NO FORNICARÁS A TU PADRE NI A TU MADRE

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NO FORNICARÁS A TU PADRE NI A TU MADRE.

– ¿Cual es el sexto mandamiento?
– no fornicarás a tu padre ni a tu madre.
( Asno Anónimo)

 

Esta era una de las miles de barbaridades que el Catedrático malagueño Luis Díez Jiménez recopiló en su libro “Antología del Disparate” publicado en 1971. A este le siguió una segunda parte; y más tarde -ya en la época de B.U.P.- una “Nueva Antología del Disparate”. Estas antologías fueron -y son- unos de los libros más vendidos en España; por hilarantes, y divertidos; por contener unas respuestas que – en su mayoría -brillan por su despropósito y por la enorme burrada  e ignorancia que representan.

Yo, aún guardo, como oro en paño, un ejemplar de ese primer libro que tanto me hizo reír -y tanto disfruté- en mi época de estudiante del antiguo Bachillerato; aquel Bachillerato franquista de las Reválidas de Cuarto y Sexto Curso en el que tanto -afortunadamente y por cojones- aprendimos.

Hace ya algún tiempo, volví a releerme (así como a vistazos) la última entrega, la llamada “Nueva Antología del Disparate”. Y eso, además de volver a producirme ese gratificante lagrimeo que es la risa incontrolable, me ha llevado, miren Uds. por donde, a una reflexión…

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La reflexión que me hago, es ciertamente penosa. Condimentada con una cierta desazón y un mucho de inquietud. Me pregunto si estos libros, hoy día, le harían la misma gracia a los actuales estudiantes de E.S.O. ( que ya el nombre se las trae y vaticina lo que proporciona) y si algunos, muy muchos de los improbables lectores, no le encontrarán la gracia, sumido como están, en la más ignominiosa y deshonrosa incultura. Esperemos que haya de todo.

Ahora -y cómo aperitivo- os pongo una retahíla de estas respuestas. No se vaya a creer el lector, que he hecho una relación muy selectiva de todo el libro. Este florilegio que ahora viene, ha sido sacado de las cuatro o cinco primeras páginas. Más que nada para que sirva de aperitivo al libro completo -que en formato pdf- inserto al final de esta entrada; para el que así lo quiera, lo imprima, lo lea en su ordenador o se lo lleve a su e-Reader con él mismo y sus circunstancias (Federico de Quevedo)

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Lo aconsejo encarecidamente; yo lo llevo guardado en mi Kindle, y alguna que otra veZ -como ya he dicho antes- cuando voy a reanudar la lectura de turno, me leo algunas páginas de la “Antología” para airear la mente. Muchas son las veces que me cuesta dejarla; porque no hay nada mejor y más sano que la risa a boca abierta; la risotada espontánea y natural. El calambre indeseado en el costado debido el esfuerzo. Reíros con este libro; os lo aconsejo muy encarecidamente, por eso de que las endorfinas, que por cierto, no son las habitantes del “Endorfo Pérsico”.

LOS EJEMPLOS

• Jesús se encarnó en María y todos debemos imitarlo.
• Los comunistas creen que Dios es su trabajo, y los capitalistas que es su dinero, pero ambos están «herrados».
• ¿Cómo se llama el cuarzo rojo? Santiago de Compostela.
• La Santateresa: En el acto sexual el macho no puede entusiasmarse pues la hembra se lo come.
• Los pulgones: Les encanta la leche de las hormigas.
• Bécquer: Vivió poco pues era un poeta muy delicado. Es un poeta de miedo, como en el Miserere.
• Entonces Jesucristo le dijo a Pedro: «¡Ven acá pa ca!»
• Los egipcios: Eran un pueblo muy templario. Entre sus obras destacaba la corte del Faraón.

