TUNO VIEJO

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TUNO VIEJO

Hace unos días, (en mi anterior post en este blog) escribí acerca de las indeseadas circunstancias que nos acompañan en el último trayecto de nuestra vida. Ese artículo, estaba escrito de forma jocosa y exagerada como correspondía a mi propio deseo de desdramatizar esa etapa vital en la que se van escondiendo –acobardados y contritos–, los reflejos y las aptitudes; las prebendas que el simple hecho de nacer regala cuando se empieza la senda y que la edad, cuando va creciendo –cicatera que es cómo nadie– se encarga de arrebatarnos. Hoy, miren Uds. por donde, les voy a hablar de otra de esas facetas que va perdiendo fuelle por eso del inevitable transcurrir de la vida. La salud. En realidad, me refiero a la mala salud final. Y esto, cómo se comprenderá, no resulta ni tan jocoso, ni tan agradable de leer.

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Vamos a ir por partes (en este caso puntualizaciones) que como es habitual –y no sé realmente el porqué– son siempre tres. Después, como los ingredientes de una buena mayonesa, las ligaremos todas para conformar el final deseado que no es otro que un relato que voy a adjuntar de un querido amigo. Póngale ajo a la salsa, al que así le apetezca, para que pique con razón.

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La primera parte y/o puntualización:

Es el protagonista central de todo este artículo, mi querido y admirado amigo Pedro Rojano o lo que es lo mismo Pedro González Caraballo, o lo que es lo mismo, el Caraladrillo, o lo que es lo mismo, el Papilla o lo que es lo mismo –y cerremos el círculo vicioso– mi querido y admirado amigo Pedro Rojano. Pedro Rojano, es un fantástico y laureado escritor malagueño; este año sido el ganador –también de otros muchos anteriores– del primer premio del XIV Certamen de Declaraciones de Amor que convocó la Red de Bibliotecas Públicas del Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga. Entre más de cien trabajos literarios, él ha sido el galardonado; ahí es nada.

Y es este querido amigo, el autor del texto –precioso texto con final inesperado– que ahora, al final, vais a tener la oportunidad de leer. Si así lo queréis.

La segunda parte y/o puntualización:

Situemos al lector en el escenario adecuado: Tanto Pedro como yo formábamos parte in illo tempore de la Ilustre Tuna de Económicas de Málaga; hoy, en la Sección Emérita; es decir, retirados. Aunque eso de retirados (en mi caso sí que lo estoy completamente, salvo de las periódicas reuniones bimensuales y algún acto preciso) en el caso de Pedro, es un decir. Y es un decir, porque Papilla, sigue en activo; Y, se preguntarán Uds.… ¿Cómo es eso, disponiendo de las edades que se maneja? Pues lo voy a explicar:

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Y lo explico: Porque hoy, impensadamente y desde hace unos años, hay un renacimiento insólito y excepcional (a mi modo de ver) en cuanto a las Tunas Universitarias Clásicas. Y ese renacimiento ha sido posible gracias a una nueva especie llamada “Cuarentunos” que no son otros que los ex componentes, de Tunas Universitarias, entrados en décadas: Los Cuarentunos, son erróneamente llamados así; porque la mayoría rondan (que apropiado) y/o superan el medio siglo de edad y –en muchos casos– se acompañan de algún lustro más cómo guarnición. Así que estos deberían –por cuestiones temporales y semánticas– pertenecer a cincuentunas y/o a sesentunas. Generalizando: Tunosaurios o Antidiluvitunos. Debo de aclarar que Pedro no se siente en absoluto perteneciente a ninguna de estas especies mencionadas. El sigue siendo Tuno activo por derecho. No de Derecho, de Económicas, volvamos a aclarar.

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No obstante para gozo y regocijo del segmento, esa especial e inacabable predisposición que tienen estos amigos a seguir divirtiéndose y disfrutar de la música, proporciona una nueva vitalidad, un nuevo vigor y empuje en una institución que –hubiese sido una pena–se podría haber diluido en ese piélago execrable que es el olvido o lo que es peor: denostada por el injusto desaire y menosprecio de pamplinas fanáticos e intolerantes “modelnos tontosajones” que no saben de qué va la cosa de la tradición y lo presuponen todo.

Gracias al empeño y a la determinación de estos antiguos Tunos (ya todos no sólo situados, sino casi entrando en la meta final de su vida laboral) se ha desencadenado (aclaremos que no me refiero a los Tunos oficiales en activo, que esos llevan, como siempre, su tarea de serie) lo antes mencionado: un renacer, un resurgir del arte del buen trovar y del mejor cantar, de la indiscutible solvencia en la disciplina del disfrutando y libando someramente (en casos, no) divertirse. Del perseverar y afianzar amistades que vienen de muy lejos. Y también, de camino, contribuir a no perder un tipo de música que – manque le pese a muchos snobs– tiene más historia y solera que bastantes de los estilos actuales de música.
Y estos viejunos ayudan –y muy mucho– a perpetuar este estilo de vida.

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Y la tercera parte y/o puntualización, y ya terminamos:

El querido amigo y escritor antes citado, me remite un relato –yo conozco bien esa situación que narra– en el que se cuenta sobre una reunión de antiguos componentes de la Tuna Universitaria de Económicas y en la que –con la excusa de no se sabe bien qué– volver a compartir mesa y mantel; volver a contar otra vez mil recuerdos y anécdotas otras mil veces contadas; rememorar exagerando hasta lo chocante chascarrillos y viejas aventuras que ya –desafortunadamente– no volverán con toda seguridad a producirse. Siempre, malamente acompañados por alguna ausencia irreparable y, sobretodo, con las decadencias físicas aportadas por las antiguas amistades que perduran en el tiempo.
Es este, un relato tan tierno cómo desolador por su inapelable viso de evidencia y veracidad. Una crónica bien situada en el tiempo y en ese lugar común que todos los del gremio tenemos en nuestra memoria y que nos lleva –sin quererlo ni poderlo evitar– a la triste realidad de las facultades perdidas. A las capacidades dormidas. Al inevitable desenlace del viaje existencial que a todos nos ha de llegar.
Un relato apesadumbrado y afligido que sólo nos alegra un final imprevisto. Inesperado; muy a la Roald Dahl manera. Y que desde aquí os recomiendo leer encarecidamente. Sin nostalgia de lo pasado. Sin la morriña y la melancolía de lo que fue o de lo que, por tu bisoñez, pudo ser. Porque no hay mayor martirio que soñar –sin renunciar a él– con un pasado que es imposible volver a vivir con la misma intensidad e ilusión que fue vivido.

