BELLEZA INTEMPORAL E IMPERTURBABLE

No es fácil convencer a la amiga –mucho menos si es la segunda vez– para que preste su imagen a la composición de un nuevo artículo dedicado en este blog a la poesía carnal y erótica (siempre de ilustres autores) en este caso, de Federico García Lorca.

No se crean que resulta fácil, digo, el argumentar y convencerla de que su figura enaltece la palabra casada con la belleza. Y que la suya (su propia belleza) contribuye a la exaltación de todo el conjunto resultante conduciendo por el territorio de la inspiración (y la aspiración) al leyente.

Un lector, todo hay que decirlo, que sin remedio, sucumbe a esa preciosa dicotomía que acomoda la conjunción de la piel de un cuerpo con la significación de la escritura. Ambas impalpables. Ambas intangibles. Fuera de todo alcance. Porque así lo disponen las reglas no escritas de este blog y porque así debe de ser.

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Marta ha vuelto por estos sus fueros. No sin reticencia. No sin esa pequeña incertidumbre e intranquilidad que le ocupa su parte cerebral cuando el Father Gorgonzola –imprevisible y espontáneo cómo es– la quiere hacer protagonista y personaje principal de este episodio que ahora estáis leyendo.

Marta. Martica… Belleza intemporal e imperturbable. Una mujer que desafía al tiempo retándolo a que –si es capaz y tiene los suficientes arrestos– deje marca de su paso en su cuerpo siempre deseable y apetecible. En su estilo perfecto. Un estilo pulcro, atractivo y sugerente que enaltece y distingue con elegancia esta nueva entrega. Marta: Belleza intemporal e imperturbable.

Este es el poema que os presentamos:

 

“Lucía Martínez”
Federico García Lorca 

Lucía Martínez.
Umbría de seda roja.
Tus muslos como la tarde
van de la luz a la sombra.
Los azabaches recónditos
oscurecen tus magnolias.
Aquí estoy, Lucía Martínez.
Vengo a consumir tu boca
y arrastrarte del cabello
en madrugada de conchas.
Porque quiero, y porque puedo.
Umbría de seda roja.

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INCONFESIONES

 

INCONFESIONES

“…se hallaba tendido en una chaisse–longue, y tenía en
su blanca mano una rosa sin perfume.”
O. Mirebau

 

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

Conozco a Maripili ¡Qué barbaridad! desde los tiempos postreros del señor Don Eulalio Caballero de Verdaguer. Jefe de Protocolo que fue en, tiempos, de la Muy Noble Casa Castilolamancha. Líder y jerarca de aquel templo de la música y de la imagen que también lo fue La Cueva del Cerrado de Calderón donde tantas buenas producciones se fraguaron y tanto, tanto, sus amigos disfrutamos.

Siempre me gustó ese aspecto desenfadado y libérrimo que destilaba la moza en las fotos que yo veía de aquel domicilio que frecuentábamos a tiempo desfasado – cuando la salud del amigo común corría por los cauces debidos– pues los ambos dos, que somos ella y yo, nunca coincidimos en dicho templo en el mismo punto temporal. Lástima fuese.

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

Sin embargo, y a las fotos me remito, me encantaba su estilo fresco y lozano. Me atraía mucho, ese su pelo que caía –como desmadejado– cubriéndole media cara; aportando a su semblante, ese aura de misterio y ocultación de actriz de los cincuenta que tanto gustaba a Caballero de Verdaguer.

Dispone Maripili ¡Qué barbaridad! de una risa contagiosa y descarada; produciendo en el que la mira, una mezcla de arrebato y de deseo difícil de evitar. Imposible de soslayar.

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

Viste Maripili ¡Qué barbaridad!  un cuerpo concupiscente y lascivo. Una figura tan atrayente y libidinosa como erótica e impúdica… Así qué, sabiendo esto, tímidamente, sacando fuerzas de flaqueza –y venciendo mis temores al rechazo y a su arrebato–  le pedí con voz bajita y cómo no quiere la cosa, el que si se prestaría a ilustrar una nueva entrega de esta serie de poesía erótica que inserto en este blog y que ahora estáis leyendo.

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

De manera inesperada (o no tanto, no se vayan a creer ustedes) Maripili ¡Qué barbaridad! se entusiasmó con la idea; y sorpresivamente, se prestó a ser la protagonista de esta performance virtual y dejar que pudierais imaginar –saliendo de su boca preñada de lujuria–  este poema  de Ana Rosetti.

Una perfecta combinación de la palabra y de la más deseable –y casi tangible– carnalidad que ahora, vais a poder disfrutar.

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Este es el poema de la Rosetti. A Maripili, ¡Qué barbaridad! … Ya lleváis un rato gozándola.

