DESTINO: NORUEGA (III)

DESTINO NORUEGA (III)

 

Nota del autor a modo de aviso:

 

Téngase en claro que, en este viaje que estoy narrando, concurren diversas circunstancias que paso a aclarar para prevenir comentarios correctores por parte de mis acompañantes en ese periplo por las Tierras del Norte y que, me consta, leen con especial interés este texto al ser protagonistas de este relato.

 

Débese de tener en cuenta, también, que es un relato de un PRIMER viaje de una larga saga de viajes que realicé en aquella época; por lo tanto –porque la memoria desfallece día a día- muchos detalles seme  escaparán y otros estarán mediatizados por la propia e íntima experiencia. En este caso por la mía en particular.

 

Téngase en cuenta, otra vez, que esto es un compendio de anécdotas cuyo hilo conductor es el propio viaje a Noruega en sí. No se trata de una guía de viaje con un planning elaborado, previsto y seguido al pie de la letra. Nada más lejos de eso.

 

Y por fin, que para hacer más fluida la lectura, y considerando el maremágnum de medios de transportes que tuvimos que emplear tanto a la ida como a la vuelta, muchas de estas anécdotas se sitúan en el viaje a bordo de un barco -pongamos de ejemplo- a la ida, cuando en realidad fue en ese mismo trayecto a la vuelta.

 

Pero en fin, a todos los que lean este relato de viaje- menos a las cinco personas que me acompañaron en esta odisea- les trae sin cuidado las recomendaciones que he hecho. Porque ellos, vosotros, no podéis discernir cuando, como y donde sucedieron todas estas anécdotas sino por lo que yo cuento.

 

Pero lo que si aseguro, es que todas son rigurosamente ciertas. Y, aunque por su patetismo, pudiesen resultar exageradas, puedo prometer y prometo que todo o que cuento en este relato es, repito,  rigurosamente cierto. Y lo que me callo, que no es poco.

 

Sigue pues así el relato…

Habíamos llegado a Esbjerg. La resaca impenitente de la locura colectiva de la noche anterior, nos taladraba el cerebro de una manera inmisericorde. Suenan por los altavoces del buque instrucciones de que el pasaje debe de abandonar el barco inmediatamente. Así que nos ponemos, apresurada y atropelladamente, a cerrar las maletas que por cierto, la mía en cuestión, había perdido ya el orden perfecto que mi madre me había procurado para todo cupiese adecuadamente. Incluidos los cinco jerseys que  – no se como se me había pasado por la cabeza hacerlo – me había llevado a ese primer viaje de Tuna.

P’al frío, niño! Me había dicho mi madre. P’al frío.

Así pues, con las prisas, empiezo a meter caóticamente, todo lo que había sacado la noche anterior, a fuerza de forzar las correas de cuero de la maleta. Recuérdese que estas correas no circundaban la puta maleta, sino que se abrochaban desde  la mitad de un lado hasta la mitad del otro lado pasando por arriba. Es decir …no pasaban las malditas cinchas por la parte baja, donde iban las bisagras de la maletita en cuestión. Lo de maletita, como se comprenderá, es un eufemismo.

Nos despedimos de las camareras- que todas tenían unas ojeras rojo-rosáceas alrededor de sus ojos. No por la emoción de la despedida, sino por la resaca taladrante que les acuciaba.

Empezamos a bajar por una empinada y estrecha pasarela para pisar por primera vez en nuestra vida tierras danesas. Empieza la comitiva a descender. Quemosión!

Cual caravana de exploradores -sin porteadores- empieza el desfile hacia tierra firme de los seis españoles –estudiantes dela Facultadde Ciencias Económicas y dela Escuelade Empresariales dela Universidadde Málaga que éramos.

En medio de esa turbamulta de maletas, instrumentos musicales y pesadísimas cajas de vinilos, avanzaba con paso torpe El Varisto; provisto de su maleta hinchona y retotollúa  que parecía morir exangüe de asfixia y asma a la vez, si no fuese redundancia respiratoria.

