LOS PELAPATATAS, LA CÓNSULA Y LAS GAMBAS DE HUELVA

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LOS PELAPATATAS, LA CÓNSULA

Y LAS GAMBAS DE HUELVA.

 Nota preliminar:

 “Ahora, cuando he finalizado el borrador de este post que escribo, me entero apenado del cierre de la Escuela de Hostelería  “La Cónsula” de Málaga. Estoy triste por dicho cierre; un establecimiento que tantos buenos profesionales ha dado y con algunas Estrellas Michelin a sus espaldas.

 La Junta de Andalucía -entretenida en no se sabe que proyectos centralistas- está dejando morir, poco a poco, la industria malagueña. Si hace lo mismo con el segmento del turismo y de la hostelería en nuestra provincia…”Jéchate a dormir, mi arma!!”

 Me encantará saber la opinión de mi querido amigo y Maestro Rafael de la Fuente acerca de este dislate.”

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 Este era el texto. No me digáis que no era ciertamente premonitorio.

 Hoy, cualquier mercachifle es cocinero. Cualquiera que haya hecho un cursillo de cocina, CCC,  se siente preparado para ejercer de Chef Magnificat; se pone la máscara de cocinero,  y se siente capaz de desempeñar el autodesignado cargo de Chef- Director de establecimiento gastronómico que se precie. Y eso Señoras y Señores, no solo es un error. Sino que es una temeridad. Y además…una imbecilidad.

 La osadía -que a veces se alía con la falta de preparación- de muchos de nuestros hosteleros- y por consiguiente- la enorme proliferación de negocios del ramo- va en detrimento de los que sí se han preparado, ardua y concienzudamente, durante años, estudiando en escuelas gastronómicas avaladas por su prestigio y seriedad; va también  en  menoscabo hacia los que han pasado años en los fogones de los mejores restaurantes ganando sueldos irrisorios con tal de recoger  y asimilar la experiencia única que da el trabajar  con los mejores.

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Hoy en día, señoras y señores, cualquiera que se haya comprado un delantal en Makro,  unas Crocs en un chino, y haya tenido una suerte de aprendizaje y/o afición a esto de combinar adecuadamente los alimentos, monta un negocio de restauración con la fecha de caducidad anunciada. Pagando altísimos alquileres y dando por hecho una clientela que en la mayoría de los casos, se les resiste. Esto es sencilla y llanamente una sentencia de muerte empresarial.

 De ahí la innumerable cantidad de pelapatatas -profesionales con la boca chica de la cocina- que proliferan por esos establecimientos de Dios. O de Paul Bocuse; que es lo mismo.

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Entiendo que no se puede ser tan injusto -como lo estoy siendo- con la generalización. Pero también estarán de acuerdo conmigo, que los restaurantes y taperías que están llamados a permanecer, son los que se distinguen por su excelencia, calidad, trato, servicio y precio. Pero sobretodo, sobretodo, por la diferenciación. Aquel que no se diferencia de la mayoría, está condenado a hacer una fiesta de celebración cada vez que haga una recaudación mediana que le permita cubrir los gastos de ese día.

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Y esto lleva, si no se es propietario del local, y si no se tiene , solamente, el personal justo y preciso,  esto irá encaminado -sin más remedio- a la quiebra más rápida e irremediable.

 Ya dije en un artículo anterior que la clientela de estos locales, está hartísima de los mismos clichés. En todo tipo de restaurantes, no falta -y seamos reiterativos- ni el patedefuá ni la reducción de lo que al chef le venga en gana.

 Aquellos que se especializan; los que tiran de las nuevas tecnologías en la Red, los que se reinventan, los que investigan, los que se rodean de personal preparado, aquellos que no se precipitan y no se lo juegan todo a esa tirada de dados fatal que son los créditos imposibles…esos, esos, son los que sobresalen. Esos son lo que sobreviven en este mundo de sobreoferta y escasez de demanda.

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Hay mucho pichafloja en esto de las cocinas. Gente que se tira al ruedo de la gastronomía amparándose en ciertas habilidades. Verán Uds.: las habilidades se consiguen con la práctica. A fuerza de años y preparación de platos. Unos y unas, cualquiera, consigue dale un toque personal a la elaboración gastronómica si a ello se pone. A base de tesón, de habilidad y presteza, y  también, porqué no decirlo, de necesidad.

