contrito. Aunque, por eso de las edades, he de reconocer también que mis sentimientos navideños sufren el desgaste propiciado por lo repetitivo y por tener –al margen de las ausencias– la sensación de haberlo visto y vivido ya todo.

Sin embargo, no me pasa eso cada mes de Diciembre con el mensaje de amor y esperanza que mi muy querido amigo el Poeta Juan Miguel González me felicita las Pascuas y que yo –ufano, feliz y orgulloso– comparto en este blog para que, con la impenitente belleza poética acostumbrada  por el vate, disfrutéis estas Navidades en unión de vuestros familiares y seres queridos.

Esta es la felicitación para estas Navidades del 2019:

DESPIERTOS, TRAS EL CRISTAL MIRANDO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CASA ILUMINADA

LA CASA ILUMINADA

Una historia real de Navidad.

Disfruto de una vista privilegiada al Monte de San Antón desde mi casa. Una vista viva y cambiante que sigue el ritmo obligatorio de las estaciones del año. Este panorama  singular -que es precioso ya os digo- viste sus mejores galas en la época navideña.

Asomarme por la noche en estas fechas y poder contemplar un paisaje lleno de luces  tintineantes que parecen bailar al ritmo de villancicos y jolgorio. De balconadas iluminadas profusamente que se disputan las unas a las otras el honor de ser la mas bonita. Columnas de humo blanco  de chimeneas que impregnan el ambiente a un olor que a mi, me traen a la memoria   vaharadas de alhucema y espliego que ya sólo flotan en la parte más entrañable de los recuerdos lejanos.

Un gran Belén vivo y cambiante,  ya os digo, que cada Navidad , y por la noche, hace que me ponga una buena selección de villancicos americanos clásicos (son los que mas me gustan )y goce plenamente del ambiente familiar que , afortunadamente, aún disfruto en compañía de amigos y familiares.

Pues bien, cada año, cada vez que me asomaba a la ventana de mi salón, lo más significativo del paisaje era una casa profusamente iluminada. Ya sabéis, esa iluminación que consiste en rodear con guirnaldas luminosas toda la silueta de la vivienda  y los arboles del  jardín que le daba un aspecto mágico y de película de elfos , duendes, gnomos y hadas. Gingle Bells que le dicen.

Todos los años, invariablemente , esa era la primera casa en iluminarse. Siempre la primera. Todo el barrio se deshacía en elucubraciones acerca de ese hogar que se adivinaba feliz y lleno de niños contentos; de regalos y perpetuas celebraciones por esas fechas. Se comentaba que era de una familia bien avenida llegada de América -después de años de trabajo-  a su Málaga natal. Era ese encendido en todo el monte, la señal del comienzo de las fiestas navideñas.

Pero un día, la casa, dejó de estar iluminada. Y al año siguiente también. Y el otro…

Se volvía a comentar ( y ya se sabe eso de cuando el río suena…) que uno de los hijos (ya adolescente) murió trágicamente en un accidente de tráfico. La casa oscureció. Se vistió de luto indeseado y nos comunicó indirectamente a todos los vecinos que ya no estaban para celebraciones sino para la angustia y la aflicción.  La casa, fue obligada por las circunstancias, a renegar de su misión de ser la anunciadora de la época de Pascuas.

Y pasó así, sumida esta  vivienda en la mas triste oscuridad,  más de veinte años.

Hace un par de noches, estaba sólo en casa.  Mi Santa, tenía reunión de su Club de Las Anacondas (no chirríen las feministas que yo tengo mi propio Club de Los Culebrillas) y  gozaba de esa situación de soledad escogida (que es la buena) con una copa de ron bien servida, un par de cigarrillo ocasionales y en mi televisión, con un volumen más bien alto, un poético,  triste  y afligido pero precioso homenaje a Leonard Cohen en Montreaux por el primer aniversario de su muerte.

