DE VUELTA A LA CARA OCULTA DE LA LUNA

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DE VUELTA A LA CARA OCULTA DE LA LUNA

“There is no dark side of the moon really.
Matter of fact it’s all dark.”

Pongan Uds. un algo de reticencia; unas dosis (bastantes) de desconfianza, de dudas y de recelo. Añádanle unas gotas de esa inexplicable superioridad que nos interviene a los presuntuosos que –creyendo saber muy mucho de algo y de estar muy muy seguros de una circunstancia concreta– no nos entra en la cabeza la exégesis o explicación de otro parecer o criterio distinto al nuestro.

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Eso es lo que me pasaba –y hablo en pasado– con los llamados grupos “Cover” o “Tributo”.
Ya, en su día comuniqué esto mismo tras ver la actuación de los excelentes “The Silver Beats” que me propiciaron el que pudiera “asistir” a un concierto de The Beatles años después de que el grupo dejara de existir. El sábado noche, The “Pink Tones” hicieron lo propio con Pink Floyd y me llevaron por un inesperado y emotivo paseo por las arenas de Pompeya y de vuelta a la cara oculta de la luna. A volver a vender mi alma (I wish you were here) en el desierto de Yuma. A reconsiderar algunos de los Muros, que aún no han caído del todo, en muchos lugares infames de este planeta.

The “Pink Tones” hacen un brillante tributo a la discografía de Pink Floyd con una especial recurrencia a la de los años 70. Y lo hacen con una enorme fidelidad y respeto; con una evidente honestidad. Fueron fieles a lo que prometían: una vuelta a ese universo floydiano –exclusivo y privativo de cada uno de los asistentes– que ha configurado y ocupado, sin lugar a dudas, una parte importantísima de nuestros años más jóvenes y que nos prepararon el oído para lo que después vendría en la música.

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La Sala París 15 de Málaga –a la que sólo hay que achacarle el fallo del alto precio de los consumibles líquidos– llenó la parte disponible –que no era pequeña– de fieles seguidores de esta banda mítica. Tres horas de una música conocida por todos que nos hizo vibrar y bailar todo el tiempo que duró el concierto y los generosos bises.

Verán Uds. otra vez; meterse en la piel de un grupo tan incrustado y embutido en la memoria colectiva de los aficionados musicales; con unos temas que tenemos grabados –nota a nota– en nuestra memoria; delante de un público que –por saberse al dedillo toda la discografía del grupo tributado– es terriblemente exigente y riguroso, demuestra una enorme seguridad y confianza en un trabajo bien realizado y, además, un par de grandísimos cojones.

“Pink Tones” salió y convenció. Desde el primer momento. Tocaron todos esos temas, implementados en nuestro recuerdo, de una época que –en el caso del que suscribe– resultó ser un tiempo de descubrimientos, de impagables hallazgos amistosos (ayer fui acompañado por una entrañable representación de amigos de aquella época y que aún conservo) de experiencias vitales que conformaron –de algún modo– mi forma de ser y de pensar, y de una provechosa educación musical.

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Anoche me sumergí de nuevo en el Ummagumma. Orbité otra vez por la parte oscura de la Luna que tan bien conozco gracias a ellos. Oí suplicar – muerto de añoranza– que ojalá estuvieras aquí. Volví a aquel hotel de Londres en el que –desde la ventana de mi habitación, atestada de posters, discos y parafernalia estanquera, todo adquirido en la Carnaby Street de los 70’s– observaba la Battersea Power Station que figuraba en la portada del “Animals”. Y no se crean Uds. que no pocas veces vi el cerdo flotando entre sus altas chimeneas. Y yo nunca miento.

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Un concierto rememorador y evocador. Un viaje a un pasado ya bastante alejado; una vuelta a un lugar de mi vida que fue pródigo en experiencias positivas muy alejado (afortunadamente) de la pacata prudencia y la pusilánime sensatez de muchos en aquellos años llenos de grises. Unas gratísimas vivencias que me aportaron conocimientos y sabiduría; y una filosofía de vida, de la cual, aun me congratulo y disfruto.

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The “Pink Tones” No se lo pierdan la próxima vez que vayan por su ciudad. No se arrepentirán.

