STELLA MARIS

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STELLA MARIS

 

La boca de Stella se adivina tan fresca y lozana, que su sola conversación te consuela, con su aliento, de los calores más inclementes y despiadados que ya se aproximan.

 No debe de haber resuello mas refrescante en todo ese territorio que abarca desde lo más arriba del Hemisferio Norte, hasta la punta mas abajo del abajo Hemisferio Sur. Lindando éste, con esa Ushuaia que ella tan bien conoce y añora. Su aliento, te confirmo, podría tener el aroma de un gigantesco gin tonic preparado con hierbabuena y limón; enfriado con cachos de hielo arrancados sin misericordia al glaciar Vinciguerra de la Isla Grande en la Tierra del Fuego.

 De esa manera, cuando te habla, ya te digo, expele -sin quererlo ni buscarlo- involuntariamente, vaharadas de menta fresca, albahaca y Pictolín.

 Stella es una muy buena amiga. También lo está; muy buena, digo. Estas cosas, no son por que ella se lo crea -que debiera- sino porque sus amigos y sus amigas (fíjate que extraño) estamos hartos de pensarlo y de decírselo; que es muy buena; que tiene un gran concepto de la amistad, de la generosidad y de la entrega desinteresada; que ella, aparentemente, no se lo cree. Y digo aparentemente, porque cada uno sabe indudablemente, como es cada uno; y Dios en la casa de todos. Que cojones!

 A Stella, solo le han faltado en esta vida -que a veces es hermana pérfida y malvada- veintialgunos Abriles más que llevarse a la boca. Veintialgunos Abriles más que, añadidos a su agenda, la hubiesen liberado del enorme dolor de haber perdido un amor imposible y utópico. Aún a sabiendas -pues no es celosa, ni falta que le hace- que lo que ella añora -el amor del amigo- también estaba demandado y requerido por todos sus adictos. Y comparte, menos mal con ellos, el dolor de la ausencia.

 Stella dispone de un cuerpo de doce trastes esculpido a base de genética y escalas pentatónicas. Blues del sentimiento y la pasión. Capaz (será por convivencia y connivencia con su JoseLito) de cantar como pocas arrastrando el alma a la par que la voz. De tocar la guitarra como casi ninguna que, acomodadas, ni lo intentan. Y es por eso, por lo inusual que parece -que quieres que te diga- por lo que me encanta esta niña..

 Stella detenta la boca más fresca que se pueda disponer entre los dos hemisferios. El de arriba y el de abajo. Y cuando habla, expele sin quererlo ni buscarlo -involuntariamente- vaharadas de menta fresca, albahaca y Pictolín.

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EL CULOPOLLO Y EL BRAZOCORTAO

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EL CULOPOLLO Y EL BRAZOCORTAO

Hay dos modas hoy en día, que uno -el que suscribe- no puede llegar a entender. Ni el cómo se han extendido tanto, ni el porqué de la enorme popularidad que estas gozan. Será que estoy antiguo.

 Son las llamadas modas Culopollo y Brazocortao; así, como suenan.

 Describámoslas. Ambas dos:

 CULOPOLLO

Culopollo (nom.m.sing.): Dícese del rictus, ademán, muesca o aspaviento que experimenta la boca al contraer los labios en actitud “morritos” para posar delante de una cámara fotográfica. Ignorando -en casos- la apariencia de ano constreñido (culopollo) que conlleva dicho gesto. Fueraparte la cara Mahara que se suele poner.

No me explico yo esa moda, no señor. No me la explico, será que estoy antiguo. Chicas monisimas de la muerte que reaccionan súbita, impetuosa y precipitadamente cuando alguien -casi siempre a petición de ellas mismas- trata de sacarles una instantánea dudosamente improvisada. ¡Pal Féisbu! suelen exclamar. Click!

El rito, casi siempre es el mismo: Se van hacia delante a unos metros del objetivo; sacan culito hacia atrás, pegan las rodillas, y agachándose un poco, ponen las manos sobre ellas; después, acercando la cabeza peligrosamente a dicho objetivo, juntan los labios -repintadísimos- formando un circulito apenas visible -el llamado culopollo- lanzando, a través de las redes sociales, un piquito virtual hacia el desconocido que, a cuatro mil millas de distancia, en Honduras o en El Salvador (pregúntenle a Trillo) admirará la pose nada forzada de la antinatural modelo choni. Muuuuuackssss! Tomapatípatós!

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Porque insisto, no es nada forzado el gesto. ¡¡Oiganme Uds… para nada!!! De hecho su boca es así: Como el culo apretado de un pollo, asustado y encogido ante la inminente cortada de gaznate por uno de esos innumerables cocineros de última hornada; los adoradores del  plato cuadrado de pizarra con patédefuás y pincelada de reducción de Pedro Ximénez, claro está!

