JOSE MARÍA SOUVIRÓN. DIARIO I

JOSE MARÍA SOUVIRÓN. DIARIO I

“La vida es naturalmente incompleta y todo empeño en hacerla completa es vano. Siempre nos falta algo, lo que deseamos. Si lo tuviésemos, nos sería quitado lo que ya tenemos, y lo incompleto sería de otra manera, contrariamente incompleto”

DIA: Martes 23 de abril de 1957

Luis Rosales, José Coronel Urtecho, José María Souvirón, Eduardo Carranza, Leopoldo Panero, Dámaso Alonso y Luis Felipe Vivanco, años 50. 
Archivo Histórico Nacional. Madrid.

Hace unos días que mi querido hermano desde el corazón Luis Centeno, me hizo entrega de un regalo que me tenía guardado desde hace un par de meses. Se trataba del diario íntimo e inédito de mi tío José María Souvirón Huelin que se ha publicado y presentado dentro de las jornadas dedicadas a éste por el Centro Cultural Generación del 27 de la Diputación de Málaga. Un libro, DIARIO I, que así se llama, felizmente editado  por  Javier La Beira y Daniel Ramos hacia los cuales no tengo sino mi más sincero agradecimiento por los entrañables recuerdos que me han proporcionado con dicha publicación.

José María Souvirón, Diario I. / Bibl. ASR

Sabedor, mi hermano in pectore, de que yo estaba mucho más que interesado en el citado Diario, y conocedor también de las íntimas circunstancias que me impedían asistir a ese acto a cuya mesa fui invitado a intervenir (pasaron los tiempos propicios para ello) tuvo, desde el primer momento, la intención de que ese libro fuese a parar –sin dudarlo de ninguna de las maneras– a mis manos, a mis ojos y a mis más afectuosos y entrañables recuerdos familiares.

Diario I, me llamaba poderosamente la atención. La prensa y los artículos que comentaban la edición de estas memorias, insistían y coincidían en la absoluta sinceridad y franqueza de lo escrito por mi tío José María que nunca fue corto en expresar su opinión personal ni pacato en reprender la mala educación, la audacia del bobo y la falta de cortesía.

Máquina de escribir Hispano Olivetti de José María Souvirón

Pobres de aquellos mentecatos que –sin prever las consecuencias– le tocaban la paciencia y se exponían, por tener un inadecuado comportamiento, al alcance de su palabra estricta y severa pero también razonada e inapelable.  O peor aún, a su hartazgo nada fingido. Terror provocaba entre aquellos inevitables necios y botarates (productores incansables de simplezas y necedades) tan profusos en los círculos de la cultura y la pedantería de aquellos tiempos; y no pocos recelos levantó entre estos, por tener la costumbre de emitir siempre su opinión sincera, veraz y honesta despejada de cualquier tipo de lisonja gratuita.

Cogí el libro con verdadera expectación. Más que nada –seamos sinceros– para ver, en primera instancia,  qué era lo que exponía de mi familia; aunque también, cierto es, para conocer de primera mano cómo fue su vida allende los mares y más arriba de Despeñaperros rodeado de eminentes figuras de la ilustración de aquellos años.

Cuando tío Josemaría empezó a escribir su diario, yo tenía apenas un mes de vida; pero después, lo escolté cada vez que venía a Málaga (su compañía intermitente me duró dieciocho años) con toda devoción y cariño. Con toda mi admiración. Con todo el respeto que se pueda tratar nunca a ningún familiar. Deslumbrado por sus interesantísimas historias y por el afecto paciente que me dispensaba.

Me ha encantado volver con él, gracias a este diario, a La Cañada de los Ingleses a aquellas tertulias y a aquellos recitales de verdiales en el llano de tío Matías. A volver a oír los mismos villancicos que cantábamos en varios idiomas (así lo narra en el libro) junto a la chimenea con mis tíos, mis padres y mis hermanos oliendo (y oyendo) los trompitos de eucaliptos al quemarse y saboreando desde lejos el aroma de los exquisitos bizcochos que tía Lourdes preparaba y que aún no habían llegado a la mesa. He vuelto a ver –otra vez– las flores de las pitas florecidas justo encima del pozo negro. Y me he vuelto a maravillar observando ese mar de color espléndido desde el mirador único que era la casa de Tioma  y que a él –a tío Josemaría– tanta vida y serenidad le  proporcionaba.

Luis Rosales con Azorín, Leopoldo Panero, Eduardo Carranza, J.M. Souvirón y José Coronel (poeta nicaragënse) en febrero 1958.

La admiración que yo sentía –que sentíamos todos– hacia tío Josemaría, se ha acrecentado sobremanera después de leer este libro: Su inteligencia natural para el estudio. Su carácter y voluntad de anteponer la verdadera vocación por la escritura y la enseñanza a lo más provechoso (económicamente) del ejercicio de la abogacía (fue, profesor de futuros insignes abogados malagueños) que le proporcionaron una vida plena y completa. Antepuso, decía, su verdadera vocación de escritor y profesor pudiendo haber elegido ser notario o registrador de la propiedad tal y como se esperaba de tan precoz y prometedor abogado.

Tío Josemaría fue –ahora lo sé definitivamente– un hombre leal a sus principios. Un verdadero intelectual que hizo lo que debía de hacer sin plegarse a los aduladores y cobistas del régimen. Una persona con una fortaleza extraordinaria en su fe en Dios, que no le impidió criticar con dureza al clero y no lisonjear, inmerecidamente, a los poderes fácticos y reaccionarios de su época. A los pelotas, a los lameculos.

Desde muy joven, fue un hombre de salud frágil. Una mala salud propiciada por un corazón quebrado pero colmado por el amor fiel que sintió hacia Dios, por sus hijos, a su familia más cercana, a su mujer (se puede querer desde el olvido, decía) a sus amigos y, sobre muchas de estas cosas, a la poesía. Ponga el lector de estas letras el orden de prioridad que prefiera.

Quiero leer ya la segunda entrega de este diario para seguir emocionándome con sus lágrimas provocadas por la belleza.  Para seguir preguntándome, sin entenderlo demasiado, por ese amor desmedido a Cristo. Para seguir sintiendo el inmenso orgullo que me interviene al saber las amistades que cultivó. Para poder acompañarlo, sin que se dé cuenta, en la soledad elegida de su cuarto del patio de La Cañada. Aquel que, en sus ausencias, fue tantas veces mío y en el que, sin yo saberlo, respiré el aroma de la erudición más exuberante, fértil y próspera que yo –antes de leer este diario– no hubiese podido imaginar en toda su magnitud y transcendencia.

Bienvenido de nuevo a mi vida, tío Josemaría. Me sigues emocionando.

LÁNGUIDOS.

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LÁNGUIDOS.

” La languidez es un estado de ánimo situado entre el ombligo y la lágrima”

(Juan Echánove. Rev.)

El lánguido no nace, se hace. No existen lánguidos de nacimiento, pero cuando deciden serlo resultan ser una ocupación de sol a sol en la que no existe el descanso ni cabe relajarse.

Para parecer una persona sin sangre en las venas, hastiada de todo, en permanente choque vital frente al resto del mundo, resulta fundamental ensayar la pose.

Los verdaderos cansados de vivir y sin ganas de nada están hechos un cuadro. Por contra, un lánguido mantiene pose de elegancia decadente, como sacada de una película de Visconti.

No dan pena, dan grima. Son afectados; cada gesto y cada movimiento está perfectamente estudiado, son capaces de visualizar cómo son percibidos, incluso por quien tienen a su espalda o en los ángulos muertos.

