KOOZA

Tengo una cierta experiencia con el Circo del Sol. Desde el primer espectáculo que vi en el año 2004. Desde entonces, han sido repetidas las veces que he visto diversas representaciones suyas en lugares tan dispares cómo  Sevilla, Málaga, Barcelona y Nueva York. Saltimbanco, Corteo, Dralion, Quidam, Alegría!  A Fairy Tale in New York y ahora, Kooza. Siete han sido hasta hoy. Todos me han gustado; unos, como es natural,  más que otros. Pero todos admirables y con montajes escénicos espléndidos.

Esta veteranía, me ha llevado a poder comparar y confrontar dichos espectáculos y establecer mis claros favoritos: Saltimbanco en Sevilla por ser el primero y germen de mi entusiasmo por lo que sucede bajo el Grand Chapiteu. Alegría! en Barcelona por la belleza intrínseca y su música inolvidable y A Fairy Tale in New York porque quién se puede resistir al Cirque du Soleil en el Madison Square Garden en la navidad Neoyorquina?

Con Kooza (un afortunado regalo de mis hijos) tenia yo una cierta reticencia. Había un poquito de reserva porque había notado un cierto (y lógico) agotamiento de los de Guy Laliberté o, seguramente, porque mi capacidad de asombro había llegado ya a un límite muy alto tras Alegría! y Saltimbanco. Hasta que – seamos precavido en las apreciaciones de favoritismo- llegó a Málaga Kooza. Una sorpresa inesperada.

Conforme iba avanzando Kooza, la sospecha del “más de lo mismo” iba desapareciendo para sorpresa mía. Contemplé números que me provocaron el sobresalto y la angustia. Esos acróbatas desafiando inverosímilmente las leyes de la gravedad; la contorsionista imposible; los volatineros con saltos increíbles, los trapecistas o el gimnasta que decide sentar la cabeza en la cumbre de nueve sillas puestas una encima de otra sobre una alta peana de madera.

Los payasos (qué risas) te alegran toda la velada con sus gags  y proporcionan descansos visuales, para  una retirada de bártulos del escenario entre actuaciones, sin que apenas se note el disimulado barullo. Todo está medido al milímetro y eso se nota en el resultado de cada número. Los trajes y toda la tramoya, fascinantes. La música en directo fantástica y la primera visión y el golpe de sonido al levantarse el telón alto que cubría a la banda fue fastuosa. Menudo batería!

En fin, un espectáculo digno de ver que no me defraudó y que recomiendo encarecidamente. No se lo pierdan.

EDUARDO GUILLE. TRES PELDAÑOS PERO UN SOLO ESCALÓN

 

¿Quien no ha tenido en su pandilla de la niñez y adolescencia un lugar de reunión, fijo y especial, situado en algún tramo de escalera? No puedo imaginar, para los chiquillos, mejor sitio que sirva de atalaya, de  grada y atarazana que una porción escalonada que procure altura, confort y sombra en la calle. Unos escalones estratégicamente situados a tiro de vistazo de alguna casa que les provea de suministro e instrumentos musicales en los momentos más necesarios de la jornada.

Mi hijo, por poner algún ejemplo, tenía su “Escalerilla”. Mi mujer pasaba las tardes  de verano en una “Escalera” y yo, tenía una pandilla, cuyo ágora era el llamado “Escalón”. Tan importante era que la panda, no se llamaba por el nombre de la calle sino como “El Escalón”. Aunque este constase de tres peldaños.

Un grupo de amigos que constituíamos una cuadrilla experta en disfrutar una edad -la adolescencia- llena de descubrimientos y de experiencias vitales que conformarían una parte importantísima de nuestro carácter y comportamiento vital futuro. Mi pandilla de Conde Ureña: “El Escalón”.

Se preguntará el lector de este escrito… ¿Y a qué viene el rollo que nos ha lanzado el Father Gorgonzola acerca de escalinatas, peldaños y escalones?

