¡CUARENTA AÑOS NO SON NADA!

 

Ayer asistí –invitado por mi hermano “ab imo pectore” Diego Guzmán– a  la celebración del cuarenta aniversario de la creación del “Grupo de Teatro Acuario”.

Todo estuvo muy bien. Perfectamente realizado. Cómo se esperaba.

Anoche, les digo, presencié una celebración justa y merecida de uno de los grupos de teatro más importantes del panorama escénico malagueño. Fue un acto entrañable para todos los que como yo hemos disfrutado de los espectáculos de esta formación. Aunque a mí, me incumbía una doble vertiente: la del haber sido espectador de sus representaciones y la del seguir siendo amigo irrenunciable y verdadero de sus más destacados integrantes.

La conducción de la celebración –a cargo de Diego–  cómo no podía ser de otra manera, estuvo acompañada de actuaciones divertidas, de números musicales en directo, de vídeos evocadores de la historia de las cuatro décadas del grupo sobre las tablas. Podría destacar la hilarante intervención improvisada de Juan Manuel Lara. La justa y oportuna mención a Marisa Centeno (alma mater del grupo) por el también amigo Antonio Meliveo. La emotiva y enternecedora comunicación por vídeo de Perico Vez. La sensación de dolor por la falta de mi otro hermano Jose maría Alonso. El ver cómo aquella Martita que yo cogía en mis brazos, se ha transformado en una artista completísima… en fin, todo resultó tan efectivo como afectivo. Tan conmovedor como ameno. Tan evocador como emocionante.

(Dibujo de Ángel Idígoras)

Y de Diego… De Diego voy a reafirmarme en lo que en su día escribí en mi blog hace ya ocho años, y que viene a decir, chispa más o menos, que ha sido, es y será, uno de los mejores y más noble amigo que me haya tocado en suerte en la vida.

Esta es la entrada: “About Diego Guzmán”

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ESPEJISMOS EN SU TINTA.

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Uno, a pesar de esa apariencia de osadía y determinación que procuran lo no presencial, declara y jura ante juzgado competente y poniendo su mano sobre una primera edición de El Cetro de Ottokar, que es un tímido contumaz e impenitente. Un obligado e inexcusable retraído para determinados auditorios en los que no se goza ni se dispone de la tranquilizadora amistad del aforo completo. Por esa circunstancia, a uno que lo es, le aterra el ser el centro de atención en cualquier acto público y no estar protegido por el anonimato y lo desapercibido. Cierto es, que cuando en una representación artística sacan a algún incauto que sirva para la mejor ejecución del espectáculo, una vez que me quedo tranquilo por no haber sido el elegido, disfruto con un indisimulado placer sádico y cruel por de lo que me he librado y por lo que me estoy divirtiendo con la que le está cayendo al probo incauto ya referido.

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Ayer, por eso del cumplir con el axioma ese que dice que en teniendo amigos, qué falta hacen los enemigos, (o algo así) fui sometido al tormento de la mirada y la contemplación ajena al ser sacado inesperadamente al escenario por un Ángel Idígoras despiadado y felón. Un tipo sin alma. Lo que yo te diga.
Hagamos una aclaración: Anoche tuve el placer de asistir a un espectáculo de magia, monólogo y dibujo –en el Museo Interactivo de la Música de Málaga (MIMMA)– a cargo de los chispeantes Ángel Idígoras y el Mago Rubiales. Dos simpatiquísimos artistas que se metieron en el bolsillo a un público entregado (y engatusado) desde el principio hasta el final.

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La perfecta conjunción de la magia con el dibujo y con la palabra; la música y el trato directísimo con el público, te regala una hora larga de risas y de sorpresas. De admiración y de asombro. La complicidad entre los dos artistas es extraordinaria; y esa pelea ficticia encima del escenario por el protagonismo, da un enorme y cómico juego. Y de eso, el público se beneficia y se congratula.
Había bastante público infantil, y puedo asegurarles que tratar con esa audiencia tan rigurosa cómo exigente; tan natural como sincera, es tremendamente difícil y arriesgado. Nunca se sabe la chavalería por donde va a salir, y entonces, el arma más útil y efectiva es la inmediata improvisación. Y ahí, tanto el Rubiales, como el Idígoras –maestros en esa disciplina– supieron no sólo salir airosos sino ganarse a todo el auditorio con sus ocurrencias.

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Sigamos… Vayamos a “mi” meollo.

***
En un momento dado, el dibujante solicita luz en la sala para merodear con amplitud de miras. Empieza a olisquear presa idónea. En ese mismo momento, también, Santa me susurra: Te va a sacar a ti!!! No ves que tu sobresales entre todos!!! Yo la miro entre aterrado y acojonado, y pido al Gran Houdini, disminuya mi enorme figura que tan chivata y delatora es. El de Bucarest, pasa olímpicamente de mi y cuando voy saliendo de mis desalentadoras sospechas, Oigo reclamar desde el escenario la presencia de “A ver … Aquel tipo grande, con gafas, el de la fila final. Sí tú! Acércate al escenario”
El público aplaude a la víctima propiciatoria. Los que son de su misma condición suspiran aliviados. Y en unos diez minutos, el Idígoras me hace una caricatura; el Rubiales me hace su partenaire en un truco de magia; y los dos me vacilan –al menos cuarenta veces cuarenta– me vacilan; eso sí –todo hay que reconocerlo– con una gracia, una simpatía y un respeto imponentes. Desde ese mismo minuto, me declaro también ferviente admirador del Mago Juan Luis Rubiales.