 Pongamos dos ejemplos que me son muy, muy, muy cercanos a la par que ilustrativos:

 Cuando Santa y yo nos casamos, tuvimos que hacernos -por mas cohoness- profesionales de la cocina; de inmediato; pues la necesidad perentoria de alimentarnos (nos casamos muy jóvenes) así nos lo imponía. O aprendes o desfalleces maifrén!

 No fueron tiempos fáciles para el paladar, aunque eso sí, nos reíamos muchísimo; pero a base de meteduras de pata aprendimos a sobrevivir en la cocina.

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Las recetas e indicaciones de las respectivas suegras y los socorridos platos a base de pastas y arroces, permitieron que no cayéramos en la inanición o en la infalible, pero desalentadora solución del bocata triste, infausto y huérfano de cubiertos. Que también, para que negarlo, acompañaron muchas cenas de aquellas fechas ya lejanas.

 De aquellos guisos, a estas lorzas.

 El primer arroz frito chino que me atreví a hacer en mi vida, fue para unos ocho comensales. Con un par de huevos! Literalmente.

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Ingredientes empleados en el suplicio: un kilo de arroz. Un enorme montón de cebolla, pimiento y  zanahoria todo finamente picado y frito. Una tortilla francesa de dos huevos debidamente cortada en daditos, y por fin, y como colofón artístico, cuasi medio  kilo de jamón de York cortadito en juliana. Como debe de ser.

 No puedo olvidar el tarro de salsa de soja marca Kikkoman.

 Todo preparado. Llega el momento de la elaboración. Empiezo por  la cocción: pongo a calentar como medio litro de agua. (Sí! he dicho medio litro!!!! Repito…medio litro de agua para un kilo de arroz!!!) Espero a que ésta hierva; puñado de sal. Comienza el gluglú de la ebullición y es ahí, donde cometo el crimen imprudente….Kilo de arroz padentro! Toítontero!

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Al minuto, el engrudo era apabullante, notabilísimo; insoportable.

Pero uno -en su ignorancia supina- pensaba que esta masa inconmensurable e inerte, como después se freiría, y que al contacto con el aceite hirviendo y las verduritas refrititas; con el huevo en daditos y el deshilache del jamón… dicha masa, decía, se tornaría suelta, excarcelada del pegunte y redimida de lo más insoportablemente denso y espeso, el plato, oh milagro! se salvaría para loor y gloria del Chef.

 Plooop!!! Sonó el mazacote de arroz al caer en la sartén dispuesto para sufrir el mismo tormento que los siete hermanos Macabeos;  El resultado, lo podéis imaginar: comida para perros y que me perdone el conjunto total de los cánidos y otros carroñeros.

 Eso si, absoluta y patéticamente negro figuraba éste debido a los chorreones de Salsa de Soja Kikoman que no hicieron sino empeorar el aspecto, y vestir de luto el desenlace.

 Sigamos…

 El plato estrella y primero de Santa, fueron unas patatas con salsa de tomate frito. Puso el tomate a hervir, cortó las patatas en gajos y así, crudas, las echó sobre el tomate ahogándolas de inmediato. Quince minuticos de cocción y a la mesa. El resultado… Patatas al Crunch. Cada vez que yo me metía en la boca una tenedorada de patatas con tomate, sonaba al masticarlas… Crunch… Crunch… Crunch… por la noche, como es natural, lombrices.

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 En fin, que al final y después de más de treinta años de amor, convivencia y experimentos gastronómicos, nos hemos transformados en unos verdaderos artistas de la cocina. Ella cocinera fantástica; yo en chef de pacotilla y pijotaditas. Un soplachef de plato cuadrado.

 Ella, ejecutando unos inigualables platos de de cuchara: Berzas, coles, potajes, callos, arroces, lentejas y habichuelas…Domina como nadie la fritura de pescado y es maestra contumaz en el difícil arte del gazpachuelo perfecto. Las sopas frías: Porra antequerana, el ajoblanco y el gazpacho…deliciosos! Una excelente cocinera, ya te digo.

