CINCO ESTACIONES DE PASO

CINCO ESTACIONES DE PASO

“Cártama Estación.
Bobadilla.
Valdepeñas.
San Petesburgo.
Viaje de vuelta.”

“Crónicas del Poropo”

Cuando me comentó un querido amigo que Paco Navidad me iba a enviar cinco relatos cortos con nombres de estaciones de trenes, imaginé erróneamente que eran relatos independientes, sin ninguna conexión argumental; eso sí, teniendo como nexo de unión, como trama, dichas estaciones. Así que me dije: Haré cinco entregas. Una para cada apeadero. Craso error.

Francisco Javier López Navidad, su autor, tuvo anoche la gentileza de enviármelos para -por si yo lo consideraba oportuno- publicarlos en mi blog.

Estaba yo dispuesto -aun sin haberlos leídos- a hacerlo; porque este escritor posee las suficientes credenciales literarias como para insertar en mi blog cualquier texto creado por él, sin tan siquiera tener que leerlo previamente. Además, me venían dichas letras avaladas y comentadas por el Poeta amigo Juan Miguel González. Certificado de calidad literaria, tenían pues, de enorme consideración y prestigio.

En este blog, jamás trato de incluir ningún texto con una longitud mayor que la que yo considero cómoda y asumible por el lector. Esta vez voy a hacer una excepción, puesto que el escrito que ahora viene es tan ameno, rico y florido, que adolece de cualquier intención que no sea la de seguir leyendo. Implorando la continuidad.

Lo de publicarse en entregas a la dickensiana manera, ya te digo, venía dado por el razonamiento de que no se le puede dar al lector de pantallas, textos demasiados largos; pues, determinados leedores se atosigan, se les cansa y nubla la vista y dejan la lectura. De ahí la razón de que yo adorne las letras, de vez en cuando, con remansos de paz visuales que son las imágenes que busco con sumo cuidado e inserto en el articulo de marras. Para que la vista se pare, se acomode y repose.

Así que, esa es (era) mi teoría: Texto no demasiado largo y con “estampitas”.

Eran pasadas las diez de la noche. Hora que yo (lunes y jueves) me retiro a la calma y placidez de mis aposentos, para dedicarme a la lectura, obligado por la insoportable perspectiva del “reality” de turno en “Tela Jinco”.

Odio profundamente esa cadena televisiva, y no puedo evitar tratarla con el desprecio que se merece. Con la misma crueldad que ella me trata a mi. ¿¿Valeeeee??. (Léase con lo boca abierta y atiborrada de alimentos masticados, escupiendo, chillando, y cerrando los ojos a la belenesteban manera)

Sigo… Tenía ya la luz encendida y las sábanas desplegadas; el Kindle (mi ebook) preparado para la lectura y los piños adecuadamente cepillados y en perfecto estado de revista. Vaso de agua previsor en la mesita de noche. De repente (Sudenly que dicen los ingleses)… Un avisador de correo electrónico sonó en mi móvil: “Fco. Javier López Navidad; “Chiroski House Ballad”, decía el mensaje. Como se comprenderá fácilmente -por eso de “Balada de la casa del jorobado”- no pude evitar la tentación de abrir el archivo. Venía un escueto mensaje de Javier donde me indicaba que me anexaba un fichero en pdf con el texto en cuestión conteniendo cinco cortas historias.

Abrí el pdf; así que, como ya tenía ya organizada la zona de lectura en mi dormitorio, me lo reenvié al susodicho Kindle, para poder leerlo con la tranquilidad que se le tiene que disponer a los textos de los amigos y además, para que negarlo, poner la letra de estos al tamaño adecuado para mi mirada de topo cada vez más cansada y rota.

La primera intención de sólo leer una de las “estaciones” y dejarlo para el día siguiente, con ánimo de continuar con Jens Lapidus, se quedó sólo en eso: En una primera intención.