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En resumidas cuentas: Un espectáculo fresco y relajante. Una representación francamente campechana y cordial. Un lujo visual sorpresivo e impresionante absolutamente recomendable.

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DE RAFAEL FLORES NIETO “EL PIYAYO”

EL PIYAYO EN LA ALCAZABA

DE RAFAEL FLORES NIETO
“EL PIYAYO”

«..Nací de un vaso de vino de amor,
de una madre hija de una madre de quince años,
al menos ezo creo».

Vaya por delante –y en un ejercicio tanto de franqueza cómo de vagancia– que poco voy a aportar yo a este artículo que ahora estáis leyendo; voy a aportar, lo que se dice un cero patatero en cuanto a cosecha propia. Prerrogativa que es –por otro lado– del que detenta cultos, generosos y dispuestos amigos más dotados que uno para esto del escribir.
Digo esto –curándome en salud– ante la categoría de lo escrito.
Porque lo que ahora primero viene, es obra de mis parientes cercanos (por poderes y querencia) los eruditos escritores Javier López Navidad (la conseguiduría) y de Juan Miguel González del Pino (el precioso texto poético). Y lo segundo, proviene de mi pariente lejano “in law” el experto flamencólogo Miguel Ángel del Pozo Tomé; un texto-entrevista que se publicó en el año 2004 en la revista virtual “Calle del Agua” propiciada y creada por mi querida amiga la poetisa y escritora Mariví Verdú.

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Verán ustedes; para ir contándoles de que va esto:

Hace unos días, cayó en mis manos un fantástico documento sacado de la página cultural “Historia de Málaga” que incluía una entrevista realizada a ese inolvidable personaje malagueño llamado: El Piyayo. “La entrevista” (1936) se llamaba. Por eso de la investigación, y por lo que me voy encontrando en mis pesquisas e interrogatorios, dejé de lado esta entrevista porque me parece mucho más interesante el texto de Miguel Ángel del Pozo; pues incluye fragmentos de dicha entrevista y los mezcla magistralmente con retazos verdaderos de la vida del afamado artista perchelero.

Comentándolo con amigos y familiares, salió a relucir también un texto que el Poeta (siempre lo pongo en mayúsculas cuando me refiero a él) Juan Miguel González del Pino incluyó en el libro El Compás y el Lápiz; un libro aquel publicado por la Diputación Provincial de Málaga, con motivo de la I Bienal de Flamenco- cuyos autores fueron: Ángel Idígoras, el mencionado Juan Miguel González y Javier López Navidad. A la sazón, los tres, queridos y admirados amigos de este probo Father Gorgonzola.

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Tomando todo eso que me llega, en su verdadera dimensión informativa, y sobre todo por lo entrañable que resulta para todo malagueño la personalidad cautivadora del Piyayo, por respeto, no tengo más remedio que hacerme a un lado y dejar que otras personas, más capacitadas que yo, conformen esta entrada que ahora comienza, con sus letras.
Esto son unos excelentes textos que abarcando la glosa biográfica, la prosa poética y la entrevista más certera, nos acercan al personaje de Rafael Flores Nieto, más conocido por el apodo de “El Piyayo” .

Empiezo con la reseña de Miguel Ángel del Pozo… Atentos a la corría!

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“Hace 151 años nacía en la calle Arrebolado -Barrio de la Trinidad- un tal Rafael Flores Nieto, más conocido por “El Piyayo”. Al parecer era un pobre diablo que sin saber leer ideaba letras flamencas medidas en espinelas. Era un bohemio que tocaba la guitarra como “los propios ángeles” en frase de la madre de nuestro Pepito Vargas. Era un nadie que sin saber música creó un cante singular que hoy no hay artista del flamenco que no lo lleve más o menos fiel, en su repertorio y era un hombre de luces y sombras pero un HOMBRE y MALAGUEÑO.”

“El Piyayo y la Piyaya
Cuando tienen un piyayito
Lo visten de colorao
Parece un salmonetito.”
(Cante preferido de mi cuñao Jose Luis López Harras)

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DE CHARLA CON RAFAEL FLORES NIETO EL PIYAYO,
por Miguel Ángel del Pozo Tomé

  • ¿Qué quién soy?, yo soy “El Piyayo”, Rafael Flores Nieto y algunas veces Rafael Nieto a secas, y yo me sé el porqué. Soy malagueño, perchelero, gitano, flamenco, republicano y hombre de una sola palabra. ¿Quién da más?..
  • “…soy republicano y de los fetén, no de esos de ahora, más frescos que los boqueroncitos victorianos”.

  • Mi mare me parió en el Perchel, dicen, y lo creo, que en la calle Cañaveral o muy cerquita. Mire osté: yo aunque estaba allí no m´acuerdo pero lo tengo mú escuchao, tampoco er día ni el año y ni farta que me hace, así es mejó.