Sostienen una extraña relación amor-odio con la ironía, pues la consideran casi siempre demasiado zafia, pero son conscientes de que entenderla les hace sentirse más inteligentes.

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Son resbaladizos. Dan frío.

Resulta imposible imaginarlos comiendo cochinillo. De hecho, resulta imposible imaginarlos comiendo nada apetecible.

En verano, suelen vestir de blanco. Inmaculadas prendas que a menudo combinan con botas camperas, pues tienen a gala la incongruencia indumentaria cual sello de identidad. En invierno llevan gorro de estibador de Laponia.

Un lánguido suele tener el pelo lacio y se peina con raya al medio. Es feliz con su pelo simétrico a ambos lados del rostro, porque el look cortinaje retirado de la cara es lo más del languidismo.

Si prepara su boda, dirá que quiere algo distinto y personal con
un toque campestre. Si tiene un hijo, lo llevará con pelo rollo querubín, ¿es niño o niña?.

Los lánguidos de este mundo se sientan como si estuvieran posando para un catálogo de moda, cuelgan en las redes sociales fotos en blanco y negro acompañadas de sesudas frases filosóficas, hacen el amor como si les filmasen para una película de cine intimista francés.

Ser lánguido debe resultar agotador, a la par que un inefable aburrimiento.

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Autora del texto: Blanca Abón Lebrato.

Acerca de la autora:

Puedo asegurarles que la autora de este texto que acabáis de leer, es lo más opuesto y contrario a la fantástica descripción que ha realizado de esa gente abatida, desalentada e indolente que de vez en cuando –sólo de vez en cuando, afortunadamente– se nos cruza en nuestro camino y nos produce indeseadas dosis de grima, repelús y animadversión.

Blanca Abón, sé lo que digo, siempre ríe; demostrando, con un finísimo humor y con un don de la oportunidad indiscutible, que le saca a la vida tres metros de ventaja y, además, tiene la finura y el gesto de transmitirlo. Blanca, siempre me sorprende; y no es fácil hacerlo porque suelo ser muy exigente en eso del humor. Siempre me impresiona con comentarios propios llenos de ingenio, de chispa y de listeza.

Debe de tener –estoy convencido de ello– un radar implementado en su cacumen especializado en detectar el Tweet magistral de unos y los chascarrillos más desternillantes y  delirantes de otros.

Una chica perspicaz esta. Un bella persona y alguien de cuya amistad, me siento muy orgulloso por el inmenso disfrute del compartir  palabras y de participar en sus comentarios.

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RITA LA BAILAORA…

RITA LA BAILAORA…

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Sólo en muy contadas ocasiones –e impresionado por la belleza o el interés que me provocan– suelo publicar en este blog, trabajos de otros autores.  Este es uno de esos casos: Un artículo de mi admirado Antonio Fernández Laporte sobre un personaje malagueño Rita La Bailora –que nada tiene que ver, sólo la coincidencia en el nombre con “Rita La Cantaora” granadina ella, aunque coetánea de nuestra “Rita La Bailaora”.

Este es el artículo. Os recomiendo encarecidamente que os lo leáis. Una delicia, como todas a las que nos tiene acostumbrado mi amigo Antonio. “Cateto Honoris Causa” por El Blog de Father Gorgonzola. No se me mosqueen por el apelativo; es cariñoso; él y yo sabemos de lo que se trata)

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4 de julio de 1882 Málaga se viste de luto, muere la Rita, gitana de singular belleza hermana de la señá Gabriela, la madre de los Gayos.. que tenía una carnicería por calle San Juan, cuando salía con su mantilla blanca del brazo de Paco el Guarrirro, para ir a la Plaza de la Malagueta era todo un espectáculo.. para los malagueños.

La mozas durante mucho tiempo, cantaron en las fuentes y mercados, la copla que inmortalizó a Rita.

Ya se murió mi Rita bonita..
Ya se murió mi tesoro de Oro..
Ya no tengo quien me diga..
Paco..! llévame a los Toros..

Cuadro de Martínez de la Vega
Gitana del Chinitas..Morena no rubia..

La fama de “El Café de Chinitas” no escapó a los viajeros extranjeros que nos visitaban como Havelock Ellis que lo describe, en 1907, con un aire romántico, y Walter Starkie que lo frecuentó en su última época. Las historias y anécdotas sucedidas en él son muchas como el legendario reto de baile entre La Mejorana y su rival La Rita, durante toda la noche. La Rita que se había quitado los zapatos, bailó hasta caer desmayada, muriendo dos días después. Su marido Paco el Guarrirro pasó desconsolado el resto de su vida. Más tarde, esta romántica historia la grabaría, en 1957, el malagueño Miguel de Molina, con el nombre de una copla inolvidable “Mi Rita bonita”.

Este es:

Mi Rita Bonita

Leamos lo que escribió Walter Starkie en “Histoire Universelle de la
Musique. Espagne. Voyage musical dans le temps et l’espace”
. Vale la pena reproducir algunos párrafos.

Yo había frecuentado mucho el Café de Chinitas, el “sancta sanctorum” del flamenco entre 1924 y 1928, cuando se escuchaba allí al célebre Cojo de Málaga, donde nos detuvimos algunos aficionados y yo, antes de ir a comer a Granada con el inigualable cantaor de “medias granadinas”, Frasquito Yerbabuena, el plato tradicional de los gitanos, el “baliché ta bobí” (jamón con habas).

El Café de Chinitas, desgraciadamente, fue cerrado para siempre en 1941. Cuando volví a Málaga, hace algunos años, yo estaba inconsolable por esta desaparición. Vagaba sin
rumbo bajo la luna, en la noche de noviembre. Me parecía escuchar todavía traída por el viento la malagueña:

 

“Ya se murió mi Rita bonita,
Ya se murió mi tesoro de oro;
Ya no tengo quien me diga:
“Paco, llévame a los toros”.

Esta canción me evocaba a dos viejecitas bailando en la sombra de un tablado. De vez en cuando, un rayo de luna las iluminaba, y se veía que estaban descalzas. Bailaban de frente, lanzándose gritos de desafío. La más bajita terminó por derrotarse, mientras que la otra continuaba con su danza frenética, desesperada. Me acordaba de la historia que me había contado Fernando el de Triana, del famoso concurso en el Café de Chinitas, entre la Mejorana, la madre de Pastora Imperio, y su rival, la Rita. Las dos gitanas bailaron durante toda una noche. La Rita, que se había quitado los zapatos, bailó hasta caer desmayada. Dos días más tarde murió. Su marido Paco el Guarrirro, un rico gitano que poseía carnicerías y cafés en Málaga, y que se vestía como un genteman (sic), quedó tan inconsolable que visitaba la sepultura de Rita a diario. Cuando no podía ir, enviaba a uno de sus amigos, y a su vuelta le preguntaba: “¿Y bien, te ha pedido algo?” Paco no volvió más a ir a las corridas de toros, pero continuó reservando los dos sitios que ocupaba habitualmente con Rita, y que quedaron vacíos cubiertos con un mantón bordado en blanco y negro.