Eduardo Guille lleva teniendo, desde hace un cierto tiempo, una prolija actividad en cuanto a su faceta de Urban Sketcher ( ya saben esa técnica del dibujo “boceteado” realizado a pie de calle) y cada día, su técnica en esta disciplina (es opinión generalizada entre los grandes de este método) va progresando y desarrollándose positivamente de una manera manifiesta e incontestable.

Eduardo Guille, mi gran amigo desde los tiempos del Reino de Conde Ureña, ha tenido a bien el regalarme un precioso dibujo donde, con la técnica Urban Sketcher, me devuelve a la memoria las preciosas  e inolvidables situaciones que viví, hace más de cuarenta años, en aquellos tres imperecederos peldaños. Aunque nosotros, injustamente, bajáramos de rango al tramo y le llamáramos simple y llanamente “EL ESCALÓN”

Una injusticia como otra cualquiera.

Esta es una selección de los últimos trabajos de Eduardo. Me encanta ser su heraldo en esto de las redes sociales. Me encanta y me enorgullece notablemente.

 

 

MALAGACUARELA. SUMA Y SIGUE…

(Eduardo Guille por Beatriz Taillefer)

Ayer, me volví a encontrar con mi viejo amigo Eduardo Guille en los pasillos del feudo de las ancianas flemáticas y cachazudas que es el Mercadona de la Avenida Juan Sebastián Elcano. Lo digo, porque como te toque en suerte una de esas provectas compradoras -que piensan que el pasillo es suyo y de nadie más- echas la mañana detrás de una de ellas en penosa procesión. Pues bien, en esa situación doméstica nos hallamos de vez en cuando  mi querido amigo y yo,  pues los dos somos diligentes amos de casa y apañados marmitones.

Ayer, no se dio el caso; pues sólo rubicundas y pizpiretas guiris, estudiantes de español, transitaban por las dependencias del súper aprovisionándose de brócolis, ensaladas de soja texturizada, queso tofu y alguna que otra botella de licor de detestable sabor y fatales consecuencias en forma de resaca. Que lo Cortés no quita lo Pizarro.

Le comenté a Edu la enorme aceptación que tenía su ultima hornada de dibujos Urban Sketchers.  La admiración que levantaba en extraños y conocidos. La enorme dificultad de elegir uno de ellos como favorito porque todos poseen la virtud del paisaje vivo y su  perfecta interpretación pictórica.

Cuando llegué a casa, volví a echarle un vistazo al último artículo que sobre sus trabajos callejeros hice a finales del año pasado en este blog. Y me di cuenta, que la técnica de Edu había mejorado notabilísimamente. Sus dibujos eran ahora -siendo excelentes los anteriores- muchísimo mas prolijos en detalles y también más precisos. Mucho más detallistas y delicados; dotados de un color y un manejo de la acuarela que realmente fascina al que se para tranquila y detenidamente a observar cada uno de estos rincones de Málaga.

Ya lo sabéis e insisto: No son trabajos para verlos apresuradamente.  Son para gozarlos .Disfrutando pausadamente de cada detalle y de cómo, con unos trazos aparentemente fáciles, se dota de vida y movimiento a la ciudad dibujada.

Nos dimos un abrazo, nos despedimos y quedamos a la espera de otra ocasión para vernos mientras deambulamos, diligentemente, por los dominios de las señoras insolentes y las vivarachas mocitas sonrosadas.

Estos son:

 

 

MALAGACUARELA

MALAGACUARELA

Tengo una especial predilección por la técnica artística pictórica denominada “Urban Sketcher”. Muchos la conocerán. Me introdujeron en este ámbito dos queridos amigos  –ambos máximos exponentes en el grupo de Málaga– como son Javier Rico y Luis Ruiz Padrón.

