VÁMONOS DE BODORRIO!!!

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VÁMONOS DE BODORRIO!!

Los tiempos, mirusté! es que cambian -cómo mi amiga Mar Maripili- lo que se dice, una barbaridad! Y con los estos que corren, los enlaces matrimoniales, han experimentado un cambio desde mi época, tan notable como exagerado. Drástica y contundentemente Una barbaridad, ya te digo.

Bastante antes de mis tiempos, verán Uds., la boda era el resultado final, feliz y exultante, de unos largos años de noviazgo donde se afianzaban el cariño, el afecto y la querencia entre dos personas por medio del conocimiento mutuo y de la convivencia a tiempo parcial. Fueraparte claro está -porque a todos gusta el respirar y los placeres terrenales y mundanos- del magreo controlado, púdico y moderablemente casto que conllevaba toda relación medianamente carnal que se precie. Dolor de huevos incluido.

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El paso por la vicaría era pues el final meditado, anhelado y previsto. Finamente planeado y contemplando, como tiene que ser, todos los pormenores y coyunturas posibles e imprevistas en la celebración del dichoso evento. Si no había “bartola” por medio, claro está;  en cuyo caso, la organización se aceleraba muy notablemente. Y se ocultaba dicha coyuntura de forma tan rápida, apresurada y nerviosa, como secreta y sigilosamente. Un poco de tapadillo; que la niña es más virgen que nadie!

 Pero eran las aquellas celebraciones de boda, al fin y al cabo, ceremonias que seguían unos modestos cánones establecidos en las que nada se salía de lo previsto y que se ceñían a las normas establecidas en el libro de las costumbres de la época. Ya se sabía donde uno se metía; y se asumía, resignadamente en casos, la intemerata de lo que se le venía encima.

 Hoy no. Para nada que no. El tema del casorio se ha transformado en una lucha sin cuartel -entre parejas de la misma panda- para ver quien alcanza la más altas cotas de originalidad, innovación y extravagancia; y por consiguiente, de inasumible dispendio económico. Inasumible dispendio económico, porque que no saben Uds. -o sí- hasta donde puede llegar el inescrutable mundo de las apariencias y el boato de mediopelo.

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Hasta poco antes de mis tiempos, sigo contando, los enlaces matrimoniales constaban de una bonita ceremonia religiosa celebrada por cura amigo gorrón con apenas celebración: Una copa de champán con tarta, o una restringida comida para los familiares más cercanos y para el cura amigo gorrón. Estos, los familiares y, a veces, los invitados más elegidos, correspondían con regalos seleccionados en los comercios mas granados de la ciudad; las llamadas Listas de Boda. Listas de Bodas que el Corte Inglés -con la implantación de la lista ficticia, virtual y permutable- se ha encargado de desbaratar y desterrar para siempre.

Antes, el regalo era doblemente feliz y útil; para los regaladores y para los regalados.

 Con la favorable circunstancia de que los regaladores, obsequiaban acorde con su cercanía familiar, presupuesto económico, amistad hacia los contrayentes o, en su caso, grado de compromiso. Y es más, se podía expresar el buen o mal gusto de cada cual dependiendo del regalo elegido. Hoy, sólo se trata de transferir al frío mundo del ciberespacio, cierta cantidad de dinero a una cuenta bancaria con alma intangible de veinte dígitos y corazón de vil metal.

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Así, de esa manera, antes, los invitados se ponían elegantes -las mujeres, sus mejores galas de siempre y el hombre su también sempiterna chaqueta- y allá que se iban todos a  celebrar la boda y Santas Pascuas. Y rapidito, que había que dormir la mona de la despedida de soltero de la noche anterior. Despedidas de soltera… ni por asomo!

 Hoy…no! Hoy no es para nada así!

 Hoy…son dos las circunstancia que acontecen y que nada tienen que ver la una con la otra: La competición -normalmente incruenta, pero tampoco siempre- entre parejas de la misma especie y el pastón dispensado por cada una de las partes. Por parte de los novios, de las familias de los contrayentes, de los invitados…de todo quisqui. El cura amigo gorrón, por principios eclesiásticos, no se rasca el bolsillo, cágondioss. Aquí, hoy en día, acudir a una boda, se torna irremediablemente, en un problema manifiestamente incomodo y oneroso. Muy muy oneroso.