Este es; se llama El Regreso del Profeta y está incluido en un libro de relatos llamado “La naturaleza del ladrido”:

EL REGRESO DEL PROFETA

Disfrutadlo. es de Pedro Rojano.

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LA GOMILLA ELÁSTICA

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 LA GOMILLA ELÁSTICA

 Universo: Bar de copas Wizz en el Barrio de Pedregalejo. Circa 1980

 Eran unos tiempos felices. Lejos de los problemas que hoy nos acucian a todos y qué – sería por la juventud- nos lo pasábamos todo por ese Arco del Triunfo que conforma “El forro de los cohonness” También llamado escroto más finamente.

 En esos primerísimos años de los 80, -acababa de salir el tema “Hoy no me puedo levantar”- bailábamos al ritmo impuesto por Radio Futura, Golpes Bajos, The Police, Eric Burdon, Men At Work, Talking Heads, Rod Sterwart, Spandau Ballet, y si se me permite una mariconada, Bronsky Beat.

 Todos estos grupos, no solo nos seguían educando el oído, sino que nos procuraban un puntiagudo  pelo tieso que causaba furor entre los modernos -que éramos- en aquella época (no era fácil salir de tu casa con determinadas pintas). Con lo de tieso, me refiero a los pelos no al escroto; aunque en determinados momentos, también.

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Por esa época, proliferaban multitud de bares por la zona de Pedregalejo; tan habituales algunos, para los del Negro Anaranjado, que más que bares parecían nuestras propias casas: El Galeón, por poner un ejemplo indiscutible. Pero había muchos más. Muchos más: Bobby Logan, Circuito 3, Plumaria (Después llamado Zambra que es donde conocí al antipático de Joaquín Sabina), Wizz, Duna, Zona, Donde, Bolivia 41, La Chancla, Zoo, S.A. Company, Brotos…. Y mil más que decoraron y honraron nuestro  prestigioso currículum vitae de bares de copas y salas de noche.

 Y estos, sólo en Pedregalejo. Porque después había muuuchos más bares en muuuchas más zonas de la ciudad.

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 Bien, la anécdota que voy a referir, aconteció en el Bar Wizz. Y esto, resumiéndolo mucho y mal, fue lo que pasó:

 Sucedió de noche cómo es natural en un bar de las características del Wizz. Si hubiese sido por la mañana muy temprano, el local hubiese sido la churrería de las Cuatro Esquinas.

 El Wizz, disponía de una amplia terraza-jardín delantera; después venía el local del bar propiamente dicho con una música atronadora, poca luz y una multitud enlatada saltando. Y al final del todo, un patinillo trasero donde no cabía ni un alfiler  y que era el sitio que solíamos ocupar por un inexplicable masoquismo  y una temeraria ignorancia del peligro. Aunque la noche de autos, estábamos con las novias -algunas eran futuras caimanes- en el patio delantero donde la música no era tan atronadora, y el apretuje no tan agobiante. Más fresquito y agradable también.

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Disponía ese patio terraza -al delantero me refiero- de unas mesas altas y algunos taburetes, también altos, que servían para que las caimanes se sentasen cómodamente y nosotros danzáramos a su alrededor más pendientes de los que sucedía alrededor que de ellas mismas; pues se encontraban en un extenuante e interminable palique.

 Tuvimos suerte esa noche -dos mesas ligamos-, dos. Y cuatro taburetes, que pasado algún tiempo, logramos aumentar hasta llegar al número de siete u ocho. Recuerdo esa noche que estábamos  El Afilao y  Sra. Su hermano el actor y Sra. Mi querido y andarín Maese Kuky y Sra. Y Santa y un servidor: el sagaz El Varisto. Asimismo, andurreaba por allí otro amigo -también componente de la Logia de los del Negro Anaranjado– al que llamaremos -para preservar su anonimato- Paquito

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Sentados estábamos casi todos alrededor de las dos mesas. Creo recordar que Paquito – volantón que era-  no se sentaba, pues se hallaba intentando la caza y captura de alguna rubicunda y sonrosada nórdica que le alegrara las pajarillas esa noche. Charlábamos todos muy animados. Las chicas con su gin tonic y/o su cervecita, y los chacales consumiendo whiskies desaforada y frenéticamente.

 Pero hete aquí que, el Señor de los Oscuros Espacios Infinitos: El Diablo, también llamado por estas tierras del sur Zatán, Bercebús, o Er Demonio Pinshapapas, puso en manos -no se sabe cómo- del obstinado y pertinaz amigo Kuky, un diabólico instrumento de tortura; que si se empleaba hábilmente, podría producir tanto sufrimiento y dolor cómo pánico y horror. El espanto más incontrolable ante el suplicio, en la victima destinataria del tormento: Una gomilla elástica!

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La cogió de inmediato, y empezó el taimado a juguetear con la puta gomita entre sus dedos. Aprisionaba un extremo con las puntas del índice y del pulgar de su mano izquierda, para -cogiendo el otro extremo con el índice y el pulgar de su mano derecha- estirarla hasta el borde de la rotura y soltando los dedos derechos, propinar tremendo latigazo al blanco elegido con el acompañamiento atronador de un espectacular chasquido: Tshack!!!!!!! que asustaba nada más oírlo.

 Así que viendo y comprobando el resultado y lo que esta nueva técnica intimidatoria le podría reportar, empezó -ante nuestra atónita mirada-  a ejercitarse en el difícil e innoble arte  del tiro con goma a la Guillermo Tell manera. No había manzana ni niño, todo hay que decirlo.