Potaje de Cuaresma

 Yo, por mi lado, me he especializado en la menudencia y la fruslería; es decir en las conchitas, cucharaditas y vasitos de menús degustaciones: el tartar de salmón y el guacamole; las salsas de queso y los aperitivos de primavera; el cocktail de mariscos y las salchichas encebolladas en amarillo; los  pasteles de jamón y queso. El patedefuá con mermelada de naranja amarga (se me perdone la poca originalidad) las habitas baby con foie… chalaurítas; pero que me quedan resultonas y me procuran el halago de mis invitados.

 cucharitas de quesoo, alcaparras y anchoas

Es decir;  que digo yo, que cualquiera -tras años de entrenamiento- llega a alcanzar una excelencia en el manejo de los alimentos y su posterior transformación en platos decentes de comida. En la elaboración de recetas ricas y presentables. Pero eso -y es a lo que voy- no te capacita para unirte a ese ejercito mercenario de la mesa que infecta la ciudad de locales dedicados al condumio. Más que nada, porque hay muy poca madera para tanta hoguera. Para tanta tontería.

 Por último se preguntarán Uds.…y a que viene en el título eso de las gambas de Huelva?

 Pues viene a que, como recompensa por haber aguantado este tocho, aquí os regalo un recetario cuyo principal ingrediente es la Gamba de Huelva.

 Este es:

 La-cocina-de-la-gamba-de-Huelva[1]

Que os aproveche.!!!

 

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LOS TRES CABALLEROS Y EL HOTEL DE PARÍS EN MONTECARLO

HOTELES EN LA MEMORIA:

 

LOS TRES CABALLEROS Y

EL  HOTEL DE PARÍS EN MONTECARLO

Estábamos disfrutando una fantástica  y opípara velada en casa de mi muy querido amigo el Cónsul de Portugal. Se daba el caso que, por motivos de viaje, no se había podido celebrar la entrañable y tradicional Fiesta de los Fuegos Artificiales, de principios de la Feria de Agosto de Málaga, que cada año se celebra en casa de mi (insisto) querido amigo el diplomático.

La Fiesta de los Fuegos Artificiales es una reunión que uno, si está en sus cabales y ha sido invitado claro, no se debe de perder por varios motivos: Por las magnificas y privilegiadas vistas que se disfrutan desde la casa del Cónsul. Por los asistentes al evento -ya todos amigos, después de tantos años asistiendo a la recepción- Y sobretodo,  por el magnifico trato dispensado por los anfitriones: Rafael y Julia, a los que me une una  amistad consolidada por el cariño mutuo. La culpa: los  muchos años de trato, que te permiten la agradable sensación de sentirte como en tu propia casa.

La  recepción de este año, celebrada el 25 de Agosto, fue una recepción inusual. Reunión “Petit Comité” porque se casaba el vástago en días. Rafael tuvo el detalle de otorgarnos audiencia a un grupo selecto de amigos con un nexo común: Pertenecemos todos a la Logia del Negro Anaranjado. El trato dispensado por los dueños del recinto fue de una amabilidad inigualable. Desde aquí las gracias. Las muy muchas Gracias.

Pero no era ese el motivo de esta entrada. En un apartado de la fiesta –después de que Rafael bailase con tal brío y entrega que a otro cualquiera se le habrían bajado los pantalones- estuvimos los dos un buen rato charlando sobre un amigo común. Un muy querido amigo común de todos los que estábamos allí. Carlos Gil, (del que ya he hablado profusamente en este blog) y de la concesión, a título póstumo, del Premio Andalucía de Turismo; además de la petición al Alcalde de Benalmadena ( gestión efectuada por parte del Cónsul) de ponerle calle en el Pueblo de Benalmadena donde residía este costasoleño de Calatayud.

Por cierto: Gracias Cathy!!! Ya tengo la pajarita de Carlos en mi poder!!!La usaré, como es natural.

Sigo…

Saqué a colación en la conversación –por la ingente tarea que también había realizado en Pro de la excelencia y el buen nombre de la Costa del Sol- a mi querido amigo Rafael de la Fuente; le comenté al Cónsul, que manteníamos -Rafael de la Fuente y yo- relación epistolar y que el me obsequiaba, con esa deferencia que solo poseen los grandes, con su amistad y con sus artículos de “Hoteles en la Memoria” donde se hacen una especial  docta y erudita semblanza de los hoteles que él, en su dilatada carrera profesional, ha tenido la oportunidad de conocer.

De ese modo, estos: Los Tres Caballeros son el nexo común y la resultante  de esta entrega.