 Dependiendo del segmento de población al que se pertenezca, se puede, en el caso de los machos, ir desde el muy elegante  y distinguido chaqué, al floriturado traje de encajes con rotura de camisa fina en el caso de la etnia gitana. Las novias desde el escote palabra de honor y carita de conejillo retraído  -en el caso de simpatizantas del PP- hasta el más imponente estilo “Recocó Lolailo” en la antes citada etnia gitana neocalé.

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Las mujeres, hoy día, al margen de las temperaturas y de las circunstancias, siempre irán a la última moda. Vestidas acordes a lo que el último momento los modistos de turno imponen. Vistoria y Chumino, David el del Fín o DoñaTela Enelchásis.

 La boda, hoy por hoy, no sólo se ciñe  a la ceremonia religiosa o civil, sino también a determinados detalles, en el ágape y posterior banquete, que darán fe y certificarán el tronío, la alcurnia y la posición social de las familias desposadas.

 Largo y tortuoso es el camino de los detalles del bodorrio. Yo he acudido a bodas excelsas -donde al margen de la familia más entrañable y más mía- he llegado a un sitio precioso, he sido recibido por un escanciador de vino que me ha ofrecido amablemente una copa de Jerez. Mientras tanto, un señor corta lonchas de jamón finas hasta la imposible transparencia. Que es cómo está bueno. Refrigerios mil.

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Inacabable el surtido de canapés y aperitivos fríos. Otro tanto de calientes. Bandejas de sushi que son muy ponibles. Abanicos de regalo para damas y monsieures- que ya el abanico es unisex- biznagas olorosas para sólo las señoras. Comida pantagruélica que apenas se toca, pues con los aperitivos sobraba toda ingesta posterior. Se regalan zapatillas para que las damas se descalcen, pues ya se sabe lo doloridos que quedan los pinreles debido a los taconazos y/o los zapatos nuevos. Paquetitos de cinco cigarrillos rubios y/o puro de vitola media y anilla con los nombres del feliz y recién estrenado matrimonio para los hombres.

 Vals, orquesta y barra libre. Madrugada de bandejas de ibéricos, caldito del puchero reparador y molletito de pringá. Puesto de helados, carritos de Hot dogs!! Lo que yo te diga!!! carritos de Hot dogs!! Y mesas de dulces inacabables; paraísos de diabéticos son. Churros de por la mañana. Con chocolate espeso, claro está, como debe de ser. Autobús para el traslado de beodos y mamados. Despedida y cierre.

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Gastos…gastos…Gastos… Un pastón.

Si a esto se le añade la última moda para la despedidas de soltera que se celebran o en Ibiza, en el mejor y más barato de los caso, o en lugar aún más lejano en el peor. Y si consideramos, también en el mejor y mas barato de los casos, el imprescindible, inevitable y ordinario viaje de Luna de Miel al saturado Caribe de marras con pulsera de “todo incluido”, esto, queridos míos, esto, no hay quien lo asuma económicamente. Un desastre para la hacienda de cada cual.

 En fin, lo que quiero decir que hoy el casarse -de ahí la enorme cantidad de hipotecas infladas que abruman a los jóvenes matrimonios- sale tan extremadamente caro, que más de un matrimonio hace aguas nada más salir de la iglesia bajo una peligrosa y resbaladiza lluvia de arroz. O de pétalos de rosas, valga el mariconerismo y la modernidad oinss.

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Empero, fíjense Uds. que no es a esto a lo que iba yo a referirme. Fíjense Uds. que no. Esto iba a referirse tan sólo a uno de los inevitables y perfectos complementos de las bodas que no es sino el reportaje de fotos en la playa. Y allá vamos, y se me perdone la extensión:

EL REPORTAJE DE FOTOS

EN LA PLAYA.

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Haberlos -fotógrafos fantásticos de reportajes de bodas- haylos. Quede claro.

Pero verán Uds. no entiendo ese afán que tienen estos artistas de la imagen en putear  -sobretodo al novio- en los reportajes posteriores a la boda. Porque durante la ceremonia religiosa, civil o festiva, todo transcurre de manera mas o menos normal, asumible y dentro de los cauces de los esperado. Lo malo, es cuando días después de la boda, o después del viajecito de marras al Caribe, quedan citados la parejita y el artista fotográfico -siempre en presencia de las suegras- en la playa del Balneario del Carmen en Pedregalejo (Málaga) pongamos por caso, para realizar el ultimo documento grafico del evento.

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La apoteosis final. La cúspide del acontecimiento. Y, ahí sí, dar rienda suelta al desbordante arte e ingenio del artista iconoclasta y revolucionario de la fotografía moderna. El reportaje en la playa. On the Beach.

