DE RAFAEL FLORES NIETO “EL PIYAYO”

EL PIYAYO EN LA ALCAZABA

DE RAFAEL FLORES NIETO
“EL PIYAYO”

«..Nací de un vaso de vino de amor,
de una madre hija de una madre de quince años,
al menos ezo creo».

Vaya por delante –y en un ejercicio tanto de franqueza cómo de vagancia– que poco voy a aportar yo a este artículo que ahora estáis leyendo; voy a aportar, lo que se dice un cero patatero en cuanto a cosecha propia. Prerrogativa que es –por otro lado– del que detenta cultos, generosos y dispuestos amigos más dotados que uno para esto del escribir.
Digo esto –curándome en salud– ante la categoría de lo escrito.
Porque lo que ahora primero viene, es obra de mis parientes cercanos (por poderes y querencia) los eruditos escritores Javier López Navidad (la conseguiduría) y de Juan Miguel González del Pino (el precioso texto poético). Y lo segundo, proviene de mi pariente lejano “in law” el experto flamencólogo Miguel Ángel del Pozo Tomé; un texto-entrevista que se publicó en el año 2004 en la revista virtual “Calle del Agua” propiciada y creada por mi querida amiga la poetisa y escritora Mariví Verdú.

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Verán ustedes; para ir contándoles de que va esto:

Hace unos días, cayó en mis manos un fantástico documento sacado de la página cultural “Historia de Málaga” que incluía una entrevista realizada a ese inolvidable personaje malagueño llamado: El Piyayo. “La entrevista” (1936) se llamaba. Por eso de la investigación, y por lo que me voy encontrando en mis pesquisas e interrogatorios, dejé de lado esta entrevista porque me parece mucho más interesante el texto de Miguel Ángel del Pozo; pues incluye fragmentos de dicha entrevista y los mezcla magistralmente con retazos verdaderos de la vida del afamado artista perchelero.

Comentándolo con amigos y familiares, salió a relucir también un texto que el Poeta (siempre lo pongo en mayúsculas cuando me refiero a él) Juan Miguel González del Pino incluyó en el libro El Compás y el Lápiz; un libro aquel publicado por la Diputación Provincial de Málaga, con motivo de la I Bienal de Flamenco- cuyos autores fueron: Ángel Idígoras, el mencionado Juan Miguel González y Javier López Navidad. A la sazón, los tres, queridos y admirados amigos de este probo Father Gorgonzola.

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Tomando todo eso que me llega, en su verdadera dimensión informativa, y sobre todo por lo entrañable que resulta para todo malagueño la personalidad cautivadora del Piyayo, por respeto, no tengo más remedio que hacerme a un lado y dejar que otras personas, más capacitadas que yo, conformen esta entrada que ahora comienza, con sus letras.
Esto son unos excelentes textos que abarcando la glosa biográfica, la prosa poética y la entrevista más certera, nos acercan al personaje de Rafael Flores Nieto, más conocido por el apodo de “El Piyayo” .

Empiezo con la reseña de Miguel Ángel del Pozo… Atentos a la corría!

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“Hace 151 años nacía en la calle Arrebolado -Barrio de la Trinidad- un tal Rafael Flores Nieto, más conocido por “El Piyayo”. Al parecer era un pobre diablo que sin saber leer ideaba letras flamencas medidas en espinelas. Era un bohemio que tocaba la guitarra como “los propios ángeles” en frase de la madre de nuestro Pepito Vargas. Era un nadie que sin saber música creó un cante singular que hoy no hay artista del flamenco que no lo lleve más o menos fiel, en su repertorio y era un hombre de luces y sombras pero un HOMBRE y MALAGUEÑO.”

