LOS OJOS DE LAUREN BACALL Y EL AS EN LA MANGA

Lauren Bacall

LOS OJOS DE LAUREN BACALL

Y EL AS EN LA MANGA

Todo empezó con un “Me gusta” mío en ese corralón de vecinos virtual -más o menos bien avenidos- que es Facebook.

¿El motivo? El cumpleaños de mi admiradísima Pepa Flores. Aquella otrora Marisol que era el amor soñado -pero absolutamente imposible- de la chavalería de mis mediados años sesenta. También mirusté, el referente de toda madre envidiosa que -por aquellos tiempos- tenían que, para que sus hijas se parecieran a la prodigio, conformarse con disfrazarles el pelo a base de enormes dosis de Camomila Intea. Rubias de bote que se llamaban.

Pero conseguir imitar los ojos de Marisol, amigo mío…los ojos de Marisol, ya eran otra cosa.

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Me llamó mi querido amigo Carlos López Linares  -que es vigilante pertinaz de dicha red social- y refiriéndonos a dicho “Me gusta”, en cuanto a una foto de -una ya madura, y preciosa Pepa Flores- empezamos a divagar acerca de los ojos azules y el encanto y el hipnotismo especial que ejercen sobre los atribulados habitantes de las tierras bajas del Sur en especial; de los atribulados habitantes Mediterráneos en general. Ya se sabe que, por aquí, entre el universo de ojos negros y marrones, los azules ¡date cuén! brillan con luz propia. Como las estrellas.

Me habló Carlos acerca de los ojos preciosos de su pasión de juventud: la inalcanzable Lauren Bacall (pronúnciese Lorín Bakál) . Tanto le subyugaban, que disponía de una foto enmarcada de la diva en su propia mesita de noche. Dicha foto, continúo contando, desapareció un día misteriosamente de su  lugar de ubicación. Me imagino que alguna morena celosa, no estaba dispuesta a compartir en el lecho, otra mirada que no fuese la suya. Ya se sabe que las morenas, aparte de ser de mi copla, son también, de su pueblo.

LAUREN BACALL

Ya iban dos pares de ojos en litigio: La Bacall y la Flores (de soltera: Marisol). Así que Carlos -emocionado en el envite- me dice que, la más poseedora de transparencias en el azul no era otra que su propia madre: María Teresa Linares. Que me iba a enviar foto que avalara la afirmación y yo, rápido de reflejos, le pedí confirmación documental de sus tres aseveraciones. En un plisplás.

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Uno, que no puede evitar ser como es de acelerado, estaba hablando y pidiéndole al Linares dicha información, sin darme cuenta de que no estaba siendo yo del todo honrado. Y no estaba siendo del todo honrado, porque -aún sin saberlo todavía y sumergido en el subconsciente- me guardaba un As en la manga. Belén. Mi sobrina Belén Carretín. Un precioso y tierno As en la manga.

Uno, rememora las noches de  tahúr, de los buenos y distantes tiempos; de los de allá por los altísimos de Pinares de San Antón. Justo encima de -fíjate que casualidad-  donde vivía mi apuesta más segura. Mi apreciado y querido As.

Belén, mi queridísima sobrina- detenta un par de ojos que superan a los más azules y a lo más celestes que nunca nadie haya podido disponer.  Turquesas robadas en Turquestán -que por eso se llaman así- de una enorme fragilidad y belleza. Ojos de color turquesa que casi tiran para ese asomo de verde que se confunde, entreaguas, con los tonos del mar Caribe.

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Pero ya te digo que juego con As en la Manga. Y desde aquí, desde la trampa involuntaria e impensada conscientemente, pido perdón a Maria Teresa, y a Lorín; también a Pepa. Porque juego con ventaja.

Y juego con ventaja, os digo, porque esos dos miradores que mi sobrina tiene  -para disfrute y envidia de sus semejantes- descansan sobre una perfecta naricilla respingona, que le hubiese ocasionado el destierro sin duda, si hubiese coincidido en el tiempo con Cleopatra. Una sonrisa de un blanco tan refulgente, que le aporta luminosidad a todo el rostro, y lo más importante: una simpatía y una proclividad al afecto, que la hace inigualable entre los comunes. Entre todos los comunes que estuviesen dispuestos al suicidio colectivo de la comparación.

Por eso pido más perdón, a Carlos López Linares; porque -sin poderlo evitar- una entrada que se pretendía iba a estar dedicada a los ojos de  Lauren Bacall, de Marisol, o de su propia madre María Teresa, una entrega a tres bandas, ha terminado -soy esclavo de mis sentimientos- dedicado a una sobrina que me lleva acompañando casi toda mi vida. También yo, a toda la suya.

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Acompañando, desde aquellos días en que siendo una niñita, la llevábamos mi novia (su tía carnal) y yo, al dentista (ella con su abriguito azul) y cuando salíamos de la consulta, yo la atiborraba  -pido perdón al estomatólogo- de chucherías hasta su propio éxtasis.

Mientras la gente, que pasaba junto a nosotros, preguntaba si la niña de los ojos irrepetibles era la hija de Marisol. Y nosotros sonreíamos alevosamente, y dejábamos que la incertidumbre quedase flotando en la Tómbola del mundo. Esa Tom Tom Tómbola de luz y de color azul, por supuesto.

…///…

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