En mitad de la pasarela. A cinco metros de altura sobre el nivel del mar. Es decir justo entre el barco y el muelle, la maleta dice ¡Basta! Y explota en una erupción incontrolada de ropa: jerseys, pantalones, traje de tuno  -capa incluida-  y un indeterminado número de calcetines, bufandas, gorros de lana y diversos complementos inservibles, que salieron expelidos provocando una lluvia textil que deja como recuerdo imperecedero flotando en las aguas del Mar del Norte en Esbjerg, un pantalón de franela, dos jerseys de cachemir, un calcetín ejecutivo y -gracias a Dios, no todo iba a ser malo- la bolsa de la ropa sucia que nunca  jamás volvería a ser lavada. Con agua dulce y jabón quiero decir.

Recoge El Varisto apresuradamente los restos de la explosión y sin saber como, se da la media vuelta en la pasarela y atropellando al resto de pasajeros que le seguían, vuelve al barco suplicando -en un perfecto idioma gesticulante- una cuerda para amarrar a la desdichada y desagradecida maleta. A partir de ese  infame momento, El Varisto se recorrió, ignominiosamente, los Paises Nórdicos con una maleta atada a la manera Paco Martínez Soria.

Humíllame más si puedes Diossss!!! Humíllame más si puedessss!! Decía entre dientes.

Aclaremos que disponíamos de una muy escasa cantidad de dinero destinada a alojamiento y gastos imprevistos -proporcionado por nuestro dilecto Decano, el Sr.Requena- por si acaso no se daba bien la recaudación monetaria por nuestras actuaciones musicales. Pues bien, el “por si acaso” se cumplía y no cosechábamos demasiado éxito en cuanto a emolumentos y por consiguiente, nuestro capital disminuía a pasos agigantados. Más teniendo en cuenta  que, para desplazarnos, teníamos que tomar una ingente cantidad de medios de transporte.

Tomamos pues un tren que nos había de llevar a la capital de Dinamarca. Pero para eso debíamos de atravesar el estrecho de Kattegat y un par de islas para llegar a la ciudad del Tivoli. Y no me refiero a Benalmádena.

Compramos los billetes del tren, nos acomodamos y continuamos con destino a la gloria, que diría Woody Guthrie. Allí, como no, nos sucedió otra anécdota digna de contar. Ya iban siendo demasiadas anécdota, rediez! ¿Que tal un poquito de tranquilidad?

Se puso en marcha el tren y los maestros cerveceros del grupo – a la sazón Urelio y LuisC – se empeñaron en, a pesar de nuestro exiguo presupuesto, celebrar que estábamos en la patria de las Carlsberg y Heineken y pasarse por el vagón Bar- Restaurante para adquirir doce botellines ( 6 de cada marca) para establecer matices diferenciales entre distintas especies del lúpulo de cebada fermentado en su propio lugar de origen.

A El Varisto, se la sudaba -literalmente- la cerveza- El pasaba directamente dela CocaColaa los licores de las Altas Tierras de Escocia sin problema alguno. En la misma cantidad si te digo. A pesar de eso, los dos sedientos decidieron ir a por las rubias con espuma.

No tuvieron en cuenta de que en ese momento el tren hacía el trayecto entre Odense y Sjaelland, situadas cada ciudad en una isla distinta. Cosas de los archipiélagos.

Y cómo, –se preguntará el lector- solventaba esta contrariedad geográfica el tren?  Pues muy fácil: Partiéndose en dos y metiendo cada una de estas partes en un barco distinto. Por lo que transcurrido el tiempo en que se tarda en libar cuatro cervezas de extranjis (en el vagón Bar – Restaurante) quedó el grupo tunero roto de improviso. En dos; como el tren.

Urelio y LuisC, en un barco…el resto en otro.