Este post, que ha empezado con una declaración de amistad, tiene la finalidad  de proporcionar otra magnifica entrega de “Hoteles en la Memoria” realizada por mi Maestro y estimado amigo Rafael de la Fuente. Habría que ir pensando también en otorgarle -en vida como a D. Pedro Alexis Turpault- el  Premio Andalucía de Turismo; no solo por la magnifica dirección que desarrolló al frente de grandes y emblemáticos hoteles de cinco estrellas de la Costa (entre otros lugares), sino por su magnifica labor llevando a la más alta categoría a la Escuela de Hostelería de la Cónsula. Esa de las Estrellas Michelin.

A ver para cuando lo dejamos!!

Hoy tengo el placer de presentaros el Hotel París de Montecarlo por Rafael de la Fuente. Que lo disfrutéis.

Si queréis leer el articulo que me ha remitido, podéis hacerlo desde aquí:

OPI RAFAEL DE LA FUENTE – Hotel de Paris, Monte-Carlo

Que lo disfrutéis!

MICUÍDEFUÁ. LA INVASIÓN DEL PLATO CUADRADO

Micuídefuá.

La Invasión del Plato Cuadrado.

 

Me ha remitido mi querido Pepe Hurtado -ese que siempre va acompañado perennemente del adjetivo “amable”-  un video de Youtube muy ilustrativo que se llama así: La Muerte del Bar Español y la Invasión del Plato Cuadrado.

Un título absolutamente precioso no me diréis. Precioso y que da mucho que pensar.

Visualizar ese video, que recomiendo -y cuyo link, pongo al final- me ha hecho recapacitar acerca de los bares de nuestra vida. De aquellos que nos acompañaron y que se fueron o están a punto de fenecer por mor de la Invasión del Plato Cuadrado.

Mi amigo Cristóbal Marmolejo, me dijo en una ocasión algo así como que en esta tierra, siempre se acaba hablando de los bares de cada uno. Pues voy a darle la razón.

Da mucho que pensar, decía, acerca de los bares que hoy, apenas sobreviven y que frecuento de vez en cuando.

También, acerca de los actuales y más modernos; de esos de nueva implantación por toda ciudad que se precie y que, haberlos, haylos a patadas, oigan! Lo que yo les diga!

Esta época que nos acontece -dura  e interminable-  de crisis, tanto de valores como de dineros, está dando pie a una epidemia incontenible como son las nuevas taperías gastronómicas. Que -salvo honrosas excepciones, (que también las hay, mucho cuidado con las susceptibilidades) y salvo contados casos, y salvo también, en Catedrales como el País vasco y algunas más del Norte- están llenando cada rincón, cada esquina de nuestras ciudades. A un ritmo desmesurado e incontrolado.

Con portalillos que, en pos de una modernidad gastronómica absurda y casi agotada, nos están metiendo, a base de nombrecitos imposibles, toda una suerte de tapas –pintxos le llaman ahora los fisnos por aquí en Málaga- que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia del papeo y del tapeo.

He dicho idiosincrasia. Que el indio sin gracia, era el larguipìri de los Tres Sudamericanos.

Hoy, un bar, una tapería, no es nada si en su menú no figura, pongamos por caso, un foie Micuit de pato (o de oca) con una reducción de Pedro Jiménez. O unas Milhojas  de lo que sea… O, unos frescos canónigos danzando entre su queso de cabra y vinagre balsámico de Módena;  esos mismos que le dan la tonalidad verde adecuada al blanco impoluto y aburrido del plato cuadrado.

Que decir de un  cordero al horno con ragout de caracoles, hongos confitados y aceite de trufa? O no digamos de los arroces cremosos con setas y langostinos (también confitados, que aquí se confita todo) de a 18 levros el platito cuasi degustación; ese mismo que viene situado justo en medio de, ya te digo, de otro enorme plato cuadrado.

Shalauritas!

Fíjese Ud. que yo, desde los tiempos del Puto Pedro y del Lengua, dos locos insignes, ya me tomaba -en Casa Guardia- unos Pajaretes con unos mejillones al vapor que partían el alma por la combinación (hoy se llama maridaje) y no había ni que poner ni  tieso el meñique, pa cogerse el mejillón, ni chapurrear el francaise para solicitarlos al Jefe de Sala, que tampoco existía. Camarero y s’acabó!

Y además, te lo juro, carburo, te costaban cuatro duros. Literalmente; a pesar del pareado.

