UN PASEO CON LUIS CENTENO

C360_2013-11-22-19-56-54-882(Luis, Santa y Father en la exposición de Andrés Mérida. 22.11.13)

UN PASEO CON LUIS CENTENO

 

… No te preocupes, no me he ido.
Porque sigo cogido de la mano,
de quien me dio un enorme abrazo adolescente,
y prometió, eternamente, ser mi hermano.

A mi amigo Alvarito, a las 02.00 A.M.

         – 11 de Marzo de 2010-

 

Decir amigo es decir, Luis Centeno. Y decir Luis Centeno, es también nombrar a la persona que me usurpó -juiciosa y dichosamente en su día- el calificativo de “Mejor” para ya no abandonarlo nunca jamás de los jamases.

Decir Luis Centeno, es elaborar un coctel de sentimientos y sentires encontrados. Un combinado (inapropiado a veces) que a los verdaderos poetas -esos equivocados que se regodean en lo inexplicable- se creen que para crear belleza hay que estar aderezado con unas cuanta gotas de tormento, angostura y Martini seco.

Decir Luis Centeno es decir distracción y jaraneo; fiesta interminable  y divertimento.

 Decir Luis Centeno, es decir también, conversación pausada y reflexiva. Confidencia que se queda  -arropada y resguardada- en el cobertizo del cariño y la amistad inveterada. Desahogo, bálsamo y alivio.  Declaración no anhelada, muchas veces, de desamor y desconsuelo. Cómo son estos poetas de sufridos!

Luis Centeno, es alegría y distracción.  Alborozo y entusiasmo. Luis Centeno es gloria bendita para el ánimo. De los demás. De los demás. Muchas veces, pienso que debiera de ponerse frente a un espejo, para que -aplicándose su propio parche y medicina-  esa alegría que despliega con los otros, le rebotase a él mismo en un buen guantazo de puro e inevitable reflejo.

Decir Luis Centeno es decir poesía y sentimiento descarnado; y pesarosa; abatida y consternada, porque cagondiós y en tóloquesemenea, que qué poco humor y que pocas risas  (Ay! Mamaluisa!) se aplica -otra vez a veces-  a él mismo. Parece amigo que hoy, estás un poco más viejo y que ya no te miras al espejo, por no notar tus arrugas. Supongo.

Este Viernes 22 del mes de Noviembre del Trece, Volvimos a disfrutar de la mutua compañía; y con Santa y con dos amigas que se presentaron de improviso, volvimos a pisar sus dominios del distrito -para con la excusa de hacerme entrega de un regalo- volver a pasear por ese centro de la ciudad en el que hace demasiado tiempo ya, capeábamos los amores adolescentes, entre Campanas y Quitapenas; Casas Guardias y Floresteles.  Entre recitales de música en los institutos y duetos de guitarra irrepetibles en la playa. ¿Irrepetibles he dicho?

Decir Luis Centeno, es decir amigo. Inevitable amigo, cómo a él le gusta decir. Cómo a mí me gusta escuchar. La otra noche -esa que venía de otra no muy lejana en su casa, esa en la que andábamos  asesinando a un excelso Ron Diplomático de bastantes años- accedió  a proporcionarme un poema que reflejara lo que ahora le atenaza el cuello. Y el corazón. Y ese alma que soporta y sobrelleva de poeta atormentado por el destierro.

Y Luis, que es -aunque no lo parezca-persona puntual y de palabra, me regaló esto que ahora viene, y que cómo siempre, destila sentimiento y emotividad. Delicadeza y ternura. Y como no! una tristeza infinita que sería insoportable si no estuviese impregnada de un cariño y de un amor de los más confesables. Una tristeza infinita, preñada de esperanza hacia aquella que él y yo sabemos, y que nos está esperando allí en la distancia, sabiendo que aquí estamos los dos. Que aquí estamos los dos.

970717_647667471927198_1591662809_n

0-Bis Día 5.

Martes, 19/11/13

Aunque el día tuviera cien horas

y un año durara cien años,

no me apaño.

Me falta tiempo para estar contigo.

En principio, te lo digo como amigo,

pero no te extrañe,

que en mi mente indecorosa,

esté pensando en ti por otra cosa

que no haga falta luces ni testigos.

Perdóname preciosa si te digo,

que mis noches se me han vuelto más eternas

cuando duermo dulcemente entre tus piernas

olvidándome del frío con tu abrigo.

Ya no puedo querer otros abrazos

¡Cómo olvidar tu beso tierno y claro!

que quieres que te diga, veo muy raro,

querer adormecerme en otros brazos.

.

.

.

.

***

Anuncios

Una respuesta

  1. Hace falta decir algo más? Difícilmente podemos encontrar un hermanamiento con las bondades humanas que refleja el escrito.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: