En mi adolescencia, en mi pandilla del El Escalón, (quien no ha tenido una pandilla llamada así, o la escalera…o la escalerilla…) mis amigos Yeyo y Eduardo, siempre andaban en las manos con un ejemplar de tiras de Mafalda.
De hecho, Yeyo llegaba a ser mas que contumaz, pues leía en voz alta cada una de estas tiras y todos lo celebrábamos entre risotadas. Magnifico Manolito. El hijo de Don Manolo, el propietario del almacén, sin duda, mi favorito.
Mafalda…Susanita…Felipe…Guille… Y también, geniales, las caras que se le ponían a los padres de la protagonista con sus ocurrencias o sus preguntas.
Puede decirse pues, que Mafalda contribuyó no solo a hacer mas feliz esa época de mi vida, sino también, a hacerla muchísimo mas divertida. Y, que duda cabe, a contribuir a desarrollar mi propio ingenio.
Como muchas otras cosas entrañables, se acabaron perdiendo con el tiempo. Pero como todo vuelve, que diría el poeta Centeno, aquí recupero la obra de Quino, en un trabajo llamado Todo Mafalda.
Amiga íntima. Afable y divertida. Buena amiga. De las que siempre están ahí. Siempre. Más aún en los malos momentos. Y ahí se nota. Generosa y desinteresada. Graciosa, ocurrente y jovial. Amena y cachonda. Muy cachonda. Sexy y guapa. Muy sexy. Provocadora y provocativa. Amiga, buena amiga. ¿Lo he dicho ya? Una gran anfitriona y cocinera, aunque use demasiado el artilugio. Y no digo cual. Sensible y compasiva. Honesta. Buena compañera. Chillona. Justa y honrada. Procaz. Insolente y buena amiga, otra vez. Atractiva y lenguaraz. Oportuna y perfecta en el trato. En el trato cercano. Verderona. Y clara. Y humana. Lo malo es que cuando te mira a los ojos te desarma. Y si se ríe, te vuelve a desarmar a golpes de mirada. Con unos labios que son adoquines de miel. Crápula de la noche. Señora por el día. Si fuera un combinado sería una Hendricks con Fever Tree.Y una rodaja de pepino. Una delicia que se saborea a sorbos lentos, disfrutando la velada. Todo esto es Titi. Y para que conste, que se sepa que todo esto lo escribo de día y sereno, en plenitud de facultades. Para que no me critique.
Porque ya lo sabéis. Por activa y por pasiva. Titi: Es una gran amiga. ¿Lo he dicho alguna vez?
Esencialmente eso era mi hermano Jose Luis López-Harras. Una buena persona.
Y ahora, se ha ido para siempre. Con una lentitud irreflexiva y exasperante. Se lo ha pensado demasiado, muy mucho, a pesar de las consecuencias que le acarrearía esa demora.
Y no quería irse porque amaba demasiado la vida. Una vida que, en algunos momentos agridulce, siempre disfrutó con una vehemencia inconsciente.
Formaba parte Jose Luis –por derecho propio- de nuestra familia. Familia Souvirón.. Adoraba a mis padres, nos adoraba a todos tal si como fuesemos suyos propios. Nosotros a el..
Siempre, y digo lo de lo de siempre con intención, fue uno de mis hermanos mayores. Nunca dejó de serlo a pesar de los avatares de la vida, que también los hubo. Que remedio!
Y participaba en esta familia, continúo, de una manera entrañable y cercana. Del que se sabe perteneciente y aceptado en ella sin ningún atisbo de duda. Como así , felizmente, sucedía.
Nunca entendí mi vida sin Jose Luis. Desde siempre estuvo conmigo. No creo recordar momentos importantes de mi existencia sin el.
En las fiestas familiares, cuando Tío Matías, acompañado a la guitarra, cantaba verdiales, siempre le seguía Jose Luis; y en su voz , El Piyayo: Sotas, Caballos y Reyes… Siempre. Invariable e indefectiblemente.
Jose Luis, fue mi mentor. Sin la menor duda.
