“MIERDASET”

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“MIERDASET”

 

Algunas veces (muy pocas la verdad), inserto aquí textos de otros autores. No me gusta hacerlo, porque lo que realmente a mi me mola es escribir –y correr con las consecuencias- de los textos que publico.

Porque tambien a veces,  leo cosas que retratan a la perfección lo que yo pienso de determinado tema; y entonces me digo… Porque no lo pongo (corto y pego) y me ahorro el trabajo? Y eso hago ahora. Ahorrarme el trabajo. Puesto que el periodista Jose L. Malo, acaba de describir clara y diafanamente lo que yo pienso de la Empresa televisiva Mediaset en general, del programa Adán y Eva en particular.

Este es el texto, léanlo y “disfrútenlo” no tiene desperdicio:

Tinta con limón

‘Hadán y Eba’

José L. Malo

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OPROBIO: listón que España puede colocar más alto a diario; como los garbanzos o las habas en un revuelto, todo el mundo asegura que sobran entre los kikos y las pipas, pero nunca faltan en la mesa.

Mediaset (no escribo Mierdaset, que si no el jefe me regaña) estrenó Adán y Eva, el rizo rizado de Mujeres, Hombres y Viceversa. Si este formato auspicia relaciones artificiales con tipos y tipas semianalfabetos y vigoréxicos que venden su cuerpo y su dignidad para que la televisión les empuje hacia una fama costrosa y efímera, el afán de superación y las exigencias de los altos ejecutivos para exprimir ese tipo de reálitis les ha llevado a este nuevo formato. En él, se trata de fingir la misma mentira de relación, aunque esta vez pillando cacho en directo y, lo más importante, en pelota picada. Según sus creadores, porque la desnudez física es una semblanza del desquite de todo lo superfluo para llegar al tuétano del ser humano.

El problema es que ese interior no da más que para perlas como “el título del programa lo han sacado del primer fascículo de la Biblia”, “¿Qué es la Alambrada? ¿Está hecha de alambre? ¿Está en Córdoba?” o “¿qué significa polivalente”. No se rían de ellos sino de la podredumbre de los guionistas y responsables de castings, que se dedican a expurgar entre las cloacas de los colegios para encontrar a estos personajes; lo triste es que sólo les haya dado para preparar unos diálogos que hacen buenos a los de las películas porno. Al menos, en estas cintas los guiones son una excusa para desnudar a los actores; en este programa los culos son sólo óbice para seguir vendiendo el mismo formato vacío de la televisión privada. Bueno, un mérito sí que les concedo: que aún encuentren personajes de tanta pobreza cultural y emocional después de chorrocientas ediciones de Gran Hermano y otras decenas de programas de telebasura que tanto caracterizan a Mediaset.

Nos podemos reír de sus patadas al diccionario o lanzar improperios por lo poco preparados que están. Pero que quede claro una cosa: los que realmente dan vergüenza no son los ineptos concursantes que se ponen en pelotas delante de las cámaras, los tristes son los 2.816.000 espectadores que los vieron al otro lado de la pantalla.

 

Pues eso señores… Pues eso ha escrito el periodista!

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UN ARTICULO EN LA BOMBONERA

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“Cuando me propusieron escribir este texto en esta revista, no daba crédito a dicha propuesta. Pues debo confesar y confieso – para mi vergüenza – que soy un absoluto iletrado en todo lo referente al deporte de pelota llamado fútbol.”

Así empezaba el artículo de opinión que mi amigo el ilustrador y polifacético artista Ángel Idígoras, me encargó -y acepté, casi sin pensarlo- para insertarlo en el número 19 de la Revista del Club Deportivo Málaga: La Bombonera.

No sabía pues, como un inculto futbolero como era yo, iba a cumplir aceptable y acertadamente la promesa dada al amigo. Pero hete aquí que me acordé de una anécdota que me sucedió “In Illo Tempore” cuando – con mi hermano Fernando- acudía a La Rosaleda para presenciar un partido del Torneo Costa del Sol entre el Málaga y el Santos de Brasil del célebre y renombrado Pelé.

Así lo conté, asi se lo remití a los “Alma Mater” y auspiciadores de la revista: Idígoras y Pachi, y así fue, publicado en el periódico.

Leedlo, no tiene desperdicio. Más que nada por la ocasión única que se vivió aquel día y por el malísimo mal rato que pasé durante dicho encuentro de futbol y que no se me olvidó en años.

EL DÍA QUE VÍ A PELÉ

(Y CASI MATÉ A UN VIANDANTE.)

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Cuando me propusieron escribir este texto en esta revista, no daba crédito a dicha propuesta. Pues debo confesar y confieso – para mi vergüenza – que soy un absoluto iletrado en todo lo referente al deporte de pelota llamado futbol.

Pero dos razonamientos propios me disuadieron del rechazarla. El primero: que si por ejemplo juegan – es un ejemplo irrenunciable – el Real Madrid y el Barça, me la trae al pairo quien gane o quien pierda. Pero SÍ que tengo que reconocerme un chauvinismo malaguista irreprimible; y debo de confesar que muero con un fracaso del equipo de mi ciudad y que revivo con el triunfo de éste. Más si es en la Rosaleda y mi hijo lo ve en directo.
El otro razonamiento que me obligó a aceptarla es que tengo el inmenso honor de haber visto jugar a Pelé con su equipo en aquella época el Santos de Brasil contra el C.D. Málaga y eso tengo que contarlo. Sobretodo, porque lo que viví aquella jornada, fue inolvidable. No saben Uds. cuán inolvidable!! Porque ese día fue…

EL DÍA QUE VÍ A PELÉ

( Y CASI MATÉ A UN VIANDANTE.)