Así, de esa manera de  íntima comunión con la indeseada ausencia, me encontraba yo sumido en un mar de recuerdos por  los que ya no estaban conmigo. Por los que, irreflexivamente, se habían marchado dominados por extrañas e interesadas particularidades.

Me levanté a servirme otra copa. Me asomé a la ventana y de pronto, la vi de nuevo! Iluminada como nunca. Irradiando luz y gritando a todo el vecindario que la alegría había vuelto. Envuelta en añoranza , nostalgia y evocación, pero que la esperanza y la felicidad, después de un largo periodo de  hibernación, se había vuelto a instalar en esa casa.

Yo, al verla de nuevo, entendí su mensaje. Quité a Leonard Cohen y puse a Rod Stewart  y bebiéndome de un trago mi copa, me serví otra, encendí otro cigarrillo  y bailé, frenéticamente, Babe Jane con los ojos empañados de lágrimas brindando por la felicidad y la salud mental recuperada de esa familia.

TRÁNSITOS. POESÍA ERÓTICA

TRÁNSITOS. POESÍA ERÓTICA

Todavía no llego a entender  –cosas de la fortuna supongo–  la causa, motivo o razón por la que mi adorada EmeTé me hizo depositario de sus pedestales corpóreos. Ella, creo, también se lo debe de estar preguntando.

Porque, a pesar de mis dudas (y las suyas) periódicamente (que ya es decir mucho) y en exclusiva (que sé que es palabra que ella reconoce con mal paladar) generosamente, me regala su intimidad para que yo adorne estas esporádicas entradas de poesía erótica y sensual que suelo colgar en este blog.

Que EmeTé sea tan pródiga y desprendida conmigo tiene que ver –además de la amistad y de la confianza que me dispensa– con ese íntimo placer que la acompaña –estoy seguro de ello– por mostrar pública y orgullosamente, la bella y perfecta desnudez de su piel. De eso, ya les digo, no me cabe la menor duda.

Cada entrada de EmeTé en este sitio va acompañada de la esperanza de que no sea la última. De que sea sólo un eslabón más en la cadena de regalos inestimables que, muy de vez en cuando, recibo de ella. Tal vez sea porque ella sabe que, de no hacerlo así, me desesperaría y –muerto en vida– saltaría desde alguna de las más altas Torres que hubieran en la comarca y, que si no hubiese ninguna a mano, daría el brinco desde el más prominente y elevado Campanario.

No sé si ustedes entienden el juego de edificios.

En esta ocasión, aprovechando que estoy leyendo el segundo volumen de los Diarios de mi tío, el poeta José María Souvirón, el texto que viene ahora es de un buen amigo suyo: Emilio Prados.

Este es el poema. Disfrútenlo: Háganlo con buen pie.

 TRÁNSITOS

¡Qué bien te siento bajar!
¡qué despacio vas entrando
caliente, viva, en mi cuerpo,
desde ti misma manando
igual que una fuente, ardiendo!

Contigo por ti has llegado
escondida bajo el viento,
– desnuda en él -, y en mis párpados
terminas, doble, tu vuelo.
¡Qué caliente estás! Tu brazo
temblando arde ya en mi pecho.

Entera te has derramado
por mis ojos. ya estás dentro
de mi carne, bajo el árbol
de mis pulsos, en su sombra
bajo el sueño:
¡Entera dentro del sueño!
¡Qué certera en mi descanso
dominas al fin tu reino!

… Pero yo me salvo, salto,
libre fuera de mí, escapo
por mi sangre, me liberto,
y a ti filtrándome mágico,
vuelvo a dejarte en el viento
otra vez sola, buscando
nueva prisión a tu cuerpo.

Autor del poema: Emilio Prados

***

LA AUSENCIA BAILA

 

Un muy querido amigo, con motivo de la boda de su hijo, me pide ayuda para elaborar un texto que él deberá de leer en la ceremonia delante todos. Dicho texto debería hacer referencia a su mujer ya fallecida. Difícil tarea para el afectado que tiene que delegar este cometido en otra mente más fría para hacerle frente a lo mas penoso: Transmitirlo con la templanza y serenidad adecuadas.