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De ese modo, empezó la exhibición y el entreno; colocaba una chapa de un botellín de Cruzcampo -de manera vertical en el cuello de este- y… Tshack!!!!!!!  mandaba la chapa a tomar por el culo tres villas más allá de la terraza donde nos encontrábamos. Ponía el ojo en el platito de snacks que había sobre la mesa y…. Tshack!!!!!!!  todas las caimanes con los pelos llenos de kikos, avellanas y garbanzos fritos…

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Veía un paquete de Winston encima de la mesa, y… Tshack!!!!!!!  al momento había 16 cigarrillos destrozados desparramados por toda la terraza con el consiguiente mosqueo del propietario. Nos apuntaba a cualquiera de nosotros, y todos nos cubríamos el careto absolutamente aterrorizados a la voz de… Joputarr!!!

 Kuky se sentía poderoso. Inmensamente invencible e invulnerable. Se sabía -Oh dioses del Olimpo- con el dominio total sobre toda la mesa y de los más amplios alrededores del Wizz. Pues poseía el arma definitiva.

 “Me encanta el olor a gomilla elástica  por la mañana”  se le oyó decir.

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En esto, llega Paquito a la mesa ciñendo la cintura de una alta y rubísima estudiante sueca llamada Agnetha, que le llevaba dos palmos. Un poco mareadilla, dedujimos al instante, pues tenía los ojos achinados y el labio de abajo (y a la boca me refiero)  someramente salido.

 – Chicosss.. Os presento a Anfeta! Dí hola Anfeta!

– Hallä!! (Hola!!)

–Es de Suecia. Dí Algo en Sueco Anfeta!

Hejärni? (Hola! que tal estáis?)

–Dile lo que te he enseñado a decir en español Anfeta!

–Tälävoii ä sshuuupärrrrrr ästa Ketercorrääässs.

– Que? Aprende rápido la joíaporculo o no! Un mostro, lo que yo os diga, un mostro!!!

 Kuky, que permanecía con las manos ocultas bajo la mesa, saca como un relámpago éstas. Estira la gomilla  al máximo, y… Tshack!!!!!!!  pega un crujío otra vez al plato de los panchitos y le llena el labio a Agnetha con tres garbanzos, dos kikos, una corteza de cerdo y un habón seco.

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Sin darnos tiempo a reaccionar, coloca la maldita gomilla  -estirada hasta el martirio- a dos centímetros de la misma nariz del atribulado Paquito.

 Éste pega un respingo hacia atrás gritando al asesino en potencia…

 – Ke ase tiiíoo?

– Tástonto o que!!! Ein?

– Tástonto o que!!!

– Ein?

 Por toda respuesta, Kuky, vuelve a colocarle la gomilla, esta vez entre los ojos

 – Tástonto o que!!! Ein?

– Tástonto o que!!! Ein?

 Vuelve a gritar  Paquito…

 – Eres gilipollas, macho?

–Que me vas a saltar un ojo!!!

 Vad händer und Paqueten? Pregunta Agnetha (Que pasa Paquito?)

– Nada! este tío que es gilipollas!

– Ein Paqueten? (me lo puedes repetir Paquito que no lo he entendido demasiado claramente?)

Den här killenären skitstövel (que este tío es gilipollas!!) Le contesta Paquito haciéndose el sueco

Ah! ärinte här! (ah! que no es de aquí!)

– Zómismo, Anfeta! Ámonos paéntro!

Paquito se va para adentro dejando a todos hechos un mar de risas, Kuky sigue jugueteando con la gomilla, hasta que de improviso- suponemos que por el desgaste aplicado al elástico- la gomilla se rompe y muere en un último estertor: Tshack!!!!!!!  Afortunadamente sin causar daño alguno.

 Sigue la velada como acostumbradamente: Las chicas con su segunda plácida ronda, y nosotros con la quinta; cuando al cabo de un buen rato vuelve Paquito con Agnetha; ésta, con más moratones en el cuello que el burro de un gitano.

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Nada más verlos, Kuky -recuérdese, desarmado e inerme- mete las manos rapidísimamente debajo de la mesa y espera la llegada de los tórtolos. Carga su arma.

– Ya estamos aquí. Estoooo… Que Anfeta y yo, nos vamos a ir para la casa que estamos algo cansaíllos, y queremos descansar;  ein Anfeta?

– Ohjamyckettrött (Oh si! mocho cansados)

–  Det gör ontliteslidan (Me duele un poco la vagina) Dijo señalándose la barriga

 Fiuuuuu!!!! Más rápido que el rayo, Kuky saca las manos de debajo de la mesa y apuntando al inclito amante, le coloca las manos justo delante -otra vez- de su aterrorizado y sorprendido careto, que exclama:

 – Tástonto o que!!! Ein?

– Tástonto o que!!! Ein?

– Tástonto o que!!! Ein?

– Otra vez??? Otra vez???

–Cómo no me dejes tranq…

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 Fiuuuuu!!!! Otra vez, sí!. Entre los ojos.

 –Que te meeetooo cabrónnnnn; que te meeetoo…

 Fiuuuuu!!!! Otra vez, apuntando al carrillo derecho

 Paquito que salta hacia atrás; y cogiendo impulso se avalazanza sobre Kuky intentando cogerlo del cuello.

 Que te meeeeetoooooo…Kukyyyyyyy….

Que te meeeeetoooooo…Kukyyyyyy….. íopuuuuuuuu……

 Rápidamente saltamos sobre el encolerizado amigo y le explicamos de que iba el asunto. Que no había gomilla desde hacia una hora.

 Se marchó Paquito -agotado y con un mosqueo de la hostia- mientras Agnetha le preguntaba…

 –Paketen… varför du har berättat för din kompis att knuffa det var inte vad du sa till mig att vi skulle se i ditt hem? (Paquito…eso que tu le has dicho a tu amigo de metérsela; no era lo que me habías dicho que me ibas a hacer en tu casa?

 Nusé si va a poder ser, Anfeta. Nusé si va a poder ser, le contestó Paquito  muy contrariado y apocado..

 Y se marcharon para el coche de Paquito: un Seat 127 despintao que tenia y se fueron para su casa. Cantando bajito.

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DESTINO: NORUEGA! (II)

DESTINO: NORUEGA! (II)

Llegamos, por fin, a la terminal de vuelos internacionales del Aeropuerto de Málaga. Descargamos el imponente equipaje y el autobús, agradecido y aliviado, se alejó mientra se tiraba, a modo de despedida, tres sonoros pedos de humo negro asfixiante por el tubo de escape debido el esfuerzo extra que le habíamos inflingido con nuestro mastodontico bagaje.