Trató infructuosamente de inculcarme sus aficiones, pues no las continué. ¿Infructuosamente he dicho? Me parece que me he precipitado…
Pescamos los robalos en Estepona viendo salir el sol en la playa. Desayunamos migas en Córdoba mientras esperábamos al enorme cochino- jabalí que nunca aparecía- detrás de un seto en un puesto de caza. Un anís de Cazalla horrible e imposible.
Disparábamos a los zorzales en los Montes de Málaga, para después, bajar y tomarnos un chorizo y un refresco en la Fuente de la Reina.
Tantas cosas me enseñó. Tantas cosas que no arraigaron en mí, porque , que, ya te digo, no continué.
Ni la caza, ni la pesca, ni la cofradía…
Pero, como he dicho antes, no fueron estos intentos infructuosos, porque de estos entrañables pasajes de mi vida, saqué un importantísimo rédito. Me quedé con la copla. Y de que manera!
Me quedé con la copla de cómo, en esencia, era Jose Luis. Jose Luis López-Harras. Un perfecto caballero. Marqués de Macharaviaya en su Almoradú..
Y me quedé con la copla del ejemplo de su cariño y de su bonhomía. La que el, con su comportamiento, me inculcó. Y eso, eso si que lo asumí. Y también, para seguir la tradición, trato de pasárselo a mis hijos. Mis hijos que tanto le querían. Entrañablemente.
Una buena persona.
Era Jose Luis un enamorado de su tierra. De España, de Málaga y de su gente. Adoraba pasear –impecablemente vestido, como siempre, por las calles del centro , preferiblemente por Calle Larios, para en un interminable cabeceo y besamanos, saludar a todos los que conocía. Que eran incontables. Café Cosmopolita.
Siempre deseó ser más mayor de lo que era, para sumar más prestancia, – si cabe- a su aspecto y parecerse a su adorado Tío Manolo.
Fue un hombre decimonónico. Partidario absoluto de las buenas formas y maneras. Del respeto. Coleccionista de amigos; a los que siempre se refería con nombre y apellidos. Con los dos.
Era un portento para hilar familias con familias; para conformar, un parentesco gigantesco (aunque no lo hubiese) entre todos los amigos que le rodeaban. En una nostálgica Málaga, ya desaparecida, donde casi todos nos conocíamos y que ya se nos escapa de las manos. Desafortunadamente.
Y ahora se ha ido. Se ha ido a pesar de la insistencia de los que le queríamos y que demandábamos a no se quien, (el si) que retrasase la partida. A pesar de.
Pidió a su hija Mónica que en el momento de su transformación en humo, le acompañase una vieja y apergaminada bandera de España que conservaba desde hace no se cuanto tiempo. Así se hizo. Genio y figura hasta la sepultura.
Ya no volveremos, querido hermano de armas, a saltar en la cama elástica de Madamme Pirrote bajo la mirada atenta de Carlete y Marisa y de tu principal amor. De tu fiera corrupia (como ayer me comentaba Rafael Rodrigo entre risas y lágrimas.)
Ya no volveremos a pisar ninguna playa en busca de la presa deseada, amigo. Tampoco haremos ningún periplo por lo pueblos con tu sempiterno Range Rover verde delante provocando interminables caravanas. El carro de la canne.
No te volveré a imitar a los mayordomos de trono sevillanos para que llores de risa. Tampoco a Gracita Morales. No te cantaré nunca más. Y tu, tu tampoco, volverás a enseñar a pescar con mosca a mi hijo en el río de los cocodrilos. ¿Te acuerdas?.
Ya no podré regalarte la pulsera de pelo de elefante prometida. No me has dado tiempo.
Porque ya, descansado por fin, estarás paseando como a ti te gustaba, tocado de sombrero y bastón. Con esa sonrisa cortés y perenne y dirigiéndote a La Nueva Cosmopolita a tomarte un café sentado en la terraza para, sin parar, seguir saludando a los caballeros. Cabeceando a las damas.
Aunque insisto. Has comenzado demasiado pronto tu largo viaje sin retorno. Pero siempre, amigo, querido amigo, seguiremos siendo compañeros de armas. Brothers in Arms. Forever…
No, no creáis que es la marca de un limpiador de plata. Aunque pensándolo bien, si que pudiera haberlo sido. Y, pensándolo aún mejor, eso es lo ella fue. Una bruñidora familiar incansable. Cercana y afectuosa.