“El Piyayo y la Piyaya
Cuando tienen un piyayito
Lo visten de colorao
Parece un salmonetito.”
(Cante preferido de mi cuñao Jose Luis López Harras)

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DE CHARLA CON RAFAEL FLORES NIETO EL PIYAYO,
por Miguel Ángel del Pozo Tomé

  • ¿Qué quién soy?, yo soy “El Piyayo”, Rafael Flores Nieto y algunas veces Rafael Nieto a secas, y yo me sé el porqué. Soy malagueño, perchelero, gitano, flamenco, republicano y hombre de una sola palabra. ¿Quién da más?..
  • “…soy republicano y de los fetén, no de esos de ahora, más frescos que los boqueroncitos victorianos”.

  • Mi mare me parió en el Perchel, dicen, y lo creo, que en la calle Cañaveral o muy cerquita. Mire osté: yo aunque estaba allí no m´acuerdo pero lo tengo mú escuchao, tampoco er día ni el año y ni farta que me hace, así es mejó.

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“…nací de un vaso de vino de amor, de una madre hija de una madre de quince años, al menos ezo creo.

  • Mis primeros recuerdos son las gazuzas, la busca de tó pa llená la tripa vacía, el compartir las hambres y la comía, la alegría gitana de las noches de verano en la calle Zurradores donde me malcrié. Las correrías por mis percheles, calles Cañaveral, la Puente, Pulidero, Polvorista, Guimbarda… ¡yo qué sé!. Las escapadas con mi hermano José al otro lao del Guadalmedina, a onde los ricos.
  • ¿Trabajar?… de tó y de ná: esquilaor de borricos, cerrajero, vendedor de peines y otras baratijas, afanaor de cuanto pillaba, aunque mire osté: “yo, la verdá, nasí con pocos alientos pa eso del trabajo. Alguna vez andé en negocios. Ná, prepararle a algún compadre la venta de un borriquillo viejo. Cosa de tres o cuatro duros. Y me ganaba, cuando más, un corretaje de tres o cuatro gordas. Claro, así perdí yo la afisión al trabajo.¿Pá no comé? Con la guitarra, al menos, se bebe”.

  • El caudal de los gitanos:
    unas tijeras cortantes
    y un guitarrillo mu malo.

    ¿Y de amores?

    • ¿Amores?, a tó: a Málaga, a mi Perchel, del que no salí más que pá estropearme la vía. A los ondulares, a mi guitarro, a las jembras y al vino, al vino que espanta las duquelas de los gitanillos. “mi vazuco de vino blanco con zoda que emborracha menos”.

    El Piyayo y la Piyaya
    cuando salen al camino,
    lo primero que preparan
    es la botella de vino.

    • ¿Mi guitarra?, ¡ay! mi guitarra. Tan vieja y tan desarmá como su dueño, mi mejor y fiel amiga, siempre pegá a mi lao, como una novia.

    Qué gracia tenía el Piyayo,
    a la guitarra del Piyayo
    siempre le faltaban cuerdas.
    ¡Qué gracia tenía El Piyayo!

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    • ¿A los ondulares?, a los ondulares los respetaba y me respetaban. To los civiles de Málaga saben quién es El Piyayo. “Mire osté, un día iba yo camino de la plazuela de Santa María de visita a unos parientes que allí malviven y me para un civil y me dice: oye Rafaé, me han dicho que no sé qué te pasa con las gallinas que en cuanto ves una por la calle sales corriendo detrás de ella… y yo le digo: ”Parese mentira que, siendo osté señó de la Beremérita, le dé osté esa broma al gitano más honrao de la calle los Negros.” El se echó a reí y me dio pa un vasillo. Los civiles saben que yo soy respetuoso con ellos”.

    El Piyayo y la Piyaya,
    cuando van de romería,
    endiquelan a los ondulares
    y les dan los buenos días.

    • ¿Las mujeres?… mujeres muchas, tóas, más de las que podía y de tó hubo, malas y buenas…La Chunga, que escapó o se la llevaron lejos después de tres días de amor, estrenando nuestro primer jergón regalo de los “primos” y amigos del barrio, dicen que a La Línea o a Estepona, y de la que nunca supe y que me dejó marcáo por la tristeza.