Podría pensarse que incido mucho en el tema del volumen del equipaje; incluso que exagero. Pues bien para abundar mas en el tema de lo desproporcionado de la impedimenta, comentaré que -además de todo lo anteriormente expuesto- se me ha olvidado decir que nuestro amigo Inuit, portaba un enorme acordeón que haría las delicias de nuestros potenciales espectadores nórdicos, y que además, porsi, llevábamos una importante selección de alimentos imperecederos (a la par que pesados) para prevenir indeseados episodios de hambruna.

Consistía este en una caja de avituallamiento que contenía un variado abanico de latas de conservas en su mas amplio espectro: Atún, anchoas, mejillones en escabeche, calamares en su tinta y a la americana, sardinas en aceite y en tomate, un innumerable surtido de latitas de foie grass marca La Piara…y para completar el elenco dos enormes salchichones y otros dos chorizos de igual calado. Otrosí: Un queso. Más que nada – a los chorizos me refiero- para que los salchichones no se sintieran capitidisminuidos  en comparación con los enlatados productos.

Acompañaba a los alimentos un afiladísimo cuchillo para cortar los embutidos, el queso y alguna otra cosa más, como  ya se verá más adelante. Mezepone la canne de gallina.

Llegamos por fin a los mostradores de embarque, con tan mala suerte que, por problemas de los que no llego a acordarme, dispusieron que viajásemos en primera clase. Esto empieza a arreglarse piensa, inopinadamente, El Varisto.

Así pues entran en el avión – vuelo IB 6253- con destino Londón. Se aposentan en unos amplios y cómodos asientos y durante las dos horas aproximadamente que dura el vuelo, no dejan de dar por culo a la zufáta exigiéndole  cervezas, medias botellas de vino, y  numerosísimas botellitas de espirituosos para acompañar el almuerzo y  que liban creyéndose los amos del mundo mundial. Ahiesná! Señorita! Un cafetito, si pué ser.

Llegamos a Heathrow. Salimos del avión medio melopeos y cargados con nueve  mantas de viaje, seis almohadas y un sinfín de material diverso que se componía esencialmente de pantuflas, antifaces y cositas de aseo personal; todo ello debidamente robado del avión que, parecía alegrarse  también de nuestra ida. Con lo que se produce otro incremento notable de peso en el equipaje a transportar.

Las amabilísimas zufátas nos despiden alegremente haciendo gestos de adiós con el brazo derecho. Aunque observamos, con desconcierto, que apoyan su mano izquierda en la parte anterior del codo derecho. A modo de corte de manga. Que zusdén peasos de merdellones! Nos dicen en un perfecto inglés. Que amables!  Nos decimos, y nos dirigimos a la sala de recogida de equipajes con la intención de hacernos cargo nuestro contenedor.

LONDRESSS !

Londres está dispuesto de una manera especial. Esta es: Los bancos…están tós juntos (enla City). Los restaurantes… están tós juntos (en la zona de Picadilly). Los monumentos mas importantes…  están tós juntos (Enla Zonade Houses of Parliament).  Las  tiendas de electrónica… están tós juntas (en la zona de Totteham Court Road). Los Hoteles… también. Mass o menosss claro.

El autobús de línea que tomamos en el aeropuerto londinense -no sé porqué- nos deja a las tantas de la noche en una desierta City, es decir en la zona de los bancos. En teniendo en cuenta de que esa aventura tuvo lugar en Octubre de 1977 – en plena eclosión del movimiento Punk en Londres, íbamos literalmente cagaos por la noche -cargados hasta las cejas-  temiendo que Johnny Rotten y sus secuaces nos atracaran, palicearan y por fin, nos sodomizaran. Mas que nada para darnos por el culo. Aunque lo que más nos temíamos era que Syd Vicious, nos escupiera y tirara tomates mientras nos hacían el acto. God Save the Queen.

Milagrosamente esa noche estaban de concierto por la parte de Chelsea y nosotros, no sabemos como, llegamos a la zona de la estación de St. Pancras y nos alojamos en un muy, muy coqueto hotelito de putas.

La dueña del hotelito, resulto ser una entrañable señora inglesa que nos trató de maravilla -rara avis en ese país-  y que nos deleitó a la mañana siguiente con un suculento desayuno continental (porque se llamara así?)  a base de tostadas, huevos con bacón y salchichas, café, mantequilla y mermelada. Ahí me hubiese quedado yo un par de semanitas. Nos dirigimos, pues, mediada la mañana, a St. Pancrass Station con la idea de tomar un tren que nos llevaría a la ciudad de Harwich. Puerto internacional en el condado de Essex y que es la puerta hacia el continente europeo. Llegamos a Harwich para tomar el barco Dana Regina (gemelo del Dana Corona) que nos llevaría a tierras Danesas. A Esbierj, concretamente; cada vez nos íbamos alejando más del nido protector.

Nos instalamos en el barco. Nos proporcionan camarotes en la parte económica del buque, y una vez aposentados, nos dedicamos a explorar el barco. Lo primero que hacemos es – como es norma- contactar con la tripulación y el staff de camarería del buque. Si quieres en un barco triunfar, con las camareras has de contactar. Así que a los cinco minutos ya teníamos una invitación formal para una fiesta en los bajos más bajos que se pueda uno imaginar en un barco. Actuación musical incluida.

Tratamos de comer algo del bufé libre, pero en esos tiempos, nuestros delicados estómagos españoles patrios, no estaban acostumbrados al enorme surtido de pescados ahumados que era en lo que consistía el repugnante bufé. Y pan negro, pá más INRI.

Así que nos dispusimos a engullir – con todo el dolor de nuestro corazón, y más por necesidad que por placer- un poco de arenque ahumado y frío como una culebra;  dos huevas momificadas de nosequé y un surtido de pescados lánguidos y pálidos en sus variedades de salmueras, ahumados, y marinados. Acompañados de un pan negro de centeno  inclemente que no ayudaba mucho a la vista. En defensa del bufé, diré que eran otros tiempos y que si nos sacaban de los platos de nuestras madres y abuelas, nos quedábamos absolutamente desconcertados.

