POR SI MUERO UN DÍA DE REPENTE

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POR SI MUERO UN DÍA DE REPENTE

“Un día llegará mi oportunidad;
trabajo por un mundo al que tengo que cambiar
lucho por la paz y la libertad !
Inés, Inés, Inesita Inés
lucho por la paz y la libertad !

Inés, Inés, Inesita Inés…”

 

Conozco a la poetisa (que me gusta tan femenina palabra)  Inés María Guzmán desde  los tempranos años de mi juventud primera . Ahora estoy -se comprenderá fácilmente dado mi imperfecto estado físico- saliendo, mas o menos aceptablemente, de la segunda.

 La conocí a través de mi hermano putativo Diego Guzmán; hermano a su vez -éste sí de serie  y sangre- de la mencionada Inés.

 A pesar de esta lejanía en el tiempo, de la amistad y la presencia física, el cariño que nos profesamos ha procurado que siempre que nos encontramos, nos alegremos franca y sinceramente; y que, como mínimo, durante un buen rato, nos echemos al coleto de la remembranza, una buena sarta de recuerdos compartidos desde los tiempos aquellos de los primeros teatros. De las primeras canciones.

 Ahora, inopinadamente, al albur de una red social -que no es otra cosa que un moderno y sofisticado corralón de vecinos, pero mucho peor- he encontrado este poema que viene a resultar un último, preciso y detallado, libro de instrucciones vital. ¿ Vital, he dicho bien? Una especie de manual personal, inalienable e intransferible, donde figuran una serie de directrices  y disposiciones para el día en que -su Dios quiera que tarde mucho- se embarque en primera clase para ese viaje sin regreso en el que todos tenemos pasaje reservado.

 Por si me muero un día de repente. Así se llama. Y así lo escribo.

 Porque me ha gustado mucho, así lo escribo.

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POR SI ME MUERO UN DÍA DE REPENTE

Por si me muero a solas, de repente,
quiero dejaros dicho
que no he sido culpable al cien por cien
de este suceso.
Tal vez mi parte en este asunto, creo,
que fue nacer un día.

Quiero dejaros dicho,
y escuchad, por favor:
no me olviden del todo,
alguna vez, leed algún poema,
algún poema dicho en mi recuerdo.

Y por si acaso, ansío
que Dios me asigne al menos una esquina
sentada al sol, y no del todo sola,
que me done, si no es mucho pedir,
la dulce compañía de un ser vivo,
no importa si me ladra o me maúlla,
y si habla y dice cosas bellas,
también será un placer.

No me importa la edad
ni el género ni raza.
Y si hay luz y un lucero en la noche,
le agradezco el detalle.

Pero mi ruego es este:
no me olviden por Dios, pues si Él me dona
(no sé que don será) la gracia de escucharos
allá, desde aquel lado, decid un verso mío…

Alguien habrá que diga un verso mío
y no sepa mi nombre,
y si le gusta el verso
qué mas dará de la memoria mía.

Inés María Guzmán

…///…

 

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