Empecé a leer y ya no pude dejar de hacerlo. Lo primero que me dejó impresionado fue el texto introductorio (ese que siempre se pone prestado de otro autor)…

El pasado es la única cosa muerta cuyo aroma es dulce.
(Eduard Thomas)

Precioso y absolutamente de acuerdo. Después de eso vino una lectura ininterrumpida que me dejó absorto y abstraído desde las primeras líneas.

Por esa riqueza de lenguaje, que dispone Paco Navidad, tan cercano en casos; tan docto y cultivado en otros (gracias que mi libro electrónico dispone de diccionario) pero sobre todo, porque la trama argumental -un pasaje de la vida de un inefable personaje llamado Poropo- me resultó tan amena e ingeniosa, que -no os engaño- me dejó buena parte de la noche sin poder conciliar el sueño y estuve revisitando “Aquellos lugares comunes que nos fueron arrebatados antes de tiempo como inmolación a un futuro ya pasado” (sic) ¡Genial!

Paco me llevó de vuelta a los aledaños de la niñez por los territorios del Cine Cayri frente a, donde supongo, estaba situado el Jardín de Babilonia -entre irreal, cutre y decadente- del Poropo. Ese mágico lugar lleno de ranas y proyectos de radios de galena.

También volví a estar en el Teatro Chino de Manolita Chen y en el de los Hermanos Tonetti al que acudí (al Teatro Chino me refiero) en una ocasión en mi tierna niñez; Porque eran tiempos, los aquellos, despojados de estos inútiles buenos propósitos que ahora ahogan a los niños con normas absurdas y de “buen rollito” y que en el mejor de los casos, los embobaliconan; y en el peor, los dejan inmaduramente desasistidos para enfrentarse a la vida.

Me llevó también, a ese mismo solar que era donde se instalaba el Circo Price y el Cinerama; aquel de La Conquista del Oeste del Hathaway y demases. Me llevó de paseo por el Camino de los Ingleses del Antonio Soler. Por un barrio -distrito le llaman hoy los modernos afectados- que nunca fue el mío por nacimiento, pero si lo fue por elección en determinadas épocas. Porque en tiempos, crucé las fronteras desde Martínez Maldonado a la Ciudad Deportiva, desde Lanuza -donde vivía mi Tía Anita- hasta Blanco Coris donde lo hacía la modista de mi madre… Desde la calle Bailén de mi gran e imperecedero amor, hasta aquella Plaza con Casa de Socorro donde trajinaba el Llanero Solitario de la Trinidad, vendiendo escondido, sus barritas de quinientas.

El querido amigo Fco. Javier López Navidad, tiene la conveniencia de dedicar muy merecidamente este escrito a dos de sus íntimos (comunes míos) que son: el Editor Jose Antonio Quesada y al Poeta y mentor Juan Miguel González del Pino. Pero la también la disparatada ocurrencia de dedicárselo a este que sus escribe. Y eso, es un honor tan apabullante como inmerecido. Algo que le agradezco feliz y enormemente.

Así que aquí tenéis este inapreciable documento de una Málaga, y uno de sus personajes, que desdichadamente, ya han desaparecido.

Cinco estaciones de paso

“La explosión atómica es un susto muy grande que afecta, sobre todo, al oído interno”. Poropo dixit.

Pues eso.

Disfrutadlo tanto como yo he hecho. Es una verdadera gozada.

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2 comentarios

  1. gracias alvarito”
    que magica esta malaga..que junta parte y reparte…..
    .y a mi me ha dado..las-los mejores…….

    hermoso…las est d trenes son algo.que se queda fuera del tiempo…..
    y estan.las antologicas……me gusta.
    saludos a la famili..abrazos.¡

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  2. Un verdadero placer leerte, Paco. Cuántos recuerdos compartes y qué gracia tienes contándolos. Cinco vagones de arte, primo, y de añoranza.
    Gracias, Álvaro. Un abrazo.

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