Vigilante tenaz. Perfecta subalterna de la principal. Siempre dispuesta, aunque un tanto irritable. Un trozo de bizcocho empapado en pena y dolor asumido. En interminable constancia.
Incongruente con los sentimientos lógicos del rencor y la animadversión. Hacia aquellos que le quitaron la única oportunidad que le brindó la vida de prolongar la de ella misma. De una fidelidad absurda e irracional hacia los que la privaron de esa suerte exclusiva que tanto envidió al contemplarla -en su propia casa- diariamente.
Nunca entendí a Titalín ¿O si?
Presencia perenne hasta el final. Hasta que su razón hizo mutis por el foro silenciosa y calladamente. Ya nunca volvería a vigilarme por la rendija de la puerta entreabierta. O entrecerrada.
Titalín. No, no creáis que es la marca de un limpiador de plata. Aunque pensándolo bien, si que pudiera haberlo sido.
# 01
POEMA PARA UNA MUJER QUE QUIERE
Triste,
Tal vez con gesto acabado
Pero con fuerza en su cuerpo.
Enferma de franquismo y de una historia
De una España que nació mientras dormía
Quizás un poco standard de su mundo
Un poco música vibrando entre su espacio
Residuos de una época enterrada
Convencional, tradicional, conformista.
Una mujer que quiere, enamorada
De unos sueños que rompieron su esperanza
Bostezando en una tierra “pervertida”
Llorando en un mar de fuerza expirada
Latiendo en un corazón que habita en nuestros cuerpos
Derrochadora de amor de sus casi hijos
Nostalgia de una tierra en que vivió
De una tierra que supo abrirse
Para dar a luz a un cuerpo ilusionado
Típica mujer estrechamente atada
A un”fascismo” que “libró” a su país.
Sentada siempre en un rincón
De espaldas a la luz, al mundo
Por no ver el excremento de una tierra;
Sensible mujer que llora por cualquiera
Que ama lo bueno que perfuma al mundo
Mujer que llora con la muerte
Mujer que odia el llamado terrorismo
Mujer que cree pasar entre silencios
Pero que sabe gritar y hacerse eco,
Que vive en el corazón de nuestros cuerpos
Y en fin
Es este, un poema para una mujer que quiere.
# 02
Siento vacía mi almohada
Faltan partes de mis sueños
Siento que no queda nada
Siento tristeza en la cama
Siento que soy más pequeño
Siento que tu olor no es mío
Ya no siento tu calor
Y mi cuarto está vacío
Siento cada vez mas frío
En el que fue tu rincón
Está la mesa más vieja
Ya no me quedan poemas
Solo me quedan las quejas
Y cuando la noche empieza
Todo mi cuerpo se quema
Ya ves que no tengo luz
Desde que no estas aquí
Desde que te fuiste tú
Ni el mismo cielo es azul
Dime que te queda a ti
# 03
Tienes que saber,
Que una sonrisa tuya puede hacer
Cambiar lo noche por madrugada
Hacer mas corta una hora larga
Hacer presente aquel lugar
Tienes que saber,
Que una sonrisa tuya puede hacer
Que nuestras flores que están marchitas
Dormidas en palabras escritas
Vuelvan de nuevo a nacer
Tú haces la noche mas clara
Tú haces la nieve más blanca
Tu haces que el río que se estanca
Vuelva a correr y no pare.
Tu haces que en todas mis noches
Vuelva a verte en mi almohada
Tú haces la espiga del viento
Tu haces el todo del nada
Por eso
Tienes que saber,
Que una sonrisa tuya puede hacer
Que en mis noches ya no llore.
# 04
… Y sigue eternamente el silencio
Aunque preguntes mil veces,
Aquí y allá
Ya te han dicho lo que eres
Y a quien tienes que creer
Y a quien no
Ya te han dicho quien es bueno y quien es malo
… Mucho antes de nacer.
Yo viviré cinco minutos mas que tu.
# 05
Tú sabes amor?
Tú sabes que te quiero cuando nadie te quiere?