Salimos fuera corriendo – al darnos cuenta de lo sucedido el grupo más numeroso- con ánimo de avisar a los dos rezagados cerveceros. No dio tiempo. Tan solo a llegar a la barandilla de cubierta desde la cual pudimos ver que unos aterrorizados Urelio y LuisC que observaban con estupor, desde un vagón que se alejaba en el muelle, como nos íbamos sin ellos sin remisión alguna y con el poco dinero disponible, sus pasaportes y todo lo que poseían en el mundo. Eso si, tenían doce cervezas -además de las cuatro que había rateado- para ellos solitos y un dominio del danés y del inglés que daba pena.

Llegamos a Copenhagen. Bajamos todo el equipaje, el nuestros propio y el de los dos desgraciados. Tuvimos pues que esperar la intemerata para que llegaran en otro barco los dos niños perdidos y-porqué no- el muy disminuido bagaje cervecero.

Y allá que nos vamos para el centro de la ciudad!!! Ala  Rådhuspladsen:  la Plazadel Ayuntamiento, justo al lado de los Jardines Tivoli donde se ubicaba el celebérrimo Parque de Atracciones y no demasiado lejos de Christiania, famoso barrio libertario el cual pensábamos visitar para la adquisición de productos típicos de la zona.

Nuestro ínclito guía- interprete- organizador- jefe de salida y, por fin, pandero neurótico  Rafalito Pepunto Pepunto, no sabíamos como, nos había conseguido – en pleno centro de la ciudad, justo en la zona antes descrita- alojamiento a un más que interesante precio. Nos fuimos hacia allá dispuestos gozosos a tomar posesión de nuestras habitaciones; y cuando llegamos… Ahí! ahí fue cuando nos dimos cuenta como había -nuestro querido organizador y estratega del viaje- encontrar tan céntrico y a tan módico precio alojamiento para todos.

Estaba situada, la pestilente pensión, en un edificio de una calle contigua ala Rådhuspladsen.  Nuestrosaposentos, estaba situados en la altísima última planta sin ascensor de un  pútrido edificio danés.

Subimos agotados todo el equipaje y allí nos encontramos al infumable y perverso judío propietario de la cloaca. Ríete del Fagin de Oliver Twist. 

Agotados como estábamos, decidimos no discutir las condiciones fitosanitarias del hospedaje y entramos sudorosos y agotados y -sobretodo- hambrientos. Eran unos cuartuchos llenos de literas dispuestas alrededor de una escueta mesa sobre la cual colgaba una enorme lámpara de platillo que pendía de un alambre como si de un ahorcado se tratase. Se completaba la decoración minimalista con alguna silla desvencijada y todo eso, sucio hasta la desesperación. El plato de ducha era externo, comunal y absolutamente asqueroso. Una piscina de pelos y agua jabonosa digna de mención en esta historia.

Nos sentamos desanimados y asqueados en los bordes de las literas procurando no tocar nada; ni siquiera con el culo. Decidimos sacar fuerza de flaqueza y poniendo unas revistas del Patronato de Turismo dela Costadel Sol que llevábamos – a modo de mantel sobre la mesa- abrimos la caja de las  provisiones y nos dispusimos a saciarnos a base de ácido úrico y las cervezas que aún quedaban desde la odisea anterior.

Empezamos a abrir latitas; dos de cada: Atún… Mejillones en escabeche… Anchoas… foie-gras… chipirones… almejas. Cortamos  -con el cuchillo asesino- un buen surtido de chorizo y salchichón, y lo dispusimos todo abierto –pillando casi toda la mesa- listo para comérnoslo ávidamente, pues el hambre nos corroía.

En un inoportuno momento, el amigo acordeonista Inuit, se levanta de una de las escasas silla con ánimo de coger  -con un palillo de dientes- una sardinilla en tomate; con tan mala fortuna, que le da un tremendo cabezazo a la puta lámpara de platillo, ocasionando al moverla bruscamente, que se derramara sobre los alimentos preparados para la ingesta  una enorme, repugnante y espesa lluvia de polvo que caía con una lentitud exasperante sobre todo el condumio cubriendo con un manto gris rata y dejando inservible y peligrosamente tóxico el ágape para el consumo humano.