Este es el texto que le remití y que, con su consentimiento, publico en este sitio.

LA AUSENCIA BAILA.

En los momentos más dichosos de la vida como es este, la ausencia  (que es hermana del alejamiento y de la partida)  y una de las sensaciones más enojosamente tristes que puedan existir, va y se rebela contra todo y contra todos y baila, animadamente, abrazada al recuerdo imperecedero brindando por la nueva vida compartida.

Y durante esa danza, la sensación de abandono involuntario de la que se fue, desaparece. Y entonces, esa huella de privación y carencia se vuelve presencia y permanencia. Se transforma el recuerdo en añoranza;  y el amor (que entre una madre y un hijo jamás desaparece)  se hace más fuerte que nunca.

Ella está aquí. En la memoria de todos los que la conocimos. De todos los que la quisimos. La ausencia baila y nos anima a todos a hacerlo con ella.

***

SUGERENCIAS DE UN VIAJERO IMPENITENTE A NUEVA YORK

 

 

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Un muy querido amigo me hace una serie de sugerencias basadas en sus propias experiencias.

 SUGERENCIAS DE UN VIAJERO IMPENITENTE A NUEVA YORK

 Harlem

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Nos gusta visitar Harlem e ir a oír góspel y almorzar en domingo en restaurantes típicos de la zona, asistiendo a unas de sus misas, siempre sin tour ni organizados, vamos por libre y nos colamos o pagamos una pequeña cantidad en alguna de las muchas iglesias que por allí hay. Son sorprendentes y magníficos sus canticos. NO son espectáculos organizados y allí veras a muchos norteamericanos, evidentemente la mayoría negros, que van en familia a misa. Veras como se entregan estos feligreses a sus creencias.

También aprovechamos y vamos de compras a algunos almacenes que ya conocemos de esta zona y que tiene muy buenos precios, sobre todo en la calle 125. También hemos visitado el famoso Apollo Theater que es uno de los supervivientes del Harlem de los años 20 y 30, donde las tabernas, salones de baile y clubes de jazz atestaban las calles. En él han tocado y cantado gente como Duke Ellington, Aretha Franklin, Ray Charles, Jimi Hendrix, Billie Holiday o Diana Ross llenando la sala del mejor soul, blues y jazz. Puedes entrar gratis al vestíbulo, con una pequeña tienda de recuerdos. Si prefieres visitarlo por dentro, echa un vistazo al calendario de conciertos y a las famosas amateur nights semanales, donde se destapan nuevos talentos.

Para comer no te pierdas  el brunch en Sylvia’s, Amy Ruth’s o Red Rooster, con comida típica tradicional sureña con raíces africanas.

Otro de los encantos de Harlem son sus callecitas de brownstones, ya sabes esas casitas de color marrón con una escalerita en la puerta y que tanto salen en las películas americanas cuando se trata de NYC. Las más bonitas se concentran entre Malcom X Boulevard y el Marcus Garvey Park. Ve bajando por Malcom X Boulevard y adentrándote en calles como 123rd St hasta llegar al parque.

Hay muchas cosas que ver y no quiero tampoco ser pesado pero una cosas que no debes perderte en comer las llamadas galletas de Levain, una especie de cookies , así que dirígete por la calle 116 a la panadería de Levain.

 

Prospect Park y su entorno.

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Parque urbano en Brooklyn.  Vamos a primera hora de la mañana al sur de Brooklyn en metro, hasta Coney Island y su magnífico paseo marítimo de madera de 6 millas hasta Little Odesa donde se encuentra Brighton Beach. Luego de pasear y ver la cantidad de tiendas, bares, restaurantes y panaderías rusas tomamos de nuevo el tren y nos dirigimos a la estación de Prospect Park.

Puedes encontrar muchas referencias de este parque en internet.