Cuando estás a punto de estallar,
Cuando tus lagrimas son mas osadas que tu orgullo
Cuando sientes tu alma agobiada
Cuando no hay salida,
Cuando es el final de algo que tu crees que no ha tenido principio
Fue la de hace unas noches una velada preciosa. Y entrañable.
Y fue entrañable porque se daban todas las circunstancias favorables para que resultase así.
Solo cinco amigos alrededor de una mesa en casa -ya lo he indicado alguna vez- de la mujer que considero mi mejor amiga: Titi. Mi querida Titi.
Y compartíamos esa mesa Santa, Titi y yo, con dos amigos con los que llevábamos tiempos sin habituarnos “In personam” : Eduardo Guille y su pareja: Beatriz Taillefer.
Velada con banda sonora de banjo, guitarra acústica y armónicas de fondo.
Pero vamos a lo que vamos:
Este post está redactado con la intención de hablar del trabajo artistico de ella. De Beatriz Taillefer. De Bea.
No nos veíamos con Bea desde las lejanas e interminables noches de humo, tapete verde y risas, en casa tambien, de la misma anfitriona. Tiempos, de los que anoche, nos acordábamos con mucho cariño.
Hablábamos acerca del Power Point que, hacía algunos meses, le habia realizado a Eduardo con parte de su trabajo. Con sus pinturas.
Trabajo este, que está alojado en este blog. Aquí:
Le comenté a Bea -como quien no quiere la cosa- mi deseo y la ilusión que me haría, el poder hacer un trabajo similar con su obra. Por si caía la breva.
Y vaya que si cayó. Inmediata y felizmente.
No solo me dió le venia, Sino que además, y para mi sorpresa, en un arrebato de generosidad, me dijo que le encantaría. No solo me daba su consentimiento, sino que además me dijo que le encantaría! No se puede pedir más.
Beatriz Taìllefer es una magnifica y excepcional pintora. Con una sensibilidad extraordinaria y un talento innato para reflejar en sus pinturas la expresion y la personalidad de sus retratados. Para las acuarelas, para los paisajes. Asilah. Mi querida Asilah.
Me comentaba Eduardo, lo buena que era como artista, y la dificultad añadida del retrato a la acuarela; trabajo que no permitia la correccion como en los óleos o en los acrílicos.
Porque en esa técnica -me decía- cualquier fallo implicaba un volver a empezar.
He contemplado los retratos que configuran esta presentación, una y otra vez. No me canso de hacerlo. Y por eso le estoy tan tremendamente agradecido a Bea, por permitirme entrar en su obra a través de sus propios ojos. A entrar en su mundo. Con la venia. Con su permiso.
Un inciso:
He deslizado, en esta preciosa recopilación, un retrato que le hizo, a ella, el propio Eduardo. Porque he querido. Así, sin más.
Sigo…
Cuando trato de hacer una presentacion en Power Point, sigo un protocolo prefijado:
Elijo con cuidado las imágenes, las inserto en el proyecto, elijo las trancisiones, la máscara y los tiempos, y después, por fin, la música. Una vez hecho todo esto, -en modo prueba- observo el final y quitando algunas imágenes o alargando los tiempos de exposición, las sincronizo para que el final sea el deseado.
Esta vez, no ha sido problema alguno la eleccion de las pinturas. Porque solo he tenido – por la falta de tiempo que me obliga la presentación – desechar un solo retrato; y ha sido por cuestiones meramente tecnicas. Esta vez no ha resultado un problema el elegir.
Lo que si hubiese sido un problema enorme es haber decidido cual eliminar.
Pero este trabajo me ha resultado un mucho (iba a decir un poco) más laborioso de lo acostumbrado
Porque lo he hecho todo al revés. Porque me impuse que todo debería de ir alrededor de una música que revoloteaba en mi cabeza y que estaba en algún lugar de mi discoteca particular.. No al reves, como era costumbre. Primero el trabajo, después la música.
Tenia que ser, sin ninguna duda, esa la música. No otra , Y voto a bríos que busqué incansablemente para dar con otra también apropiada. Pero cuando dí con ella, me dije…Esta es Bea!