    Naciste de mala ralea,
    no lo puedes remediar;
    la mujer y los caballos
    por casta se han de buscar.

    La mujer que a su marío
    le coge aborrecimiento,
    o está loca del sentío
    o es que busca otro instrumento
    que tenga mejor sonío.

    • La Hampona, que me acompañó media vía, aguantando tó, hasta la miseria, y con la que compartí al que yo tenía por hijo, mi hijastro: torpesillo él, pero no malo, aunque aficionao a las pocas monedas que con tanto trajín y esfuerzo ganaba. También María la Canastera, La Pena ¡qué se yo!.. pero mire osté: toas fuero güenas pá mí.

    El Piyayo y la Piyaya
    cuando estrenan un vestío,
    no se lo quitan del cuerpo
    hasta que no se ha rompío.

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    ¿Y amigos?

    • Pocos y escogíos. Mi amigo Don Fernando Carreras que me socorría, el Chirle y mis herederos artísticos: Manolillo el Herraor, el Trinitario, el señor Antonio “El Mosco” y pare osté de contar.

    Yo tengo el número uno,
    Trinitario tiene el dos
    y el número tres lo tiene
    Manolillo el Herraor.

    Se dice que viajó.

    • Sí, corrí mundo, pero menos del que refieren y casi tó pá mi mal; muerte, cárcel, guerra… ná güeno. Cuentan que estuve en Cuba, en África, en Sevilla… no sé, tal vez.

    Cuando mis ojitos abrí,
    entre la noche y la aurora,
    una bandera española
    fue lo primero que vi.
    También vi cerca de mí
    la linda flor de la yedra
    cuyo nombre me recuerda,
    si es verdad que no me engaña,
    que era Cuba sin España
    una sortija sin piedra.

    ¿Y la cárcel?

    • Si también pizé la cárcel, por mucho y por ná. Por está donde no tenía que está, por alguna ratería, por defendé lo mío y… por salí de mi Málaga, de mi Perchel y mi Triniá a buscá la vía y cruzarse una mala mujé en mi camino.

    El preso cuenta los días,
    el presidiario los años
    y el que está metío en capilla,
    horas, minutos y cuartos.

    • Allí entré por última vez cuando nos liamos a tiros unos con otros y de ella me echaron pá que muriera en la calle como un perro baldao. Esta vez yo, que era inocente, quería quedarme dentro, se comía mal o bien pero caliente, y la celda… un palacio pá mí, acostumbrao a un oscuro y sucio cuartucho.

    Adiós patio de la cárcel,
    rincón de la barbería,
    que al que no tiene dinero
    lo afeitan con agua fría.

    Por la mañana dan pan
    al mediodía el cocío
    y, según tengo entendío,
    por la tarde no dan ná.
    Se forma un algarabán
    de pucheros y cazuelas,
    y el cabo rancho que vuela
    por ver si se encuentra un hueso
    y aquel que no ha estado preso
    no sabe lo que es canela.

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    Piyayo: ¿has muerto?

    • ¡No!. Estoy aquí, con vosotros. Más alto, más espigao que un arenque, más renegrío que nunca. Vivo en mis cantes y en el corazón de aquellos que los recuerdan y aman, aunque mis huesos de pobre, allí en San Rafaé, en el fosal común del Batatá, estén regüertos con otros tan míseros como los míos y sin una humilde lápida que recuerde cuánto os di y cuánto os doy todavía.

    “Calla su vieja guitarra. Sarmentosas, flácidas ,cansadas de rasguear tristemente, las manos del viejo gitano han quedado inmóviles”.