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“…nací de un vaso de vino de amor, de una madre hija de una madre de quince años, al menos ezo creo.

  • Mis primeros recuerdos son las gazuzas, la busca de tó pa llená la tripa vacía, el compartir las hambres y la comía, la alegría gitana de las noches de verano en la calle Zurradores donde me malcrié. Las correrías por mis percheles, calles Cañaveral, la Puente, Pulidero, Polvorista, Guimbarda… ¡yo qué sé!. Las escapadas con mi hermano José al otro lao del Guadalmedina, a onde los ricos.
  • ¿Trabajar?… de tó y de ná: esquilaor de borricos, cerrajero, vendedor de peines y otras baratijas, afanaor de cuanto pillaba, aunque mire osté: “yo, la verdá, nasí con pocos alientos pa eso del trabajo. Alguna vez andé en negocios. Ná, prepararle a algún compadre la venta de un borriquillo viejo. Cosa de tres o cuatro duros. Y me ganaba, cuando más, un corretaje de tres o cuatro gordas. Claro, así perdí yo la afisión al trabajo.¿Pá no comé? Con la guitarra, al menos, se bebe”.

  • El caudal de los gitanos:
    unas tijeras cortantes
    y un guitarrillo mu malo.

    ¿Y de amores?

    • ¿Amores?, a tó: a Málaga, a mi Perchel, del que no salí más que pá estropearme la vía. A los ondulares, a mi guitarro, a las jembras y al vino, al vino que espanta las duquelas de los gitanillos. “mi vazuco de vino blanco con zoda que emborracha menos”.

    El Piyayo y la Piyaya
    cuando salen al camino,
    lo primero que preparan
    es la botella de vino.

    • ¿Mi guitarra?, ¡ay! mi guitarra. Tan vieja y tan desarmá como su dueño, mi mejor y fiel amiga, siempre pegá a mi lao, como una novia.

    Qué gracia tenía el Piyayo,
    a la guitarra del Piyayo
    siempre le faltaban cuerdas.
    ¡Qué gracia tenía El Piyayo!

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    • ¿A los ondulares?, a los ondulares los respetaba y me respetaban. To los civiles de Málaga saben quién es El Piyayo. “Mire osté, un día iba yo camino de la plazuela de Santa María de visita a unos parientes que allí malviven y me para un civil y me dice: oye Rafaé, me han dicho que no sé qué te pasa con las gallinas que en cuanto ves una por la calle sales corriendo detrás de ella… y yo le digo: ”Parese mentira que, siendo osté señó de la Beremérita, le dé osté esa broma al gitano más honrao de la calle los Negros.” El se echó a reí y me dio pa un vasillo. Los civiles saben que yo soy respetuoso con ellos”.

    El Piyayo y la Piyaya,
    cuando van de romería,
    endiquelan a los ondulares
    y les dan los buenos días.

    • ¿Las mujeres?… mujeres muchas, tóas, más de las que podía y de tó hubo, malas y buenas…La Chunga, que escapó o se la llevaron lejos después de tres días de amor, estrenando nuestro primer jergón regalo de los “primos” y amigos del barrio, dicen que a La Línea o a Estepona, y de la que nunca supe y que me dejó marcáo por la tristeza.

    Naciste de mala ralea,
    no lo puedes remediar;
    la mujer y los caballos
    por casta se han de buscar.

    La mujer que a su marío
    le coge aborrecimiento,
    o está loca del sentío
    o es que busca otro instrumento
    que tenga mejor sonío.

    • La Hampona, que me acompañó media vía, aguantando tó, hasta la miseria, y con la que compartí al que yo tenía por hijo, mi hijastro: torpesillo él, pero no malo, aunque aficionao a las pocas monedas que con tanto trajín y esfuerzo ganaba. También María la Canastera, La Pena ¡qué se yo!.. pero mire osté: toas fuero güenas pá mí.

    El Piyayo y la Piyaya
    cuando estrenan un vestío,
    no se lo quitan del cuerpo
    hasta que no se ha rompío.

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    ¿Y amigos?

    • Pocos y escogíos. Mi amigo Don Fernando Carreras que me socorría, el Chirle y mis herederos artísticos: Manolillo el Herraor, el Trinitario, el señor Antonio “El Mosco” y pare osté de contar.

    Yo tengo el número uno,
    Trinitario tiene el dos
    y el número tres lo tiene
    Manolillo el Herraor.

    Se dice que viajó.

    • Sí, corrí mundo, pero menos del que refieren y casi tó pá mi mal; muerte, cárcel, guerra… ná güeno. Cuentan que estuve en Cuba, en África, en Sevilla… no sé, tal vez.

    Cuando mis ojitos abrí,
    entre la noche y la aurora,
    una bandera española
    fue lo primero que vi.
    También vi cerca de mí
    la linda flor de la yedra
    cuyo nombre me recuerda,
    si es verdad que no me engaña,
    que era Cuba sin España
    una sortija sin piedra.

    ¿Y la cárcel?

    • Si también pizé la cárcel, por mucho y por ná. Por está donde no tenía que está, por alguna ratería, por defendé lo mío y… por salí de mi Málaga, de mi Perchel y mi Triniá a buscá la vía y cruzarse una mala mujé en mi camino.