No volvimos a sentar lentamente en los bordes de las literas mirándonos con los ojos húmedos de lágrimas y estupefactos. Lanzábamos miradas reprobatorias hacia el ejecutor de la tropelía. Inuit nos miró con displicencia… se tiró un enorme eructo cervecero y no dijo ni mú. Para que más explicaciones.

Bajamos las estrechísimas escaleras tal si fuésemos la SantaCompañay nos dirigimos a la puta Rådhuspladsen donde en un puesto de comida ambulante, nos comimos un ignominioso rollo de primavera. “ ¡¡Welcome to Copenhagen visitors from all over the world!!” se leía en el dispensador de inabarcables y deliciosas hamburguesas y perritos calientes.

¡¡¡Tuputamadre!!! Se decía para sí El Varisto y su grupo de adláteres músico vocales. ¡¡¡Tuputamadre!!!

Tunos deLa Facultadde Económicas y  Ciencias Empresariales dela Universidadde Málaga que éramos. ¡ Con dos cojones! Y si ahí hubiese una puerta?… empezábamos a pensar…

Continuará…

DESTINO: NORUEGA! (II)

DESTINO: NORUEGA! (II)

Llegamos, por fin, a la terminal de vuelos internacionales del Aeropuerto de Málaga. Descargamos el imponente equipaje y el autobús, agradecido y aliviado, se alejó mientra se tiraba, a modo de despedida, tres sonoros pedos de humo negro asfixiante por el tubo de escape debido el esfuerzo extra que le habíamos inflingido con nuestro mastodontico bagaje.

Podría pensarse que incido mucho en el tema del volumen del equipaje; incluso que exagero. Pues bien para abundar mas en el tema de lo desproporcionado de la impedimenta, comentaré que -además de todo lo anteriormente expuesto- se me ha olvidado decir que nuestro amigo Inuit, portaba un enorme acordeón que haría las delicias de nuestros potenciales espectadores nórdicos, y que además, porsi, llevábamos una importante selección de alimentos imperecederos (a la par que pesados) para prevenir indeseados episodios de hambruna.

Consistía este en una caja de avituallamiento que contenía un variado abanico de latas de conservas en su mas amplio espectro: Atún, anchoas, mejillones en escabeche, calamares en su tinta y a la americana, sardinas en aceite y en tomate, un innumerable surtido de latitas de foie grass marca La Piara…y para completar el elenco dos enormes salchichones y otros dos chorizos de igual calado. Otrosí: Un queso. Más que nada – a los chorizos me refiero- para que los salchichones no se sintieran capitidisminuidos  en comparación con los enlatados productos.

Acompañaba a los alimentos un afiladísimo cuchillo para cortar los embutidos, el queso y alguna otra cosa más, como  ya se verá más adelante. Mezepone la canne de gallina.

Llegamos por fin a los mostradores de embarque, con tan mala suerte que, por problemas de los que no llego a acordarme, dispusieron que viajásemos en primera clase. Esto empieza a arreglarse piensa, inopinadamente, El Varisto.

Así pues entran en el avión – vuelo IB 6253- con destino Londón. Se aposentan en unos amplios y cómodos asientos y durante las dos horas aproximadamente que dura el vuelo, no dejan de dar por culo a la zufáta exigiéndole  cervezas, medias botellas de vino, y  numerosísimas botellitas de espirituosos para acompañar el almuerzo y  que liban creyéndose los amos del mundo mundial. Ahiesná! Señorita! Un cafetito, si pué ser.

Llegamos a Heathrow. Salimos del avión medio melopeos y cargados con nueve  mantas de viaje, seis almohadas y un sinfín de material diverso que se componía esencialmente de pantuflas, antifaces y cositas de aseo personal; todo ello debidamente robado del avión que, parecía alegrarse  también de nuestra ida. Con lo que se produce otro incremento notable de peso en el equipaje a transportar.