La música que elijo, siempre debe de reflejar, en mi mente, la imagen de la persona sobre la cual gira el trabajo que estoy realizando. Y cuando dí con esta. Lo supe. Debía de ser esta. No otra.
Era la perfecta para acompañar, de la mano, los trabajos de Bea. De Bea Taillefer.
Y en base a la elegida, debía pués girar la realizacion posterior.
Pero tuve la suerte enorme de que, ajustando un poquillo por aquí y un poquillo por allá, quedase el producto final acompasado. Como yo quería. Como yo lo veía.
Y cuando por fin lo terminé, el resultado fue precioso. Porque los retratos de Bea- de ahí el nombre de la presentación -Portraits- son de una belleza tan extraordinaria que no tengo que, sino conmoverme cuando – sin cansarme- los veo una y otra vez. Una y otra vez.
Y por eso, después de todo, me ha salido uno de los trabajos mas bonitos que he hecho nunca.
Por ello, brindo -como hace unas noches- con un gin tonic de Hendrik’s con una rodaja de pepino holandés. Aunque sea de Mercadona. 😉
Si quereis ver esta presentacion, podeis hacerlo, bajándola desde aquí.
Después de haber leído todo los textos proporcionados por Luis, me doy cuenta que hay una cierta reiteración en diversos temas.
Esta insistencia: el mar y sus olas. La arena. Las almohadas vacías, las llegadas del amor y sus posteriores partidas…todo configura y moldea un universo adolescente donde las hormonas guían la mano del escritor y le hacen caer en estas repeticiones, que no son otra cosa que una sinopsis de experiencias vitales.
El escriba, tiene mucho cuidado en no permitir eco alguno en su selección.
Mas tarde la empecinación playera desaparece. Y entonces nos encontramos a un Luis Centeno más maduro y más sutil y embriagador- perdóneseme la mariconada- en sus textos y en sus mensajes poéticos.
Pero volvamos a los escritos de su juventud.
Hay -para mí, que lo conozco bien- dos circunstancias que son muy íntimas y especiales para el poeta.
Esas son: Su casa del Camino Suárez y la falta, muy temprana, de su padre.
La casa por dos motivos especiales -a lo mejor, me estoy metiendo en vericuetos que no me incumben- pero me da igual, son los peligros que deben de asumir los autores al otorgar la potestad al escriba.
La casa, digo, por dos motivos: por la feliz niñez pasada en ella y porque en ella la familia estaba completa. Todos juntos.
Y su padre. Porque, sin tan siquiera consultarle, tomó el camino sin vuelta demasiado pronto y le dejó desprovisto de cuentos. Sin historias de soldados.
Este relato que ahora viene, combina los dos motivos, que yo intuyo, en la obra temprana de Luis..
Es una narración conmovedora (que ganó un certamen literario) cuyos originales conservamos tanto el autor, como su hermano mayor y el escriba que suscribe.
El citado hermano -Josemaría- me dio la idea de no solo transcribir el texto sino de, además, adornarlo con las imágenes del original escaneadas.
Me pareció una estupenda idea. Pero… porque decorar en exceso lo que no lo necesita? Me dije.
Así que esta cuarta entrega no es tan laboriosa para el escriba. Solo escribo este prolegómeno e inserto los originales del relato para que se puedan leer tal cual se escribieron. Adornados, eso si, con un revestimiento de años pasados en las catacumbas, que embellece y da color al trabajo.
También –si te fijas y te acercas a la pantalla- puedes llegar a oler el papel. No te creas que es mentira.
Un trabajo salido de los tuétanos del autor. A golpe de lágrimas, añoranza y pena por su madre desolada.
Así, como quien no quiere la cosa, va –y sin pedirme permiso- se hace mayor. Hablo de mi blog. http://fathergorgonzola.com
Va este, y se pone en más de doscientas cincuenta mil visitas en menos de un año y medio.
Así, como quien no quiere la cosa.
Un blog que nació con la idea de insertar en el, información guardada en un rincón olvidado del disco duro de mi ordenador. Con la idea de compartirla.
Mis apuntes de inglés….acordes y letras para guitarra….información de la ciudad que mas me interviene el alma: New York City… Todo conformaría el recién creado blog.