Estábamos en plena travesía. En medio del Mar del Norte. No sé si se declaró una tormenta o que el susodicho mar está en permanente estado de cabreo. Salimos fuera a cubierta. El frío te calaba los huesos, la humedad, ni te digo. La noche era tan oscura como el sieso de Olav V (al que conocimos mas tarde) y el mar…el mar era de un negro cruel y azabache. Nunca, en mi vida había y he visto un mar tan negro. Tan desesperanzador e inquietante. Ni una luz en los horizontes de babor o de estribor. Y además caía fuerte y racheada la lluvia;  las olas empezaban a tomar una altura más que considerable. Decidimos pues, ponernos a cobijo y acudir a la fiesta de la tripulación que se estaba celebrando en las entrañas de la nave. En las profundidades del Dana Regina.

 Sacamos los instrumentos y empezamos una muy aclamada actuación por la beoda tripulación, mientras, la tormenta estallaba fuera fuera de sí; valga la repugnancia. (Producida por la ingesta de cadáver de pez).

Las camareras despendoladas, nos descubrían una forma muy peculiar de tomar la cerveza. Esta era: Pedías una jarra de Carlsberg y un chupito de Aqvavit que metías entero dentro de ella. A la media hora teníamos un mareo y un embuche mas que considerable.

La tormenta fuera se tornaba imposible. Fuerza 7 según Inuit que sabía -ya por entonces- de todo y sin necesidad de Wikipedia alguna.  No sabíamos si el mareo era producido por el estado del mar o por las innumerables libaciones del maldito Aqvavit. A través de los ojos de buey del barco, observábamos horrorizados como el barco subía hasta el infinito en el cielo de la noche muerta, para después, hundirse -en un interminable descenso en las gélidas aguas del mar del Norte. Inmediatamente volvía a subir para, otra vez inmediatamente, sumergirse de nuevo. Pensábamos que cada una de esas inmersiones sería la última. Sólo nos consolaba el estado pletórico y eufórico de la tripulación. Aunque no sabíamos a ciencia cierta si bebían porque estaban acostumbrados a esta situación o si bebían para despedirse adecuadamente de esta vida.

El Varisto se retiraba  a sus aposentos, dejando para los que siguieran detrás  – y para que sus compañeros no se perdiesen- un rastro pestilente de arenques ahumados, smørrebrød  y Akvavit por los pasillos de camarotes del Dana Regina que Alá confunda.

Llegamos por la mañana a la península de Jutlandia, a Esjberj, con un mar como una balsa y una resaca de mil pares de cojones. Pero contentos de estar vivos. Nos quitamos los salvavidas.

Pero aún teníamos que bajar del barco, coger un tren y meternos –tren incluido- en otro barco… así que…

Continuará…

DESTINO: NORUEGA! (I)

DESTINO: NORUEGA! (I)


EL PRIMER VIAJE DE PARCHE (I)

Nunca se olvidan las primeras veces de cualquier cosa. De hecho, ocurre que las últimas si se olvidan rápidamente. Cosas de la edad supongo. Pero las primeras… las primeras permanecen, indeleblemente, en nuestra memoria. El primer beso. La primera pelea seria. El primer coche. El primer viaje a donde fuese. El primer amor. El primer desengaño. El primer cigarro después del primer kiki y, por consiguiente, la primera cara de atontao.

Puedo recordar con profusión de detalles, la primera vez que visité Londres- pongamos de ejemplo- de las diez o más veces que he estado. De la última vez, apenas recuerdo algunos detalles sueltos; y si estos acuden a mi mente, no sé discernir si eso que recuerdo ocurrió en el último viaje o en uno anterior. Pero del primero, me acuerdo mucho.

Las primeras veces, tienen un rango especial en la memoria. Grabadas a fuego en ella. Por eso, nunca jamás se me olvidará…

MI PRIMER VIAJE DE TUNA: DESTINO NORUEGA.

Sería por la bisoñez propia que te da la edad, esa que va desde el pavo hasta la salida de la adolescencia. Poco más de 20 muescas en la culata de la vida; pero este viaje –al fin y al cabo- lo recuerdo con un cariño especial. Por lo didáctico.

Pertenecía el futuro Father Gorgonzola a la Excelentísima y muy Venerable Tuna de la Facultad de Económicas de Málaga (esto ya lo he dicho muuchas veces) y aparte de rondas… actuaciones  benéficas (en beneficio propio casi siempre)… contratos… y parches, había otra actividad que fascinaba a todo componente de esta (y de todas) egregia Tuna de Económicas: Los viajes.

Los viajes, podían ser financiados por una entidad (casi siempre -en este caso- por el Patronato de Turismo de la Costa del Sol) o podían ser organizados por algún componente avezado en los temas organizativos de la propia Tuna. Estos eran los llamados Viajes de Parche, pues tirábamos kilómetros por la borda a fuerza de trueque. Yo pongo la música, tú pones la manteca. Colorá a ser posible; y así hasta el infinito y más allá.

Así que, de esa manera, mi querido amigo Rafalito –futuro diplomático que ya se adivinaba-  se encargó de la organización y de apalabrar las actuaciones previamente concertadas con los incautos Cuerpos Consulares de allá por donde pasáramos y que habrían de sufrir nuestros elaborados números musicales. Tour Europeo.

Así pues, se organizó un viaje que tendría como comienzo en nuestra ciudad: Málaga! Después vendrían….Londres… Harwich… Esbjerg… Copenhagen… Oslo… y vuelta pa casita con el mismo itinerario. Nada del otro mundo -como se puede observar- para unos avezados viajeros que NO éramos nosotros.

Como quiera que este era nuestro primer viaje de “parche” incurrimos involuntariamente en una serie de novatadas y errores técnicos que no solo nos hicieron el viaje inolvidable a la par que dificultoso, sino que también, nos sirvió de referencia para establecer una guía del “Que no hacer” en los sucesivos periplos que fueron, afortunadamente, muchos.