Hoy bajas al centro de Málaga, y los bares antiguos, esos de toda la vida, o están relegados al más injusto e inmisericorde olvido -cuando no al desdén de los majarones- o, por más trágala, están dolorosa e indefensamente rodeados de locales dirigidos por potenciales maltratadores de hígados de anátide. Los del  Micuit con manzana caramelizada; ya se sabe.

Soy del parecer -como mi querido compadre el actor Centeno- de que la esencia de una ciudad se masca –fitetú que apropiado- en los bares clásicos; más aún, en aquellos que conservan un cierto deje decadente.  Esos bares donde puedes seguir saboreando las especialidades de antaño, sin que te saquen el consabido ojo de la cara por servirte un trozo de tortilla de papas con cebolla y su mihita de mayonesa.

Esa misma tortilla, que en otros sitios te sirven, porque no han sabido sacarla con la suficiente destreza de la sartén, y la llaman “deconstruida”. Tócate los cojones. (Es broma, joer! Que me perdone el Adriá)

¿Y a que viene esta plaga interminable de nuevos negocios de hostelería de línea tan selecta como plana?… (Sigo insistiendo que hay muchas y  honrosísimas excepciones)

Pues voy a explicar mi teoría- y que mi amigo y Maestro, Rafael de la Fuente, me perdone la intromisión, el desconocimiento y mi torpeza por -a lo mejor- no saber separar casos y casas. Restauración y negocios mercantiles. Por no explicarme adecuadamente.

Hace ya algunos años, una espléndida Escuela de Hostelería llamada La Cónsula, dio origen a una saga de enormes y preparadísimos cocineros y profesionales que son hoy mitos y ejemplos a seguir en la cocina española. En todo lo concerniente a la gastronomía.

Cocineros que hoy disfrutan en los anaqueles de sus restaurantes de alguna que otra estrella Michelin. Los dos García – Dani y Jose Carlos- y Celia Jiménez, valen de ejemplo.

Fueron unos principios gloriosos de una cocina que hoy es referencia mundial. No nombro a nadie más; no se me acuse de querer ser invitado a sus mesas.

Pero… ¿Que es lo que pasa diez años atrás de esos ejemplares comienzos? Pues que, tanto la demanda de inscripción, como la proliferación de Escuelas de gastronomía, se han disparado; han crecido tanto, que el mercado no puede asumir tantísimo profesional de gorro alto, sartén y delantal.

Así que, hagamos cuentas:

Pongamos (siempre cifras imaginarias) que hay cuatro Escuelas de Gastronomía en la provincia de Málaga.

Pongamos 18 meses de estudios. Pongamos una media de 200 alumnos por escuela y curso…esto nos da una cifra si no calculo mal- de 800 cocineros o profesionales en esto del condumio, en un año y medio.

Si reducimos estos 800 profesionales a grupos de dos, que tienen la pretensión  -en el mejor de los casos- de asociarse y montar un negocio gastronómico, sale a razón de 400 nuevos proyectos de comederos de élite en la provincia de Málaga. Esto a su vez, supone una media de 22 nuevas taperías y restaurantes al mes. Más de 5 negocios de restauración a la semana. Cada año y medio.

Inasumible por una población, que en el mejor de los casos, hoy, esta descapitalizada y abrumada por la oferta.

Así que para paliar la escasez – cada vez más acuciante- de clientes y atraerlos, se inventan las jornadas de fines de semana. Las Jornadas potajeras. O de cuchara, que queda como mucho más fisno.

Como si la gente de a pie, no estuviesemos hasta los mismísimos de comer platos de cuchara toda la semana.

De esta manera, las puertas de las aspirantes a taperías con proyección, se llenan de trípodes anunciadores (una humillación para ellas, todo hay que decirlo) donde se  ofrecen… Este viernes…..Potaje de vigilia con bacalao. El sábado….Arroz  de Calasparra caldoso de mariscos y setas (no ponen bogavante porque espanta al consumidor medio)  Las lentejas de la Abuela Casilda… El Potaje de habas y chícharos de mi Tía Remedios.

Las Fabes con almejas….Los Garbanzos con espinacas….La Olla Gitana…La Berza de mi madre… Garbanzos con Bacalao… Fabada Asturiana… Un sinfín de platos de cuchara de toda la vida.