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El Café de Chinitas ha sido celebrado por un poeta andaluz, Carlos de Luna, que ha merecido el título de gitano de honor por su estudio “De Cante Grande y Cante Chico”, y su reciente libro, “Gitanos de la Bética”. Pero sobre todo es poeta. Sus poemas son diálogos, con exclamaciones intercaladas, llenas de onomatopeyas que resucitan la atmósfera del cuarto del Café de Chinitas donde los aficionados se encerraban con los
cantaores y los guitarristas (pp. 113-114).
Eusebio Rioja y David González “Zafra”

 

La conmovedora historia de Rita y Paco el Guarrirro ha dado mucho de sí en la literatura. Tanto José Carlos de Luna, como Francisco Bejarano la recogieron en Gitanos de la Bética (pp. 108 y 117) y en Las calles de Málaga (pp. 61-62), respectivamente. Bejarano hace al matrimonio vecino de la calle de San Juan Bautista, y a Rita como hermana de Gabriela Ortega, buena bailaora y madre de los toreros Los Gallos. Y pinta así la belleza de Rita:

Aquí vivió la famosa Rita, verdadera reina de la gracia gitana y una de las mujeres de más salero que han existido en Málaga, al decir de los que la conocieron. Era hermana de la “señá Gabriela”, la madre de los “Gallos” y tenía una carnicería cerca de la calleja que sirve de ingreso a la sacristía de San  Juan. Era alta, de cuerpo cimbreante y majestuoso con garbo, de cara fina y bonita, con grandes ojos sombreados por magníficas pestañas, y muy cuidadosa de su peinado. Con sus botas altas, que tenía buen cuidado de lucir al recogerse la falda con gracia y coquetería, sus vestidos lujosos y su empaque de real moza, era, sin duda, la que mejor sabía llevar el mantón de alfombra, a diario, y el de manila o de China en los días en que repicaban gordo. Del brazo del señor Paco el “Guarrirro”, prototipo del carnicero de rumbo, iba aquella mujer causando la admiración de la gente que, para verla salir para los toros, en los días de corrida, se estacionaba a las puertas de su casa. De las mujeres de más salero que han existido en Málaga, al decir de los que la conocieron.

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Murió muy joven aquella prenda de mujer, y la amortajaron con un vestido de morilla, mantilla y flores a la cabeza, y botas de raso granate. Su muerte fue un acontecimiento y cientos de personas acudieron a ver a la Rita por última vez, llorándola la musa popular en sus cantares.

En efecto. Rita Ortega Feria era hija de Enrique Ortega Díaz: El Gordo Viejo (Cádiz, 1830-¿?), de familia muy relacionada con el toreo, y cantaor famoso por sus Seguiriyas. La madre fue Carlota Feria, cuya familia gaditana también, sería célebre en el cante. Ángel Álvarez Caballero en Arte Flamenco dice:

Rita Ortega “la Rubia”, apodada así por su “hermosa cabellera de oro”, nació en Cádiz en las últimas décadas del siglo XIX, y fue considerada también rival de la Mejorana. Incluso hay una historia que hace a Rita protagonista de aquel episodio en que su hermana Gabriela tuvo un mal parto después de competir con Rosario la Mejorana; en esta otra versión Rita se hallaría también embarazada, y sería ella la que murió tras el baile agotador. He aquí como lo cuenta José Luis Pantoja Antúnez:

“Una y otra bailaora, picadas en su amor propio, se desafiaron profesionalmente ante un grupo de aficionados, entendidos y exigentes, que se reunieron, partidos en diferencias, para apostar por su favorita. Bailó primero la Mejorana de un modo impresionante. Y después bailó Rita, que estaba embarazada, a punto casi de dar a luz; con un aire de enfado se quitó los zapatos. Y bailó. ¡Cómo bailó! Que ganó la pugna y, después, inmediatamente después, se murió…”

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(…) Lo que sí es cierto es que Rita murió joven, y que vivió una conmovedora historia de amor con su marido, un rico carnicero malagueño llamado Francisco Monje y conocido como Paco el Guarrirro. Se conocieron cuando ella bailaba en el Café de Chinitas. Él la idolatraba, y al casarse ella se retiró del baile.

(…) No sabemos que Rita dejara descendencia. De ella decía su sobrino, el bailaor Rafael Ortega, que bailaba “todo lo que quería”: “Ya la podían echar a ella! Porque bailaba de un modo… contraprodusente. ¡Sí, señor; de un modo contraprodusente, ésa era la palabra!” (vol. II, pág. 61).

Y así despieza José Carlos de Luna el curioso atuendo de Paco el Guarrirro. Vale la pena leerlo:

Contrapuesto al traje de “El Planeta”, que al fin y al cabo no es sino el popular andaluz de su época ultrarrecargado de adornos, fue el que siempre usó Paco “el Guarrirro” (de “guirrar” o “guairrar”, reir).

Este gitano, que a fines del pasado siglo era dueño, en Málaga, de dos carnicerías, vivió con cierta lujosa holgura muy originalmente alardeada y más raramente concebida. Empresario, también, de cafés cantantes y protector de cuantos gitanos con facultades para el cante y el baile acudían a su puerta en demanda de ayuda y consejos, ofrece en su excéntrico humorismo material para una biografía con mucho que reír y bastante que pensar. Lo vestía el mejor sastre de Málaga, siempre con paño inglés, y se encargaba los trajes por docenas, pero…, ¡sin chaqueta! Calzón abotinado de alto talle y chaleco de corselillo forrado con la mejor seda.

Nunca usó camisa, ni botillos, ni botinas a la moda de entonces, sino camiseta y calcetines de seda de rabiosos colores, que le tejían en Valencia a su capricho, y chancletas de cabritilla avellana. Siempre al aire o bajo techo -dicen que era calvo como un membrillo- gorra de alpaca negra y pañuelo blanco de seda anudado al pescuezo con garboso descuido.

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A todas partes iba y venía en mangas de camiseta si el frío -¡malagueño!- no le echaba sobre los hombros la bordadísima capa con vueltas de terciopelo grana y golpes de diamantes. El chaleco, sin abotonar, trabado por la cadena de oro del reloj, gruesa como la barbada, y colgando de ella en ruidoso tintineo dos onzas peluconas, una enorme herradura de brillantes y zafiros, la “Mano de Fátima” en coral rosa, un elefantillo de marfil y un jorobadito primorosamente tallado en ágata.

Jamás le vio nadie una mancha ni una arruga; se afeitaba y mudaba de calcetines y camiseta dos veces al día y casi todos los domingos estrenaba traje. Por su tiempo, la mayor parte de los vecinos “calé” del Altozano, la calle de la Cruz Verde y la de los Negros vestían de medio luto a cuenta de los semanales desechos de Paco el “Guarrirro”.

Aseguraban los que le conocieron que con su mujer, “la Rita”, formó la pareja más original y simpática de cuantas se imaginen. (pp. 108 y 117).

Poco importa que la historia de Rita y Paco el Guarrirro fuese lo veraz que estas narraciones cuentan. Poco importa que Rita muriese realmente en el Café de Chinitas y en una competición de baile con La Mejorana. Se trata de una historia tan lírica y romántica, que si no hubiese sido real, merecería que lo fuera. Una historia en la que la exaltación del amor llega al paroxismo de la demencia ilusionada. Una historia que por su sentimentalismo, podría prestarse como argumento de cualquier obra literaria, dramática o cinematográfica. Una historia de amor que toca con las puntas de los dedos a la de Romeo y Julieta, la de Calixto y Melibea, a la de don Juan Tenorio y doña Inés, a la de Los amantes de Teruel o a la de Juana la Loca, cuyo amor desesperado se volvió demencia.

Con ciertas modificaciones en el argumento, la música del maestro Juan Solano, la letra de Olivareros y la genial interpretación del tonadillero malagueño Miguel de Molina, hicieron de la historia de Rita una célebre canción: Mi Rita bonita. Canción que grabaría Miguel de Molina en 1957 para EMI-ODEON.