Con lo único que debíamos de correr cada uno de nosotros, de una forma particular y onerosa, era con los gastos de traslado en avión a Londres. Ida y vuelta. Una vez desembarcados en Heathrow, dependeríamos de nuestros propios recursos musicales y de los contratos (Más bien rondas a hijas casaderas de embajadores) que había conseguido nuestro ínclito organizador: El llamado Rafalito. Contratos que -hay que indicar, para no distraernos en menudencias aclaratorias-, no salió ninguno. Aunque eso aún no lo sabíamos. Tour Euro Pedo.

Así que unas semanas antes del inicio, dedicamos la recaudación de los parches autóctonos para la adquisición de los billetes de Iberia que nos aseguraba no solo la ida, sino lo más importante… la vuelta.

Como novatos que éramos, aún desconocíamos, desgraciadamente, la impedimenta adecuada para ese viaje.

O para cualquier otro. Así que cada uno llevaba – sin pararse a pensar que era un recorrido con múltiples etapas, y sin medio de transporte propio alguno- tal cantidad de cosas inservibles, que cuando nos juntamos –para salir hacia el aeropuerto de Málaga- llevamos tal cantidad de bultos y equipajes que hubiésemos necesitado una partida de porteadores africanos para realizar nuestra inexperta y pipiola aventura a quien sabe donde. Porque en realidad, no teníamos ni la más remota idea de adonde nos llevaba el destino. Ni Rafalito.

Pongamos ejemplo ilustrativo:

Father Gorgonzola  -en adelante El Varisto- llevaba en una maleta proporcionada a su tamaño y dejada en depósito -con advertencias sumarísimas en cuanto al trato a infligirle-  por su hermana La Urdes. Una maleta enorme de piel clara (Que le habían regalado por boda) con unos preciosos correajes (Dos de ellos) que reforzaban el cierre de la susodicha. Lo único descuidado en la puta y carísima maleta, eran las bisagras de cierre; pero de eso ya hablaremos más adelante. Zuputamadre, la de la maleta digo, claro; no la de mi hermana)

Bien, tras suponer los fríos que nos esperaban en las heladas tierras del Norte, El Varisto iba provisto de: dos pantalones vaqueros, uno de pana para el impenitente frío que se nos avecinaba, uno de “Tergal” para las recepciones en las embajadas quel íolagranputa organizador, nos había preparado.

Llevaba asimismo camisas idóneas que complementasen los pantalones… ropa interior suficiente para 15 días sin posibilidad de lavado- Tres pares de zapatos y sus pertinentes pantuflas. Negros de vestir para el Traje de Grillo y para asistir a las inexistentes recepciones en las embajadas…botas de ante para el tránsito cómodo por las tres capitales europeas y unas informales zapatillas de deporte “Keds” para cuando la indumentaria “Casual”, así lo requiriese. Una buena chamarreta impermeable y una cazadora de ante completaban el ciclópeo equipaje. No olvidemos el traje de Tuno completo, capa incluida. Ni el pijama!!!!!

Portaba también un considerable neceser y un botiquín de primeros auxilios que, a la postre, fue usado muy oportunamente. Muy oportunamente, repito.

Adornaba ese mundo inabarcable de kilos con una guitarra metida en su flamante estuche. Y dos cajas de discos (Lp’s de vinilo)  que pesaban lo indecible y que era su parte correspondiente y pretendían vender a todos los majarones guiris vikingos que se pusiesen a tiro y, suponían optimistamente, harían cola para arrebatárselo de las manos a golpe de billetes de 10 Coronas.

Los demás… chispa más o menos. Bueno…menos. Pero algún que otro incauto portaba además bandurria y laúd, para según que escala tocar en tal o cual interpretación musical… Todos, no lo olvidemos, con el complemento inexcusable de sus dos pesadísimas cajas de vinilos correspondiente. Un puto dislate.

Esperábamos en la Plaza del Obispo (Bishop Square) a que dos reconocidos tunos bajasen desde su casa a la plaza a la hora que ellos acostumbraban. Es decir –tal y como dicen los expertos avícolas- a la hora que a ellos les salía de los huevos. No horarios. Quéspere el avión!

Baja el primero, llamémosle Afilado, con su inconmensurable carga de maleta, vinilos, bandurria y laúd. Baja el segundo componente y hermano de este –al que llamaremos LuisC. – con una carga similar que no era sino una maleta  enorrrrmeeee… los vinilos…la guitarra en su estuche adecuado, y poco más. Este, parecía que se lo iba a montar mejor que las otras desgraciadas mulas de carga.

No obstante, en cuanto pone el pie en el suelo de la calle, a golpe de chasquido ¡¡¡Tchak!!!Se le rompe el asa de la maleta. Así, nada más pisar la calle. Y ante la imposibilidad de cambiarla debido al retraso –Ya sabéis a la hora avícola que habían bajado- Trinca la maleta como si de un bebé se tratase y nos hace cargo (nunca mejor dicho) de su guitarra y de su parte correspondiente de cajas de discos. Porlacara.

Una verdadera locura!!!

Salimos en tropel los arriesgados viajeros : Urelio, Afilado, Inuit, LuisC, Rafalito, y un servidor: El Varisto; que ya empezaba, a este último, a olerle a chamusquina este proyecto que distaba mucho, mucho, mucho, de lo que el se imaginaba y de haber empezado.

Así que nos vamos al cercano Postigo de los Abades con la intención de coger el autobús de Iberia que nos debía trasladar al Aeropuerto de Málaga para tomar el avión con destino a Londres.

Pedimos a la agradable azafata nos abra el maletero del autobús para meter el quintal métrico de equipaje; una vez escorado el vehiculo- debido al peso de este- iniciamos el camino traqueteando a pos de la aventura. See  you later Málaga. Ahítequéas!

Ya íbamos terriblemente agotados.

Continuará…

EL OZNI

 Segunda entrega del anecdotario tunero.

 nauticos

 

Una de las cosas que se hacían en la Tuna para sacar dinero cuando los contratos con hoteles y demás escaseaban, era los denominados “Parches”.

 Los Parches es lo que hoy se conocen como BBC: es decir Bodas , Bautizos y Comuniones.

 Los Tunos se desplazaban a lugares estratégicos donde poder cantar y después pasar el pandero (parche) para sacar beneficio. Y si encartaba,tambien comer “de gratis” que se llamaba.