Hice un apartado para mis relatos de humor. Me preocupé de aprender a crear presentaciones en Power Point para adornar con imágenes y música la palabra escrita.
Mis amigos artistas, tuvieron la enorme generosidad de proporcionarme sus trabajos.
Poetas, Fotógrafos, Dibujantes y Pintores, a todos, a su obra, los confiné en un nuevo apartado llamado Ateneo’s (Alas con Secuencias). Escultores y diseñadores amigos, esperan turno.
Un cuarto kilo. Quien me lo iba a decir. Así, como quien no quiere la cosa.
Pero… de bien nacido es ser agradecido. Y a ello voy. A dar las gracias:
Gracias a guiadenuevayork por tener la deferencia de incluir, esporádicamente, posts míos en su página de Facebook. Un honor y un privilegio.
Gracias a dos amigos: Roy Batty y Fincher. El primero por dejarme entrar en su universo particular neoyorquino a través de su Flickr. Y al segundo, al guiero, por razones obvias que no son otras que su inmensa generosidad al permitirme incluir su Guía Virtual y sus Rutas por la ciudad en este blog, al igual que lo ha hecho en otros sitios de enorme prestigio en la red. Pepalr de Cádiz.
Gracias a Antonio Abril por dejar en mis manos sus dibujos y darme el permiso de hacer y deshacer.
A mi querido Miguel Ángel Cumpian que no solo ha dado origen a las Crónicas Cumpianas y que a la postre se han transformado en el susodicho Ateneo’s, sino que además, me ha proporcionado un trabajo que si que es vocacional. El ser Escriba. El Escriba del Pelúo.
A Eduardo Guille por sus fotos y a Luis Centeno por sus preciosos poemas.
También Ángel Céspedes y Andrés Tomé por ser proveedores, magnificos proveedores de informacion. Ratas de biblioteca virtuales.
Todos vosotros y todos los que se me olvidan (Pido perdón por ello) son los que hacéis que cada día siga ideando cosas para colgar en mi blog. Y gracias a esa circunstancia, va creciendo el jodido. Progresando adecuadamente.
Porque todos vosotros, sois los responsables de que tenga que dar más de doscientas cincuenta mil veces las gracias. Una inabarcable tarea. Una hermosa, preciosa e inabarcable tarea.
Siempre envidié someramente a la Familia Centeno. Siempre.
Por la unión, por la interrelación de todos sus componente. Piña familiar que se dice.
Quizás de ahí, el empeño por formar parte de ella. Como si fuese, una especie de subfamilia que te aporta afectos complementarios a los reportados por la tuya propia.
No fue difícil integrarme en ella. Para sentirme uno de ellos era preciso no solo la condición de habituabilidad. No! No bastaba. Había que hacerse notar drásticamente y para llegar a esa circunstancia hube de – por ejemplo- quemarles el dormitorio de los barones de la casa.
Observará, horrorizado el lector, el empleo adrede de la letra B en vez de la V en la definición de los Señoritos- Barones de la casa. Insisto es empleo adrede. Y lo de señoritos, también. Que le pregunten a Nutria.
Sigo que me pierdo.
Tuve que, decía , no solo quemar parte del dormitorio del poeta y de sus hermanos, (no hubiese bastado) sino que además tuve que -en un perfecto y estudiado “ Crack”- quebrarles en dos, justo por la mitad, un sofá recién adquirido por cuya felonía me auto impuse un castigo consistente en bajar la basura (tres pisos a pie) durante un año. Que al final, por haberme encariñado con el cargo, alargué “motu proprio” durante algunos meses. A todo se acostumbra uno, oyes.
Me tomé tan en serio esta penitencia , que si algún día -raro el día que no estaba en la Casa Centeno como uno más-, tenia algún otro compromiso, una vez acabado este y fuese la hora que fuese, iba a la Plaza del Obispo, subía los tres pisos, entraba en la casa, daba las buenas noches, y sin entrar en el salón ni mediar palabra, entraba en la cocina y cogía la bolsa de basura para- una vez haber dicho otro lacónico buenas noches ni entrar en el salón- bajar los desperdicios por la escalera para depositarlos en el contenedor más próximo.