Las amabilísimas zufátas nos despiden alegremente haciendo gestos de adiós con el brazo derecho. Aunque observamos, con desconcierto, que apoyan su mano izquierda en la parte anterior del codo derecho. A modo de corte de manga. Que zusdén peasos de merdellones! Nos dicen en un perfecto inglés. Que amables!  Nos decimos, y nos dirigimos a la sala de recogida de equipajes con la intención de hacernos cargo nuestro contenedor.

LONDRESSS !

Londres está dispuesto de una manera especial. Esta es: Los bancos…están tós juntos (enla City). Los restaurantes… están tós juntos (en la zona de Picadilly). Los monumentos mas importantes…  están tós juntos (Enla Zonade Houses of Parliament).  Las  tiendas de electrónica… están tós juntas (en la zona de Totteham Court Road). Los Hoteles… también. Mass o menosss claro.

El autobús de línea que tomamos en el aeropuerto londinense -no sé porqué- nos deja a las tantas de la noche en una desierta City, es decir en la zona de los bancos. En teniendo en cuenta de que esa aventura tuvo lugar en Octubre de 1977 – en plena eclosión del movimiento Punk en Londres, íbamos literalmente cagaos por la noche -cargados hasta las cejas-  temiendo que Johnny Rotten y sus secuaces nos atracaran, palicearan y por fin, nos sodomizaran. Mas que nada para darnos por el culo. Aunque lo que más nos temíamos era que Syd Vicious, nos escupiera y tirara tomates mientras nos hacían el acto. God Save the Queen.

Milagrosamente esa noche estaban de concierto por la parte de Chelsea y nosotros, no sabemos como, llegamos a la zona de la estación de St. Pancras y nos alojamos en un muy, muy coqueto hotelito de putas.

La dueña del hotelito, resulto ser una entrañable señora inglesa que nos trató de maravilla -rara avis en ese país-  y que nos deleitó a la mañana siguiente con un suculento desayuno continental (porque se llamara así?)  a base de tostadas, huevos con bacón y salchichas, café, mantequilla y mermelada. Ahí me hubiese quedado yo un par de semanitas. Nos dirigimos, pues, mediada la mañana, a St. Pancrass Station con la idea de tomar un tren que nos llevaría a la ciudad de Harwich. Puerto internacional en el condado de Essex y que es la puerta hacia el continente europeo. Llegamos a Harwich para tomar el barco Dana Regina (gemelo del Dana Corona) que nos llevaría a tierras Danesas. A Esbierj, concretamente; cada vez nos íbamos alejando más del nido protector.

Nos instalamos en el barco. Nos proporcionan camarotes en la parte económica del buque, y una vez aposentados, nos dedicamos a explorar el barco. Lo primero que hacemos es – como es norma- contactar con la tripulación y el staff de camarería del buque. Si quieres en un barco triunfar, con las camareras has de contactar. Así que a los cinco minutos ya teníamos una invitación formal para una fiesta en los bajos más bajos que se pueda uno imaginar en un barco. Actuación musical incluida.

Tratamos de comer algo del bufé libre, pero en esos tiempos, nuestros delicados estómagos españoles patrios, no estaban acostumbrados al enorme surtido de pescados ahumados que era en lo que consistía el repugnante bufé. Y pan negro, pá más INRI.

Así que nos dispusimos a engullir – con todo el dolor de nuestro corazón, y más por necesidad que por placer- un poco de arenque ahumado y frío como una culebra;  dos huevas momificadas de nosequé y un surtido de pescados lánguidos y pálidos en sus variedades de salmueras, ahumados, y marinados. Acompañados de un pan negro de centeno  inclemente que no ayudaba mucho a la vista. En defensa del bufé, diré que eran otros tiempos y que si nos sacaban de los platos de nuestras madres y abuelas, nos quedábamos absolutamente desconcertados.