LOS CAFÉS CANTANTES DE MÁLAGA
Y LAS VENTAS DE LA CALETA
UNA APROXIMACIÓN A SU HISTORIA Y AMBIENTE
Eusebio Rioja y David González “Zafra”

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Y este es un documento en pdf que cuenta la historia del afamado “Café de Chinitas” Realizado por el Doctor en Historia del Arte Jose Antonio Ramos Rubio.

El Café de Chinitas. pdf

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RAFAEL. EL ÚLTIMO SABIO

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RAFAEL. EL ÚLTIMO SABIO

Tiene mi querido amigo Rafael la apariencia que se merece: la de un hombre honesto; la de una persona entera, valiente y cabal. Amigo de sus amigos, Rafael atesora en su forma de ser, un antiguo código de amistad y compañerismo nada habitual y ya casi perdido hoy día en los procelosos mares de los intereses y la tibieza de estos tiempos proclives a la desafección y a la displicencia. No es hombre, para nada, de sumergirse en las medias tintas ni en las impuestas tolerancias del buenismo que imperan actualmente; llama a las cosas por sus nombres; y a los hombres, los clasifica por sus actos. Sin piedad ni vuelta atrás. El que se la juega, lo pierde para siempre. Y eso es lo que hay. Sanseacabó!

BESUGO

No es persona Rafael, sigo diciendo, de entregar su cariño y confianza gratuitamente a cualquiera que se le ponga a ese tiro de plomo que supone una lanzada de caña desde la playa de la Piedra de La Virgen, pasada la Caleta de Vélez, donde se pesca el robálo.

Rafael tiene la apariencia que se merece, ya te lo digo yo. La de un verdadero hombre de la mar. De piel curtida y rota por los vientos levantes y ponientes de las costas de su Málaga querida; agrietada, esta piel, por mor de los umbrosos teroles y por los sofocantes aires terrales. Tiene las manos duras y rugosas; acostumbradas a sacarle provecho a tirones a un mar –a veces generoso y a veces no– en un momento en que el Mediterráneo, debido a los abusos, está perdiendo su profusión y su plétora pesquera. Sólo nos van quedando marejadas puntuales que maltratan playas y chiringuitos y eternos atardeceres por entre los picos de la Cañada de los Cardos.

BOGA

Rafael es también, uno de los últimos carpinteros de ribera, unos de los mejores que quedaban en estas costas ya demasiado enladrilladas por cebos turísticos de césped y de cemento, que olvidan la historia que nos precede y que desvisten de arena y algas las costas de la provincia de Málaga.

Rafael Serrano Estudillo –ese es su nombre completo–  es un magnífico cocinero. Está doctorado en caldillo de pintarroja. Y nadie como él ablanda el pulpo –no se sabe bien si a golpes de hervor y de sustos o a base de convencimiento y persuasión pura y dura– antes de vestirlo con sal gorda, aceite de oliva y su parte generosa de pimentón picante

PULPO

Maestro de espeteros. Nadie sabe como él elegir el material; nadie mejor que él los atraviesa en la caña; nadie más destacado que él en conocer el punto exacto en que la sardina alegra la vista del que la contempla cuando adquiere el color tostado que requiere la obra maestra y esa textura mantecosa y fresca que perfuma la boca y cautiva el paladar.

Manda Rafael –con autoridad y poderío– sobre una legión completa de fideos del número 4. Acompañada, tal y cómo debe de ser ésta, por dos cohortes: una de Gambas y otra de Pulpo. Ni una más. A su orden, en la fideuá –y 20 minutos después desde el comienzo de la tortura– los mil de la legión se ponen en pie, firmes, implorando el fin del suplicio e ignorando también que tras este, viene el otro de la ingesta.

BOQUERON

Rafael, mi amigo, domina a Jureles y a Boquerones; a Caballas y Estorninos; Doradas y Lubinas; Pescadas y Merluzas; somete a las Pescadillas y a las Pijotas; a Bacalaíllas y Salmonetes; Besugos de la pinta, Voraces, Goraces, Pachánes y Alijotes. Rinde a la Boga y la Urta; a la Herrera y al Sargo, al Pargo, a la Dorada y a la Breca.  También al Robálo y a la Lubina que, según parece, son los mismos.

Distingue como nadie entre Pintarroja, Cazón y Tintorera. Rayas, Pastinacas y Torpedos; y llama por su nombre de pila a Sardinas, Alachas, Boquerones y Sábalos. Rafael platica con total confianza con los Congrios, las Morenas y con sus primas hermanas las Anguilas. Tutea al Rape, a la Bacalaílla y a la Brótola. Y juega al mus con la Pescaílla, el Abadejo y la Faneca. Les echa el pulso – y les gana siempre– al Dentón y a la Lisa y a la Mojarra.

BRÓTOLASi no se portan bien y no le entran, Rafael se las lía parda, y les da ahogadillas, al Pez Limón y a la Jurela; al Lirio, al Chicharro y a la Palometa. Al Mero y a la Corvina. A la Vaca, a la Vaquilla, al Serrano y a la Cabrilla. Reprende al Salmonete y al Dorado; y si se enfada mucho, mucho, llama Japuta a la Pinta, al Mujol y a la Galúa; al Tordo –y si se me apura, miren ustedes– también a la Doncella.

No le teme ni a la Araña, ni a la Rata, ni a la Víbora, ni al Escorpión; todos peces –cómo el Espada y el Martillo– que se dejan torear por el diestro, por la cuenta que les tiene y por la cuenta que les trae.

CABRILLA

Termina el día Rafael, sorteando al Chanquete y al Rascacio; al Cabracho, a la Gallineta y al Emperador. Al Rubio y al Garneo; al Bejel, a la Chicharra y al Rubio volador. Al Gallo y a la Pelúa. Al Rodaballo y al Remol. Al Lenguado, a la Sortija, a la Platija y al Tambor. Al Soldado y a la Acedía; al Chucleto y al Mochón.

Rafael el último sabio. Si quieren conocer, alguno de estos días de solana, a un hombre cabal y bueno, ilustrado y entendido en cosas estas de la mar, pásense por el balneario del Carmen, acérquense al espetero que allí labora y ofrézcanle un cigarrillo que él siempre negará. Es el primer paso –de quien no le conoce– para acceder a una lección magistral sobre la vida, que ya saben ustedes –porque así lo contaba el poeta– son los ríos que van a parar al mar.

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LOS OLORES DE LA CAÑADA DE LOS INGLESES.

 LOS OLORES DE

LA CAÑADA DE LOS INGLESES.

“Esto se presenta como un ejercicio de rememoración
y no está dedicado a nadie”.
(Charles Bukowsky Revisited)

“Hay en el perfume una fuerza de persuasión más fuerte que las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos y la voluntad. La fuerza de persuasión del perfume no se puede contrarrestar, nos invade como el aire invade nuestros pulmones, nos llena, nos satura, no existe ningún remedio contra ella.”
(El Perfume. Patrick Süskind)

“Tiré un limón por el aire
para ver si coloreaba.
Subió verde y bajó verde
mi querer nunca se acaba”.
(Tradicional)

Nota Previa: Las fotos (y sus comentarios a pie de foto en cursiva y color azul) me las ha hecho llegar  mi querido primo Enrique Giménez Huelin.

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(La cuesta y el terraplén (o “chorraera”) de enfrente de nuestra casa tras una granizada que hubo en marzo del 71. En la de la cuesta se puede ver entre los árboles la Casita del Gallo y a la izquierda el algarrobo de casa de Almudena Huelin.)