Después hay que dirigirse, nosotros hemos ido andando, a la puerta de la Grand Army Plaza, por allí encontrarás de nuevo típicas casas estilo brownstones de más lujo y preciosas junto a típicas tiendas de barrio súper simpáticas, conocida la zona como Park Slope y Prospect Heights.

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Dirígete luego andando hasta la zona conocida como Dumbo, veras muchas tiendas y zonas simpáticas. Encontraras un Mall con tiendas súper buenas, sobre todo Marshall, en la Flatbusch ave con Atlantic ave.

Una vez allí veras de frente el puente de Brooklyn y buscar la pizzería Grimaldi, simplemente magnifica y buen precio. Se dice que es la mejor de NYC.

Tomate un helado en el mejor sitio para ello debajo del puente de Brooklyn, se llama el Brooklyn Ice Cream Factory.

Por supuesto te sugiero una tarde o una noche comer en el River Café pero es muy caro, debajo del puente y con vista a Manhattan espectaculares.

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Sin dejar la zona te recomiendo un paseo por Brooklyn Height por su paseo junto al rio y su parque. Es una zona de casitas de alto nivel y preciosas, donde viven y han vivido escritores famosos americanos. Magníficas vistas de Manhattan desde su paseo.

También en Brooklyn encontraras la zona Williansburg de jóvenes con muchas tiendas vintage donde celebran un día de la semana con puestos de comida de todo tipo, el Smorgarburg, comida los sábados y el domingo puestos de venta de miles de artículos (parada metro Marcy Avenue, líneas J y M), también hay paradas de autobús. Magnifico restaurante muy visitado el Roberta y del que puedes encontrar referencias en internet, en la 261 Moore St dentro de un polígono industrial reconvertido por los jóvenes de cierto nivel adquisitivo (metro parada Morgan línea L)

Otras zonas que visitamos.

Si entramos a Manhattan desde el puente de Brooklyn encontraremos   a la izquierda los Piers, zonas de atraque de grandes barcos y también zona comercial y de restauración. El Seaport District. La calle Fulton St. mantiene los adoquines originales.

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Seguimos hacia Battery Park, Wall Street y la zona donde estaban las torres gemelas. De estos espacios ya nos has dado mucha información.  Es muy bonita la plaza del Ayuntamiento y encontrarás por allí una tienda de discos y Cds magnífica, en la calle Chambers St.

Subiendo hacia Central park,  te encuentras a la izquierda con Tribeca, ya sabes que este barrio lo ha comprado casi entero Robert de Niro y es una zona cultural interesante.  A la derecha encontraras subiendo Chinatown con su arteria principal Canal Street, busca la calle Mott famosa por haber salido en muchas películas. Más adelante nos encontramos la cada vez más reducida Little Italy absorbida por el barrio chino. Los restaurantes chinos u orientales son auténticos, en algunos no sabes ni lo que comes ni lo que cuesta, pero son baratos.

Seguimos subiendo y encontramos Lower Manhattan antiguo barrio de trabajadores, más arriba te encuentra el barrio de Nolita, significa No Litle Italy,  y el Soho, barrio donde viven algunas estrellas del cine y la música, famoso por sus artísticas escaleras de incendios.

En la zona East Village encontrarás un restaurante llamado Katz’s Delicatessen, que salía en la película “Cuando Harry encontró a Saly”.

Subiendo encontraremos Washington Square que sirve de punto de partida para llegar al West Village donde encontraras el famoso club de jazz Blue Note.

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También nos gusta pasear por Chelsea, en esta ocasión estaremos en un Hotel de la zona, visitar el Flatiron district y Greenwich Village , entre ellos Union Square donde ya me has comentado lo del mercado de agricultores al que hemos dio todas las veces que hemos viajado allí. También es precioso pasear por Gramercy Park, buen barrio por la tercera avenida, con multitud de tiendas. Por Chelsea, algo más abajo encontraras el antiguo mercado de las carnes, Meatpacking district donde está un restaurante al que vamos que se llama Pastis en la calle Gansevoort St.