 Los primeros tiempos de Marbella, de La Carihuela fueron magníficos e históricos lugares para sacar dinero. Mucho,mucho dinero, todo hay que decirlo.

 No obstante, había un lugar fuera de la zona “guiri” que algunos explotábamos y sacábamos mucho tambien. Era la zona Cutre- BBC. El Puerto de la Torre.

 El Puerto de la Torre era y es, un lugar lleno de ventas con capacidad para 500 personas algunas de ellas donde se celebraban Bodas, Bautizos y Comuniones.

 Al ser el público no foráneo ,no era lugar del agrado de los parcheleros profesionales. Pero… Vive Dios! Que daba sus buenos duros.

 A esta segunda entrega, le daremos el nombre de:

 EL OZNI.

 Esta anécdota ocurrió en uno de esos parches para españoles. Concretamente en la Venta Restaurante Dalí. Que todo el mundo ,no se porqué, llamaba Dáli. Fue durante la celebración de una boda.

 Le aconteció no a nuestra Tuna, sino a la Tuna de Medicina.

 Se celebraba la boda alegremente. La Novia estaba feliz, consciente de que era el día mas gozoso de su vida.

 Estaba rodeada de su ya marido y de todos sus familiares. Comían y reían, celebraban con jolgorio el evento. Decenas de camareros paseaban las bandejas con el condumio y el bebercio. Everybody ‘r happy.

 Mientras tanto en las afueras del local, un grupo de cuatro o cinco Tunos afinaban sus instrumentos. Y el pandero preparaba el billete de mil pesetas, el llamado cebo, para ponerlo dentro del pandero, para que al pasarlo, todo el mundo se creyera que era habitual echar un billete similar. Casi nunca daba resultado. Pero formaba parte del ceremonial.

 Clin…Clin….Clin…daba la nota el mas diestro de los guitarras para que los demás afinasen en el mismo tono.

 El pandero en ese momento pasaba absolutamente de todo ,pues no había nada que afinar, ni tan siquiera el oído, pues no he visto nada semejante en desafinación y falta de oído que en los panderos de la Tuna.

 Este pandero, Nacho, le llamaremos era bastante peculiar. Era fuerte como un toro y muy corpulento. Nada habituales estas características en panderos de Pro. Que deberían de tener la particularidad de ser elásticos y gráciles.

 Volvamos con Nacho.

 Nacho no solo era corpulento y fuerte como un toro, como hemos dicho, sino que era muy rápido y vehemente en la ejecución de la danza panderetil. Saltaba con un brío innecesario y alzaba la pata para golpear el pandero a la altura de la lámpara mas próxima. Rudamente.

 Se disputaba, Nacho, el honor con otros panderos de Tunas de la competencia de ser el mejor pandero de la provincia y si se me apura de toooda España!

 Pero carecía del don de la finura y de la delicadeza en el baile.

 Era un poco áspero, brusco en sus saltos. Casi violento. Esa violencia se transformaba en unos saltos que realmente eran especaculares, aunque carecía de la gracia del pandero del Bolshoi.

 Para hacer esta imagen mas rotunda, calzaba Nacho, unos zapatos de los que se llamaban en aquella época  Gorila y/o Apache , que eran una especie de mocasines náuticos pero de una rusticidad absoluta  y que Nacho había teñido de negro para que le sirvieran para el uniforme de Tuno.

 Tenían los zapatones el aditamento de una gruesas y enorrrmes suelas de tocino que ,según la teoría del pandero, le procuraban saltos de mas altura y por tanto mas espectaculares.

 Suena el Julio Romero de Torres. Y entra la Tuna en el comedor.

 La gente ya achispada,(siempre se entraba en el momento apropiado) empieza a aplaudir frenéticamente.

 Los guitarras cantan y tocan moviéndose acompasadamente. La bandurria se oye con su sonido estridente. Y Nacho…..Nacho…..

 Nacho, salta como un galopín. Vaya que si salta!!!

 Pata parriba , paata pabaaajo! Pata parriba , paata pabaaajo! Pata parriba , paata pabaaajo!

Plass Plass Cloc Cloc. Plass Plass Cloc Cloc. Plass Plass Cloc Cloc .Plass Plass Cloc Cloc.

 Golpea con contundencia el pandero que implora piedad.

 Pata parriba , paata pabaaajo! Pata parriba , paata pabaaajo! Pata parriba , paata pabaaajo!

Plass Plass Cloc Cloc. Plass Plass Cloc Cloc. Plass Plass Cloc Cloc. Plass Plass Cloc Cloc.

 En plena faena, de manera incontrolada y sin poderlo evitar, un enorme zapato con ribetes blancos de suela de tocineta ,sale disparado del pie del bailarín.

 Empieza a volar dando vueltas por el aire en dirección a la mesa principal del banquete. Allí donde se sientan Novia, Novio, Padrino y Madrina y la élite de las dos familias.

 Los Tunos horrorizados ,contemplan con los ojos que se salen de las orbitas, como el OZNI (Objeto Zapatil No Identificado) vuela dando vueltas rapidísimamente en el aire en dirección al objetivo. Inexorablemente.

 En un microsegundo, el enorrme y atocinado zapato negro cae encima de la Tarta Nupcial entre el segundo y tercer piso de nata y ribetes de chocolate ; produciendo una suerte de tsunami pastelero que acaba por salpicar de churretones a los comensales prominentes.

 El silencio es sepulcral, solo roto por los sollozos de la Novia, que observa que el impoluto blanco de su vestido se ha tornado en blanco roto. Muy roto, diria yo.

 En el otro extremo de la sala se oye de improviso un grito rompiendo el silencio ,tal si fuese un zapato cortando la nata.

 Niñooos…. Sebastopooool!!!!!!

 Seeevaaasevaaaasevvaaaasevá. Sevaaasevasebastooopooool…..sevasevasevasevaaaaaá. Sevasevasebaaaastooopol…

 Y todos salen huyendo por patas seguidos de cerca por el pandero semi descalzo que avergonzado huía dando cojetadas.

 Málaga. Puerto de la Torre. Circa 1980.

EL PITOMURGA

Pito_Carnaval

Hace años formé parte de una Tuna.