Estábamos en plena travesía. En medio del Mar del Norte. No sé si se declaró una tormenta o que el susodicho mar está en permanente estado de cabreo. Salimos fuera a cubierta. El frío te calaba los huesos, la humedad, ni te digo. La noche era tan oscura como el sieso de Olav V (al que conocimos mas tarde) y el mar…el mar era de un negro cruel y azabache. Nunca, en mi vida había y he visto un mar tan negro. Tan desesperanzador e inquietante. Ni una luz en los horizontes de babor o de estribor. Y además caía fuerte y racheada la lluvia;  las olas empezaban a tomar una altura más que considerable. Decidimos pues, ponernos a cobijo y acudir a la fiesta de la tripulación que se estaba celebrando en las entrañas de la nave. En las profundidades del Dana Regina.

 Sacamos los instrumentos y empezamos una muy aclamada actuación por la beoda tripulación, mientras, la tormenta estallaba fuera fuera de sí; valga la repugnancia. (Producida por la ingesta de cadáver de pez).

Las camareras despendoladas, nos descubrían una forma muy peculiar de tomar la cerveza. Esta era: Pedías una jarra de Carlsberg y un chupito de Aqvavit que metías entero dentro de ella. A la media hora teníamos un mareo y un embuche mas que considerable.

La tormenta fuera se tornaba imposible. Fuerza 7 según Inuit que sabía -ya por entonces- de todo y sin necesidad de Wikipedia alguna.  No sabíamos si el mareo era producido por el estado del mar o por las innumerables libaciones del maldito Aqvavit. A través de los ojos de buey del barco, observábamos horrorizados como el barco subía hasta el infinito en el cielo de la noche muerta, para después, hundirse -en un interminable descenso en las gélidas aguas del mar del Norte. Inmediatamente volvía a subir para, otra vez inmediatamente, sumergirse de nuevo. Pensábamos que cada una de esas inmersiones sería la última. Sólo nos consolaba el estado pletórico y eufórico de la tripulación. Aunque no sabíamos a ciencia cierta si bebían porque estaban acostumbrados a esta situación o si bebían para despedirse adecuadamente de esta vida.

El Varisto se retiraba  a sus aposentos, dejando para los que siguieran detrás  – y para que sus compañeros no se perdiesen- un rastro pestilente de arenques ahumados, smørrebrød  y Akvavit por los pasillos de camarotes del Dana Regina que Alá confunda.

Llegamos por la mañana a la península de Jutlandia, a Esjberj, con un mar como una balsa y una resaca de mil pares de cojones. Pero contentos de estar vivos. Nos quitamos los salvavidas.

Pero aún teníamos que bajar del barco, coger un tren y meternos –tren incluido- en otro barco… así que…

Continuará…

DESTINO: NORUEGA! (I)

DESTINO: NORUEGA! (I)


EL PRIMER VIAJE DE PARCHE (I)

Nunca se olvidan las primeras veces de cualquier cosa. De hecho, ocurre que las últimas si se olvidan rápidamente. Cosas de la edad supongo. Pero las primeras… las primeras permanecen, indeleblemente, en nuestra memoria. El primer beso. La primera pelea seria. El primer coche. El primer viaje a donde fuese. El primer amor. El primer desengaño. El primer cigarro después del primer kiki y, por consiguiente, la primera cara de atontao.

Puedo recordar con profusión de detalles, la primera vez que visité Londres- pongamos de ejemplo- de las diez o más veces que he estado. De la última vez, apenas recuerdo algunos detalles sueltos; y si estos acuden a mi mente, no sé discernir si eso que recuerdo ocurrió en el último viaje o en uno anterior. Pero del primero, me acuerdo mucho.

Las primeras veces, tienen un rango especial en la memoria. Grabadas a fuego en ella. Por eso, nunca jamás se me olvidará…

MI PRIMER VIAJE DE TUNA: DESTINO NORUEGA.