    El preso cuenta los días,
    el presidiario los años
    y el que está metío en capilla,
    horas, minutos y cuartos.

    • Allí entré por última vez cuando nos liamos a tiros unos con otros y de ella me echaron pá que muriera en la calle como un perro baldao. Esta vez yo, que era inocente, quería quedarme dentro, se comía mal o bien pero caliente, y la celda… un palacio pá mí, acostumbrao a un oscuro y sucio cuartucho.

    Adiós patio de la cárcel,
    rincón de la barbería,
    que al que no tiene dinero
    lo afeitan con agua fría.

    Por la mañana dan pan
    al mediodía el cocío
    y, según tengo entendío,
    por la tarde no dan ná.
    Se forma un algarabán
    de pucheros y cazuelas,
    y el cabo rancho que vuela
    por ver si se encuentra un hueso
    y aquel que no ha estado preso
    no sabe lo que es canela.

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    Piyayo: ¿has muerto?

    • ¡No!. Estoy aquí, con vosotros. Más alto, más espigao que un arenque, más renegrío que nunca. Vivo en mis cantes y en el corazón de aquellos que los recuerdan y aman, aunque mis huesos de pobre, allí en San Rafaé, en el fosal común del Batatá, estén regüertos con otros tan míseros como los míos y sin una humilde lápida que recuerde cuánto os di y cuánto os doy todavía.

    “Calla su vieja guitarra. Sarmentosas, flácidas ,cansadas de rasguear tristemente, las manos del viejo gitano han quedado inmóviles”.

    Artículo de Miguel Ángel del Pozo Tomé, publicado en la revista nº 3 de “Calle del Agua”, Edición de Primavera Año 2004

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    Sigo con el texto del insigne Juan Miguel González del Pino; un texto recordando al célebre gitano y narrando su cautiverio durante la guerra de Cuba en aquel país. Este es:

    9484_808417215911326_1971021345037472730_n(El Piyayo; dibujo realizado por Ángel Idígoras)

    “En Cuba, derrumbado en el jergón de la celda de un fortín español, donde purgaba su oprobio, Rafael Flores Nieto, fue visitado por el ángel de Rilke. En tales condiciones sería como concibió la genial idea de crear los «Cantes del Piyayo», fundiendo la culta décima con los tonos patibularios y de germanía de las colonias de ultramar.

    Tienen un cierto sabor lila-dulzón de flores de jacaranda pisadas estas aguajiradas carceleras: ron de caña y vino moscatel en porrón de taberna portuaria.

    Quizás fuera aquel perdido barco del arroz quien lo trajo de vuelta a Málaga, donde se ganaba la vida cantando en tabernas y colmaos, siendo su repertorio tan variado como proverbial su memoria para la entonación de coplillas y romances, que acompañaba con su vetusta guitarra.

    Dormía de este lado del Guadalmedina, donde bebía, no sin cierta generosidad, el blanco y el pintao, dejando el revuelto de aguardiente y los tintos para el otro margen del río, que era el lugar para sus actuaciones y pitanzas, así como de sus encuentros furtivos con una misteriosa trigueña insular, inspiradora de algunas hermosas y más que notables creaciones, que él nunca reconoció como propias, atribuyéndolas antes al infortunio que al amor, tal vez empujado por un hondo sentimiento pesimista, mezcla de fatalismo y pudor, tan propio de los espíritus taciturnos y solitarios”.

    Juan Miguel González

    ***

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    EL EMINENTE Y EXCLUSIVO CENTRO DE ESTUDIOS DEL TALENTO.

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    EL EMINENTE Y EXCLUSIVO
    CENTRO DE ESTUDIOS DEL TALENTO.

    “Tiene verde la mirada
    y el aire de pizpireta
    Lolita de nueva hornada
    bien puestas el par de piernas”

    (Camarera de mi ron; Vladikov Nabomir)

     

    El a priori:

    En el año 1986, un grupo de intelectuales de la ciudad de Málaga fundaron el Centro de Estudios del Talento. Una congregación que estaba y está integrada por insignes prohombres con una particularidad común: una innata predisposición y vocación hacia la cultura y el conocimiento. Hacia la ilustración y el discernimiento. La sede estaba en la Calle Lágrima Virgen número 19. No me negarán que ya el nombre de la calle promete y cumple.

    Su Presidente, el notable escritor, profesor y poeta Francisco Javier López Navidad. El Secretario, el sinólogo y erudito Javier Cabeza y Sanz. Cómo Tesorero “Eméritus di antimanno” el insigne poeta Juan Miguel González del Pino; formando también parte del grupo, como vocales, el pintor Antonio Ayuso y el dibujante Ángel Idígoras.

    292027_2190294730220_1610333047_n(Ángel Idígoras por Ángel Idígoras)

    Cito a estos ilustres primero, porque –concedida la gracia de mi pertenencia a dicho grupo– auspiciado por Francisco Javier, protegido por Juan Miguel, apadrinado por Idígoras y Ayuso, y certificado por Javier Cabeza, paso a engrosar, y valgo yo mucho para eso del engrosar, las filas de tan excelsa camarilla.

