PREPOTENCIA DE BARATILLO

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PREPOTENCIA DE BARATILLO

La vicepresidentita del Gobierno amenaza con elaborar una ley para perseguir y penar a los imbéciles que, en la red, amenazan o insultan gravemente a políticos o a cualquier ciudadano de a pie. Para eso, se va a mantener una vigilancia perpetua más afanosa (ya la habrá me imagino)para arrestar y enchironar a estos- repito- imbéciles, con el amparo de la legalidad.

Yo creo, que con este proyecto, se menosprecia al conjunto de la sociedad y a los millones de personas que usan las redes sociales para dar rienda suelta a sus desilusiones. ¿No se dan cuenta estos Sres. políticos que el pueblo -soberano y con capacidad de distinguir entre el enjambre, a estos insensatos majaderos- es eficaz, y suficiente como para destaparlos públicamente, avergonzarlos y abochornarlos ante los demás usuarios, y que, con esa publicidad, se les caiga la cara de vergüenza?

Porque qué ley, me pregunto, puede distinguir, clara y meridianamente, entre la amenaza grave y la leve; el insulto y la falta? Será un delito ahora decir que son unos sinvergüenzas determinados políticos o unos chorizos determinados banqueros? ( y viceversa). ¿Será un delito a perseguir el desconfiar de determinados jueces o poner en evidencia a determinados personajillos de la televisión que no paran de insultar con su prepotencia de baratillo y manifestarlo ?

A mí me parece que esta ley que se avecina, no va sino a coartar la libertad de expresión. Porque yo me pregunto, otra vez… ¿Qué tanto por ciento de mentecatos manejan este comportamiento, cretino y necio, frente a los que usamos las redes sociales para enterarnos y comentar las barbaridades que vemos en este país de instrumento musical de percusión (no diré pandereta no sea que la Benemérita llame a mi puerta) día tras otro?

Me la estoy jugando? Que el Duque de Ahumada me coja confesao.

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SE NOS MURIÓ EL HUMOR…

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SE NOS MURIÓ EL HUMOR…

DE TAN POCO USARLO.

Adoro Internet; ya lo he dicho multitud de veces; por las oportunidades de comunicación que procura, por la información que proporciona, por la oportunidad de hacer amigos. Por el acceso infinito a la música y al cine, y a los libros, y a la prensa. Porque el navegador Google – donde todo esta preguntado y todo respondido – resuelve casi cualquier duda o problema relacionado con el entorno informático que nos rodea. Con la cultura en general.

Se preguntará el que esta leyendo esto… ¿Y a que viene esta parrafada? 

Pues me explico:

Adoro las redes sociales. Puntualizo: Adoro Facebook que es la única red social en la que estoy metido con una cierta asiduidad. Y la adoro, porque dentro de ella he encontrado a amigos que estaban perdidos en las brumas de la desmemoria, he afianzado a muchos de los actuales, y  – lo más importante – he encontrado  a otros nuevos; verdaderos tesoros de ingenio y tolerancia. Gente que me dispensan, generosamente su indulgencia por las continuas barbaridades que por aquí suelto. Gente interesante e  inteligente, abierta y tolerante, de esas  que no se asustan de las palabras porque saben que está escritas desde el prisma del humor. Ese humor – y ahí está el meollo de esta entrada – que molesta a sopla cirios, a beatos y a gazmoños. A los tiranos absolutistas de medio pelo; a los defensores de la moralidad y de las buenas formas que nadie ha llamado y que se siente ofendidos por la necesaria  incorrección, la cierta inconveniencia y la carga de fastidio que debe de tener el humor escrito. Porque el humor escrito, adolece del gesto y del sonido. Le falta la expresión y el aire. Y sustituir eso con la palabra escrita no es nada fácil.

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Con el arma del humor  – en cualquier faceta, digo – se lucha contra la intolerancia y el fanatismo. Apaga la terquedad y la intransigencia. Domeña la soberbia y – sobretodo – la ignorancia. Cuando, de vez en cuando, soy políticamente incorrecto con algún tema religioso, no tarda en salir algún talibán defensor de la fe y de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana (cómo los calamares) que se echan las manos a las  tres potencias de Cristo por algún comentario (para ellos) inapropiado.

