FARMACIA DE GUARDIA

 

FARMACIA DE GUARDIA. Noches de Blanco Sostén.

 Basado en el relato “La Caja de Condones” de Miguel “Anónimo” Rufián . (Por que así, él lo prefiere)

 La noche era tan bella y tan hermosa, que no hacían falta estrellas rutilantes que iluminaran el terciopelo negro que conformaba el firmamento. Selene – la Luna – estaba en su apogeo de brillo y tamaño y un halo luminiscente la circundaba. Como coronándola reina de la noche.

 La brisa era agradable, aunque amenazaba lluvia. Todo era tan idílico y tan paradisíaco, que solo de referirlo, ahora, me están dando arcadas.

 Además, a Juan Antonio Miguel, fitetú, le picaba la pisha.

 Atrozmente. Como solo pican las pishas en determinados y puntuales momentos que necesitan el amparo del cobijo.

 Dábanse arrumacos y caricias Juan Antonio Miguel y su chica: Penélope; a la que  todos le llamábamos, cariñosamente, Pene. Los besos, les procuraban un considerable calentón de padre y muy señor mío.

 Consigue Juan Antonio Miguel, llevar a  Pene, hacia el dormitorio sin  despegar sus labios de los de la moza. Cuando en el momento álgido de pasión se da cuenta horrorizado de que…

 – ¡¡¡ Mecagonlaleshe, Moreni !!! – le dice a Pene- atribulado y contrito.¡¡¡  Mecagonlaleshe !!!

– ¿Que te pasa?! Responde la  pro-metida .

–  ¡¡¡ Moreni !!! Que no tenemos condoness!!! Kásemoss? ¡¡¡Mecagonlaleshee!!!!

–  Pues habrá que ir a por ellos, le dice Penelope a Juan Antonio Miguel , con el sujetador colgándole del dedo gordo del pie derecho.

 Deciden pues salir,  y alargarse a la farmacia cercana a su casa..Cinco minutos apenas les separan del ansiado látex.

  Y asi lo hacen.

 Se ponen en camino pues, con destino a la Farmacia Vayabobo, sita en la Plaza Montaña justo al lado de la Taberna Gitana, mas tarde rellamada Taberna Flamenca por mor de las razones semánticas y del buen rollito entre distintas etnias.

 

Un billete de mil pesetas lleva Juan Antonio Miguel para resolver el problema del recubrimiento cipotero y prevenir posibles imprevistos que, por lógica, no deberian suceder.

 Era el Licenciado Vayabobo, el propietario de la farmacia del mismo nombre, compañero del ínclito Juan Antonio Miguel en el afamado y reputado Colegio de las Hermanas Maslistas de Málaga.  Luego, fue el inclito Vayabobo,  pregonero de una popular Cofradía. Aunque también lo fue el atribulado y calentorro Juan Antonio Miguel de otra- Archicofradía esta- aunque un tanto diferente.

 Ya se conoce lo inescrutable de la Guía Campsa del Señor.

 Salen pues en procesión, con destino a la Farmacia Vayabobo, Juan Antonio Miguel y Pene, ésta ya desposeída del preceptivo sujetador. Noches de Blanco Sostén. Moddy Blues.

 La Farmacia estaba situada en la parte baja de una preciosa casa antigua con dos grandes puertas de madera con seis gruesos y enormes cristales biselados y un mínimo ventanuco para atender al público en las noches de guardia. Precaución ante todo.

 Llegan a la farmacia. Llaman al timbre.

 Sale la amable jovencita que ejercía de manceba en la farmacia del abominable Vayabobo.Y dice así:

 -Buenas noches, que desea? -Dice la manceba-

-Buenas noches, señorita, me da una caja deee condones?

-Lo siento, pero no tenemos condones. Le contesta displicentemente.

-Einnnn??? Pe-pe-pe-(era Juan Antonio Miguel ciertamente discontinuo) peeero no es esto un farmacia? Y de guardia?

-SI!  Pero no tenemos condones!

-Y porque cohoness… no tienen ustedes cooon-donessss?? dice Juan Antonio Miguel poniéndose mas nervioso por momentos,

– Porque el dueño no quiere venderlos!

-Einnnn?  Espero que esté realmente muerto, le responde el frustrado follador.

-Lo siento (Asustada)  pero yo no tengo la culpa, contesta la manceba.

– Yyyyy… donde está la farmacia maaas cercana?

-En la Avenida Juan XXIII. (es decir, en el quinto coño)

– Eiiinnnn? Brrrr….Brrrr…Brrrrr…

 Toman un taxi, Juan Antonio Miguel y Penélope, con destino al quinto coño (seis con el de ella)

 Llegan a la lejana farmacia, bajan del taxi, y se les va del tirón la mitad del presupuesto económico disponible en pagar al taxista.. 500 del ala. A joerse!

 Atraviesan, para llegar a la botica, unos jardines que había delante de esta y entre lo cerrado de la noche, lo poco que se ve, y la mala leche acumulada , tropieza sin querer el enfurecido Juan Antonio Miguel, con los protectores de hierro que rodean los jardines, cayendo estrepitosamente de boca  y pegandose un tremendo chochazo.