No sé si se le habrá ocurrido a mi querido primo Enrique Giménez Huelin que después de haberme remitido una impagable serie de fotografías de nuestra niñez (y de tiempos pretéritos) en la Cañada de los Ingleses (donde él vivía y yo pasaba muchas temporadas) no sé si se le habrá ocurrido decía, que además de proporcionarme mediante el sentido de la vista, ese placer irremplazable que es la nostalgia de los más entrañables tiempos en el recuerdo, también iba a despertarme el sentido del olfato.

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(La Portería 1972)

El deleite de volver a recordar y sentir aromas de otros tiempos que, aletargados en la memoria olfativa, estaban esperando –con todo su poder de seducción y atractivo– su oportunidad de volver  a emocionarme. Olores de situaciones vividas. Olores de personas a la que quise y que, desafortunadamente, ya no están aquí.

Las fotos que me ha remitido mi querido primo Enrique, me han vuelto a trasladar a aquel mundo privado –reservado y particular– que fue La Cañada de los Ingleses. Un universo aislado de la ciudad, guardado y disimulado entre árboles y montes, que permanecía dormido en mi cabeza –en absoluto perdido– rendido por la edad que se acarrea y por la flaqueza del recuerdo. Pendiente de la oportunidad de la rememoración más placentera y complaciente, como así ha sucedido.

LA CAÑADA-CASA CHICA-1969-0001(CASA CHICA-1969). Otra vista de mayo del 69 con Marita Revenga y Christian Frunken, su marido, a los que Tacún les dejó la casa cerca de un año. El inicio del túnel, al que me acabo de referir, queda ya integrado en la casa .

Con esas imágenes, me ha vuelto aquel olor a agua pútrida de los jarrones atiborrados de flores –mezclado con el aroma de las mismas– que vendía Carmencita en la portería de la Cañada. El de los hinojos recién arrancados, y mordisqueados, frente a casa de Tío Quique y Tía Lolilla. He recuperado otra vez la tierra húmeda; la turba y el compost de un cementerio inglés cubierto por un manto inacabable de tréboles y vinagretas; de hojas tan muertas como aquellos que lo habitan.

5658996292_e00a6e1089_n(Tumba donde reposan los restos de Enrique Giménez Ramos. Concha Huelin García de Toledo y Lola Huelin García de Toledo en el Cementerio Inglés)

Viendo esas fotografías, me vuelvo a sentar en la cocina de Tioma y Tía Lourdes junto a la ventana. He vuelto a sentir el aroma inolvidable de aquellos tazones de Eko caliente por la mañana. Aroma sólo amortiguado (ese sentido) por el otro del sabor de la Mantequilla Lorenzana untada en una enorme rebanada de pan cateto comprado en Cártama y tostada directamente al fuego vivo. Vuelvo a oler a horno lleno de vol–au–vent comprados en Bresal y rellenos de bechamel y gambas por Tía Lourdes.

El olor a ese mismo pan cateto de tres días regado con un chorreón de aceite de un verde tan intenso cómo inmenso. El maremágnum aromático de la alacena con los chocolates y las especias. Mermeladas de naranja amarga y Jamón de York comprado en La Federica. A vino dulce de Cómpeta y a galletas María de Fontaneda. A Hojaldres de la Confitería La Española. A mantequilla Breda y queso de bola holandés comprado a las estraperlistas del puerto frente a la estación de los autobuses de Alsina Graells…

Llano Cañada(Lourditas Souvirón García Huelin, sentada en el poyete del llano. Se pueden observar las losetas de chinos que entre todos los sobrinos y Tio Matías construimos)

… Sienro el olor embriagador de la yerbabuena de los macetones de Tioma en la ventana que daba al llano y que, a manojos, echaba Tía Lourdes en las cazuelas de fideos. A huevos al plato o revueltos con mantequilla. Que mañanas! Qué días más llenos de luz y de color. De sentimientos de hospitalidad y de amor. De sabores y de olores que ya no existen en este mundo actual vencido (y aburrido) por los añadidos y conservantes de los sosos e insustanciales alimentos que ahora ingerimos.

caballos tioma(Caballos pintados por Tío Matías)

Rememoro viendo estas fotografías, el peculiar y característico hedor a mierda del pozo negro y el de los montones de estiércol de caballo, recogido por los sobrinos, y amontonados en el llano del horno de pan. Y si! se puede añorar el pestazo a mierda. No se extrañen ustedes.

Pero también vuelvo a sentir, el óleo de Marita Revenga pintando las flores de Tio Matías, y el pegunte horroroso del Vicks Vaporub que Tía Lourdes me untaba en el pecho cuando estaba resfriado. El perfume de las hojas trituradas en mis manos del falso pimentero antes de las escaleras de rampas que subían hasta la casa grande. El otro perfume de la alhucema y de los trompitos quemados en la chimenea del salón de Tioma. El aroma del bizcocho que acompañaba al té. Y, más tarde, ya por la noche, el de las hojas añosas de los ejemplares del Reader’s Digest que yo me leía con fruición antes de irme a dormir al apartamente de Tío Josemaría…

12651072_10155174558622228_1016211828636318693_n(Una pequeña parte del jardín de los Giménez Huelin)

… El de la colonia Álvarez Gómez (que aún uso diariamente) que enmascaraba al otro del Jabón Lifebuoy. El olor a limpio de la lejía Conejo y del Vim. El del Politus y el de la cera Johnson’s. La fragancia que emanaban Isabel y Lola; vecinas de calle Los Negros en la Cruz Verde y a las que yo adoraba.

Olores como los de la humedad del rincón –siempre habitado por decenas de cochinitas amontonadas– en la entrada al patinillo del apartamento de Tío Josemaría; y el de los eucaliptos de detrás de la casa grande que inundaba de olor a infusión el cuarto de baño del citado apartamento…

0fb517f06337c5925bc29c329bdbed29(Generación del 27. Casa-apartamento en la Cañada de los Ingleses (Málaga) donde José Mª Souviron Huelin pasaba temporadas. Disponía de una pequeña biblioteca, (la principal la tenía en Madrid), donde celebraba reuniones literarias con Bernabé Fernández Canivell, Pérez Estrada y Alfonso Canales.)

… La resina de los pinos. El polvo de los tinaos abandonados y que servían de trasteros donde un niño se podía encontrar multitud de tesoros. La tetas de las negras de tribus recónditas de los National Geographics antiguos. Un bombín de quien sabe quién o aquel cuchillo de calidad incierta –que Tioma me regaló– pero que tenía una magnífica funda de cuero y las cachas de nácar…

… La fragancia a limpio del ropero de Tía Lourdes; donde en cestillas, guardaba multitud de monedas y que nunca jamás –a pesar de la confianza dada– jamás nos atrevíamos a tocar y que constituían nuestra recompensa diaria por los trabajos realizados. Cómo olía ese dormitorio!! …

Tioma niños(Tío Matías con Margarita, Joaquín y Gustavo Giménez Huelin)

… Recuerdo ahora también, el olor del arcón donde guardaba mantas y cobertores. Naftalina y bolsitas de tela llenas de trompitos de eucaliptos. Vuelvo a recuperar el perfume de los rosales de Pascual Bejarano. Vuelvo a recuperar también, el olor cariñoso, educado y elegante; amable y confortable de Tacún y de Tía Lily.