    Artículo de Miguel Ángel del Pozo Tomé, publicado en la revista nº 3 de “Calle del Agua”, Edición de Primavera Año 2004

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    Sigo con el texto del insigne Juan Miguel González del Pino; un texto recordando al célebre gitano y narrando su cautiverio durante la guerra de Cuba en aquel país. Este es:

    9484_808417215911326_1971021345037472730_n(El Piyayo; dibujo realizado por Ángel Idígoras)

    “En Cuba, derrumbado en el jergón de la celda de un fortín español, donde purgaba su oprobio, Rafael Flores Nieto, fue visitado por el ángel de Rilke. En tales condiciones sería como concibió la genial idea de crear los «Cantes del Piyayo», fundiendo la culta décima con los tonos patibularios y de germanía de las colonias de ultramar.

    Tienen un cierto sabor lila-dulzón de flores de jacaranda pisadas estas aguajiradas carceleras: ron de caña y vino moscatel en porrón de taberna portuaria.

    Quizás fuera aquel perdido barco del arroz quien lo trajo de vuelta a Málaga, donde se ganaba la vida cantando en tabernas y colmaos, siendo su repertorio tan variado como proverbial su memoria para la entonación de coplillas y romances, que acompañaba con su vetusta guitarra.

    Dormía de este lado del Guadalmedina, donde bebía, no sin cierta generosidad, el blanco y el pintao, dejando el revuelto de aguardiente y los tintos para el otro margen del río, que era el lugar para sus actuaciones y pitanzas, así como de sus encuentros furtivos con una misteriosa trigueña insular, inspiradora de algunas hermosas y más que notables creaciones, que él nunca reconoció como propias, atribuyéndolas antes al infortunio que al amor, tal vez empujado por un hondo sentimiento pesimista, mezcla de fatalismo y pudor, tan propio de los espíritus taciturnos y solitarios”.

    Juan Miguel González

    ***

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    JUAN MIGUEL GONZÁLEZ. FANDANGOS SURREALISTAS.

    JUAN MIGUEL GONZÁLEZ

    FANDANGOS SURREALISTAS
    (Y otros palos tambien Surrealistas)

    Las jornadas Rockbertianas- esas en las que compartí mesa con el Poeta Juan Miguel González- me trajeron alguna que otra satisfacción imperecedera. Ya dije que la primera fue la ser contertulio (que palabra mas denostada hoy día gracias a la televisión) junto al Poeta y a la también polifacética Mariví Verdú.

    También, que fue el germen del texto acerca de la reivindicación de la Plaza de San Pedro de Alcántara para la futura Plaza de Tabletom (Busto del eximio barbudo incluido) y además, también -ya lo dije- me proporcionó un buen rato de conversación con el Poeta que –como siempre- me resulto, amena, didáctica y enriquecedora.

    Pero lo mejor, creo, estaba por llegar. Durante la alocución de Juan Miguel en torno a la figura de Roberto González -cantante que fue de Tabletom- recitó algunos pasajes de un libro co-publicado al alimón con Javier López Navidad. Otra pata del mismo banco. Otro pirata del mismo barco.

    La estrofa hablaba de Ducatis y Bultacos Metrallas. De mangos de paraguas, de martillos de bolas o de mortadela Mina. Un poco demencial, ya lo sé!

    El personal se quedó sorprendido. Yo -que estaba a su lado-, ojiplático, boquiabierto y carialucinado. Ciertamente capitidisminuido y un poco estupefacto ante tanta agudeza palabreril.

    Inmediatamente mi amigo Ángel Céspedes, me solicitó que yo sin discusión alguna, me hiciera con el libro de donde Juan Miguel leía y recitaba.

    Sabiendo yo que Juan Miguel, casi nada me niega, le comenté lo que nos habían gustado dichas estrofas.

    Así que me apostilló dos cosas: Una: de donde venían los textos; y dos: que el libro de referencia, me sería entregado –para mi gozo y regocijo- en calidad de préstamo (para su fotocopiado) el día del Concierto de Tabletom en el Teatro Cervantes.

    Juan Miguel González, puede desfallecer ante el Terral inclemente; ese de los tres días de martirio. Puede sentirse aturdido por la escandalera y la jarana de la parrilla humana; incluso azotado por las libérrimas corrientes de aire. Zozobra también, ante la estupidez osada y no perdona, ni por asomo, la falta de humor ni de ingenio.