Miren Ustedes: No conozco ningún cofrade  –y conozco muchísimos– que, al margen de los golpes de pecho y las lagrimas de emoción – desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Resurrección – cumplan a rajatabla con TODOS  los mandatos y preceptos, que impone la Santa Madre Iglesia, el resto del año. Ya sabéis eso de no fornicarás ni a tu padre ni a tu madre y cosas así.

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El resto del año, pecan contra todos los mandamiento habidos y por haber  que son diez.  Fornican a la diestra y a la siniestra, defraudan a Hacienda lo que pueden porque al ser Pública se creen que es puta. Roban a mansalva en el sacrosanto nombre de la Preferentes: sodomizan si caminan por la acera de enfrente; prevarican si tienen poder político o judicial. Defienden lo indefendible; incumplen promesas, algunos hasta matan moscas con el rabo; y en la intimidad de la alcoba, cuando alcanzan el orgasmo, mientan a Dios tres veces seguidas. Por eso, no entiendo, que cuando alguien en un estado laico, no ama a Dios sobre todas las cosas, o toma (sin maldad) su nombre en vano, los  católicos de toda la vida ponen el grito en su cortijo y comienzan la lapidación.

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Después, están los talibanes también de medio pelo; los administradores de sitios de Internet que, amparados por un cargo inexistente y dado a dedo (qué bonito), se creen insignes censuradores de hilos y comentarios. Por encima del bien y del mal; y que, embutidos en su propio mal sentido del humor, opinan que todos los que se salgan de los cánones de sus “Mundos de Wiki” particulares, ni es ni correcto ni cortés, ni educado ni comedido. Por supuesto, tampoco,  delicado, cumplido, fino y discreto, puesto que hay que ser  disciplinado, impecable y presentable: Un aburrimiento.

Y sí, he copiado esto de un diccionario de sinónimos. Porque me lo merezco. De Scándalo.

No se trata, mucho cuidado, de permitir el insulto, tengámoslo claro, se trata de ser indulgentes; pero si nos fanatizamos, no vamos bien. Siempre habrá alguien que no comulgue con tus ideas, siempre habrá alguien que se sentirá ofendido. Téngase en cuenta –que dentro de los parámetros de la razón–  nadie en su sano juicio, inserta una foto de tronos para insultar a los laicos. Nadie en su sano juicio, inserta una foto con una bandera republicana para incitar a la quema de iglesias. Nadie en su sano juicio debería increpar ni regañar. Tampoco apercibir o amenazar con el destierro ni censurar, a alguien que desde el prisma del humor y del comentario ingenioso, adereza un hilo que  –sin ese condimento– está llamado a ser cómo todos los demás. Una retahíla como todas las retahilas.

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Un amigo tengo, que dispone de lo anteriormente comentado: un sentido del humor directo e inteligente y un ingenio intolerablemente chispeante y perspicaz. Y se le coacciona y limita en base a no se que reglas tan infantiles como obsoletas de buen comportamiento y urbanidad. De idoneidad y, al fin y al cabo, tócate los cohoness, de educación.

Dejémonos de catetadas. Ante el insulto y el ataque injurioso; ante el agravio cruel y premeditado, ignoremos y desterremos al tonto. Pero, por favor,  dejemos vivir  –con un mínimo de libertad– a los que opinamos (y aquí me meto) con humor y buena intención; porque si no, esto será muy gris,  muy uniforme y completamente homogéneo. Pero sobretodo, sobretodo será muy aburrido. Un coñazo insufrible.

 * Todas las imágenes que acompañan este texto son del artista Manuel León Moreno.

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EL CULOPOLLO Y EL BRAZOCORTAO

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EL CULOPOLLO Y EL BRAZOCORTAO

Hay dos modas hoy en día, que uno -el que suscribe- no puede llegar a entender. Ni el cómo se han extendido tanto, ni el porqué de la enorme popularidad que estas gozan. Será que estoy antiguo.

 Son las llamadas modas Culopollo y Brazocortao; así, como suenan.

 Describámoslas. Ambas dos:

 CULOPOLLO

Culopollo (nom.m.sing.): Dícese del rictus, ademán, muesca o aspaviento que experimenta la boca al contraer los labios en actitud “morritos” para posar delante de una cámara fotográfica. Ignorando -en casos- la apariencia de ano constreñido (culopollo) que conlleva dicho gesto. Fueraparte la cara Mahara que se suele poner.