La frescura de dichos dibujos, la inmediatez en la realización y el colorido del resultado, me cautivaron desde el primer de los primeros momentos. Ya saben que dichos trabajos se realizan a pie de calle y sobre unos cuadernos (las muchas veces sin sentarse) y empleando trazos que retratan el paisaje elegido y que se visten de colores a base de aplicar acuarela al dibujo resultante. Todas esas circunstancias: La frescura, la inmediatez, el colorido, y, sobre todo, la franca camaradería que se respira en estos grupos de amigos artistas, hacen –ya lo he dicho repetidamente– que sea un impenitente y fervoroso admirador de esta interesantísima técnica y de sus preciosos y apreciados resultados.

Pues bien; casualmente, llega a mis ojos una serie de dibujos, que con temática malagueña, mi querido y viejo amigo Eduardo Guille ha elaborado recientemente. Él no lo sabe todavía, pero como dispongo de su permiso eterno, abusando, le he mangado su trabajo y lo cuelgo en este blog –que es tanto suyo como mío– para el disfrute de aquellos que tengan el privilegio de dedicar unos minutos a contemplar preciosos rincones de Málaga dibujados por este –y no me canso de repetirlo– querido y viejo amigo.

Disfrutadlos.

 

 

UNA NOCHE EN GIBRALFARO  

“Hablad de castellanos y de portugueses, porque españoles somos todos”

Luís de Camões

El Castillo de Gibralfaro de la ciudad de Málaga está encallado, por imposición humana, en un océano de pinos y eucaliptos en la cima del monte del mismo nombre. Su bosque, salpicado de algún almez furtivo y algún que otro algarrobo solapado entre el verde, proporciona un perfume especial a toda la ciudad, que se le ofrece a sus pies y se deja dominar, complacida, por ese servicio de vigilancia y guardia permanente que –desde hace setecientos años– le viene prestando.

El Castillo de Gibralfaro, unido legalmente a su parienta La Alcazaba –un par de siglos mayor que él y a un mucho más mayor Teatro Romano– conforman uno de los conjuntos monumentales artísticos más interesantes y bellos de nuestro país. Un  ménage à trois  propiciado y consentido por edificaciones centenarias en el que cada una de ellas, saca partido y complementa  a las otras, en una explosión de belleza y armonía no exenta de la voluptuosidad y concupiscencia que a los tríos bien avenidos se les supone.

Una composición  pétrea que se entrega, con esplendor y generosidad, al nuevo visitante, al reincidente y al autóctono. Sus vistas desde lo alto, brindan el más bello y personal paisaje; y desde abajo, sirve como la más eficaz y perdurable carta de presentación de Málaga en la vista y en la memoria del que la contempla.

En ese idílico enclave, y a eso venía esta presentación que acabáis de leer, en el Patio de Armas de dicho recinto, tuvo lugar días pasados la ya tradicional conmemoración del Día de Portugal, de Camões y de las Comunidades Portuguesas. Con la organización de varios actos propiciados por el Consulado, con ocasión de la VI Semana de Portugal en el Sur de España, tuve ocasión –gracias a la enorme generosidad y amistad que me brinda y une al Cónsul Honorario en Málaga Rafael Pérez Peña– de asistir como invitado a un acto en el que –tal y como es habitual– la elegancia y el buen gusto imperaron en un ambiente tan sereno y distendido como pedagógico e instructivo.

Las amenas alocuciones del Secretario de Estado de Portugal  Eurico Brilhante Días, el Cónsul General en Andalucía Joao Queirós y del mismo Rafael Pérez-Peña, dieron paso a unas delicadas actuaciones musicales con un emocionante espectáculo de Fado y Flamenco interpretado  por el renombrado guitarrista portugués Pedro Jóia acompañado por Diana Vilarinho y José Manuel Neto y con la intervención de dos artistas invitados españoles  (Alejandro Hurtado y Bernardo Miranda) que nos prepararon el cuerpo para el ágape.