    Pero lo que si lleva a gala –y yo lo compruebo cada vez que lo veo- es que su palabra dada, goza de una fortaleza y una durabilidad a prueba de tiempos y desmemorias.

    Así que el día del concierto, yo tenía, no solo el libro prometido, sino un ejemplar de su ultima publicación fechada en las pasadas Navidades, firmado y dedicado este último, con ese cariño al que me tienen malacostumbrado.

    Fandangos surrealistas. Les llama el. Un libro ya te digo co-escrito con Javier López Navidad. No se preocupe este último malandrín, pues, en breve, también tendrá sitio reservado en este Ateneo’s Alas con Secuencias.

    Fandangos surrealistas, digo, pero también Alegrías. Y Bulerías y Tangos del Piyayo. Tientos, Soleares y Seguiriyas …toda una suerte (digo bien con eso de suerte) de Palos Flamencos que también padecen esa fantástica cualidad y enfermedad contagiosa surrealista.

    La particularidad que a mi me sorprendió, es que los textos se corresponden, con una absoluta fidelidad, a la métrica y a la cadencia del cante de cada uno de los palos. Si está titulado “Tiento” hay que leerlo o cantarlo, para sus adentros o para sus afueras (Que viva el libre albedrío!) con la musicalidad que le pertenece.

    Fíjense Uds. que también está la melodía por antonomasia de Méjico: Cielito lindo. Quien iba a pensar que esta canción, que está basada en una seguidilla de Lope de Vega: Una flecha de oro/ metiró el amor. / ¡Ay, Jesús, que me hadado / en el corazón…” que aparece en varios cancioneros y manuscritos del siglo XVII. (Wikipedia, como comprenderéis).

    Esa, vendrá otro día.

    Así que, aquí esta la selección que he realizado. Otra muestra más de la maestría inacabable e inalcanzable de mi querido amigo Juan Miguel González del Pino. Poeta que es y Letrista de Tabletom que es también en sus ratos libres; y que son -sus ratos libres- los que se sienta a escribir cada Jueves desde la media noche hasta entrada la madrugada. Que de todo se va enterando uno.

    Aliño estas letras y los escritos del Maestro, con ilustraciones de trabajos de mi otro admirado artista, el pintor Andrés Mérida. Para que lo Cortés, no quite lo Pizarro.

    Porque entre caballeros andamos, Señores.Como es natural.

    FANDANGOS

    Salió volando un chavea
    del depósito de agua,
    y le tocó en la pedrea
    treinta mangos de paraguas
    y una bicileta Orbea.

    Sin careta ni pistola,
    en calle Tomás Heredia,
    se bajan de la guindola
    y atracan una ortopedia
    con un martillo de bola

    De doblarla, ni mijita.
    Madrugar, nati vitati.
    Y entre el magro y la mezquita,
    se hizo un gorro de uralita
    Y se compró una Ducati.

    Se apostaba en la taberna
    que para el tren con la mente.
    Y en la vía y sin linterna,
    le vino el Talgo de frente.
    Perdió un brazo y las dos piernas.

    Se lo buscó porque quiso.
    Va en carrillo desde entonce.
    Fue en el polígono El Viso,
    sin explicación ni aviso,
    Por pedir una diez once.

    Una noche en Albacete,
    vencí a Poyatos Pagín.
    Solo con la “veintisiete”
    levanté un cubo de zinc
    con diez kilos de chanquetes.

    Ni la grifa ni el mollate.
    Ningun vicio me domina.
    Sólo alegran mi canina
    las tortillas de alicates
    y la mortadela Mina.

    TANGOS DEL PIYAYO

    Gran río Guadalmedina
    donde jugué de chavea,
    eso sí que eran pedreas,
    Y canutos y almencinas.
    Vendia en calle Cotrina
    luqitriquis El Boqueras;
    treinta Caunys de pulsera
    Se sacaba del abrigo.
    Infancia de pan de Higos
    frente al cuartel de Nateras.