    Forman parte también de dicha partida, los siguientes:

    Antonio Cabello Arce, corrector y crítico literario, Gavilán y Chaves, filósofos. La escritora Carmen Rigalt; Julio Quesada Martín que es catedrático de Metafísica de la Universidad Autónoma de Madrid; Guillermo Aguilera, los filósofos Carlos Conchillo, Juan Gavilán y Francisco Chaves; el pintor Rafael Alvarado, los editores Francisco Cumpián (también poeta e impresor) y José Antonio Quesada. El escritor Cristóbal G. Montilla y Laureano Quesada; Antonio López Navidad, figura de la medicina, Vallejo “El Ínclito”, los también poetas Francisco Bravo y Eduardo Martín Calvo. Antonio Arjona, escultor, José Manuel Domínguez, concertista de guitarra y Juan Alberto Gómez, cantante.

    Personalidades de la Manualidad, tales como Manuel “El Viruta”, el Sr. don Antonio De la Cuesta, y don Manuel Pérez, ingeniero de átomos y voltios. Alexandru Afrasinei, traductor de Juan Miguel González al rumano, Viola de la OCM. Y ahora –y con la dignidad de recién llegado– el bloguero y cronista virtual Álvaro Souvirón.

    el-maestro-y-pintor-antonio-ayuso-2012(El pintor Antonio Ayuso)

    El a posteriori de lo a priori:

    (Del Cuaderno de Bitácora de Father Gorgonzola.)

    Como acostumbra Juan Miguel González, me esperaba amarrado al duro banco acompañado de Paco Navidad, Antonio Ayuso y Javier Cabeza. Debo indicar – no sin un cierto rubor– que el acomodo en mi coche de tan señalado grupo no podría calificarse como una digna demostración y/o exhibición de agilidad, elasticidad y ligereza.

    Saltar el tabique infranqueable –ríete del Muro de Berlín– que representa la separación de la trasera de mi coche (circunstancia que podría haberse evitado mi amigo el sinólogo si hubiese entrado por la puerta correcta) procurarse el adecuado acomodo el pintor y el poeta, y la infructuosa y estéril intentona de mi querido amigo el escritor para ponerse el cinturón de seguridad usando para ello la correa de mi bolso-bandolera, presagiaba una tarde aciaga en cuanto a capacidades físicas y cinemáticas. Pero ya saben Uds. cómo son los pensadores.

    1229983_10201402218450733_877894438_n(Juan Miguel González por Ángel Idígoras)

    Los conduje, no sin cierto nerviosismo, hasta el lugar de la cita donde nos tendríamos que encontrar con Ángel Idígoras. Una vez allí, la camarera, una simpatiquísima y pizpireta chica de intensa mirada y torneadas piernas, nos hizo sentirnos tan atribulados cómo felices y contentos. Un encanto de chiquilla, que nos llevó a más de uno durante un momento, a pasear de nuevo por los jardines medio olvidados de la carnalidad y la concupiscencia.

    Podría contar muchas más cosas de esa fantástica velada, pero sólo indicaré que Ángel Idígoras me regaló el original de mi caricatura. Antonio Ayuso la promesa de proporcionarme material para una entrada monográfica en este blog, y Juan Miguel González me hizo entrega de un divertidísimo romance que a modo de colofón inserto al final para vuestro deleite y satisfacción.

    caricatura Idígoras original reducido(Álvaro Souvirón por Ángel Idígoras)

    Una noche memorable que deberemos, sin duda alguna, repetir. Aunque sólo sea para ver cómo Idígoras aprovecha la reunión para, delante de nuestras narices, realizar la última viñeta que debería de salir publicada en la prensa el día siguiente. Para hablar de Tintín y de comics y tebeos con Javier Cabeza; para oír la palabra didáctica, apocada y respetuosa de Antonio Ayuso; para poder aprender algo nuevo, como cada una de las veces que nos vemos, de mi querido amigo Juan Miguel González. Para poder volver a tocar la guitarra con Ángel esta vez en mi casa; para intentar empaparme –aunque sea sólo un poco– del inagotable ingenio y cacumen de Francisco Javier López Navidad.

    11016772_938618862839662_315274109_n(Francisco Javier López Navidad por Ángel Idígoras)

    ***

    Este es el romance-pasodoble al “Chupaodios” de Juan Miguel González; disfrutadlo:

    ROMANCE DEL “CHUPAODIOS”
    (PASODOBLE)

    Bajo las verdes moreras
    se aliviaba el “Chupaodios”,
    un ojo puesto en el Marca,
    y en la Derbi el otro ojo.

    Sin importarle un ardite,
    retador daba y jocoso
    larga coba a los canutos,
    buena cuenta del tintorro.

    Oculto en las cañaveras,
    imaginaba, rijoso,
    grandes urbes de ortopedias
    y el orbe lleno de cojos.

    Tan feliz se las tenía,
    que se arrancó a lo Poropo,
    con estos trenos de horca
    y estos ayes covadongos.

    ¡Vivan las sillas de ruedas,
    y las roturas de codos;
    los barrenos a la plancha
    y las tapas de microbios!