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LOS 1.000 ARTÍCULOS

LOS 1.000 ARTÍCULOS

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Esto que estáis leyendo, se corresponde con el artículo número 1.000 que escribo en este blog. Un blog que fue parido –fíjense Uds. que coincidencia– el 19 de Marzo de 2009; día del Padre. Pronto pues, cumplirá los seis años de edad.

Seis años (dentro de tres semanas) que han dado para mucho; de entrada, ya lo estáis leyendo, 1.000 artículos, escritos, crónicas, comentarios, reseñas; como queráis definirlos. 1.000 artículos –les llamaremos así para generalizar– que han traído, por añadidura, más de 2.210.000 visitas, miles de comentarios y suscripciones al blog. Miles de abrazos y agradecimientos virtuales, algunas críticas –porque, necesariamente, tienen que haberlas¬– y un par, sólo un par, de juicios malévolos e injustos, porque maleducados y miserables también los hay en todas partes.

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Han sido mil predisposiciones y actos de voluntad para sentarme frente a ese lienzo blanco –despiadado, cruel y poco dispuesto– que es la pantalla del ordenador; para llenarla de letras que, agrupadas en palabras, y domeñadas y sometidas por un estricto reglamento ortográfico y gramatical, conforman cada una de las entradas de este blog que hoy – entre tanta letra– cumple cifra.

Han sido muchos pensamientos hacia la ciudad de Nueva York. Una de las primeras intenciones de este sitio fue la información para el viajero a esa ciudad y hacia los estudiantes de inglés, proporcionándoles unos fantásticos apuntes que yo mismo elaboré (se me persone el atisbo de soberbia) tomados en la Escuela Oficial de Idiomas en la que cursé seis felices y dichosos años.

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Después vinieron artículos que me despojaron – hasta donde yo he querido, claro– de una parcela de intimidad; y que procuraron –siempre en base a mi propia experiencia– confesiones acerca de mis gustos musicales y literarios; acerca de mis aficiones por los cómics y por las notas para la guitarra; por las letras de mis intérpretes favoritos. Hechos y lugares de mi juventud y de mi niñez que arrancaron sentimientos de nostalgia a los que habitan al igual que yo, la ciudad de Málaga.

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Llegaron tiempos de reivindicar en este medio a artistas que estaban fuera del circuito tecnológico y que, o no se habían adecuado a los tiempos, o ya habían atravesado el Valhala. Poetas, músicos, escritores, escultores y pintores; retratistas y fotógrafos, articulistas y maestros de la opinión; todos ellos configuraron un grupo de actuantes que le confieren a este blog un soplo cultural que hoy, sin duda, es lo que me procura las mayores satisfacciones y complacencias.

También hay muchos relatos de humor basados casi todos en experiencias reales y personales; y muchas declaraciones de amor y amistad a amigos y amigas que se lo merecen. Asimismo –porqué no decirlo– algunas subidas de tono porque así, estos tiempos perversos y detestables, me las han propiciado.

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He huido siempre, de la confrontación y de la crítica injusta, de la reprobación y del vituperio, más que nada, ya os digo, porque siempre he disfrutado del respeto de mis lectores y, tengo que reconocerlo, apenas ha habido oportunidades de machacar a algún impresentable que, por eso de tener su momento infame de una supuesta gloria, haya dado la nota.

Mil artículos; mas de tres veces los espartanos que acompañaron al rey Leónidas de excursión a las Termópilas. Veinte veces más que sombras del insoportable y pusilánime Grey. Casi diez veces más que Dálmatas tenía secuestrados Cruella De Vil. Doce veces y media las veces que he podido dar la vuelta al mundo en globo a razón de ochenta artículos por vuelta. Mil sin una de sus noches; a veces con la ausencia del genio inspirador; siempre con la lámpara encendida presta al deseo de agradar y complacer.

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Así que desde este número tan justo, preciso y cabal, quiero agradeceros a todos mis lectores, la fidelidad que día a día, me estáis demostrando. Superando casi siempre y muy mucho por encima –otra vez la cifra de marras– las mil visitas diarias a este blog. Y eso me hace sentirme muy orgulloso y muy querido. Muy muy orgulloso y muy muy querido; para que vamos a buscar más sinónimos.

Muchas gracias a todos. Y a Nini, mi mujer; mi amor más imperecedero y que me soporta cada tarde delante de una pantalla dándole al tecleo.

Todas las imágenes que adornan esta entrada son obra de la pintora Antonia María Samper Hernández.

(Gracias por su disposición)

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