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Llegan los novios ataviados con sus trajes de boda -ya estrechos- a la playa; risueños, felices y cantarines. El fotógrafo, para darse más empaque, lleva a un nota (que no sabe ni donde ponerse) al lado, con una sombrilla forrada de papel de plata Albal que aporta y complementa la luz necesaria a la imagen resultante por los cohoness.

 La novia con risa forzada de fresca francachela y ánimo solipandi, avanza resuelta por la arena enfrentándose al objetivo. Faz y  melena al viento. Porque tú lo vales, Yomara del Rosario! Caminan los dos -novia y novio- descalzos y cogidos de la mano. Ella luciendo pedicura a la francesa y el arremangado como si de un avezado marengo y/o carpintero de ribera se tratase. Suena en la mente de los dos la banda sonora de “Carros de Fuego”  Bailar pegados, no es bailar. El fotógrafo incansable, tenaz y persistente -y marcha atrás- apalea sin conmiseración alguna el disparador de la cámara. Clic rrrsh, Clic rrrsh, Clic rrrsh, Clic rrrsh… Uys!!! Que trompieso!

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Desplaza ella involuntariamente -al arrastrar la cola del vestido- innumerables restos biológicos esparcidos por la playa  resultantes de una moraga de la noche anterior. Algas secas, latas vacías de cervezas, condones usados, mendrugos de pan y raspas de sardinas, y algún que otro perenne y definitivo pegote de alquitrán que complementan el rastrillo de encaje, organza bordada y tul ilusión.

 Viene de ahí la frase: Ha quedado para el arrastre.

 El novio, completamente azorado y avergonzado, obedece sumisamente al fotógrafo ante la atenta mirada de  tres jubilados y dos viandantes que -apoyados en el murete del Paseo Marítimo- observan atentamente al panoli -con cara de mofa y befa- móvil en mano y sin parar de hacerles fotos y subirlas a Internet.

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Corren contra el viento, ya te digo, la parejita, y el fotógrafo dispara y dispara. Saltan como colegiales dicharacheros y el fotógrafo dispara. Siéntanse en la orilla displicentes, acaramelados y con la carne de gallina por el frío, y el fotógrafo dispara. Se meten en el agua hasta la cintura, y el fotógrafo dispara. Vuelven a la orilla del rebalaje y se tienden amorosamente para que el oleaje los revuelque -y les llene, a ella la chirla de arenilla, y a él se le meta una medusa entre los pliegues de los hueviss- y el fotógrafo dispara. El fotógrafo, siempre dispara. Siempre… Dispara!

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 El momento culminante primero -pues hay dos- es cuando a requerimiento del excelso artista fotógrafo, se sumergen en las aguas como dos miembros del movimiento del Camino Neocatecumenal y la Renovación Carismática. Al salir al exterior -agobiados y semiahogados- la ropa les queda absolutamente pegada a los cuerpos delatando las lorzas del novio -adquiridas en el buffet libre del hotel caribeño- y la prominente barriga de la novia debida al embarazo de seis meses que detenta y que la llevaron deprisa y corriendo al altar. Mi Yomara del Rosario Gómez. Señora de Picornell.

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El segundo momento culminante, es cuando -y para desesperación del propietario del restaurante- la novia completamente empapuchada y arrastrando el vestido de color virgo roto -y una pesadísima cola llena de lapas, latas de cervezas y papelones de merendola- se encamina hacia los baños, atravesando el salón con una teta fuera y el rimel corrido, dejando tras de si una enorme y alargada estela de mierda, condones, y arena sucia con alquitrán.

 Porque tu lo vales, baby.  Porque tú lo vales.

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…///…

Nota: Las fotos finales han sido realizadas por el fotógrafo Ángel Conde; Cuyo trabajo podéis contemplar en su página:

http://angelconde.es/

Gracias a éste!

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3 comentarios

  1. Jajajaja, me he reído desde la primera línea del texto, magistral como siempre. La crónica de la sesión fotográfica genial. Un besazo guapo!

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  2. Una crónica original, aunque en muchos aspectos no coincido jeje.

    Lo único por favor cuando uses imágenes de terceros no estaría de más poner el nombre del autor de las mismas, y seria un detallazo si no quitaras la marca de agua.

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    • Estimado Ángel; entono el mea culpa. Es algo, lo de la autoría que suelo hacer. No obstante, además de pedirte disculpas, corrijo el post e indico tu nombre y tu página.

      Un saludo cordial y vuelvo a disculparme.

      Me gusta

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