Que para ofrecer eso, digo yo, no se para que se han comprado una vajilla completa de trozos de pizarra negra para servir los guisos. Porque en esos platos, no es posible  hundir ni un puñetero barquito de pan. Los sopones de toda la vida. Ni en los potajes, ni en las tapas.

Porque ya me dirá Ud. si no es el perfecto fin de fiesta para  un plato de callos o de unas almejas salteadas a la marinera (Ya sean los callos de bacalao o las almejas de Carril) el acabar el guiso, matando tu último cucurrón de pan -por asfixia y en su propia agonía- en medio de un archipiélago de resignados migones ensopaos.

En fins… Que no hay tanta boca pa tantas tostas de cebolla caramelizada, naranja amarga y Micuídefuá.

Ya sé que esto, está contado de un modo entre lo grotesco y lo caricaturesco; bastante exageradamente, lo sé. Pero no es sino el principio de una reivindicación que hago al bar medio cutre y especializado de toda la vida.

Por encima de la falta de esa especialización de la modernas taperías –aunque parezca lo contrario, muchas de ellas ponen el mismo perro con distinto collar- , y antes, mucho antes de los tiempos del Micuídefuá.

Y yo me pregunto –tal y como se preguntaba Rockberto- Si ya no te acuerdas…de cuando comías pescaíto frito con pan?

Antes -y todavía ahora, en algunos sitios- si querías tomarte una tajá de bacalao frito (y frío por lo de la hora tardía) tenías que irte al Bar Málaga de Calle Santa María. Las gambas a la plancha eran patrimonio de cualquiera de los bares de Calle Comisario; esa calle que entre la Alameda Principal y Martínez, perfumaba con olor a sal tostada y humo de mar un kilómetro cuadrado a su redonda.

Los Biberones de vino de Montilla (siempre cobrados en reales) de Casa Luna en calle Granada;  y esa espeluznante  -y sugerente- combinación que suponía un cocktail rosado de champagne (con guinda roja náufraga) y pulpo frito en el Quitapenas del Pasaje de Chinitas. La ensaladilla del Bárcenas en Uncibay. Los caracoles de las Tinajas.

Los callos de Casa Carlos junto al Hotel Miramar. O la mojama asada de la Campana de la Malagueta. El Caldillo de pintarroja del Anchoíta y las tapas de caracola y adobo del Alaska en la futura Plazuela de Tabletom.

Los bartolitos y las ligeras del Orellana, Los pinchitos de vísceras de Casa Sami en el Muro de San Julián. Los de Judi en el Kiosco de la Marina. Las puntillitas en los Michirones de Calle Madre de Dios o el mero frito en su justo punto de Los Culitos allá por los bajos de la Cruz Verde. Las gambitas fritas del Mesón Pepe de la Plaza de la Merced… Carabineros de El Pimpi Florida y el Jamón del otro Pimpi legendario de la Calle Granada, 62… La Valdepeñense… Casa Hijos de Matías.

Porque remedando al Poeta amigo, la Tapa se eterniza en las tabernas.

Ahora, tó es mu fisno, amigos míos. Tó es mu fisno. Pero tó es lo mismo.

Porque la esencia del tapeo malagueño, se está perdiendo entre la deconstrucción de la tortilla papas de toda la vida y los trozos de Kobe asado sobre cama de guisado de Raf y su emulsión de albahaca; que no es otra cosa que el magro con tomate de toda la vida. En los pueblos de Dios, claro! En los pueblos de Dios.

Me ha dado mucha sed esto de escribir…así que me voy  tomar un gin tónic de Gin Mare y  tónica Fever Tree con una rodaja de pepino holandés, hierbabuena fresca cristalizada y tres semillas de nosequé para acabar de perfumarlo. Hasta saturar el olfato y que parezca que te estás tomando un trago de Álvarez Gómez.

Bueno, sabes? mejor me tomo un Cateto en la Campana y un par de conchas finas, muy pronto por la mañana. No sea que me vean y me vayan a tomar por tonto. Porque hay tantos tontos de Gin Tónic, como Tontos de Micuídefuá. Por mis cojones que los hay! A cientos. Con su reducción de Pedro Ximénez, como es natural!

Aquí tenéis el video de Youtube que habla de eso: De la Muerte del Bar Español y la Invasión del Plato Cuadrado.

Que lo disfrutéis!

Y de regalo:

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