    Alertados por el cante
    y los crecientes oprobios,
    aludidos guardacoches
    majaron al “Chupaodios”.

    ***

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    LA INSUFRIBLE TORTURA DEL DESAPEGADO FUTBOLERO.

    Este es un artículo (ya es el segundo) incluído hoy en la publicación
    “La Bombonera”  del Málaga Club de Fútbol.
    Un enorme privilegio que agradezco sinceramente.
    (Todas lás imágenes que ilustran esta entrada, han sido realizados por Idígoras &Pachi)
     

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    “LA INSUFRIBLE TORTURA DEL

    DESAPEGADO FUTBOLERO.”

    Cuando mis amigos Pachi e Idígoras me solicitan (esta es la segunda vez) que les escriba un artículo para “La Bombonera”, tengo que reconocerles que le echan un par de balones de reglamento. Porque insisto una vez más –ya lo dije la otra vez– que el pedirle un escrito a un absoluto ignorante en cuestión de futbol (para una revista de estas características) es, cuando menos, un disparate; una osadía y una barbaridad.

    Miren Uds. yo –por esa característica de ignorancia futbolística– padezco lo que se llama la insufrible tortura del desapegado futbolero. Aunque no se crean Uds. que no siempre fui así. Mi cultura futbolera se pierde en los tiempos de los campos calamitosos de tierra y poca hierba que nos daban cobijo, en esta ciudad, a los chavales de la época: Los tres campos del “Lejío” : El Manú, El Manó y el Maní. El Campo del Agua que estaba en Fuente Olletas, el de los Campos Elíseos por el Cementerio Inglés, el de La Fuente en Capuchinos o el de Barcenillas, donde mi amigo Santi me abrió la cabeza de un certero “ñosclazo”. Ahí, con esa pedrá –acabé en la Casa de Socorro de Lagunillas chorreando sangre– se me fue yendo la afición al fútbol para siempre.

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    Aunque después –ya de ocasional espectador y medio obligado– paso mis últimos estertores de aficionado acudiendo con los amigos a los campos del Puerto Malagueño (Segalerva) o al López Pinto (El Bulto) para ver el inefable espectáculo de los Intocables (cuyo botiquín del agua oxigenada y las vendas era un pequeño féretro) o a ver al Mortadelo C.F. jugando en el campo de La Olímpica Victoriana. En todos estos partidos solía haber un fluidísimo y gratuito reparto de leña para el árbitro, que a diferencia del mono, no era de goma.

    Pero pasa el tiempo –los tiempos corren, ya lo saben Uds. que es una barbaridad– y yo, me olvido del futbol definitivamente. Aunque ahora, con eso de la Liga, La Copa del Rey, La Liga de Campeones de Clubes, la Champions League (que creo que es lo mismo). La UEFA League, las Supercopas, y muchas competiciones más, uno –desde el prisma de la envidia más insana, por lo que se pierde– no puede sino sentir un cierto muy mucho complejo de inferioridad y una bastante alta dosis de pelusa que suele ser mal entendida.

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    Porqué? Pues porque, a causa de esta abultada agenda de competiciones, hay múltiples y variados motivos y ocasiones para que la gozosa multitud de amigos aficionados se reúna felizmente (para contemplar el partido de turno) en torno a una súper pantalla plana de al menos cuarentimuchas pulgadas y –a golpe de afición– pasar una tarde feliz y amena rodeado de compinches y secuaces. Y “secuazas”, que también las hay y muchas, mucho cuidado.

    Pero para el pobrecito desgraciado, para el infortunado, para el ingenuo (que todavía cree en la bondad humana) para el NO aficionado al futbol, esta circunstancia (la de que no le guste) se torna en una verdadera tragedia semanal y personal. Pues se le considera “persona non grata” para los visionados de encuentros deportivos y para las posteriores tertulias futbolísticas en los salones más selectos de su panda de amigos.

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    Y yo, que quieren Uds. que les diga, me siento tan desafortunado como triste; tan desplazado como poco querido, tan ignorado como apartado; porque me pregunto… No le gustan a uno –al margen del fútbol– las almendritas, los chochitos y las patatas fritas de paquete? No le gusta a uno las rodajas de salchichón Prolongo finamente cortadas y debidamente despellejadas? y el jamón? No se tomaría uno alguna que otra cervecilla helada –mudo, resueltamente callado y sin hacer ruido, como es natural– si no estuviese amenazado y atenazado por la mirada desafiante del entendido? Sí! ese mismo que no te permite ni acercarte a la mesa no fueses a taparle la jugada principal del encuentro?

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    Sigo con la retahíla de quejas: No tiene uno derecho a dar, si no su opinión y/o parecer deportivo (lo sé, es suicida), sí el intentar llevar la conversación por otros derroteros? (lo sé, también es suicida) Ponó! Sufro este desplante y apartheid deportivo apenadamente y en silencio. Avergonzado y contrito, tal si sufriese de implacables, severas y sanguinarias hemorroides cada domingo.