 

INCONFESIONES

Es tan adorable introducirme
en su lecho, y que mi mano viajera
descanse, entre sus piernas, descuidada,
y al desenvainar la columna tersa
–su cimera encarnada y jugosa
tendrá el sabor de las fresas, picante–
presenciar la inesperada expresión
de su anatomía que no sabe usar,
mostrarle el sonrosado engarce
al indeciso dedo, mientras en pérfidas
y precisas dosis se le administra audacia.
Es adorable pervertir
a un muchacho, extraerle del vientre
virginal esa rugiente ternura
tan parecida al estertor final
de un agonizante, que es imposible
no irlo matando mientras eyacula.

Autora del poema: Ana Rossetti

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(© de la fotografía y posado: Maripili ¡Qué barbaridad!)

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MANOLO SALINAS (tres poemas)

 

MANOLO SALINAS (tres poemas)

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Suele decirse, erróneamente, que el hombre (entiéndase lo de hombre como todos los seres racionales pertenecientes al género humano, no me jodan las feminazis) que el hombre, decía, cuando llega a la edad de jubilación  –y después de unos meses de adaptación a la nueva situación– suele entrar en una fase de desorientación y desasosiego –habituado como estaba a la rigidez de los horarios laborales– por no saber cómo gestionar tanto tiempo libre que le ha llegado de repente y de sopetón.

Yo, siempre he pensado que esas sensaciones de agobio y desazón del emérito, no son sino la resultante de una pobreza de espíritu y una falta de adaptación a esa nueva disposición a la cual, se le podría y se le puede, sacar un ventajoso y provechoso rédito en cuanto a bienestar físico y desarrollo personal. Es tiempo –el de la jubilación– momento de dedicarlo, con más ímpetu que nunca, a las aficiones y a las inquietudes culturales. Ni lo duden.

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Conozco a muchísimas personas que ahora, cuando les ha llegado la hora del retiro laboral, demuestran un empeño notable en ejercer sus habilidades (que antes desempeñaban robando tiempo al tiempo)  y distraerse meridianamente. Ya sea asistiendo a exposiciones, organizando quedadas para degustar ensaladilla rusa, paseando por ese Desolation row (Viva el Nobel a Dylan!) que es el Paseo Marítimo de Málaga y sus aledaños deportivos a hora temprana o dedicándose estos, a que su tiempo no sea un simple pasar sino una forma de retomar o empezar propósitos que nunca llegaron a su destino por mor o la excusa de la falta de éste.

MANOLO SALINAS:

Suelo encontrarme “vezencuando” cuando realizo mis paseos (no en la hora provecta) por dicho Paseo marítimo, con el escritor y poeta Manuel Salinas. Siempre voy acompañado por el amigo común Lucas. A Manolo le ha llegado esa hora de colgar el hábito de la enseñanza; pero este doctor en filología, profesor  y catedrático de literatura, como era de esperar, dedica su bien merecido tiempo libre (siempre lo hizo, es verdad) a seguir implicándose en el mundo de la literatura en general, de la poesía en particular, dirigiendo  la colección de poesía “Puerta del Mar” de la Diputación de Málaga, entre otras actividades culturales. Entre otras muchas actividades culturales.

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Le pedí a Manolo, mi buen amigo, tres nuevos poemas suyos para realizar una nueva entrada en este blog. Él, tan amable como siempre no tardó en remitírmelos y ahora yo, los inserto en este post para vuestro gozo y disfrute.

UNA MUY SOMERA NOTA BIOBIBLIOGRAFICA

MANUEL SALINAS (Granada).ESPAÑA.

Licenciado en Filología. Doctor en Filología Románica. Ha trabajo como Catedrático de Lengua y Literatura españolas, publicando los libros de poemas: “Edelvira”, (1975), “Los espejos fingidos” (1985), “Esplendor de la tristeza“ (1984), Zulo de noviembre” (1988), “El mar en los hangares” (2004).

La revista ABRIL de Luxemburgo recogió parte de su libro “Viviré del aire”, que fue publicado posteriormente en Estados Unidos íntegramente (2013), donde fue galardonado como mejor libro en lengua no inglesa, libro que publicaría en España la editorial Vitruvio, de Madrid , en el 2014.

Actualmente escribe un libro que se titula: “Y portuguesa el alma”, del que ha editado una parte “la Casa Gerard Brenan” de Málaga (2015).

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Estos son los que ahora vienen; y al final, un enlace a uno de sus poemas recitados por el poeta y amigo en un video.

Las imágenes que ilustran los tres poemas, son obras de Encarni Díaz “Ginger”

Disfrutadlos!