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• El «Homo habilis» camina ya sobre dos patas, como nosotros.
• Después del hombre de Cromañón vino el de Garibaldi.
• En el Paleolítico el hombre no piensa porque era prácticamente un verdadero animal.
• «Zaracusta» era un gran Dios árbitro de las peleas del bueno y del mal genio.
• Algunos monjes, los mejores, hacían cosas al obispo.
• Santa Teresa aunque era ignorante escribe en castellano corriente no melindroso.
• Al presidente del Gobierno no se le debe violar.
• En Rusia hay pocas huelgas porque los trabajadores están satisfechos de no ir a un campo de concentración.
• El laboreo de la mina es durísimo todo el día picando y respirando grisú.
• En «Alian Poe» destaca «Ton Souyer», que es un poco infantil.
• Bécquer escribió «El rayo de luna» que era una bellísima doncella, que luego resultó ser un rayo de sol.
• El honor de la mujer se manchaba entonces por bien poco: por hablar con ella por una ventana había que matar al hablador.

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EL ARCHIVO:

Nueva antologia del disparate – Luis Diez Jimenez

Que lo disfrutéis!!

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LAS ZAPATILLAS Y LOS TORTAZOS.

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LAS ZAPATILLAS Y LOS TORTAZOS

“Zapatillazos de madre y tortazos de profesor,

no hieren, y a veces para el futuro, necesarios son”

Que a nadie, ni por sólo un segundo, se le pase por la cabeza que hago aquí apología de la violencia o de la agresión; a nadie, insisto, que  realizo defensa alguna del castigo corporal o de cualquier otra mala práctica educacional. Nada más lejos de esa intención. Pero  aquí, -y sean Uds. indulgentes en sus apreciaciones hacia mí- reivindico y justifico aquella azotaina rectificativa y correctora, e incluso, y así lo hago, del tortazo despeinante -no exento de inquina y puñetería- del profesor de turno aún más hastiado y aburrido que el propio alumno receptor del sopapo.

Y los zapatillazos de madre? Qué hay que decir de los perversos y dudosamente merecidos zapatillazos de madre?

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Recuerdo con inmenso cariño -fíjense Uds. que contrasentido y disparate-  esos diestros y certeros zapatillazos que mi madre -ante la vista gorda de mi padre- nos propinaba a mis hermanos y a mí, cuando a su juicio, éramos merecedores de ellos. Recuerdo un culo ruborizado y absolutamente encendido, no precisamente de vergüenza y pundonor. Más bien de hormigueo e insoportable escozor.

Decía yo, que mi padre delegaba siempre huidizamente, el castigo físico en las más “suaves y sutiles” manos femeninas de la administradora familiar; confiando, ilusamente éste, en una muy improbable benevolencia en la fuerza dispensada por la dadora y por la duración de la penitencia. Craso error. Disponía ésta, la señora madre, de suficientes aptitudes de eficiencia y energía  cómo para infligir la mortificación de manera muy competente y profesional. Capacidades estas adquiridas, todo sea dicho de paso, por la práctica, la experiencia  y la asiduidad.

 índiceA modo de inciso digo…

Qué parecerá que cuando hablo de tiempos pasados, lo hago con cierta añoranza y melancolía. Como comparándolos, a peor, con los actuales. Nada más lejos de la realidad o de mi pensamiento; sólo pongo cosas en su debido sitio. No sólo no añoro -sí que es verdad que los recuerdo con mucho cariño- los tiempos anteriores, sino que me congratulo de vivir estos actuales que me sobrevienen y acontecen. Adoro las nuevas tecnologías -este blog es el mejor ejemplo de ello- y me gustan, al contrario que a muchos, esas combinaciones bastardas y contrapuestas en el estilo de edificaciones modernas junto a edificios históricos (siempre que se respete y conserve el antiguo) por poner otro ejemplo. Lo actual conviviendo en amable armonía con lo pasado.

 Sigo…

Este post, tiene la finalidad de -salvo casos lastimosos- reivindicar, en tono sarcástico, la azotaina escarmentadora y el guantazo comedido. Aunque, recuerden por favor el primer párrafo de este escrito. Por favor, insisto muy mucho, les digo, porque hoy pasan cosas terribles e inaceptables.