    Triste es la vida del NO aficionado que sólo disfruta de sus amigos los días que no hay partidos. Pero partidos, haberlos, queridos amigos míos, haberlos haylos y muchos. Casi todos los días. En fin, siempre me quedarán las motos y esos genios intolerantemente buenos llamados “Marc Vázquez” y “Sipo Tons”. Aunque este último, me parece a mí, que ya no pilota.

    Álvaro Souvirón

    • Aquí podéis leer el articulo:

    https://www.facebook.com/pages/La-Bombonera/450712491681393?fref=ts

     

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    EL CABALLERO MAGIAR

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    EL CABALLERO MAGIAR

    La Revista La Bombonera es una publicación deportiva centrada en el Málaga Club de Futbol.

    Uno de sus valores mas apreciado y estimable, es la enorme implicación de los hermanos Pachi y Ángel Idígoras. La Bombonera se reparte cada dos semanas coincidiendo con la jornada futbolera en el Estadio de La Rosaleda de esta ciudad.

    Ángel Idígoras – con esa enorme empatía que demuestra y esa generosidad  incuestionable –también sabe rodearse de los más granado de la ciudad, para que con sus aportaciones, den más clase y carácter (si cabe) a dicha publicación.

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    Esta vez es el amigo común  Fco. Javier López Navidad;  Christmas, cómo a mi me gusta llamarle. El amigo Javier con esa erudición tan inherente a él, nos da un paseo por sus años de infancia y nos cuenta – con una enorme proliferación de datos y recuerdos entrañables- el día en que Puskas le marcó un gol al portero malaguista Américo y – de propina – lo dejo baldao y cojitranco para siempre.

    Contemplamos en este relato que ahora viene, un paisaje ya desaparecido de los alrededores de La Rosaleda cuando, para cruzar el río, había que pagar el óbolo exigido por los buscavidas que proporcionaban escaleras y tablas para ahorrar al hincha el rodeo. Saboreamos una tortilla de collejas que, desaparecidos los campos junto al Convento de las locas, desaparecida la receta.  Y por fin, entre Camisas Tervilor, Zapatos Segarra y Dugan Impermeables asistimos a la final del Torneo Costa del Sol del año 1963 donde se jugaban los cuartos el C.D. Málaga  y el  Real Madrid  C.F.

    Cierra el artículo, internándose y centrando como Paco Gento, el también Poeta Juan Miguel González del Pino. Miel sobre hojuelas, niño!. Miel sobre hojuelas, lo que yo te diga.

    Este es el artículo; saboreadlo!!

    El caballero magiar

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    Nunca olvidaré el día 16 de agosto de 1963, con su cielo abierto y limpio que prometía una tarde de milagro. Yo salí temprano de casa y me acerqué a lo que llamaba la avenida de las moras, por los árboles de morera que, a ambos laterales de la calzada, ornamentaban con sus abundantes verdes hojas y sus frutos rojos y negros, regalando una sombra placentera y fresca en este me metido en grados. Cercano a la avenida había un campo plagado de collejas que daba a los muros del Convento de la Locas. Fui cortando las collejas con las tiernas manos que tiene un niño de menos de diez años y me frotaba en la alegría pensando en el tortillómetro que mi madre me iba a preparar para ir a la Rosaleda, a ver la final del Costa del Sol: C.D. Málaga – Real Madrid C.F.

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    Pasan unas horas y hete aquí que efectivamente me veo en GOL, con mi marmita militar de aluminio y plata que me había regalado mi primo Gervasio que había hecho la mili en el Benítez. La marmita o fiambrera constaba de dos cuerpos apilados de tortilla de collejas, tomatito picado, ajo, ¡cómo me gusta el ajo!, pan, moras y una naranja de Coín. Siempre nos quedará Coín.

     Observé en un punto del graderío a un individuo que no me quitaba ojo de encima desde una hora antes del partido y me tenía algo mosca, sus idas y venidas visuales a la fiambrera cantaba a las claras que era un «pidión». Sólo una mirada y se decantaba su hambruna. Cuando menos lo esperaba, lo tenía cercano a mi cogote: «¿Me das una mijita?», «Soy enfermo del pecho», le contesté y no le di nada; es más, di la espantada y me escondí en tribuna, dado que entraba entre la valla y el cemento del escalón. Me habían dicho que por donde pasase la cabeza pasaba el resto, y pasó con una limpieza increíble, yo manejaba por entonces pocos kilos y muchas ganas de quitarme de en medio.

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    ¡Qué nervios estaba pasando entre el fútbol y la marmita! Cuando cogí una clarilla, tras el segundo gol del Málaga y de Bernardi, exterminé la existencia. ¡Dios mío, qué jugosas las collejas con huevo, el tomate con su ajito picado, qué dulces las moras negras y qué carne la de la naranja de Coín!¡Siempre nos quedará Coín! y si el partido estaba emocionante, la tarde de «papeo» resultó aún más. Cuando observé en lejanía dos ojos abiertos como dos platos de loza mirándome con mal ojo y peor cara. ¡Qué se le va a hacer!, le hice ver con los brazos abiertos, la fiambrera en la mano y una ligerísima inclinación de cabeza, a la par que canturreaba «Un amigo mío» de don Emilio el Moro.