Todos los invitados nos desplazamos hasta un lugar privilegiado del Castillo donde se sirvió el festín. Desde esos adarves, la visión nocturna de una Málaga iluminada, puso el broche final a una velada donde, insisto, el buen gusto, la cortesía y la distinción fueron los principales invitados a este acto. Tal y como manda la tradición. Tal y como fija la pertinaz costumbre hospitalaria del país vecino.


THE ALHAMBRA SKETCHBOOK.

Nunca agradeceré lo suficiente, a mi muy querido amigo Javier Rico, el haberme dado la ocasión de conocer el mundo de los Urban Sketchers en general; la caballerosidad y bonhomía, en particular, de uno de los máximos exponentes mundiales de esta especialidad pictórica como es Luis Ruiz Padrón.

El doctor arquitecto Luis Ruiz, ha tomado la buena costumbre cada año por estas fechas, de estrenar libro con una muestra de sus trabajos de campo. Libros que yo, oportunamente, tengo a bien el procurarme para que le den categoría y volumen a mi biblioteca que tan denostada está últimamente de nuevas adquisiciones. Aburrida y resignada por estar siempre con los mismos vecinos de tabla desde que decidí pasarme al frío e impersonal (pero cómodo) libro electrónico.

Pocos son los que, de entre los muchos que me leo, tienen el cuerpo de papel y el alma de tinta impresa. Que manejan el olor a cola y a cartón, y una guarda impoluta idónea para pegarle aquel “ex-libris” que en su día me fabriqué para darle un toque de propiedad física al tocho que entraba en mi repisa, y advertirle al prestatario, por donde transcurría el camino de vuelta a casa.

Pero cada como año, acompañando al turrón El Almendro, vuelve por Navidad a poblar los estantes de las librerías una nueva delicia para los ojos. Una impresionante obra realizada para gozo de sus lectores por el Maestro, para sugerirnos el regalo infalible y acertado, con el que no queremos decepcionar. El que, ávidamente,  no queremos dejar de poseer. Un nuevo tesoro, que cada cierto tiempo volveremos a ojear, pues siempre nos reporta nuevos hallazgos y perspectivas. Nuevos detalles y particularidades.

Y es entonces, por esa circunstancia, que cada vez que publica no puedo dejar de volver  al imperio del papel impreso y le hago –entre empujones– sitio de honor a la nueva obra del amigo Ruiz Padrón. Eso, si! Debidamente rubricado y personalizado, que para eso tengo el atributo concedido por él, del morro y el descaro.

Luis esta vez, nos trae La Alhambra de Granada para que nos sentemos con ella tranquilamente en nuestro sillón más personal y siempre intransferible. Para gozar con esos textos tan bien elaborados cómo descriptivos y con esos trazos magníficos a los que tan mal acostumbrados nos tiene; con esos colores –a veces sólo un tímido asomo– suficientes, justos y adecuados. Luis esta vez, nos trae La Alhambra de Granada con su nueva publicación “The Alhambra Sketchbook”.

Siempre recomiendo sus publicaciones, sus últimas entregas, pero esta vez la recomendación se torna en prescripción y la prescripción en advertencia; y la advertencia (si no la seguís) en chufa, befa y amonestación por mi parte por no hacerme caso. No os lo perdáis!!! Si no os hacéis con uno de estos ejemplares, lo lamentaréis.

Para casi terminar, os indico que la presentación de esta maravilla, tendrá lugar en mi librería de cabecera: La preciosísima Mapas y Compañía. Sita en Calle Compañía, 33. El próximo jueves día 9 de este mes de Noviembre.

Y ahora, ya sí termino, os pongo una serie de dibujos de Luis Ruiz publicados cada domingo en la contraportada del diario Sur llamada “Málaga a Trazos”. Para que os hagáis una idea de la belleza que se avecina estas Navidades.

Disfrutadlos!!!