 

Al suelo de bruces. Bruces Príntin.

 Se levanta sucio, dolorido y humillado. Iracundo y rabioso. Muerte al mundo, se dice!!!!!

 Pregunta otra vez  (temeroso y prudente)  Juan Antonio Miguel al nuevo mancebo tras el ventanuco….

 -Buenas noches. Tienen coondonesss?

-Por supuesto…Tenga. Son quinientas pesetas!

-Glub!

 Paga y se quedan, pues, en la más absoluta ruina. Nipapipas.

 Comienza, resignada la pareja  – ya con su cargamento de seis momentos de éxtasis-  a deshacer el camino a pie, cuando – y  para rematar la faena- empieza a llover; tremendamente.

 Así…Tres cuartos de hora hasta llegar al centro.

 Durante la vuelta, Juan Antonio Miguel empieza a encabronarse, aún mas si cabe, y a montar en cólera rumiando las consecuencias que les ha ocasionado el puto meapilas de Vayabobo. Opusdei preparar! Iolagranputas!!!!!

 Pasan por una obra  y sin pensárselo dos veces, comienza a coger piedras de considerable tamaño (hasta seis) porque había decidido que aquello no podía quedar así. Para nada.

 

Llegan a la Plaza Montaña de nuevo. Pega, el enfadadísimo Juan Antonio Miguel, en el ventanuco de la timorata farmacia y sale de nuevo la inocente empleada que no da crédito al ver de nuevo que tiene ante si al loco de los condones. Mon Dieu!! Au secour!!!! Erloco!!! Kéago?

 Le refiere Juan AntonioMiguel, ante la atenta mirada de su afligida y empapada novia, …la odisea sufrida por culpa de su recatado jefe -que ojalá se esté pudriendo en los putosss infiernossss- añade itrritado y furioso.

 Le ruega a la amilanada chica se retire y se ponga a cubierto, pues, le cuenta, está dispuesto a hacer añicos los seis enormes cristales que adornan la antigua puerta de madera. Farmacia Vayabobo. Pregonero cofrade que es.

 Se aparta ésta aterrorizada, pero agradecida por el aviso. Y comienza la venganza. Noches de Blanco Sostén. 

 Un condón!!.. Crash!!!  Un cristal roto.  Gritaba Juan Antonio Miguel.

Dos condones!!… Crash!!! Dos cristales rotos.

Tres condones!!…Crash!!! Tres cristales rotos…y así hasta completar la media docena de condones de la caja.

 

Enorme arrebato de cólera sexual. Extasis demoníaco. Quetedén!

 Recibió, inesperadamente, Juan Antonio Miguel, un caluroso aplauso de tres parejas de gitanos que estaban presenciando la escena y que jaleaban al lapidador gritando !!!Ahístamos Zuprimo!!!!  !!!Con dos cohoness Zucolega!!! Al tiempo que se meaban de risa.

 Saludó Juan Antonio Miguel al improvisado público y se fue bajo la lluvia a estrenar, por fin, la puta caja de condones.

 Penélope le miraba como diciendo…Este es mi hombre!!… Mi Juan Antonio!! Mi Juan Antonio Migué!

Postdata: Este hecho sucedió así realmente. Que me corrija el autor,

si miento en lo mas mínimo!!!

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2 comentarios

  1. Durante el curso 1965-66 andaba yo por una Academia (no me sale ahora el nombre, esta edad me está matando la memoria), ah, coño Andrade, la Academia Andrade, en la calle paralela a Granada, casi esquina con la Papeliría Denis.
    Bueno, pues allí estudiaba tambien Antonio Rojas, hijo del por aquel entonces dueño de la Taberna Gitana y me iba csaí todos los días a la hora del recreo a la citada taberna a recibir a los proveedores de cervezas y refrescos.
    ¡No veas la guantá que te daba como recibiento el tufo a tabaco, sudor y polvo (no sé si llorarían mientras follaban, por eso no pongo y lágrimas. Quizás al cantar una soleá) al abrir la portezuela llena de clavos y remaches!
    Me lo has recordado al leer tu simpática aunque incívica, of course, acción de tu amigo, que no puedo por menos que reprobar porque yo no habría perdido un minuto en ir a aprovisionarme y si en follar conociendo, como conocía, mi supercontrol en las ciencias eyaculatorias. Ejem!.
    En mis teimpos había que ir preparado para todo y llever condones no era una acción fácil por lo que había que suplirlo con inteligencia “y autocontrol”, ja, ja, ja.
    Antes reventar que dejar de follar por un detalle insignificante.

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  2. Pensando en el articulito, manda güevos como me retrotraeis a mis tiempos mozos, me acuerdo que la susodicha Taberna estaba entonces en los bajos del Teatro Cervantes y no en la Malagueta como ahora.
    Bajando la escalinata a la derecha había como una covacha con un portalón andaluz y eso era la Taberna Gitana entonces.
    Por eso nos venía bien ir en el recreo, que no se llamaba así, aunque luego, muchas veces ya no volvíamos a clase y nos íbamos a los futbolines que había en el pasaje cercano a la Vieja Casa del Guardia. (no sé como se llama la calle).

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