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    Cuando el magiar se fue para el balón, tembló la Rosaleda; frente a él, un cancerbero ceutí propio del lugar: pelo zaino, naufragando en brillantina, bigote de verduguillo y en el último tercio de su corpachón de atleta griego: zapatos Segarra con punta Sacromonte, calcetines manolos, o sea, de nylon verde, cañas prietas y enjutos tobillos; y todo porque, con las bullas y nervios del partido, en el vestuario había olvidado borceguíes y calcetas. Se hizo la parada de su vida, quedó cojo para siempre. Aquel proyectil lanzado por el tal Ferenc impactó contra el enjuto tobillo y fue a parar al marcador simultáneo Dardo, a camisas Tervilor, llevándose, así mismo, un trozo de Dugan impermeables. ¡Qué parada, Dios mío!, y sin querer. Para siempre, el buen Américo Canas, quedó perdido de nalgas y con patente caída, y así se sostuvo muchos años en la portería como ídolo perenne en el recuerdo de los malaguistas.

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    Un motocarro espera el ansiado trofeo en el patio de armas de la Rosaleda, pero éste estaba condenado para siempre al transporte de bebidas: corría mucha «coñá» por sus venas, Larios a porrillo y cerveza Victoria, malagueña y exquisita; y sus lomos de metal no gozarán del roce de un trofeo con orejas de oro, cabeza de plata y cuerpo plagado de ágatas, ónices, rubíes, zafiros, esmeraldas…y otras piedras caras y raras que nos regala la tierra.

     

    Fco. Javier López Navidad, Málaga, 3-3-2014

     

    ¿Quién al gran zurdo de Hungría,

    en una noche remota,

    con denuedo detendría

    el proyectil que partía

    como un rayo, de su bota?

    ¿Quién, de penalti, el esférico,

    en el aire paró fiero?:

    El heroico cancerbero

    del Club Deportivo, Américo.

     

    Juan Miguel González

    ***

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    ÁNGEL IDÍGORAS. MÚSICOS

    ÁNGEL IDÍGORAS.

    MÚSICOS

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    Mi querido amigo, el insigne dibujante Ángel Idígoras, ha realizado últimamente una serie de caricaturas -todas ellas magníficas- las cuales va a exponer en Barcelona para los afortunados que puedan asistir a dicha exposición.

    Me comunica Ángel:

    Álvaro, la exposición “Del blues y otros colores”, desde el 8 de Noviembre en Barcelona, concretamente en el Centre Cultural Collblanc La Torrassa. c/ Mare de Deu dels Desemparats, 87. L’Hospitalet. Metro L1 Santa Eulalia. L 5 Collblanc.

    La mayoría son artista de blues, porque lo organiza la Sociedad de Blues de Barcelona. También aparece algún flamenco como El Cabrero, intérpretes clásicos como Glenn Gould, intérpretes de otro tipo de jazz como Scott Joplin y Fats Waller -este lo puse hace tiempo- y alguno más. En el flyer, ya sabes, la tarjetita que ponen de recuerdo, va un dibujo que puse hace poco, en el que se ve a Mississippi John Hurt y a Skyp James a blanco y negro, algo más realista. Si quieres algo, dímelo.”

    (Pues si! Quiero un flyer firmado para mí!!)

    Esa nueva remesa, continúo, me sirve de excusa para que el amigo artista se vuelva a dar un paseo por mi blog y se quede en él (otra vez) para siempre.

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    Pero particularizo.

    Y particularizo en la otra pasión -lo sé fehacientemente- del amigo dibujante: La Música.

    Así que, con su beneplácito, escarbo en los baúles polvorientos -que diría Jamís- y saco a sus músicos para que les de un poco el aire libre, para que se oxigenen y liberen un poco de la tinta y del grafito.

    En la búsqueda, me encuentro no sólo a los que van a estar expuestos en la anteriormente mencionada exposición, sino que me encuentro a amigos reales y verdaderos que me hacen, esta presentación que ahora viene, más entrañable y cercana: Los fantásticos The Tiritos, Los Tambletom, o a Rockberto, que aún sigue en las nubes…

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    Pero también a amigos intangibles que me han acompañado en no pocos momentos de mi vida: Django Reinhardt, John Lee Hooker, Van Morrison, Ray Charles, Tom Waits, Leonard Cohen, Simon & Garfunkel, Muddy Waters…Muchos más. Aunque falta uno que él y yo sabemos quien es; y que además, me tiene prometido. A ese, porque una dura lluvia va a caer, me lo callo.

    Ángel Idígoras sigue dotando a sus dibujos de alma (estábamos hablando de blues, verdad?) y de vida propia. De movimiento. Con esos trazos que, a veces enfurruñados, y contra la lógica de la técnica, consigue – a base de garabatos, pintarrajos y borrones- darles esa viveza; milagrosamente: A Federico Monpom, o al Cabrero, a Leo Maslíah, al mismísimo Enrique Granados o a los anteriormente mencionados.

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    Un placer que estés de vuelta por estos Lares, Maestro. Un placer, absoluto, categórico y tajante. Sin ninguna duda.

    Si queréis ver la presentación que he realizado en Power Point, podéis hacerlo desde aquí:

     

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    Disfrutadla. Yo lo he hecho.

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