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TEJERINGOS

 

TEJERINGOS

Hablaba yo ayer con mi barbero-peluquero, sobre la oportunidad de su negocio y acerca de esa circunstancia que se repite cada cierto tiempo: la vuelta de las modas y de los comercios de antaño.

Maneras y costumbres que  se consideraban perdidas en el uso, pero no en la memoria, y que se recuperan por el atisbo de aceptación (o los estudios de mercado) de una nueva generación que no conoce lo que se pretende poner de nuevo en boga. En la ropa y complementos hay evidente ejemplos: los pantalones de pitillo y/o acampanados, los zapatos de plataformas, los bolsos para hombres (vulgo mariconeras) los vinilos, el pelo largo, las barbas, el abundante pelo sobaquero… Y en las comidas, los dos ejemplos más claros, le decía yo que era: El Salchichón García-Agua y los tejeringos.

Y a los tejeringos me voy a referir, porque el García-Agua, como que ya no sabe como antes.

Los tejeringos: Esa deliciosa masa de harina y agua frita con la peculiaridad de presentarse en enormes lazos que, antes, se ensartaban con un junco para facilitar su transporte. Me gustan mucho las churrerías típicas; mi favorita siempre fue “La Cacería” en la calle de noble nombre de Blas de Lezo. No me gustan la nueva hornada de churrerías franquiciadas (están ricos, no lo negaremos) donde la denominación de “Bar de Churros” de toda la vida se ha sustituido, con una pretendida sofisticación,  por un nombre leído al revés y con un inapropiado apostrofe o genitivo sajón que le da un toque de modernidad que no le pega nada.

–– “Tráigame Ud. si es tan amable –le digo a la enlutada señorita– cuatro Tejeringo’s que estén cruditos. Un Coffee mitad descafeinado de máquina. Con sacarina, por favor. Un sobrecito de azúcar para mojar los Tejeringo’s. Un vasito de agua fría y la cuenta que tengo que salir pitando.”

–– ¿Árgo már?

––  Un vasito de gazpacho, le digo para hacerme el simpático.

Pone cara de tener un garbanzo debajo del labio superior la chochotriste y se va como diciendo… “Ya ha llegado el gordo que se cree gracioso”.

El Coffee llega a los 20 minutos. El agua te la tienes que servir tú dentro del local en una máquina que hay y, además, en  vaso de plástico. La sacarina se le olvida, los Tejeringo’s está esperando, dentro de la lava hirviente, a que se te enfríe el Coffee para traértelos;  y la cuenta, la pagas dentro esperando cola, con un tiquet lleno de logaritmos neperianos que solo entiende un lector de código de barras y Stephen Hawking cuando está despabilado.

Yo , prefiero al camarero de camisa blanca con la sacarina en el bolsillo de la camisa para paliar el improbable olvido. Que te diga:

Entonces….cuatroshurritosblanquitosmitaddobledescafeinadodemáquinayvasitodeaguadelAaiúnfresquita. Oramismo!!!

Y en un segundo, tienes un vaso de agua helada a tu disposición para ir templando el paladar para lo que se avecina.

En fin, a lo que vamos: Esto que vais a leer, es un texto escrito por José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.  Y publicado por “Málaga en el corazón”. Un estupendo y detallado estudio de lo que es el característico mundo tejeringuero en la ciudad de Málaga.