Subimos y nos encontramos con Midtown o centro de Manhattan.

Visitamos siempre la Estación Central donde tantas películas la han inmortalizado y aprovechamos para visitar la zona con las famosas ostras del Oyster Bar.

No te cuento más pues seguro tiene miles de información de esto pero te digo por donde solemos ir. Ya encontrará, en notas de más abajo, sitios donde solemos ir y otros que también vamos pero no te pongo para no tanto rollo.

Sorolla en Sociedad Hispánica de América

Los 14 enormes lienzos que configuran la colección las Regiones de España, que Sorolla prefería denominar Visión de España, los puedes ver en este museo de Nueva York,  institución fundada en 1904 por Archer Milton Huntington, un estadounidense enamorado de la cultura española. Este museo está en la zona más al norte del barrio de Broadway, en la isla de Manhattan, en concreto, cerca de la estación de metro de 157th Street de la línea 1. Seguramente no encuentres turistas en el museo, apenas te encontraras visitantes, toda una satisfacción.

Sitios interesantes para comer, tomar un café y un cup cake, una cerveza y  que solemos ir, algunos han salido en películas americanas:

MAGNOLIA BAKERY,  sexo  en New York, en el 401 de Bleecker Street, 200 Columbus Avenue en 69th Street , 1000 Third Avenue , Grand Central Terminal, Lower Dining Concourse, 1240 Avenue of the Americas en 49th Street, 1 Penn Plaza,  Lower Concourse

KATZ’S DELICATESSEN, en “Cuando Harry encontró a Sally”. En la 205 East con Houston Street esquina Ludlow St. El metro más cercano es 2nd Avenue de las líneas F y M.

THE LOEB BOATHOUSE, en… Sexo en Nueva York, en Central Park

BUBBA GUMP, en… Forrest Gump, en el 1501 de Broadway

BURGUER JOINT, la dirección es la de la puerta principal del lujoso hotel Le Parker Meridien. En la 119 West 56th Street, entre la 6 th y la 7 th Ave. Curiosisimo.

Ellen’s Stardust Dinner, camareros que cantan. 1650 Broadway, New York. Entre la W 50th St y la W 51th St.

Pizzerias: Muchas, solo pongo algunas: Lombardi´s Pizza, 32 Spring St,   Juliana´s ,  19 Old Fulton St, Brooklyn, Grimaldi´s. zona de Dumbo del barrio de Brooklyn, exactamente en 1 Front St, Brooklyn, está justo casi debajo del Puente de Brooklyn, Lenny’s Pizza, salio en la pelicula “Saturday Night Fever”, en 86th Street, New York, NY.

Heladerias: Muchas,  solo te pongo Brooklyn Ice Cream Factory, Puente de Brooklin, 1 Water St,

Shake Shack, se encuentra al lado del Puente de Brooklyn en el barrio de Dumbo. Pero vayas por donde vayas andando en Nueva York vas a encontrar algún local.

Gray´s Papaya, sus famosos perritos calientes o Hot Dog. 2090 Broadway, esquina con W 72nd St.

Chelsea Market.

En él vas a encontrar una gran variedad de comida: desde un puesto de marisco especialistas en Bogavantes, hasta puestos de pasta de la marca Rana, de Sushi, Tacos, chocolaterías y Heladerías. Así que solamente tienes que disfrutar paseando por el interior mientras piensas donde vas a comer. Hay puestos de todo tipo de comida, china, japonesa, las típicas salchichas de Currywurst de Berlín, comida italiana, mexicana, y una buena heladería como la L´Arte del Gelato. 75 9th Ave, New York, entre W 15th St y la W 16th St.