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He sido un feliz niño, -y como consecuencia,  y dentro de lo razonable que me procuran estos tiempos miserables- un feliz adulto a pesar de mi holgado equipaje en zapatillazos y en tortazos. Mis nalgas recuerdan -con una mezcla de melancolía y tristeza- aquellas tandas de zapatillazos que mi madre me propinaba cuando -en mi niñez- sacaba los pies del plato o del tiesto; que eran ambos la parcela acotada y recomendable de las buenas costumbres.

Aquellas andanadas con las que mi madre intentaba inculcarme -por medio de aquel ancestral sistema didáctico tan usual en aquellos tiempos- las más elementales normas de urbanidad y de civismo. Sistema tan efectivo en la fijación del concepto y la pauta educativa, cómo en el aprendizaje del correcto comportamiento. Plás, plás, plás… Se acabó lo que se daba, Alvaristo; que ya vas listo. Y se iba tan pancha.

Tampoco puedo dejar en el lado oscuro del olvido a un dilecto profesor de los Maristas apodado “Pichi” que me propinó, con admirable profesionalidad, tales tundas que aún, si lo pienso con detenimiento, me pican las somantas que me propinó el muy taimado y ladino.

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Viene esto a que esos -hoy aborrecibles y reprobables- castigos corporales, ya sabéis: la azotaina y el tortazo, de ningún modo y manera, han afectado mi vida de forma perenne, dolorosa o lacerante. Para nada me han causado trauma infantil alguno por superar. Guardo el recuerdo amoroso de mi madre sin merma alguna, a pesar de la afición a la zapatilla, y guardo también un cariñoso recuerdo del asotanado Hermano Eugenio  -el apodado Pichi– a pesar de la leña y los meneos que me dispensó tan asidua cómo eficazmente; con una dedicación y entrega digna de encomio. La pertinaz y sutil ojeriza que se llama.

Así que no seamos mentecatos con el tontopolleo y el buen rollito imperante y dejemos aparte esa invención tan manida y mal entendida de lo políticamente correcto. Porque muchas veces, esa invención demoniza o enaltece sin ninguna coherencia ni medida. Yo, personalmente, los tortazos del “Pichi” y los zapatillazos de mi madre, los considero sin ninguna duda, métodos pedagógicos absolutamente asumibles -cómo mucho “heridas de guerra”; efectos colaterales de mi educación y formación y que, me repito, ningún daño me hicieron. Si acaso, lo inevitable de la picazón y el orgullo herido. Aunque, esto último, pensándolo bien, si que me dolía. Bastante.

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Mi querido amigo el poeta Miguel Ángel “Pelúo” Cumpián, me remite una breve y divertida reflexión que algo tiene que ver con todo esto y que ha dado pie a lo anteriormente escrito.

 Esta es:

 “Los amados y astutos malandrines.

Añorados bellacos.

La niñez y la invención de la memoria

La vejez y su puta madre.”

 

 

EL TIEMPO, ESA ENORME INJUSTICIA.

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 Entonces, y a la sazón, tras propinarle un palizón a mi hermano Paquito “El Castañuelas” y después -aprovechando la ausencia de mis padres- de darle con la fregona a mi hermana Amy en sus incipientes tetillas, me cogieron estos “In fraganti”, y  tras recibir una tunda de zapatillazos -por malandrín y por bellaco- vino el consiguiente llanto. Me quedé placenteramente dormido y desperté otra mañana de Domingo.

 Después de aquel sueño reparador y profundo -a la edad de siete años- abrí los ojos para ver qué pasaba.

 Aunque, inconscientemente, soy consciente de que todo eso fue un sueño. Un sueño.

El tiempo, esa enorme injusticia.

 M.A. Cumpián. Septiembre 2013.

 

P.D. Continúa el Pelúo: Esto es solo una prueba con mi maquina Olivetti eléctrica ET Compact 60 con cartucho de tinta Pelikán que la tenía olvidada y después de muchas manipulaciones, la he devuelto a su electrificada vida.

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