Disfrutadlo

Málaga y sus tradiciones: EL ORIGEN DEL TEJERINGO MALAGUEÑO
“Que recuerdos, de niños, cuando comprábamos los domingos por la mañana las ruedas de tejeringos, al churrero del barrio, y lo llevábamos a la casa enganchado en el junco”.
Si repasamos varios diccionarios, podremos observar que la mayoría de ellos definen los siguientes vocablos: ‘tejeringo’, ‘jeringo’, ‘calentito’, ‘cohombro’, ‘churro’, ‘fruta de sartén’, ‘mandungo’, ‘porra’ y ‘tallo’ como «masa de harina parecida a la de los buñuelos, a la que se da una forma alargada con un aparato especial y se fríe en aceite. Es típico de algunas regiones españolas, donde se toma acompañando al café o chocolate del desayuno o de la merienda». El vocablo ‘tejeringo‘ presenta una etimología sumamente curiosa y hace referencia al instrumento con que se fabrica. Así pues, su constitución se debe a la suma de ‘te‘ y ‘jeringo‘, especie de jeringa, por donde se echa la masa a la sartén. Antonio Alcalá Venceslada, en su ya clásico ‘Vocabulario andaluz’, identifica la palabra ‘jeringa’ como sinónima de ‘tejeringo’, ‘churro’, ‘tallo’ o ‘cohombro’.


Según algunos destacados críticos, el origen del vocablo ‘tejeringo’ se encuentra en Málaga y Cádiz. Nació, al parecer, del pregón de algún expendedor que, mientras sudaba ante la sartén de aceite hirviendo, se dirigía a su clientela femenina, nerviosa y apremiada de tiempo, con la siguiente expresión, no exenta, quizás, de segunda intención:
-Niña, ¿no te jeringo?
El vocablo ‘tejeringo‘ es netamente patrimonial de la provincia malagueña y ello ha motivado los siguientes versos del poeta malacitano Barrionuevo Moncayo: «El tejeringo era una / cosa en forma de aro; / masa frita con aceite / de oliva, sin mezcla alguna / que no costaba muy cara / y comerlo era un deleite. / Era parte del tipismo / en lo que se distinguió / el autóctono malagueño; / hoy, por puro esnobismo, / su antiguo nombre cambió / por churro, que es madrileño».
Para el eminente arabista García Gómez, la típica masa de harina frita en aceite, antecedente del ‘tejeringo’ o del ‘buñuelo’, hunde sus raíces en la civilización griega y romana, con la consiguiente confirmación árabe, que desarrolló su consumo en la mayor parte de Andalucía, con preferencia en las provincias malagueña y gaditana.
Los tejeringos es la forma más tradicional y artesanal de hacer churros, es una variedad de churro de elaboración más compleja. Es más común cocinar churros o porra o churros madrileños, porque el sistema está mecanizado, lo que facilita mucho el proceso. El tejeringo es diferente hay que dibujarlo a mano, uno por uno y se tarda tiempo en aprender a hacerlos. La masa de los churros se puede congelar, a diferencia de la masa del tejeringo que no se puede ni reservar ni refrigerar, el tejeringo es un producto 100% fresco. Se elabora la masa en pocas cantidades para que se use al instante y no sobre nada, al menos así es como debe hacerse.


Realmente la receta es muy simple: harina, agua, sal y bicarbonato pero tiene otros factores como temperatura y tiempo.
En Málaga donde hay muchas churrerías, hemos conseguido acunar un ejemplar único: el tejeringo. Pero a día de hoy la ciudad está contemplando cómo cada vez son más los negocios que compiten por poner los churros modernos en sus cafeterías.
En Málaga se venden tres tipos de churros. A saber: Churro, tejeringo y churro madrileño. Por churro a secas se entiende el tradicional. El del palo largo. En el churro clásico hay lugares clave. Casa Aranda: Lugar típico y tópico del centro. Ahí se va sí o sí. Sillas pequeñas. Apreturas y calor. Pero merece la pena. Hay días que están más huecos que otros pero son perfectos. El Sauce: En Echevarría del Palo. Un clásico de la zona este. Coche mal aparcado en doble fila y un ojo puesto en el coche y el otro en la taza. Le acompaña en El Palo la cafetería Migui con churros perfectos y sin aceite en demasía. Y en otra dirección está Oña: El del Civil. Un sitio clave. Un lugar único. A Oña hay que ir alguna vez. Ya sea porque esperas el traslado del Cautivo o porque vienes de ver a alguien del hospital. Pero su churro es perfecto. En bandeja clásica de metal y crujiente.


