PALABREJAS

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“PALABREJAS”

“El que me baya quitáo la tobaya…
baya sío porque le baya hesho farta”

En mi familia, el adjetivo “palabrejas” se usaba para designar a determinadas personas que usaban términos incorrectos y equivocados en las conversaciones. Ese es un “palabrejas” decíamos cuando oíamos cualquier barbaridad.

Tres son los tipos de errores que solemos cometer en la representación del idioma: el error escrito (o lapsus calami) el error oral (lapsus linguae.) Y también está –no se crean que no he hecho los deberes– otro tipo de error que yo ignoraba: el lapsus mentis; (el olvido ocasional). Lapsus viene del latín y viene a significar “resbalón”, aunque yo creo que es más apropiado expresarlo cómo “patinazo”.

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Verán Uds. en mi rama familiar –puedo asegurarles, que era algo muy cruel para nosotros mismos– teníamos la costumbre de que si estábamos hablando con alguien, y ese alguien cometía un “patinazo”, mi madre, que era un portento en detectarlos, doblaba los labios exageradamente para hacernos caer (a los que no lo hubiéramos hecho) en el tropiezo del interlocutor. El disimular la risa, era un verdadero acto de coraje y contención. Uno de los suplicio más placenteros que se puedan sufrir.

Establezcamos también una diferencia bien notable y necesaria: nuestra risa (o no risa) dependía de que, si el autor de la barbaridad dialéctica era una persona modesta y de pocos estudios que trataba de usar palabras que carecían del suficiente significado para ella, entonces, en ese caso, siempre era tratada con todo cariño, tolerancia y respeto. Pero, si por el contrario, era una persona suficientemente preparada la que – tratando de impresionar y sorprender, con un deje de pedantería– cometía el gazapo, entonces, el cachondeo estaba asegurado y esa palabra pasaba a usarse formando parte del argot particular de la familia con el consabido peligro de que la palabra se “normalizase” y corriésemos el riesgo de deslizarlas en las propias conversaciones involuntariamente. “Tito Pepe” al vino de Jerez por ejemplo, más de una vez lo hemos dicho para nuestro sonrojo y fatiguita.

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Voy a ponerles algunos ejemplos de palabrejas tan reales como la vida misma. Todas son aportadas por mi propia experiencia y por las de un montón de amigos que han tenido el detalle de ayudarme.

Ahí van:

Teníamos un portero en casa, que cada día saludaba a mi padre comentándole el tiempo.
– Buenos días, Don Fernando…
– Buenos día Felipe.
– Hoy parece que vamos a tener una buena “churrasca”.
– Erm… Psí! Me temo que psí, Felipe.

Otro día un amigo familiar, estando con nosotros en la playa hablando de los tiburones, de los marrajos y de las tintoreras, éste, el amigo –tratando de entrar en la conversación con una aportación docta y entendida– exclamó, en voz más que alta, indicando la especie a la que pertenecían estos bichos: “los escuálidos!!!” y se quedó tan pancho. Debería de referirse a los que estaban muy delgados y enclenques.

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Después viene otro gran amigo; éste, era el rey de las palabrejas y de las frases malheridas: Era partidario siempre de seguir los “protocólogos”. Cuando algo no podía ser, siempre echaba mano al “Eso es pedirle peras al horno” y muchas otras veces, se sentía “Contra la espalda y la pared”. Una señora que venía a limpiarnos las oficinas nos comentaba que su hija recién casada había puesto una cocina con unos muebles de una “Fornica” linda. Y otra, un día, le comunicó a mi madre –con mi medio dólar de plata en la mano– que se había encontrado un “duro del Príncipe Kennyde”.

La rama sanitaria es un verdadero e inextinguible filón: Que decir de las “tortículis” y del hueso “kuky”. Un buen amigo responsable de una afamada y conocida Mutua Médica, me indica que muchas veces le preguntan ¿Cuanto “degrada” el seguro médico? Y unas amigas enfermeras, me hablan de las hernias “fiscales” de algunas pacientes a las que atienden. Los “análises” solicitados y la masiva ingesta de Aspirinas “flourescentes”. Los “gitanales” en vez de los genitales; los “vestíbulos” en vez de los testículos y de, asombrense!! “tener hígado” y un poco de “diabetis”.

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¿Y el “esparatrapo” y el “Espidifrén” y otras “medecinas”? Una sobrina, directora de una entidad bancaria, me cuenta que de vez en cuando, tiene que contener la risa porque se ve obligada a hacer “transfusiones” entre cuentas a petición de algún cliente con haberes pero poco ilustrado.

Hay gente que habla con mucho “Rintintín” que por cierto no es un perro y se queda en lo “anedóctico”. Y alguna decoradora (sic) que yo me conozco, la caga con eso del “sinfonier” de marras y el uso inadecuado de la palabra dicotomía. No me puedo olvidar de las inefables “cocletas” y de sus inefables amigas las “armóndigas”. Del sempiterno “Lejonario” ni de mi queridísima amiga que está harta de que la llamen “Grabiela”.

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El año de las inundaciones de 1989 en Málaga –y para evitar una mayor catástrofe– me indica el amigo ecónomo, hubieron de abrirse las “compresas” del Pantano del Limonero para desalojar volumen debido a la “trompa” de agua. Un problema añadido para esas pobres mujeres de vida fácil que se buscaban la vida en las “redondas” de los “polígamos”. Tan altas y “esterilizadas”. Pero ya se sabe “No todo es lo que reluce”. Ah, perdona, “No todo el oro es lo que reluce”.

Hay que ver cómo ha subido el barril de “pretóleo”, dicen las noticias; y comentaban otros dos, que ayer “juguemos” un partido y “empatéremos”. En fin vamos a terminar esta interminable retahíla con otros dos clásicos las “mondarinas” y los “caramales” porque para entender todas estas palabras hay que tener, como los motores “Wobagen”, mucha “comprensión” y no estar demasiado “arquerotipado”.

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4 comentarios

  1. Quiero en esta labor de exploración lingüística de Phater aportar dos granitos de arena: medecina está bien dicho, se usa esa expresión de manera abundante en expresiones coloquiales en países iberoamericanos; así mismo, medicina era tratada en los Sueños de don Francisco de Quevedo de modo natural y ordinario como melicina, es más, cuando cuestionaba a galenos y salvavidas que atentaban contra enfermos, éstos solían servirse en el atentado para su “reparación” de cañones de melecinas.

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  2. Me ha encantado el artículo; la cita previa del paleño Remigio Oña es genial: “El que me baya quitáo la tobaya…baya sío porque le baya hesho farta”.

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  3. También inolvidable el cartel que estuvo años colgado de un balcón cerca de la Plaza del Obispo: “Peligro!!! casa en ruina eminente”

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  4. Acabo de descubrir tu blog y me parece bastante interesante. Te invito a conocer el mio. Aunque es un blog donde lo que se trata es de proponer, cine, música y documentales sobre un tema concreto para el fin de semana, cada 1 mes y medio hay una entrada para Málaga. “verdiales” “Incienso, azahar y el mar” “yo y el cine” “diccionario boquerón” y “Diccionario boquerón aplicado”. Espero que te guste tanto como a mí el tuyo. Un saludo.
    https://perdidosenelsofa.wordpress.com/

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