    En la calle San Agustín,
    se ha escondido un benavides;
    Rafael, no te descuides,
    porque lleva un adoquín.
    Se ha llenado de Savín
    dos o tres veces la bota,
    el mango de una machota
    le asoma del berbetón
    y el himno de la legión
    de silbar no para el nota.

    BULERÍAS

    Me bauticé en Peñarrubia,
    hice la mili en Muriano,
    y me gano las alubias
    con el flamenco asturiano.

    Por más que trepes y medres
    se volverán tus ganacias
    fabes dures como piedres

    Las cazuelas de fidedos
    han sido mi perdición,
    y los Montes Pirinedos.

    No me gusta la ferralla
    me gusta más Tetuán
    y la Bultaco Metralla.

    Hasta el Puente de Armiñan
    llevé a Evaristo Gañote,
    y se bajó sin pagar.

    En la parada del Centro,
    se subió una gabardina
    sin gafas ni nadie dentro.

    De un portal de Capuchinos
    recogí yo sin saberlo
    una noche a un asesino.

    Sentrañas mía,
    sentrañas mías,
    yo no reniego
    de mis encías.

    ALEGRÍAS

    Dos progresistas a un tiempo
    salieron bajo fianza.
    Uno gritando:¡Fascista!
    Otro pidiendo pancartas

    Te apodan el Mititilla,
    pero te llamas Pardal.
    Vale mas tu sobrenombre
    que el Cañón de Ibraltar.

    Tirolés de Pedro Mira,
    Varón Dandy y guayabera,
    y aunque parezca mentira,
    teniente de hormigoneras.

    Al Estudio del Talento,
    que yo te voy a llevar,
    y aunque te pongas Barrientos
    te reirás, reirás.

    Te reirás, reirás,
    sé que te vas a reir.
    Que en el ropero,
    yo tengo un moro,
    que canta en cueros por ti.

    CAMPANILLEROS

    Lo pasemos bomba.

    Una noche.

    Una noche en la Venta “El Caníbal”
    celebrando estaban la vuelta al poder,
    dando cuenta de los langostinos
    treinta compañeros de Visa y Carnet.
    Y el más cachipé,
    con el móvil cerrado en el puño
    cantó va pensiero y brindó por Fouché.

    Compañeros.

    Compañeros de rosa y pancarta,
    quinta columnistas de la subvención,
    cantautores, colegas: ¡Uníos!
    ¡Viva el presupuesto! ¡Viva el botellón!
    Y en eso estalló,
    En la España de Atocha y el Pozo,
    pacificamente, la revolución.

    Tanto tiempo.

    Tanto tiempo sin Audi y poltrona
    por mor del gobierno de los dobermán,
    diez Prestiges merecen que hundamos
    y que celebremos la guerra de Irak.
    ¡Que casualidad!
    que lo mismo que en el treinta y cuatro
    su progreso sea de clorato y Gal.

    TANGOS

    Terry y cante en Antequera.
    Carretera de los Montes,
    ¡curvas a lo que Dios quiera!

    Cruzó el cielo una primilla
    -noche de atraco, me dije-
    saliendo de Bobadilla.

    Señalando a Don Pelayo
    lleva desde que no bebo
    la flecha del pararrayos.

    Si me tiras al pantano
    me cortaré de una en una
    las venas del cuerpo humano.

    Y tú cartitas me mandas,
    y me tiré por el morro
    con el churrero de Aranda.

    Y que viva la aerofagia
    de son florido
    y pa sociales
    los chorizos del partido.

    (Estos textos, está sacados del libro Salvemos la Risa o El Duende de Zaragoza. Cuyos autores son Juan Miguel González y Fco. Javier López Navidad. De la Coleccion “Con el canto en los Dientes” 2006)

    …///…

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