Pero tenemos los churros madrileños. –Mis preferidos (Gonzalo León)- y ahí hay un mano a mano. Nunca se sabe quién gana pero lo único claro es que si son congelados se nota. Doy dos lugares del centro típicos, tópicos y claves: Café Central y Café Madrid. Ambos pueden hacer lo que quieran. Obras, carteles modernos en las paredes u ofrecer paellas congeladas pero a las once allí debe oler a churros. Perfectamente fritos. Amarillo dorado. Secos de aceite. Y crujientes a la par de cremosos. La ración debe traer cinco. -Si trae menos se lo ha comido su hijo el gordo en un despiste de usted-.
Y por último tenemos el tejeringo. La piedra angular de todo. El ying y el yang de la masa frita malacitana. Un espécimen de origen local que ahora parece haber resurgido pero que nunca dejó de existir. El tejeringo es redondo. En unidades autónomas con textura lista y con mayor dureza y resistencia al mordisco. Pero más bueno que el churro. Más tierno y jugoso. Te puedes comer cinco churros o cinco madrileños pero con cinco tejeringos se te ponen los tobillos como dos colectores de EMASA. -Emasa de churros-.


Para disfrutar de Tejeringos hay que salir del centro. Y tienes una de sus catedrales en el barrio de la Victoria. A la altura de calle Cristo. En El Caracol. Desde su pequeña ventana ya ves el trasteo del aceite y el humo salir. Y entras y se te empañan hasta las gafas. Pero es de vapor del bueno. Es lugar de culto para el victoriano y se hace imposible no parar encima de la acera –viendo cómo aparco hagan cuentas de la cantidad de multas que me ponen (Gonzalo León)- y llevarse en un papel media docena para degustar en el hogar.
Ahí solamente van unos sitios básicos. El ABC de los churros en Málaga. Es evidente que hay más. Pero con esos vas sobrado. Y no lo olviden. No caigan en la tentación de las porquerías. Que los churros no llevan chocolate por fuera. Ni se rellenan de nada. Que no llevan salsas. Ni dulce de leche ni guarrerías de ningún tipo. A lo sumo se abre un sobrecito de azúcar y se echa en un platito para que mojen los infantes o la abuela. No vayan a las franquicias. Pidan que le retiren el plato si nota que son congelados. Comer churros que han estado a menos treinta grados en la ciudad de Málaga es una falta de respeto.


Coman churros. No cuestionen su precio. Y disfruten del momento sublime de envolver un lado con una servilletita para comenzar el homenaje. Compren para lleva a sus casas –y dejen la bolsa abierta que si no se empapan del vapor- y aparezcan en su hogar con el papelón un domingo por la mañana. Sus hijos lo querrán más. Su pareja también. Y si vive en soledad mírese al espejo con el tejeringo y verá qué bien le sienta.
Málaga es lugar de masa frita. De hambrientas y buñuelos. Y no de churros falsos ni panes con mijillas que parece que estás comiendo alpiste.
Disfruten de esta tierra y cómansela. Que le tiren la bandeja de aluminio rayada una y mil veces y aún escuche el gorgoteo de la fritura en sus últimos compases. Pida chocolate Santa María. Y salga del banquete con ganas de ser trasladado en carretilla. Pero cuidado. Hay que acabar siempre con el vasito de agua. En vaso de duralex. Con el agua rozando el límite de la temperatura de los purgantes. Y bébasela del tirón. Ahí acaba el proceso. Ahí acaba el disfrute y comienza la aventura. Pero habrás desayunado o merendado en condiciones. Y con cosas de tu tierra.

Autores: José María Ocaña, Antonio Arrebola Padilla y Gonzalo León.

 Publicado: por “Málaga en el corazón”

 

 

 

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