El del Morris de Tioma. El que te traías pegado al cuerpo desde el vestuario del Cajón. El olor del campo húmedo; a manchas en las culeras de los pantalones de aquel barro peligroso cubierto de agujas caídas de los pinos. Lleno de babosas y de alúas; de pizpitas y de hormigas cabezonas. De saltamontes y ciempiés. Y aquellas enormes bolsas de orugas colgando, como lámparas viejas y olvidadas, encima de tu cabeza.

Vuelve el olor fuerte del agua blanqueada de jabón lagarto y azulete en los lebrillos del llano del horno. El del césped recién cortado y el del tarro abierto a destiempo de las semilla ya secas de las Llagas de Cristo que esparciamos por la ladera del gallinero. Las algarrobas machacadas y el limón cascarúo…

venta del tunel

(En la Venta del Túnel. De izquierda a derecha: Matilde García Lampérez; Matías Huelin García de Toledo; Ignacio Souvirón Huelin; Lourdes Souvirón Huelin: Lourditas Souvirón Garcia Huelin)

… Vuelve el olor a familia querida y amada; a hogar cálido; a humo al refugio de la lluvia y del frío. Cuando había lluvia. Cuando había frío. Cuando la familia estaba feliz y completa. Olores que me hacen daño, porque sé que, si no es por lo efímero, nunca los volveré a tener a mi alcance. Porque las cosas se van y no vuelven muy a menudo; y cuando vuelven, como es el caso, tengo que contener la emoción –pero también el orgullo- de haber vivido plena e intensamente, entre los árboles y montes del paraíso perdido que fue la Cañada de los Ingleses.

monte gibralfaro expropiacionEstas, que ahora vienen, son una muestra de las fotos remitidas (y comentadas) a este bloguero, por Enrique Giménez Huelin. Espero que sean de interés para algunos de los lectores que tiene a bien visitar este sitio. Para mí, ya lo he expresado, ha sido un verdadero ejercicio de entrañable añoranza, nostalgia y melancolía.

Ah! y al final, una curiosidad! Vamos allá; dice Enrique:

Antes de nada, una pequeña Introducción: La Cañada la compraron nuestros abuelos, Matías Huelin Müller y Margarita García de Toledo Clemens, una parte el 7/06/1902 (la parte alta del monte) y el resto el 25/08/1925 (la parte baja). En 1925 encargaron construir la Casa Grande ( y no sé si la chica) al arquitecto Fernando Guerrero Strachan. El camino de acceso no existía y lo hicieron también en los años 20, previa conducción de las aguas pluviales por los túneles que todos conocíamos. Las fotos que adjunto son de la época en que se construyen las casas.

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LA CAÑADA-CASA GRANDE Y TINAO0001

CASA GRANDE TINAO, destaco la ausencia de árboles en el monte y el tinao para vacas que hay detrás de la casa, donde después construyeron su casa Tío Matías y Tía Lourdes. La vacas venían de Las Cuarteras, una finca de la vega que vendieron antes de comprar La Cañada.

LA CAÑADA-CASA GRANDE0001(CASA GRANDE 001), destaco también la ausencia de árboles, la ropa tendida junto al pozo y el propio pozo que parece estar en construcción, puesto que no aparece la bóveda que lo remataba. Junto a ése pozo estaba la duchita , una especie de pequeña alberquita y una máquina de hierro con complicados engranajes que algun día sirvió para sacar agua, según decían. La máquina era tan pesada que quedó enterrada en los cimientos de la casa de Prioleau cuando se construyó a principios de los 70.

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LA CAÑADA-CASAS CHICA Y GRANDE0001

(CASAS CHICA Y GRANDE) quiero destacar la escalera-rampa de acceso y que aún no estaba hecho el garaje que, al parecer, construyó tío Juan años más tarde.

Sigue Enrique contando anécdotas:

Antes de nada, decir que en el e-mail anterior, al comentar la foto 7ª, de la portería, empecé a hacer un comentario que no terminé. Decía que “Tanto en esta foto, como en la anterior,…” (y esto lo añado ahora) se ven las dos columnas antiguas de la entrada . Más tarde, a finales de los 60, creo, la entrada se hizo más ancha y las dos columnas, más sólidas, sostenían un portón de dos hojas de madera, que se verá en alguna foto posterior. La columna de la izquierda, según se entra, recibió varios golpes de vehículos que se descontrolaron en la bajada. El primero que recuerdo fue un carro con uno o dos mulos, cargado de madera de una tala de eucaliptos, que terminó empotrado contra la columna y el pobre mulo o los mulos reventados. Más tarde, una pareja de guiris (creo que americanos) inquilinos de la Casa del Gallo, que se bebían más de una botella de Fundador al día (gracias a lo cual nos hicimos con una colección de discos de lo más variopintos que te regalaban por cada 5 o 10 tapones que entregabas), bajaron a toda velocidad, chocaron contra la misma columna, que hizo de lanzadera y terminaron empotrados en el murete de la entrada del Colegio de las Teresianas. El matrimonio murió en el acto y la asistenta que iba en el asiento de atrás, aunque herida de gravedad, pudo salvar la vida. Yo ese día venía del colegio y subía por la escalera de piedra de mi casa y vi perfectamente bajar el coche a toda velocidad y al momento oí el ruido de los dos golpes. Mi madre no nos dejó bajar hasta que habían sacado a la herida y levantado los cadáveres. Recuerdo, yo muy chico, impresionado al ver el coche destrozado y los rastros de sangre todavía fresca. Pero más me impresionó o me repugnó, si cabe, el comentario de uno de los mirones que dijo: “¡qué pena de coche!”.

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(ÁRBOLES 1919) es un peculiar inventario de árboles, que hace un tal Gallardo, del primer trozo de finca que compran los abuelos (la parte alta). Por ej: “garrobos” “ensinas”…

LA CAÑADA-CASA CHICA0001

(CASA CHICA). Otra vista de esta casa. Se puede ver el lavadero, el depósito de agua,el llano, el inicio del túnel sobre el que había una plataforma de cemento que nos servía de guarida en el poli-ladron, las dos pequeñas columnas que había en el arranque de la escalera a la Casa Grande, en las que se contaba y “salvábamos la valla por mí primero y por todos mis compañeros” …

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(CASA GRANDE) es muy parecida a otra u otras anteriores. Simplemente la pongo porque se ve arriba a la derecha una pequeña construcción en la ladera del monte. Allí creo que vivió alguien, cuando compraron la finca (no sé si Gallardo el del inventario). Las ruinas de esa casita la vimos después muchas veces cuando jugábamos por allí.

LA CAÑADA-CASA GRANDE-RAMPA 2º PISO-0002 (CASA GRANDE RAMPA). La rampa (no escalera) que servía de acceso al piso superior.

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(COMEDOR CASA GRANDE)LA CAÑADA-ENTRADA TERRAZA DESDE POZO0001

 (ENTRADA CASA DESDE POZO). Entrada principal desde la rampa de acceso.

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Una vista de la Casa Grande ya abandonada en el año 73

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Una vista del monte tomada en 1948 desde una ventana de la Casa Grande. Se pueden ver pinos piñoneros, alguno de los cuales conocimos, y la repoblación de pinos todavía pequeños.

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La Portería.

Y ahora, la curiosidad:

Nada tiene que ver con la Cañada, pero creo que os puede gustar porque aparecen muchos parientes. Se trata de una foto del Colegio de San Estanislao (El Palo) a principios del S.XX. Según aparece al dorso…

COLEGIO SAN ESTANISLAO

En la 1ª fila de arriba y de izquierda a derecha: Avilés, Eduardo Shaw, Pedro Esteban Beyle, José y Fernando Pérez del Pulgar, Valdecasas, Torres, José Antonio Nuñez de la Barca, Carlos Huelin Gª de Toledo.