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Año del Señor de 1967. Martes 28 de Agosto. Torneo Costa el Sol. Cuatro equipos cuatro. Una Selección Argentina, el Real Club Deportivo Español de Barcelona , que a la postre ganó el Torneo, el Club Deportivo Málaga, y por fin, el invitado de honor El Santos del Brasil donde jugaba Edson Arantes do Nacimiento, “O Rei” Pelé, circunstancia esta que hizo que el Estadio de La Rosaleda se pusiera de bote en bote.

Manejaba yo en aquellos días, la edad repipi y zangolotina de los doce años y tres día. Casi cómo una condena para el que le tocase de acompañante. Fue mi hermano Fernando el que, de la mano, me llevó al campo por orden directa e irrevocable de mi padre. Si tu vas, le dijo al hermano mayor, te llevas al chico! Y el chico, que era yo, iba todo zascandil, chisgarabís y mequetrefe a ver al susodicho Pelé del que yo no tenía ni la más remota idea de cómo era, pero que todo el mundo desde hacía semanas hablaba de él.
La alineaciones para que vean Uds. que he hecho los deberes eran estas: Por el Santos de Brasil: Gylmar, Joel, Clodoaldo, Rudo, Lima, Orlando, Wüson, Bugleux, Toninho, Pelé y Edu. Y por el Málaga, elijan Uds. once de entre estos: Américo, Juanito, Porras, Arias, Montero, Piquer, Vallejo, Vázquez, Ben Barek, Benítez, Chuzo, Martínez, Robles, Aragón, Berruezo, Cabrera, Ficha, Moli, Otiñano, Pepillo, Valenzuela Y Ribes.

C.D. MALAGA  1967
La primera impresión que me llevé al ver el campo iluminado, se me quedaría grabada en la mente de por vida. El campo atestado y nosotros – mi hermano Fernando y yo –hacia arriba . A casi todo lo alto de la tribuna. Comienza el partido. El enorme morbo de poder ver en acción al Rey Pelé me mantiene sentado con un cierto interés. Tampoco mucho no se vayan a creer; a los treinta y cinco minutos, Pelé fue objeto de un penalti, lance en el que resultó lesionado y se tuvo que retirar.

Una desgracia para todos . Pero sobremanera para mí que, al no ser demasiado fanático, resultó que el “leit motiv” de mi asistencia al campo se había esfumado instantánea e irremediablemente.
Aguanto hasta el descanso. Aburrido ya, y cansado, me encamino hacia la parte superior de la tribuna. dando paseos y viendo el partido desde allí arriba. De pronto, veo que una botella de refresco de cola (no digo la marca) está tirada en el suelo. Irreflexivamente, le pego una patada y ésta, la botella, empieza a rodar; sin parar, empieza a rodar y llegando al filo, cae al vacio con una velocidad insólita. Corro hacia la barandilla, me asomo y veo a un probo ciudadano dirigiéndose directo al punto de impacto del proyectil de vidrio. Me echo a temblar por la desgracia que está a punto de suceder. En el último segundo, el botellín, le raspa la nariz al incauto viandante; le afeita el bigote al cero y se hace mil añicos delante de su aturdido y asombrado careto. Crash!!!!

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Yo permanezco pasmado arriba sin reaccionar. El viandante – aún no recuperado del susto – mira hacia arriba, y comienza a lanzar tal retahíla de insultos, amenazas e improperios qué – como comprenderán Uds .– no puedo transcribir aquí. Todo eso, llevándose los dedos índices y corazón a sus ojos como diciendo. !!!Que m’ queáo con tu cara!!! Yo, horrorizado, vuelvo corriendo a la grada. Me siento junto a mi hermano que no entiende ni se explica mi extremada lividez y descomposición. Ya no vuelvo a levantarme en todo el partido. Eso sí, sin parar de mirar hacia atrás esperando en cualquier momento a que el ciudadano se presentase detrás mía – en el mejor de los casos – acompañado de dos grises para detenerme.
El Santos ya le había colado dos al Málaga, y mi hermano, para evitar la muchedumbre, decidió que saliéramos ya. Cuando estábamos bajando, y casi saliendo al exterior, un enorme griterío nos anunciaba que el Málaga acababa de marcar. Mi hermano me dijo…Volvemos? y yo, dándole un enorme jalón del brazo, le conminé: !!! Ámonos pá la casa… Ya!!!
Málaga. Estadio de La Rosaleda. Ya te digo, 28 de Agosto de 1967. Martes maldito que fue. Para mí, claro está.

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EL DÍA QUE ACABÓ LA CRISIS

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Hay entradas en este blog, que no necesitan ni una sola palabra para prologar un texto ajeno. Porque distraerían. Y lo que viene ahora, merece ser leido con las entendederas puestas en modo ON. No se puede contar mejor lo que estos malditos golfos apandadores y malnacidos, han hecho con nuestra sociedad del bienestar. ¡Que les habremos hecho nosotros! ¡Que les habrán hecho nuestros hijos!

 ¡¡Que pena!!!


El día que acabó la crisis

(Artículo de Concha Caballero).

Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas.

Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.

Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.

Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado.

Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.

Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis ha terminado.

Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.

Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.

De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida.

Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.

Toca moverse YA, Frente Cívico.

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