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1

 

LOCUS AMOENUS

 

La mayor aventura

sucede dentro; abre los ojos dentro: la vida,

su claridad inaceptable, una luz resuelta

en aromas dentro, sólo un sol, un sol

de una patria remota, derramado y nuevo,

todo es nuevo: la esperanza, la alegría, la verdad

o la mentira que llevaba dentro. No hay

otra isla perdida sino la infancia. Venga la primavera,

venga la palabra a encender el maravilloso

desorden de las cosas, su murmullo animal y caliente

de selvas y desiertos; de rutas de la seda y fuentes

del Nilo; de estuarios del Amazonas y deltas

del Meckong. Dentro es más alta la noche,

los ojos, la luz. Dentro.

 

2

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SUITE SIN NOMBRE

 

Lleva el agua en sus brazos

lo tuyo y lo mío,

junquillos de enero y marzo.

 

En sus brazos el aire lleva

lo mío y lo tuyo,

rosas blancas de almendra.

 

Piedad hallan, mañanica clara,

agua que prende la herida,

salvias granadas.

 

Genistas, cidonias:

un aroma de estío,

carne que encuentra su carne,

lo tuyo como lo mío.

 

El invierno trae, el invierno lleva

falsas flores. Y queman.

 

3

 

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PIEDRA VIVA

Para Antonio Carvajal.

Es la inocencia la única verdad, asombro

que da sentido al mundo, milagro

del dolor que rinde su fruto azul, guirnalda

donde el aire florece. Y la rosa,

siempre rosa, y la hormiga, hormiga siempre.

 

Es entrega la inocencia, tapia del paraíso,

agua desgajada de la más alta luz; la belleza

duele en pleno gozo, en pleno

canto, sin pauta, aguda y grave

herida, siempre herida, rosa, rosa siempre.

 

Es lugar sagrado la inocencia, audaz ruiseñor

que entre dragones amarillos, apaga el miedo,

libre de perderse, de ser hallado, libre; cielo,

hondo cielo, cielo siempre. La belleza

es verdad sólo si duele.

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Si queréis oír al poeta, pinchad sobre su fotografía.

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TIENE MARÍA…

 

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

TIENE MARIA…

Tiene María, cómo invitado permanente y duradero, el mar alojado en sus ojos. Lo sé, porque observándola atentamente –y dependiendo de la hora que sea del día– son azules índigo por la mañana temprano cuando el sol es aún tímido y vergonzoso. Al mediodía –y a causa de ese Terral sofocante que enfría el agua hasta impedir el baño– los ojos de María, se tornan verdes aceitunados o esmeraldas según le dé el capricho al cielo.

Llegada la tarde, no puede evitarlo y el gris ceniciento invade sus pupilas; hasta que al atardecer, su mirada se viste de un dorado resplandeciente y fulgurante y las aberturas de sus ojos derraman ríos de lava y lanzan partículas  piroclásticas de deseo, apetito y pasión, a aquellos incautos que están a tiro de esa mirada tan lasciva cómo inconsciente. Tan sensual como instintiva.

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

Tiene María la espuma del mar viviendo en su cuerpo. Fresca, apetitosa, deliciosa. Una espuma que apagaría la sed, si se tuviese la fortuna de que te permitiera beberla a tragos quedos y espaciados. Tiene María, continúo, un cuerpo que yo supongo moldeable porque eso, sin tocarlo, se nota. Dúctil y elástico; proclive a la caricia, al abrazo y al beso. Un cuerpo arrebolado por un sinfín de vistazos incontrolables de aquellos que pululan por los alrededores de su presencia física.

Tiene María, sigo diciendo, el color en su piel de la arena fina y húmeda de Cádiz. El sabor salino y fresco del agua atlántica en sus labios; el rosa mojado de esa lengua ansiada, anhelada y codiciada. Se sospecha que tiene María esa lengua viva y traviesa por la que perderías todos tus cartuchos de convicción sólo por invitarla a bailar en tu boca.

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

María (gracias preciosa!) ha sido tan gentil y benévola de remitirme esta serie de fotos para ilustrar este poema erótico de Juan Ramón Jiménez (habitual que es de esta sección) y que ahora os invito a leer:

 

LAS ROSAS PALPITABAN ENCIMA DE TUS SENOS

Las rosas palpitaban encima de tus senos
duros. Como una flora de las blancas batistas
que tus brazos rosaban cálidamente llenos,
los encajes tentaban con carnes entrevistas

¡Qué cándida lujuria en tus bucles con lazos
rojos! ¡Oh, tus mejillas, mates como jazmines,
bajo la llama negra de los hondos ojazos
sobre la pasión cálida de las rosas carmines!

Ibas hacia la vida con todo tu tesoro
intacto… Me mandaste tus pájaros de amores…
¡y te besé, temblando, tu alegría de oro
con un miedo doliente de poner tristes tus flores!