La Tuna de la Facultad de Económicas de Málaga. Estuve varios años en esa corporación músico vocal y fue una experiencia irrepetible.

Una experiencia que no solo me trajo grandes viajes, y buenas ganancias, sino que  además, me reportó una fortuna en forma de amigos que aun, hoy día, conservo y que  nos reunimos cada dos por tres en una especie de Sociedad Gastronomica para pasar estupendas veladas.

En una de las últimas veladas, uno de esos grandes y antiguo (no quiero decir viejo) amigo: MAF, me comentó su extrañeza por no haber referido nunca algunas de las muchas anécdotas que nos acontecieron durante  aquellos años de andanzas. Le prometí hacerlo. Y ahora cumplo la palabra dada.

Esta pues, es la primera anécdota de la serie. Y se llama:

EL PITOMURGA.

Hubo una época, en la que formamos una Tuna paralela a la de Económicas con la intención de acudir a las muy honorables concentraciones de Tunas de todas la Universidades de España y parte del extranjero.

Con la finalidad de no vituperar con nuestra actuación el nombre de nuestra ciudad, y el de las tunas serias de las Facultades de la Universidad de Málaga, formamos, ya te digo, algunos componentes de la Tuna de Económicas y de Medicina, la Honorable, Concupiscente y muy Bastante Inmadura Tuna de Puericultura de Málaga. Con Beca Rosa  como distintivo. Tóma ahí, maricons!

En aquel tiempo, y para dotar de mas acompañamiento musical, si cabe, a nuestras actuaciones, adoptamos un instrumento gaditano-carnavalero que allí, en Cádiz, se llama Pito. En Málaga le llamábamos, en un alarde de ingenio, Murga.

El pitomurga se hizo muy popular y se incluyó en la nomina de los instrumentos de muchas de las Tunas Universitarias de Málaga.

Comencemos el primer relato.

Hotel Andalucía Plaza. Nueva Andalucía de Puerto Banús. Marbella. Málaga.

El principal comedor de ese hotel se hallaba abarrotado de mesas a su vez ocupadas por turistas americanos de alto poder adquisitivo, los cuales después de jugar al golf por la mañana y antes de desplazarse al Casino Nueva Andalucía, para jugarse las perras, cenaban tranquilamente. Cena con numero musical incluido.

Allí debería de transcurrir nuestra  desdichada actuación.

Un grupo de inefables números de la susodicha Tuna, entramos en el salón al ritmo de Perfidia. Precioso bolero donde los haya y muy oportuno para abrir la velada.

Quiero dejar claro que a pesar de la formación de la Tuna de Puericultura y de los enormes cachondeos que formábamos, cuando nos poníamos a tocar en serio, sonábamos que era una delicia.

En parte por que éramos muchos de nosotros muy buenos instrumentistas, en parte, por que sabíamos hacer preciosos juegos de voces y en parte porque había un grupo de Canarios (Y un intruso Jerezano) que tenían el don del ritmo y la musicalidad.

3

Teníamos también un hoy popular actor, con una estupenda voz al que llamaremos Luis C.

Paseaba entre las mesas el musical grupo haciendo las delicias de los comensales que empezaban la cena completamente embelesados por la cantinela de los infaustos..

Cantábamos preciosos boleros acompañados de guitarras, requintos, pandero y en alguna ocasión que no era esta, de laúd y/o bandurria que plañía con maestría  indiscutible el hermano del ínclito Luis C. José  María “Afilado” C. Profesional liberal que es.

Paseabamos, continúo, entre las mesas .

Tocábamos con esmero y la gente se relajaba pues acompañaban la cena con una música suave que sonaba tranquila y melodiosa. Ya te digo, Rodrigo.

Mas de pronto….llega el turno del sólo; del punteo tras el estribillo de la preciosa canción que estábamos interpretando.

Ante la ausencia de instrumento de púa alguno y viendo que nos quedábamos sin el magnifico sólo. Luis C. saca de su bolsillo la pitomurga, y poniéndose  el aparatico en la boca y sin dejar de tocar la guitarra , empieza a soplar y a desarrollar una preciosa melodía que extasiaba a todos los que la oían. Luis, todo hay que reconocerlo, se tocaba el pito como ninguno.

El Pandero Esteban R. le llamaremos, iba a su bola tocando el pandero y vendiendo a la vez discos de nuestra tuna a los deleitados oyentes.

Luis C. seguía desgranando notas al Pitomurga, cuando, horrorizados, contemplamos que del instrumento de viento y a consecuencia del embelesamiento musical, colgaba un finísimo y larguísimo hilo de saliva que coronaba al final de este con un enorme goterón de baba. Pendía este directamente sobre el plato de sopa de determinado golfista americano.

Luis C. sin darse cuenta, interpretaba extasiado su solo con los ojos cerrados, y cabeceaba rítmicamente siguiendo el compás de la canción y del maldito solo del Pitomurga del diablo.

A la vez que el movía la cabeza hacia la derecha , el goteo de baba describía un arco en la misma dirección una cuarta por encima del plato de un americano rojo como un tomate debido al sol que lo había achicharrado por la mañana. Lo mismo pasaba cuando movia la cabeza hacia la izquierda.

Luissss….Luisssss…Luisssss. Pssss. Pssss. Pssss le siseábamos. Cusha Luissss. Cuuushaaaa….Luissss er babasso, Luiiiisss…..Luissss er babassoooo….

Por fin acaba Luis C. el magistral solo con un menos leve balanceo de la cabeza que hace que la baba caiga directamente en el plato de bullabesa del americano acojonado que tenia debajo.

Aterrados nos quedamos. Nos miramos atónitos, miramos al asqueado comensal…. y damos el grito de retirada: Sebastopoooool ..Grita uno de nosotros.

Seeevaaaaa…sevaasevaaaa. Sevaaasevaaasebastopoool….y nos vamos cantando bajito para no volver a entrar.

Mientras tanto, sin darse cuenta de lo acontecido, el pandero Esteban R. seguía vendiendo discos por el comedor, encaminándose, sin saber lo que había pasado, hacia la mesa del americano de la sopa babeada para intentar endiñarle un disco de la Tuna.

Marbella. Circa 1978

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