LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS

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(© Autora y posado de la fotografía Isabel Fillola)

Tiene la delicadeza y el gesto mi amiga, la artista plástica Isabel Fillola, de remitirme fotos realizadas por y sobre ella para ilustrar un precioso poema erótico del poeta nicaragüense Rubén Darío.

Es costumbre de esta serie sobre poesía sensual, que las imágenes sean protagonizadas por amigas mías. Isabel, por méritos obvios, repite y es algo que le agradezco enormemente. Es un placer aunar, en un mismo apartado, la  belleza corporal de la Fillola y la belleza verbal de Rubén Darío. No es fácil, pero cuando se consigue, el resultado es tan hermoso como lo podréis comprobar ahora mismo.

LA BAILARINA DE LOS PIES DESNUDOS

Iba, en un paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos…
Constelada de casos y de cosas…
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos…
¡Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!

Autor del poema: Rubén Darío

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(© Autora y posado de la fotografía Isabel Fillola)

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DORA Y EL INSECTO DE NERUDA

 

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© Dora Gálvez. Actriz.

DORA Y EL INSECTO DE NERUDA.

Tengo una historia unilateral de encandilamiento y fascinación por la actriz Dora Gálvez. Una historia propia y solitaria de admiración y de devoción.

Hace bastante tiempo, sin ella sospecharlo, caí en las redes de esta mujer que, hasta hace algunas horas, no sabía de mi existencia. Hace mucho tiempo ya,  sucumbí a su inapelable y fresca belleza. A una perfecta nariz que envidiaría la propia Cleopatra. A su cuerpo eternamente concupiscente y a su lascivia inconsciente e involuntaria; me rendí a su mirada felina y desgarradora. A toda ella.

Anoche, desde ese ángulo oscuro de la admiración más platónica e inalcanzable, me atreví (con un mucho de miedo a la negativa y al enfado) a proponerle –en un alarde de imprudencia– el que ilustrara uno de esos poemas eróticos que, de vez en cuando, cuelgo en este blog.

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© Fotografía: Ciska Marín. Modelo: Dora Gálvez. Actriz.

Una nómina de poemas de grandísimos y reconocidos poetas que se complementan visualmente con las aportaciones artísticas de amigas, que –sabiendo de mi (indemostrable) seriedad– me permiten ilustrar dichos poemas con fotografías sugerentes de cada una de ellas.

Anoche, entre avergonzado y atribulado, decía, protegido por ese telón intangible de buen cuero y terciopelo azul (como los del antiguo Cine Echegaray) que me proporciona la cercana distancia, me atreví a pedirle su colaboración gráfica para éste de Neruda que viene ahora y, sorpresivamente, accedió.

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© Fotografia: Medina Magro. Modelo: Dora Gálvez. Actriz.

Accedió para mi desconcierto y satisfacción; Dora se ilusionó con el proyecto. Y además, resultó ser una persona tremendamente cercana y afable; fácilmente tratable. Una mujer con una enorme proclividad a participar y que llega para quedarse ­–ya para siempre– en esta realidad virtual que es vuestro blog.

Así que Dora, me concede la licencia de disponer de sus fotos para insertarlas aquí. Y desde aquí también, le comunico mis más encendido agradecimiento. Mi perenne gratitud porque, por fin, he podido hablar con ella. Y eso, la simple y mínima conversación entablada –desde la debilidad que siento por Dora Gálvez, Actriz– para este admirador suyo, es muchísimo más que suficiente.

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© Dora Gálvez. Actriz.

Este es el poema:

EL INSECTO

De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo viaje.

Soy más pequeño que un insecto.

Voy por estas colinas,
son de color de avena,
tienen delgadas huellas
que sólo yo conozco,
centímetros quemados,
pálidas perspectivas.

Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
¡Oh qué musgo gigante!
¡ Y un cráter, una rosa
de fuego humedecido!