Mientras bajaba, oía las carcajadas de la familia cereal después de haber contemplado la surrealista escena. Pero yo seguía bajando las escaleras ufano y orgulloso. Con la satisfacción del trabajo bien hecho. Del deber cumplido. Mamarrashoss!
Ganarme el cariño de toda la familia Centeno, no fue difícil, tenia a mi lado a mi mas fiel y abnegada defensora. Alguien a quien sigo queriendo – y mucho- a pesar de la lejanía física y de que ya, no me invita a comer faves ofegades.
Podría definir- si pudiese definirse, al fin y al cabo- a Luis Centeno como poeta atormentado.
Poeta torturado, angustiado, agobiado, abrumado, dolido.
Podría definirlo también – si pudiese definirlo, al fin y al cabo- a Luis Centeno como poeta romántico.
También como poeta enamorado, tierno y apasionado.
Pero Luis lo que es… es un inconsciente. Y es un inconsciente porque cuando le interviene el tormento o el amor, los hace suyo de una forma tan desmesurada que eso se nota en sus escritos. Y mucho
Y estos sentimientos se cubren desde la primera línea con una pátina de tristeza y después, todo el texto. Y este sentimiento, nos llevará a la irreal idea de que estamos ante un ser desolado por el desamor.
Y una mierda pal poeta!
Luis es terriblemente divertido y ameno. Terriblemente divertido y ameno. ¿Lo he dicho ya?
Enamoradizo, eso si. Demasiado diría yo.
Y cuando se enamora –o se encariña, no seamos tampoco drásticos- lo hace con tal pasión, que aunque dure diez minutos (Lo sé. Conozco episodios de amor del poeta que le han durado diez minutos o su equivalente: tres chupitos) siempre tendrá motivos y argumentos para pasarlo a tinta de una forma admirablemente bella.
No ha sido en absoluto difícil escoger la música apropiada para que acompañe la palabra de esta y de las posteriores entregas. Poeta con poeta: Leonard Cohen. Face to face.
Sin embargo, las imágenes, si que me ha costado mucho trabajo elegirlas. Salvo la primera.
Hasta que he llegado a los grabados de mi admirado Gustave Doré. Y ahí si que lo he clavado. No sé si a el les gustará. Pero a su cuñado Juan Carlos –mi/nuestro mentor- estoy seguro que le encantaría.
PLAZA DEL OBISPO
# 01
Canción de despedida
Te queda mucho por andar
La meta no queda conmigo
Has de llegar hasta el final
No hagas posada en tu camino
Hay árboles igual que yo
Encontrarás tu compañero
El tiempo te madurará
Y te dará un nuevo Enero
Te mentiría si te digo
Que te he llegado a olvidar
He querido ser mendigo
Y me has pedido mi pan
No puedo más lluvia mía
Me tengo que marchar ya
Poco hemos andado juntos
Justo el tiempo para amar
Perdóname compañera
Se que esto no te hará mal
No te hará bien estos días
Pero mañana ya verás.
Verás que el sol es tu amigo
Y que la yerba de Abril
Perfumará tu vestido
Con flores de otro jardín
Verás que feliz te hacen
Las lluvias de todo el año
Y si estuvieras conmigo, amor
Esa lluvia te haría daño.
# 02
Solo me abruma la ansiedad perdida
Solo me calla el silencio eterno
Siento en mis mejillas el frío del invierno
Y la amarga boca de la hiel bebida
Solo me entristece el silencio eterno
Solo me entristece la ansiedad perdida.
# 03
Tengo que esperar eternamente tu mirada?
Tu despectivo amor y arrogancia?
Tu “No me importas nada”
Tu “No te quiero”
Tú soberbia irreductible
Tu desprecio?
Tu sinrazón de no querer lo que has querido
Prefieres apartar de tu conciencia
Tu soledad, tu falsedad y tu insistencia?
Tu pertinaz sonrisa, tu indiferencia
Del que has querido matar
Y solo has herido?
No doy nada por perdido
Pero perderte a ti, es indiferente
Prefiero perderme por la vida,
Que encontrarme contigo
Frente a frente.
# 04
A mi amigo Alvarito, a las 02.00 A.M.