Sería por la bisoñez propia que te da la edad, esa que va desde el pavo hasta la salida de la adolescencia. Poco más de 20 muescas en la culata de la vida; pero este viaje –al fin y al cabo- lo recuerdo con un cariño especial. Por lo didáctico.

Pertenecía el futuro Father Gorgonzola a la Excelentísima y muy Venerable Tuna de la Facultad de Económicas de Málaga (esto ya lo he dicho muuchas veces) y aparte de rondas… actuaciones  benéficas (en beneficio propio casi siempre)… contratos… y parches, había otra actividad que fascinaba a todo componente de esta (y de todas) egregia Tuna de Económicas: Los viajes.

Los viajes, podían ser financiados por una entidad (casi siempre -en este caso- por el Patronato de Turismo de la Costa del Sol) o podían ser organizados por algún componente avezado en los temas organizativos de la propia Tuna. Estos eran los llamados Viajes de Parche, pues tirábamos kilómetros por la borda a fuerza de trueque. Yo pongo la música, tú pones la manteca. Colorá a ser posible; y así hasta el infinito y más allá.

Así que, de esa manera, mi querido amigo Rafalito –futuro diplomático que ya se adivinaba-  se encargó de la organización y de apalabrar las actuaciones previamente concertadas con los incautos Cuerpos Consulares de allá por donde pasáramos y que habrían de sufrir nuestros elaborados números musicales. Tour Europeo.

Así pues, se organizó un viaje que tendría como comienzo en nuestra ciudad: Málaga! Después vendrían….Londres… Harwich… Esbjerg… Copenhagen… Oslo… y vuelta pa casita con el mismo itinerario. Nada del otro mundo -como se puede observar- para unos avezados viajeros que NO éramos nosotros.

Como quiera que este era nuestro primer viaje de “parche” incurrimos involuntariamente en una serie de novatadas y errores técnicos que no solo nos hicieron el viaje inolvidable a la par que dificultoso, sino que también, nos sirvió de referencia para establecer una guía del “Que no hacer” en los sucesivos periplos que fueron, afortunadamente, muchos.

Con lo único que debíamos de correr cada uno de nosotros, de una forma particular y onerosa, era con los gastos de traslado en avión a Londres. Ida y vuelta. Una vez desembarcados en Heathrow, dependeríamos de nuestros propios recursos musicales y de los contratos (Más bien rondas a hijas casaderas de embajadores) que había conseguido nuestro ínclito organizador: El llamado Rafalito. Contratos que -hay que indicar, para no distraernos en menudencias aclaratorias-, no salió ninguno. Aunque eso aún no lo sabíamos. Tour Euro Pedo.

Así que unas semanas antes del inicio, dedicamos la recaudación de los parches autóctonos para la adquisición de los billetes de Iberia que nos aseguraba no solo la ida, sino lo más importante… la vuelta.

Como novatos que éramos, aún desconocíamos, desgraciadamente, la impedimenta adecuada para ese viaje.

O para cualquier otro. Así que cada uno llevaba – sin pararse a pensar que era un recorrido con múltiples etapas, y sin medio de transporte propio alguno- tal cantidad de cosas inservibles, que cuando nos juntamos –para salir hacia el aeropuerto de Málaga- llevamos tal cantidad de bultos y equipajes que hubiésemos necesitado una partida de porteadores africanos para realizar nuestra inexperta y pipiola aventura a quien sabe donde. Porque en realidad, no teníamos ni la más remota idea de adonde nos llevaba el destino. Ni Rafalito.

Pongamos ejemplo ilustrativo:

Father Gorgonzola  -en adelante El Varisto- llevaba en una maleta proporcionada a su tamaño y dejada en depósito -con advertencias sumarísimas en cuanto al trato a infligirle-  por su hermana La Urdes. Una maleta enorme de piel clara (Que le habían regalado por boda) con unos preciosos correajes (Dos de ellos) que reforzaban el cierre de la susodicha. Lo único descuidado en la puta y carísima maleta, eran las bisagras de cierre; pero de eso ya hablaremos más adelante. Zuputamadre, la de la maleta digo, claro; no la de mi hermana)

Bien, tras suponer los fríos que nos esperaban en las heladas tierras del Norte, El Varisto iba provisto de: dos pantalones vaqueros, uno de pana para el impenitente frío que se nos avecinaba, uno de “Tergal” para las recepciones en las embajadas quel íolagranputa organizador, nos había preparado.