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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© Fotografía y posado: María Aguilar Montoya

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CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

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© de la fotografía y posado Chesha

Solemos hablar, mi querida amiga y yo, por estos laberintos controlados del ciberespacio.

Siempre, como es natural, dentro de la corrección y de la compostura debida. Tantos años de cariño, y de respeto hacia ella, me permitieron la osadía de la difícil pregunta: ¿Desearías amada prima, formar parte de la nómina de amigas que han posado para el Club de la Poesía Erótica de este blog?

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© de la fotografía y posado Chesha

Yo, ya sabía que su contestación iba a ser afirmativa, como así fue; porque son muchos los años queriéndonos y demostrándonos ese cariño que nos acompaña desde los tiempos más impetuosos y más adolescentes. Desde siempre, Chesha  me ha amparado con su simpatía fresca y natural; fascinado con una forma de ser que enamora. Pero si a eso le añadimos un cuerpo escultural y una voluptuosidad que lleva de serie, mi querida Chesha  tiene merecido, indiscutiblemente, su inclusión en el apartado lascivo de este blog.

Aunque, expresándolo mejor, éste blog tiene el inmenso honor y privilegio de que Chesha nos preste su imagen para adornar esta entrada que ahora viene.

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© de la fotografía y posado Chesha

Este es el poema, que por cierto, es de Juan Ramón Jiménez:

CUANDO DESPUÉS DE AMARNOS

Cuando, después de amarnos, te coges el cabello
desordenado, ¡cómo son de hermosos tus brazos!
cual en un libro abierto, surge la letra negra
de tus axilas, fina, dulce sobre lo blanco.

Y en el gesto violento, se te abren los pechos,
y los pezones, tantas veces acariciados,
parecen, desde lejos, más oscuros, más grandes…
el sexo se te esconde, más pequeño y más blando…

¡Oh, qué desdoblamiento de cosas!
Luego, el traje
lo torna todo al paisaje cotidiano,
como una madriguera en donde se ocultaran,
lo mismo que culebras, pechos, muslos y brazos.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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© de la fotografía y posado Chesha

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EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

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© Fotografía y posado EmeTé

Tres cosas tiene EmeTé verdaderamente notables (entre otras muchas) que la caracterizan y determinan como la mujer exquisita que es: Un precioso lunar bajo el labio, estratégicamente situado, que se le supone envanecido y ufano por eso de que su dueña y señora lo pueda lamer sin demasiada dificultad ni reparo.

Un ombligo, círculo perfecto y atrayente, que habita a una cuarta equidistante de tres conmutadores del deleite. Y unos pies pequeños e insuficientes para soportar tanta listeza y perspicacia. Tanto atractivo y encanto (cuando quiere). Tanta belleza y exquisitez (cuando no se los tocan) Tanta capacidad de seducción y embrujo (porque no puede evitarlo). Tanto talento y entendimiento (porque se lo ha currao).

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© Fotografía y posado EmeTé

Una mujer difícilmente olvidable que ahora, generosamente y por segunda vez, engalana esta entrada de poesía erótica con la impagable merced de su presencia.

Este es el poema:

EL JARDÍN DE TUS DELICIAS

Flores, pedazos de tu cuerpo;
me reclamo su savia.
Aprieto entre mis labios
la lacerante verga del gladiolo.
Cosería limones a tu torso,
sus durísimas puntas en mis dedos
como altos pezones de muchacha.
Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja
y es una caracola.
Ella sabe a tu leche adolescente,
y huele a tus muslos.
En mis muslos contengo los pétalos mojados
de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo.

Autora del poema: Ana Rossetti

***

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© Fotografía y posado EmeTé

TUS PIES

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© Fotografía y posado EmeTé

Con las dosis justas de reserva y de reticencia; con las gotas precisas -y razonables- de suspicacia y de recelo, ELLA, mi querida (y admirada) EmeTé, presta (ante mi insistencia) sus pies para adornar esta entrada que contiene un precioso y sugerente poema de Pablo Neruda. No ha sido fácil, ya os lo digo; no ha sido nada fácil. Pero era o ELLA o ninguna otra.

A veces, la porfía y la terquedad, tienen su recompensa. Gracias, amiga mía!

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© Fotografía y posado EmeTé

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TUS PIES

Cuando no puedo mirar tu cara

miro tus pies.

Tus pies de hueso arqueado,

tus pequeños pies duros.

Yo sé que te sostienen,

y que tu dulce peso

sobre ellos se levanta.

Tu cintura y tus pechos,

la duplicada púrpura de tus pezones,

la caja de tus ojos que recién han volado,

tu ancha boca de fruta,

tu cabellera roja,

pequeña torre mía.

Pero no amo tus pies

sino porque anduvieron

sobre la tierra y sobre

el viento y sobre el agua,

hasta que me encontraron.

(Los versos del Capitán)

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