En la 2ª fila: G. Bentabol, Jorge Huelin GT., Carlos Huelin López, Ravé, Jacinto del Río, Arturo Shaw, Isidro Escobar, Gabriel Garrido, Perico Núñez, Sebastián Portillo, Perico Huelin (¡López?), Narciso Suárez, Ricardo Suárez.

En la 3ª: Perico Pérez del Pulgar, F.Cuberta, Chinchilla, Juan Huelin García de Toledo, del Río, A. Luque, Matías Huelin García de Toledo, Evaristo González, Dominguez, Torres. En la 4ª: R. Maury, Rosendo Rodríguez, José María Souvirón Huelin, Carlos Werner, Joaquín Huelin García de Toledo, R. Caffarena, A. Werner, P. Olson, Luis Suarez, L. Maury. En la 5ª: Javier Huelin García de Toledo, Paco Pérez del Pulgar, R. Suárez, Alcalá del Olmo, __________, J. Krauel, Roldán, ________, J.P. Mangas, José Montero- Ríos Souvirón.

Esperamos que os haya gustado.

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CONSIGNAS FAMILIARES.

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CONSIGNAS FAMILIARES.

(Para Fernando)

“Dijo que no estaba equipado para la vida
porque no tenía sentido del humor”.
(J.D. Salinger)

Tengo la inmensa fortuna de haber nacido en el seno de una familia con un prodigioso y fantástico sentido del humor. Un sentido del humor que nos ha regalado multitud de momentos inolvidables de risas y sus posteriores réplicas en forma de anecdotario. Pero que también no pocas veces, y por lo inoportuno lo digo, nos ha proporcionado muy malos ratos puntuales e indeseados. Aunque he de reconocer, sin embargo, que estos “malos ratos” a la postre resultaron, una vez pasados, los más hilarantes y los más disfrutados. Los más comentados a posteriori, ya te digo.

1
Tendría que dejar de lado la modestia, la vanidad y la autocomplacencia; pero debo de indicar, no tengo más remedio, que la familia Souvirón siempre dispuso de una chispa especial y una ironía fina, sagaz y muy personal (a veces al filo de la inconveniencia); y sobretodo, una prolija imaginación rápida e ingeniosa. Pido disculpas por la presunción que raya la soberbia; pero consideren lo que acabo de decir acerca de lo del dejar de lado, al principio de este párrafo.

3
El sarcasmo, el doble sentido, la mordacidad y el saber, casi siempre, cuando es el momento oportuno de soltar la chuscada, fueron siempre los invitados perennes en nuestras reuniones de familia. De modo y manera que cuando algún invitado compartía velada con nosotros –fuese amigo o pretendiente a entrar en la parentela– debía de estar al loro, súper atento y rápido con la oreja y la risa dispuesta para no quedarse más colgado que una percha, pues si se distraía, le era imposible sumarse a la “demencial conversación”; porque los chascarrillos y las bromas fonéticas iban siempre, hilvanadas y estrechamente unidas la una con la siguiente; y la siguiente con la que tocaba. Debo de indicar, que una vez empezada la demostración surrealista, esta podía durar más de lo humanamente soportable para aquel no acostumbrado a la verborrea sin control y a la locura colectiva.

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Había en la familia, diversas consignas familiares. Estas consignas, en forma de palabras inventadas, en gestos ya consolidados en nuestro entendimiento por la costumbre, o en ruidos ininteligibles (una verdadera lástima la imposibilidad de reproducirlos por escrito) nos permitían un lenguaje personal e intransferible que nos proporcionaba, tanto en público (los más hilarantes y exasperantes ) cómo en privado, incontenibles y maravillosos ataques de risa.

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Pongamos ejemplos:

Cuando en una reunión externa, alguien cometía un “lapsus linguae” es decir, un desliz del lenguaje tipo: ” Y claro, como no había comido, pues al pobre le dio una lipotómia”. Inmediatamente, cualquier miembro de la familia, alzaba el cuello cual perrito de la pradera; miraba de soslayo al que estaba al lado y doblando el labio superior hacia la izquierda y el inferior hacia la derecha, hacía un mohín perfectamente reconocible y que nos indicaba a todos los que estábamos “El palabro”. Palabro, que por supuesto, todos habíamos cazado al momento.

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Si el desliz de lenguaje era de los llamados de “rima grosera” o, sobretodo, de doble sentido, jamás se decía eso de “Premio!” o se le contestaba de forma “mal asonante”. Nunca. Nunca, nunca. Sólo se pronunciaba una palabra: “morse”. O su variedad más sonora “samorsa”. Por ejemplo: Un conocido (y refiriéndose a su mano vendada a causa de un golpe… le decía a mi padre: ” Y entonces, Don Fernando, al meterla, se me puso gooorda, gooorda, gooorda y tó morá!” El señor herido, se extrañaba, y fruncía el ceño al oír espontáneamente y por lo bajini, algo así como un “samorsa” y una incontenible retahíla de gruñidos producidos por la risa irreprimible con las bocas apretadas como puños y las venas de las sienes hinchadas y a punto de estallar.

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Otro: Cuando alguno de nosotros – no siempre voy a poner de ejemplo a alguien extraño– decía pontificando o indicando algo de manera auto elogiosa, solíamos ponernos la servilleta encima de la cabeza (algo habitual) pero acompañando el gesto con otra exclamación. En este caso, un sonoro… “wachu wachu wachu”. El hablante, sabía en ese momento que debía de cambiar el discurso, porque intuía lo que se le podía venir encima. Los invitados, ante esta unánime reacción, flipaban en colores.

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Había palabras especiales que explicaban de manera concisa cuando una cosa era gustosa y primorosa; confortable, cómoda y acogedora. Una de esas palabras era “senne”. Decir “senne” (y su superlativo “senenne zacatín”), era indicar de una forma rápida y aclaratoria, todos los sinónimos que acabo de nombrar.
“!Que senne se está aquí!” Decíamos cuando en días de lluvia, estábamos en casa echando una partidita de Póker o de Continental, al amparo del tormentón con estufa catalítica, té y sándwiches de lechuga, pepinillos y mahonesa preparados para la ocasión. Después, dejémonos de mariconadas, nos abrazábamos al noble arte de la libación en su variante escocesa.

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Sigamos.

También se podía describir una acción cotidiana de una forma culta o de una forma directa y basta. Bastante basta, diría yo. Pongamos otro ejemplo; ahora conmigo mismo: Si estábamos sentados en la mesa almorzando, y a mí me encantaba algo muchísimo y no paraba de tragar, mi Tío Ignacio –que vivía con nosotros y era un intelectual– exclamaba, “Que barbaridad, Alvarito! comes cómo Heliogábalo” (un emperador romano preso de la gula) pero también mi madre, para ahondar más en la observación, completaba la especificación de una manera absolutamente descriptiva: “El niño éste se come el desperdicio de un tinao” menos sutil que Tío Ignacio, pero mucho más gráfico sabiendo que un tinao es el sitio donde se guardan las vacas. Y los desperdicios… pues ya se imaginarán ustedes cuales eran los desperdicios.