Llevaba asimismo camisas idóneas que complementasen los pantalones… ropa interior suficiente para 15 días sin posibilidad de lavado- Tres pares de zapatos y sus pertinentes pantuflas. Negros de vestir para el Traje de Grillo y para asistir a las inexistentes recepciones en las embajadas…botas de ante para el tránsito cómodo por las tres capitales europeas y unas informales zapatillas de deporte “Keds” para cuando la indumentaria “Casual”, así lo requiriese. Una buena chamarreta impermeable y una cazadora de ante completaban el ciclópeo equipaje. No olvidemos el traje de Tuno completo, capa incluida. Ni el pijama!!!!!

Portaba también un considerable neceser y un botiquín de primeros auxilios que, a la postre, fue usado muy oportunamente. Muy oportunamente, repito.

Adornaba ese mundo inabarcable de kilos con una guitarra metida en su flamante estuche. Y dos cajas de discos (Lp’s de vinilo)  que pesaban lo indecible y que era su parte correspondiente y pretendían vender a todos los majarones guiris vikingos que se pusiesen a tiro y, suponían optimistamente, harían cola para arrebatárselo de las manos a golpe de billetes de 10 Coronas.

Los demás… chispa más o menos. Bueno…menos. Pero algún que otro incauto portaba además bandurria y laúd, para según que escala tocar en tal o cual interpretación musical… Todos, no lo olvidemos, con el complemento inexcusable de sus dos pesadísimas cajas de vinilos correspondiente. Un puto dislate.

Esperábamos en la Plaza del Obispo (Bishop Square) a que dos reconocidos tunos bajasen desde su casa a la plaza a la hora que ellos acostumbraban. Es decir –tal y como dicen los expertos avícolas- a la hora que a ellos les salía de los huevos. No horarios. Quéspere el avión!

Baja el primero, llamémosle Afilado, con su inconmensurable carga de maleta, vinilos, bandurria y laúd. Baja el segundo componente y hermano de este –al que llamaremos LuisC. – con una carga similar que no era sino una maleta  enorrrrmeeee… los vinilos…la guitarra en su estuche adecuado, y poco más. Este, parecía que se lo iba a montar mejor que las otras desgraciadas mulas de carga.

No obstante, en cuanto pone el pie en el suelo de la calle, a golpe de chasquido ¡¡¡Tchak!!!Se le rompe el asa de la maleta. Así, nada más pisar la calle. Y ante la imposibilidad de cambiarla debido al retraso –Ya sabéis a la hora avícola que habían bajado- Trinca la maleta como si de un bebé se tratase y nos hace cargo (nunca mejor dicho) de su guitarra y de su parte correspondiente de cajas de discos. Porlacara.

Una verdadera locura!!!

Salimos en tropel los arriesgados viajeros : Urelio, Afilado, Inuit, LuisC, Rafalito, y un servidor: El Varisto; que ya empezaba, a este último, a olerle a chamusquina este proyecto que distaba mucho, mucho, mucho, de lo que el se imaginaba y de haber empezado.

Así que nos vamos al cercano Postigo de los Abades con la intención de coger el autobús de Iberia que nos debía trasladar al Aeropuerto de Málaga para tomar el avión con destino a Londres.

Pedimos a la agradable azafata nos abra el maletero del autobús para meter el quintal métrico de equipaje; una vez escorado el vehiculo- debido al peso de este- iniciamos el camino traqueteando a pos de la aventura. See  you later Málaga. Ahítequéas!

Ya íbamos terriblemente agotados.

Continuará…

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