No me explico yo esa moda, no señor. No me la explico, será que estoy antiguo. Chicas monisimas de la muerte que reaccionan súbita, impetuosa y precipitadamente cuando alguien -casi siempre a petición de ellas mismas- trata de sacarles una instantánea dudosamente improvisada. ¡Pal Féisbu! suelen exclamar. Click!

El rito, casi siempre es el mismo: Se van hacia delante a unos metros del objetivo; sacan culito hacia atrás, pegan las rodillas, y agachándose un poco, ponen las manos sobre ellas; después, acercando la cabeza peligrosamente a dicho objetivo, juntan los labios -repintadísimos- formando un circulito apenas visible -el llamado culopollo- lanzando, a través de las redes sociales, un piquito virtual hacia el desconocido que, a cuatro mil millas de distancia, en Honduras o en El Salvador (pregúntenle a Trillo) admirará la pose nada forzada de la antinatural modelo choni. Muuuuuackssss! Tomapatípatós!

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Porque insisto, no es nada forzado el gesto. ¡¡Oiganme Uds… para nada!!! De hecho su boca es así: Como el culo apretado de un pollo, asustado y encogido ante la inminente cortada de gaznate por uno de esos innumerables cocineros de última hornada; los adoradores del  plato cuadrado de pizarra con patédefuás y pincelada de reducción de Pedro Ximénez, claro está!

 Peligrosísimo es también el rictus “culopollo” -bien está el advertirlo- para futuros códigos de barras en el labio superior. El llamado “Síndrome Paz Padilla”.

 También tenemos la moda “Brazocortao”. Definamos el término:

Brazocortao (adj. m. sing.): Dícese de aquel que, careciendo de acompañante y/o voluntario para realizarse foto con cámara del smartphone, estira el brazo -hasta el infinito y más allá- y sujetando esta con la mano y poniendo cara de risa artificial y fingida, va y dispara. La resultante fotográfica suele ser de una impostura absoluta y el medio brazo en el ángulo inferior izquierdo, afea terriblemente la instantánea y le quita toda la naturalidad y espontaneidad pretendida.

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Vayamos al rito:

Se encuentra, el sujeto o sujeta en cuestión, realizando cualquier acción; no importa cual. Pongamos por caso que está en el Starbucks (que eso mola muchísimo, oiga!) tomándose un infumable Frappuccino. De pronto, se le ocurre enviar prueba fehaciente del magno acontecimiento e inmortalizarlo. Saca el móvil -una vez que tiene el vaso del café suficientemente frío como para cogerlo con la otra mano sin achicharrarse- ríe desangeladamente enseñando piños. Extiende el brazo, y -como si estuviese rodeada de mil amigos- se hace la foto y la envía sin pensar que el brazo delator le chivatea al Oswaldo y al Mauro en Honduras o en El Salvador (pregúntenle a Trillo) que está más sola que la una. O sólo. O con leche.

 Pero hay otra definición que aúna  terriblemente en una sola estos dos ejemplos que acabo de citar: El Culopollobrazocortao

 Definámoslo también:

 Culopollobrazocortao (n.comp.m.sing.): se dice del mahara o la mahara, que estando absolutamente aburrido, pone cara culopollo y se auto inflige instantánea fotográfica, casi siempre con el móvil.  Sinónimos: Babas. Malacara. Desganao. Recorte de pandilla!!!

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El rito:

 Esto es: 1) Coge el Frappuccino de Starbucks con la izquierda, 2) Pone cara culopollo, 3) Se autodispara instantánea con el móvil alzando el brazo derecho y mostrando (como consecuencia del brazo chivato) una imagen dramáticamente patética de risa poco creíble y soledad evidente; 4) La envía por Féisbu para que unos desconocidos Oswaldo Wilson Madeira  y Mauro Palomares Expósito en Honduras o en El Salvador (no le pregunten a Trillo que ya se está mosqueando!) admiren envidiosamente lo bien que viven y lo buenas que están las guayabas en la Madre Patria. ¡¡¡ Híjole patrón!!!

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Así que yo les recomiendo encarecidamente, que no hagan posturitas y gestos; que no las envíen vía Internet, y que no prueben el Frappuccino de Starbucks. Porque una foto, amigüitas mías, va mucho más allá de lo que se pretende (llega incluso a Honduras y a El Salvador al mismo tiempo, que se lo pregunten a Trillo) y suelen decir e indicar mucho más de lo que se desea.

 Y dejen el café ese -el Frappuccino- provoca diarreas. Al menos dos veces.

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