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En fin… un montón de palabras y de situaciones tales cómo: “A poblemate” era que debíamos ponernos a estudiar. “La Pedorreta” el primer coche que tuvo mi padre. Dicho nombre era debido al ruido que hacía éste cuando arrancaba. “Muerde mi prima” cualquier chica mona que pasara a nuestro lado y en la que había que fijarse; y “La Roulotte” (vulgo la ruló) el culo que manejaba “Mi prima”.
Cualquier niño no avezado en el retozar caprino por los montes de Málaga (yo, a pesar de lo que me decía mi Tío Matías, tengo titulación por los montes de Gibralfaro, Tres Letras y San Antón) cualquier niño no avezado en eso del triscar, decía, era llamado “Señorito de Piso”. Los modernos muy extravagantes en el vestir, “Chicos descarriados” ; los sombreros grandes “Castrojas” y los Pictolines “Caramelmus”. Y en mis largos paseos por la playa con mi padre, íbamos siempre en busca del “Gran Cipotudo” No porque éste estuviese muy bien dotado (que también) sino porque iba siempre armado de un largo palo acabado en punta. (Las historias inventadas por mi padre eran tan surrealistas cómo divertidas).

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Bueno… Y ustedes –si pacientemente han llegado leyendo hasta aquí– se preguntarán… ¿Y a mí que me importa y a qué viene esto? Pues verán, viene a que cómo este blog es mío, y hoy me ha intervenido la añoranza familiar, inserto esto porque me sale del “nípero” y que lo que escribo, lo escribo tranquila y pausadamente, porque ni tengo prisa, ni quien me la meta. “Samorsa!!”. La prisa digo.

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Nota: Las imágenes que ilustran este relato,

son obra del artista belga Ben Goossens

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LAS CINCO FIRICUSTANCIAS

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LAS CINCO FIRICUSTANCIAS

 

“Yo soy un gitano fino, fino fino filipino
que con muchas firicustancias,
pero con muchas firicustancias
que a mí me tratan como a un vecino.”

(Pedro Pubill Calaf, Peret)

Verán ustedes: No sabía yo bien como contarles este sucedido. Así que después de meditarlo un rato al relente, créanme en serio eso del relente, pienso que lo más mejor será el narrarlo por medio de estas cinco firicustancias que ahora les enumero y dicto.

Ustedes hilarán, y ya me contarán. A ver:

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PRIMERA FIRICUSTANCIA:

Estoy padeciendo desde hace casi una semana un inoportuno y contumaz proceso gripal que me tiene abocado –entre dolores y desconsuelos– al camastro y/o al sillón de mi salón; eso sí, en el salón, con la insoportable e ineludible compañía de Paz Padilla y su panda de encanallados colaboradores. (No pregunten pliss)

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SEGUNDA FIRICUSTANCIA:

Para esto de las enfermedades que requieren encame y/o reposo, dispongo desde hace años de un pijama (Santa me lo compró por si un día me hospitalizaban y no era plan de permanecer allí con pantalón corto pasado de puestas y camiseta costrosa que es lo que yo, habitualmente, uso para dormir) un pijama decía, que reposa desde tiempos inmemoriales, debidamente doblado y olvidado, en un cajón del armario de mi dormitorio.

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Ítem más; reposa el mismo tiempo e igualmente, una bata que me compró mi madre en Melilla hace ya cómo cuatro lustros (20 años para los que son de letras) y que no me he puesto sino en un par de ocasiones a lo sumo. Lo que se dice, más o menos, una vez por década (10 años para los que son de letras).

Sigo…

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TERCERA FIRICUSTANCIA:

Mi hijo –Cigalowsky Gorgonzola– se ha ido esta misma tarde a un viaje de ocio con unos amigos a Ámsterdam. La broma en la familia estos días era… “Y yo que voy a hacer sin ti con ésta (con Santa) yo sooooloooo? Tu madre me la va a liaaar!!! “ decíamos entre risas.

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CUARTA FIRICUSTANCIA:

Debido al estado de resfrío y ataviado con el citado pijama y la maldita bata, me dispongo hoy sentado en el salón –una vez que se ha ido Cigalowsky – acompañado de Kiko Mataporros y de la insigne María José Campanario anunciando alcachofas; pasando la tarde cómo puedo y como Dios, en su infinita sabiduría, me da a entender.

Bueno… Y por fin, llegamos a la…

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QUINTA FIRICUSTANCIA (y la resultante de las cinco):

Santa estaba despendolada –imagino que para distraer su cabeza de la ausencia del ínclito Cigalowsky– poniendo lavadoras y tendiendo la colada al frescuelo de la azotea del edificio de vecinos donde vivimos. Un par de ellas al menos.

En la última tanda, me dice…

– Gordooo… Tú me acompañas arriba que es ya de noche y no me gustaaa?
– Claro mi amor! Respondo yo ignorando lo que se me venía encima. Toso.

Cojo la bolsa de ropa lavada. Toso. Mi mujer coge la bolsa con las pinzas y las llaves de la azotea y le digo, mientras la Campanario lanza un mensaje conciliador a la madre de Andreíta y alaba las propiedades de la alcachofa… O al revés…

– Chica… Has cogido las llaves de la casa?
– Sí! responde ella y cierra la puerta. PLAM!

Inmediatamente, ya en el descansillo de la azotea, me dice:

– Gordo, que me he equivocao! que estas son las llaves de la casa de Fernando. Bueno, no pasa nada! se las pido ahora a Mariví (la vecina).

Toso.

En ese momento oigo yo una puerta que se cierra abajo y el ascensor que desciende.

– Chica: Que me parece que Mariví se ha ido! .
– Que va!!! están en su casa. Seguro!

Entramos a la azotea. Mi mujer vestida de sport con un chándal muy casual; y yo, que me parezco al Puto Pedro, con mi bata y mi pijama vintage. Ah, y con mis Crocs, para terminar de enamorar y de arreglar la vestimenta.

Un ratito después –y yo ya con un puntito incipiente de ganas de mear– nos disponemos a bajar.

– Chica, pídele tú las llaves a Mariví que no quiero yo que me vea con esta facha!
– Vale!!! Ahora te aviso.

A los seis interminables minutos una trémula voz desde abajo me llama y dice:

– Chatooooooo…. No están!!!
– Ein?
– Quenostán!
– Ein? Toso.

Me echo a morir y se me afloja aún más la vejiga. Toso.

– Llámala por teléfono, cohoness!!!! Toso. Toso. Toso. Menos mal que ella sí tenía el móvil. Yo no. Toso.

Llama a la vecina, pensando que esta abajo en la calle, que se ofrece a volver desde el centro; pero se nos ocurre que lo mejor es llamar a nuestra hija que dispone de juego de llaves y que vive en Pedregalejo. Bastante más cerca de la casa. Y eso hacemos.

Yo, que me pongo nervioso, pues las ganar de mear ya se tornan pelín inoportunas, toso y planteo estrategia y mi mirada se posa en un macetón con una palmera que adorna el rellano (de mi propiedad todo hay que decirlo) y que llevo criando desde hace años. La palmera, que se lo huele, me mira con ojos de gatito de Shrek.

A los quince minutos, llega mi hija y puedo ya bajar (tosiendo) desde el rellano de la azotea, muy derecho y digno –por si alguien me ve–  meándome horrores y me meto en la casa corriendo por el pasillo en dirección al cuarto de baño oyendo desde arriba el suspiro de la palmera aliviada que no pasaba tanto miedo desde que tuvo un affaire con un escarabajo picudo rojo.

Y dirán ustedes… Esto es una trola del Father que todo se lo inventa. Pues no! He aquí las dos pruebas:

Una imagen en la zona Norte

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Y otra en la zona Sur.

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Lo que yo te diga!!
En Málaga. Circa 2016

***

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