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Grand Central Oyster Bar & Restaurant. Es un restaurante de mariscos ubicado en el nivel inferior de Grand Central Terminal en 42nd Street y Vanderbilt Avenue

The Junction o The Duke`s.  Magníficos bares deportivo donde se reúne la juventud mientras sigue los eventos deportivos del día. Magnifica cervezas y raciones. En 329 Lexington Av.,  entre la 38 y 39 St. El primero y el segundo muy cerca de este en 560 3rd av. Entre la 37 y 38, este nos gustó más.

2.- Solemos ir a espectáculos, sobre todo musicales en Broadway y a escuchar Jazz y música en directo.

Sobre todo vamos al Blue Note, al Small Jazz y Fat cat, pero te pongo algunos de interés

Small Jazz Club

Un pequeño club del Greenwich Village. Te propone cada noche un máximo de 5 conciertos por noche. Localización: 183 West 10th Street, NY 10016

Fat Cat

Típico local norteamericano con música en directo y billares con gente jugando. Localización: 75 Christopher St, New York,

The Blue Note

Este fue el primer local de jazz que conocí en NYC. Es uno de los lugares de jazz más famosos no solo de Estados Unidos sino también del mundo. Hay más Blue Notes en el mundo (Tokyo, Pekín, Milán…) pero ninguno con la fama ni con los huellas de artistas en su escenario como Oscar Peterson o Tito Puente. No solo puedes disfrutar del espectáculo sino que también puedes cenar mientras ves el espectáculo. Situado en pleno Greenwich Village, Localización: 131 W 3rd St, New York, NY 10012, EE. UU.

Blue Smoke y Jazz Standard

Buena cenas a base de carne con una buena sesión nocturna de jazz. Blue Smoke es un restaurante con buenos vinos y excelentes carnes hechas al estilo sureño de Estados Unidos y justo en el sótano del citado restaurante se encuentra Jazz Standard, un extraordinario club de jazz. Localización: 116 E 27th St., New York, NY 10016,

Birdland

El apodo del gran Charlie Parker era Bird. De ahí que este local pasara a llamarse Birdland. Y es que fue el mismo Parker quien definió a este local como “La esquina Jazz del mundo”. Si vas a Birdland, vas a estar en un lugar de auténtico culto del jazz. No solo han pasado las más grandes celebridades por sus butacas sino que el escenario ha sido pisado por artistas de la talla de: Count Basie, John Coltrane, Sammy Davis Jr., Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Diana Krall, Liza Minnelli o el mismo Charlie Parker. Localización: 5402, 315 W 44th St, New York.

Ver a Woody Allen tocando jazz en Nueva York

Woody Allen toca desde hace muchos años en el Carlyle Cafe, que se encuentra en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad en Upper East Side. Eso sumado al caché del artista hace que el precio sea mucho más elevado que otras propuestas. Carlyle Cafe en Roosewood Hotel – 35 E 76th St, New York, NY 10075, EE. UU.

Arthur’s Tavern

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Este local es uno de los más antiguos de la ciudad. En él no solo podrás escuchar jazz, sino también blues y R&B. Localización: 57 Grove St, New York, NY 10014 Acceso gratuito

Otros como el BAMCafé en 30 Lafayette Ave, Brooklyn, una tarde de jazz en casa de Marjorie Eliot, cita original donde la pianista Marjorie Eliot abre cada domingo a partir de las 15:30 su casa de Harlem, es una casa particular y totalmente gratis. Localización: 555 Edgecombe Ave #3f, New York,  el Smoke Jazz & Supper Club en 2751 Broadway (entre las calles 104 y 105), Manhattan, el  Village Vanguard en 178 7th Avenue South, Manhattan, el  Dizzy’s Club Coca-Cola, en Frederic P. Rose Hall, Lincoln Center, 10 Columbus Circle, Manhattan, el Iridium en 1650 Broadway, Manhattan, el The 55 Bar en la 55 Christopher Street, Manhattan, el The Jazz Gallery en la 1160 Broadway, Manhattan, el Korzo en la 667 5th Avenue (Brooklyn)

 

 

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