 Peligrosísimo es también el rictus “culopollo” -bien está el advertirlo- para futuros códigos de barras en el labio superior. El llamado “Síndrome Paz Padilla”.

 También tenemos la moda “Brazocortao”. Definamos el término:

Brazocortao (adj. m. sing.): Dícese de aquel que, careciendo de acompañante y/o voluntario para realizarse foto con cámara del smartphone, estira el brazo -hasta el infinito y más allá- y sujetando esta con la mano y poniendo cara de risa artificial y fingida, va y dispara. La resultante fotográfica suele ser de una impostura absoluta y el medio brazo en el ángulo inferior izquierdo, afea terriblemente la instantánea y le quita toda la naturalidad y espontaneidad pretendida.

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Vayamos al rito:

Se encuentra, el sujeto o sujeta en cuestión, realizando cualquier acción; no importa cual. Pongamos por caso que está en el Starbucks (que eso mola muchísimo, oiga!) tomándose un infumable Frappuccino. De pronto, se le ocurre enviar prueba fehaciente del magno acontecimiento e inmortalizarlo. Saca el móvil -una vez que tiene el vaso del café suficientemente frío como para cogerlo con la otra mano sin achicharrarse- ríe desangeladamente enseñando piños. Extiende el brazo, y -como si estuviese rodeada de mil amigos- se hace la foto y la envía sin pensar que el brazo delator le chivatea al Oswaldo y al Mauro en Honduras o en El Salvador (pregúntenle a Trillo) que está más sola que la una. O sólo. O con leche.

 Pero hay otra definición que aúna  terriblemente en una sola estos dos ejemplos que acabo de citar: El Culopollobrazocortao

 Definámoslo también:

 Culopollobrazocortao (n.comp.m.sing.): se dice del mahara o la mahara, que estando absolutamente aburrido, pone cara culopollo y se auto inflige instantánea fotográfica, casi siempre con el móvil.  Sinónimos: Babas. Malacara. Desganao. Recorte de pandilla!!!

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El rito:

 Esto es: 1) Coge el Frappuccino de Starbucks con la izquierda, 2) Pone cara culopollo, 3) Se autodispara instantánea con el móvil alzando el brazo derecho y mostrando (como consecuencia del brazo chivato) una imagen dramáticamente patética de risa poco creíble y soledad evidente; 4) La envía por Féisbu para que unos desconocidos Oswaldo Wilson Madeira  y Mauro Palomares Expósito en Honduras o en El Salvador (no le pregunten a Trillo que ya se está mosqueando!) admiren envidiosamente lo bien que viven y lo buenas que están las guayabas en la Madre Patria. ¡¡¡ Híjole patrón!!!

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Así que yo les recomiendo encarecidamente, que no hagan posturitas y gestos; que no las envíen vía Internet, y que no prueben el Frappuccino de Starbucks. Porque una foto, amigüitas mías, va mucho más allá de lo que se pretende (llega incluso a Honduras y a El Salvador al mismo tiempo, que se lo pregunten a Trillo) y suelen decir e indicar mucho más de lo que se desea.

 Y dejen el café ese -el Frappuccino- provoca diarreas. Al menos dos veces.

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CIEN MIL VECES CIEN

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CIEN MIL VECES CIEN

 

Estamos tan malacostumbrados a no fijarnos en las cosas, que la mitad de la vida, sin darnos cuenta, se nos  pasa por delante. Apresurada, rápidadamente; y acabamos perdiéndonosla.

Me viene esto a la cabeza, porque observando -a través de mi ventana- pasar corriendo las nubes -ayudadas por el viento- incansablemente, como persiguiendo no se sabe qué, caigo en que no son ellas las que avanzan por el cielo, es la tierra la que va para atrás.

Pero eso, a mí, me da igual… Porque conmigo no va. Pues yo, si a algo estoy acostumbrado, es a retroceder. A ir para atrás.

Y sabes porque? Porque eso es lo que provocas en mi, amor. Con cada pestañeo y cada mirada tierna, con cada risa y con cada caricia, mi amor. Mi más querido amor. Una vuelta atrás. Una sensación insoportablemente íntima y particular.

Un  gozo irreprimible: El que siento cuando te atenazas a mi cuello, y desde abajo -desde esa distancia que nos procura la diferencia de altura- me dices riendo y besándome tiernamente con la mirada, ¡Que loco estás Hijo!

Entonces…No tengo mas remedio que volver  atrás y  besarte -esta vez con la boca- y decirte cien mil veces cien, que te amo. Y que sí, que  estoy loco; pero por ti.

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