LUIS CENTENO. AMIGO DEL ALMA

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LUIS CENTENO. AMIGO DEL ALMA

 Te veré, amigo mío, en este día;
y te daré mi mirada y mi sonrisa.

 (Luis Centeno)

Ayer, mi amigo más querido, Luis Centeno, cumplió la provecta de sesenta años. Puedo afirmar, lleno de alegría y de contento, que llevamos lado a lado un setenta y pico por ciento de nuestras existencias. Acompañándole fiel y lealmente. Él a mí.

Por la mañana recibí una llamada de otro propio, el Afilado hermano, indicándome la intención de celebrar una cena sorpresa para festejar tan redonda cifra y para proponerme –como asistente especial no consanguíneo junto al Marmolejo Cristóbal– el unirme a dicho evento.

Inmediatamente, cómo es de suponer, acepté la invitación del puntiagudo amigo. Un privilegio que supuso para mí y para mi santa esposa. El honor de pertenecer como miembro de número y reconocido en la familia Centeno, no es el producto baladí de un momento o de una situación puntual. Es el resultado de más de cuarenta años de cariño, respeto, deferencia y consideración mutua. Eso del setenta y pico por ciento que indicaba al principio de este escrito.

Y fuimos, y nos reunimos. Toda la familia más cercana. Los hijos del que cumplía, los hermanos, sus respectivos caimanes y caimanas y, además, Nini, Cristóbal y yo, ya os digo, como invitados de excepción.

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Hoy, antes de escribir estas letras, he hablado por teléfono con Maribel (una de las oficiales) y me han llegado al corazón estas palabras “Sí, Alvarito. Anoche lo pasamos genial. No podía ser menos si estábamos con Luis, sus hijos, sus hermanos y sus dos amigos del alma. A Luis, tú ya lo sabes, lo quiere mucha gente; tiene multitud de amigos incondicionales, pero Cristóbal y tú, sois sus amigos del alma”.

Amigos del alma. Suena bien, sí señor. Amigos del alma.

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Yo creo que no es sólo la fidelidad demostrada por ambos durante estas décadas. No es sólo el cariño exacerbado que nos profesamos ni la multitud de momentos que hemos disfrutado juntos. Las mil y una situaciones inolvidables que llevamos en nuestra faltriquera de las experiencias. Es toda una vida juntos. Luis para mí simboliza la perfecta descripción de la amistad. Esa cualidad –a la amistad me refiero– que se ejerce y se hace fuerte cada año que pasa a base de instantes almacenados en el corazón y la memoria y que nunca se ve afectada por la lejanía ni por la ausencia. Tampoco –es sano que las haya– por el conjunto de nuestras discrepancias. Luis y yo siempre hemos compartido nuestro favor a eso de “El aval de la confianza”. Ese que te anima a ser amigo de quien lo es nuestro por separado, y eso, nos ha llevado a componer una caterva común de amigos difícilmente igualable.  Una queridísima banda muy difícilmente repetible.

Luis alcanzó ayer la provecta de los sesenta. Y yo, seguiré perpetuamente a su lado. Fiel y lealmente. Al menos –si es que la vida nos lo permite– otros treinta y tantos que ya será una buena fecha para transformarse en humo. Hasta entonces, quiero seguir frecuentando con él esos cutres bares de aluminio, que tanto nos gustan, para seguir envolviendo (siempre) con risas y recuerdos, nuestras palabras sin sentido.

Te quiero, amigo mío, te quiero. Tú lo sabes.

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ALGO PASA

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ALGO PASA

“Parece amigo que hoy
estás un poco más viejo”

***

(Lo muy último de mi querido amigo Luis Centeno.)

Me lo remite con un lacónico mensaje que dice: “Hermano mío. Haz con ello lo que quieras.” Y sabéis lo que yo hago? Callarme y publicarlo aquí; en el alma de mi blog. Para decirle -ya sabéis, muy calladamente- que los verdaderos amigos (si así ellos lo quieren) no necesitan para comunicarse, ni tan siquiera eso: la palabra. Todo se puede decir con el más absoluto e interminable silencio. Aunque a veces sea -el silencio- incómodo, doloroso e irritante.

Te quiero, amigo mío.

“Sí, que quieres que te diga… Tengo el perpetuo estado de que mi sonrisa no se acabe… El estigma perfecto de la persona adecuada, para suplir los silencios de quien no sabe llorar… Pero, resulta, que yo también lloro… Pero no puedo hacerlo, porque, entonces, se rompería el ciclo hermoso de quien nos hace sentirnos como si nunca pasara nada. … Pero algo pasa, sí, algo pasa… Y en eso me encuentro…entre la soledad y mi eterna sonrisa… Pero algo pasa, te lo digo yo…Algo pasa… Si no, en este momento,… Estaría durmiendo.”

Luis Centeno Messias.

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