BATTY

BATTY

                    (Y tenía Corazón!)

Y tenía corazón!  Ese es el título de un precioso cuadro de Enrique Simonet que está colgado en el Museo de Málaga. Un enorme cuadro, de casi seis metros cuadrados, en el que se refleja –a mi pobre entender- la sorpresa del médico forense al descubrir que la bella mujer, que en vida parecía carecer de sentimientos hacia los demás, tenía, al fin y al cabo, corazón.

Hay amistades y amistades.

Amistades -las más arraigadas y normales- que son las que están basadas en el roce y en el habituarse; las de toda la vida. Que no es, por cierto, el caso que nos ocupa. Y después hay amistades virtuales –estas son de nueva hornada- que se forjan de otro modo; de una manera epistolar. Y este, si que es el caso.

Se pueden tener sentimientos de amistad hacia alguien al que no conoces?  Me preguntaba. Con alguien que está -nunca mejor dicho- a un océano de distancia – y además tú, estás convencido- de que no tiene corazón?

(Porque si lo tuvieses- amigo mío- no serías merecedor de pertenecer a la clase de los replicantes. De esos que soñáis con ovejas eléctricas)

Si se puede! Y Roy Batty (Es el nick de JMM) es un ejemplo. Y eso, es un enorme mérito; por mi parte, claro. 

Porque para un humano -como yo-  que no ha visto todavía atacar naves en llamas más allá de Orión, no ha sido fácil disfrutar del beneplácito de su amistad.

Se puede dar el caso de “conocerlo” -las comillas están puestas, deliberadamente-  y  además, tener coincidencias con el en cuanto a gustos y aficiones?

Si! Se puede dar el caso.

Me dice otro amigo virtual al que sin haber visto en mi vida, aprecio sinceramente – Castle se llama- que le gusta mucho como trato a mis amigos en este blog.

Yo le contesto que aquí, en este terapéutico lugar, solo tienen cabida los amigos. Los enemigos están desterrados –irremisiblemente- en el país de Que les Den por Culo y por  eso mis disertaciones sobre ellos, sobre los amigos, son -casi siempre- laudatorias y apologéticas. Elogiosas, pa entendernos. De buen rollito.

Coincido con Batty en las suficientes cosas como para que nos caigamos bien.

 Nos encanta- por poner solo unos ejemplos- la posesión de esos relatos con dibujos que llaman Cómics, y para rizar el rizo, hacer acopio de fanzines y demás merchandising.

Incluidas figuritas. Yo más en la línea clara, el más en la de los Superhéroes.

Que le vamos a hacer, somos unos inmaduros impenitentes.

 

Coincidimos en nuestro gusto por las pelis y la Sci- Fi; También por determinada música. Y nos encanta bichear en las librerías. Alma de Strand.

Queremos más -por encima de muchísima gente- a nuestras mascotas. Las consideramos mejores “personas”. Pasamos mucho – en los foros- de bodas, bautizos, y comuniones. Amén de cumpleaños. Sólo lo estrictamente necesario, que es muy poco.

Y compartimos –sobretodo- pasión por la ciudad de Nueva York. Tanto, tanto, tanto, que el se mudó hace años a vivir a Manhattan hace ya mucho tiempo. Y desde allí me informa, a menudo. Con su permiso ad eternum concedido

Si nos damos cuenta, no he dicho ni una sola palabra lisonjera hacia Roy Batty, más que nada, porque sé que a el le molestaría mucho. Así que solo he puesto coincidencias.

Pero la verdadera finalidad de esta entrada, no era sino una excusa. Una excusa para  hacerle un regalo. Un regalo, que yo sé -porque a fuerza de leerlo lo voy conociendo- le gustará.

Porque al final de todo este discurso, me doy cuenta, -y me podía haber ahorrado todo este rollo- de que sí, de que SI tiene corazón; y a lo mejor – en una lejana e improbable vuelta mía a la City, podamos, desde el 230 Fifth, tomarnos unos Dry Martinis. Tantos  como para que lleguemos a ver Rayos-C brillando en la oscuridad cerca del Empire State. O, si tenemos suerte, de la Puerta de Tannhäuser.

Si dejan subir a Alaska, claro.

El regalo,Que lo disfrutes my friend.

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