Por las piernas desciendo
hilando una espiral
o durmiendo en el viaje
y llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las cimas duras
de un claro continente.

Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos agudos,
lentos, peninsulares,
y de ellos el vacío
de la sábana blanca
caigo, buscando ciego
y hambriento tu contorno
de vasija quemante!

Autor del poema: Pablo Neruda

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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© Dora Gálvez. Actriz.

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CUANDO TE LEVANTABA LAS FALDAS PERFUMADAS

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© de la fotografía y modelo: Marta M.

CUANDO TE LEVANTABA LAS FALDAS PERFUMADAS

(Marta y Juan Ramón)

…..esa mezcla entre lo sensual y siempre con la casa a cuestas…“.

Marta, me señaló sin proponérselo, el camino sinuoso y torcido que transcurre desde la imposible redondez de su ombligo, hasta la caída –también imposible– de su vientre liso y ardiente. Ese que lleva al éxtasis inimaginable en la mente calenturienta del que escribe.
Marta, sin proponérselo supongo, me regaló lo intangible del tacto de la piel propia y la tierna e inalcanzable caricia que aplaca la carne de gallina incontrolada. Marta, en su más inabarcable crueldad, me puso en el sendero de lo imposible y yo, atribulado, desesperé hasta la muerte. Y por ello, aborrezco de la oportunidad perdida. Aborrezco también, de la enorme prepotencia (la de ella) que le proporciona su entrañable capacidad de atracción y poderío. Esa capacidad insoportable, que me corroe e incapacita. Esa capacidad que va de serie en su cuerpo y que, a mí, en su ausencia, me contempla.

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© de la fotografía y modelo: Marta M.

CUANDO TE LEVANTABA LAS FALDAS PERFUMADAS
Cuando te levantaba las faldas perfumadas
roja, como una rosa, tu cara era una risa;
tus ojos negros eran más negros y más blandos,
todo el aroma de tu cuerpo se encendía.

Y sobre la locura del instante del estío
te cegaba los ojos tu cabellera tibia.
Un mohín de fastidio replegaba tu labio
y mostrabas tus dientes de luminosa china…

Nunca el reproche tuvo tibieza ni amargura,
te dabas toda porque sí, porque querías,
y las rosas quemadas de tu jardín con sol
ornaban con fragancia de oro tu fatiga.

Autor del poema: Juan Ramón Jiménez

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© de la fotografía y modelo: Marta M.

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CÚBREME, AMOR, EL CIELO DE LA BOCA…

 

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© Fotografía Celia Mondéjar. Modelo: Elena De Cara; actriz.

“Si la pasión, si la locura, no pasaran alguna vez por las almas…
¿Qué valdría la vida?”
Jacinto Benavente

CÚBREME, AMOR, EL CIELO DE LA BOCA…

Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!

Autor del poema: Rafael Alberti

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© Fotografía Mygue Tomé. Modelo: Elena De Cara; actriz.

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Y DICE JUAN GELMAN…

12170244_10205331974955862_1697399719_n© Fotografía y posado: María Celeste Barba

“Oración”

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar…
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.
Con esta sed quemándome.
La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

 Juan Gelman (Buenos Aires,  1930 – 2014)

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12092698_10207491936355092_349359334_n © Fotografía y posado: María Celeste Barba

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Y DICE VALLEJO…

Celeste 2© Fotografía y posado: María Celeste Barba

Y DICE VALLEJO…

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el íjar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.

Oh, Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh, estruendo mudo.

¡Odumodneurtse!

CÉSAR VALLEJO / De Trilce.

12092654_10207491938115136_90758084_n© Fotografía y posado: María Celeste Barba

Y DICE CORTÁZAR…

celeste© Fotografía y posado: María Celeste Barba

Y DICE CORTÁZAR…

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
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Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Julio Cortázar.

1385878_10202039059556580_1112945143_n© Fotografía y posado: María Celeste Barba

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