– 11 de Marzo de 2010-
Te veré, amigo mío, en este día; y te daré mi mirada y mi sonrisa, te daré un vacío de cuerdas de guitarra, una caja obsoleta, un nada eterno.
¿Pero que quieres que diga? me parece tierno, entregar en un momento nuestra vida; la que le diste a aquél, y él hizo el giro, para volver a ti lo que era nuestro.
Simplemente, las cosas vuelven a la vida, de quien hizo de la vida nuestra suerte. Vuelve a hacer sonar la cuerda inexistente, a recobrar la melodía mas querida.
En el bar que a nuestros hijos no les arriendo, lleno de putas, aluminio y silencios, te mando, estas lágrimas sencillas, envueltas en palabras sin sentido…
… No te preocupes, no me he ido. Porque sigo cogido de la mano, de quien me dio un enorme abrazo adolescente, y prometió, eternamente, ser mi hermano.
No es difícil hacer una glosa o un panegírico acerca del trabajo de una persona cercana. De su obra. Vaya si es fácil según que casos.
Sobre todo si esa persona sobre la que escribes, no es otra que tu mejor amigo. Desde la adolescencia. De pocas personas, puedo decir la fecha desde la cual nos conocemos. De Luis si: nos conocemos desde el mes de Agosto de 1.974. Alhama de Granada.
Hace ya 36 años.
Luis Centeno es un hombre polifacético en esto de las artes. Es actor de teatro y televisión. Me encanta ir por la calle con el y hacerme pasar por su representante. ¿Te acuerdas Luis?
Es un gran guitarrista y compositor. Es un enorme y sensibilísimo cantante con una magnifica y personal voz. Y también, y lo mejor… es un entrañable poeta. Sobretodo, es un entrañable poeta.
Llevo muchísimo tiempo detrás de que Luis, mi irrepetible e inevitable amigo, (Como el dice: Tu y yo somos inevitables el uno para el otro Alvarito)) para que me deje echarle un vistazo a su obra poética que yacía en una tumba de cartón y polvo soportando varios cambios de domicilio.
No significa esto, que no haya seguido escribiendo –que lo ha hecho- significa que su obra mas antigua estaba olvidada en el ángulo oscuro del salón. Como el jodido arpa del Gustavo Adolfo.
Una de las características con que mi amigo Luis adorna y describe mi existencia es con la inmediatibilidad (sic). Si algo, creo yo que debiera de hacerse, ha de hacerse de inmediato. No vayan a pasarse las ganas o la ilusión. Inmediatibilidad, ya te digo.
Así que cuando me dije de hacer una selección de poemas de Luis, con la ayuda de mi compinche José María Centeno- hermano del poeta que es- logramos convencer a este para que exhumara los viejos escritos, los pusiese junto a otros de nueva creación y que, pasando del pudor que le intervenía, me hiciese entrega del legajo de marras.
No sin el recelo y la mirada aviesa de sus hermanas que llevaban años tratando de recopilar su obra para ordenarla, encuadernarla- y si fuese oportuno- editarla.
¡Pero que se jodan! Fueran tenío cuidiao.
Luis me dice….No pueden estar en mejores manos que la tuyas, Alvarito. Y nos tomamos otro chupito; brindando. Le prometo también que toda publicación por mi parte, le será remitida previamente para su visado y su conformidad.
Empezamos bien, ya esta primera no se la mando. Aunque también, es verdad, que le arranqué en el ultimo momento de la noche, la potestad del escriba.
No pueden estar en mejores manos que las tuyas, Alvarito, repite. Esperemos que no se arrepienta de sus palabras.
Tengo por costumbre, efectuar entregas literarias en tramos de 12 poemas. Esta vez no lo hago así. Esta vez lo haré sin ninguna estructura preconcebida ni jerarquía temporal.
Lo haré –como dice otro amigo poeta- como me salga de los cojones. Y así se hará.
Leed atentamente estas letras. Con el corazón. Leed atentamente estas letras, pues a veces, son tristes y a veces apasionadas. Siempre bellas y salidas de los despojos del amor. De la soledad, del desengaño.
Leed atentamente, pero con cuidado. Corréis el peligro de caer a mil besos de profundidad. A Thousand kisses deep.