MANOLO SALINAS (tres poemas)

 

MANOLO SALINAS (tres poemas)

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Suele decirse, erróneamente, que el hombre (entiéndase lo de hombre como todos los seres racionales pertenecientes al género humano, no me jodan las feminazis) que el hombre, decía, cuando llega a la edad de jubilación  –y después de unos meses de adaptación a la nueva situación– suele entrar en una fase de desorientación y desasosiego –habituado como estaba a la rigidez de los horarios laborales– por no saber cómo gestionar tanto tiempo libre que le ha llegado de repente y de sopetón.

Yo, siempre he pensado que esas sensaciones de agobio y desazón del emérito, no son sino la resultante de una pobreza de espíritu y una falta de adaptación a esa nueva disposición a la cual, se le podría y se le puede, sacar un ventajoso y provechoso rédito en cuanto a bienestar físico y desarrollo personal. Es tiempo –el de la jubilación– momento de dedicarlo, con más ímpetu que nunca, a las aficiones y a las inquietudes culturales. Ni lo duden.

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Conozco a muchísimas personas que ahora, cuando les ha llegado la hora del retiro laboral, demuestran un empeño notable en ejercer sus habilidades (que antes desempeñaban robando tiempo al tiempo)  y distraerse meridianamente. Ya sea asistiendo a exposiciones, organizando quedadas para degustar ensaladilla rusa, paseando por ese Desolation row (Viva el Nobel a Dylan!) que es el Paseo Marítimo de Málaga y sus aledaños deportivos a hora temprana o dedicándose estos, a que su tiempo no sea un simple pasar sino una forma de retomar o empezar propósitos que nunca llegaron a su destino por mor o la excusa de la falta de éste.

MANOLO SALINAS:

Suelo encontrarme “vezencuando” cuando realizo mis paseos (no en la hora provecta) por dicho Paseo marítimo, con el escritor y poeta Manuel Salinas. Siempre voy acompañado por el amigo común Lucas. A Manolo le ha llegado esa hora de colgar el hábito de la enseñanza; pero este doctor en filología, profesor  y catedrático de literatura, como era de esperar, dedica su bien merecido tiempo libre (siempre lo hizo, es verdad) a seguir implicándose en el mundo de la literatura en general, de la poesía en particular, dirigiendo  la colección de poesía “Puerta del Mar” de la Diputación de Málaga, entre otras actividades culturales. Entre otras muchas actividades culturales.

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Le pedí a Manolo, mi buen amigo, tres nuevos poemas suyos para realizar una nueva entrada en este blog. Él, tan amable como siempre no tardó en remitírmelos y ahora yo, los inserto en este post para vuestro gozo y disfrute.

UNA MUY SOMERA NOTA BIOBIBLIOGRAFICA

MANUEL SALINAS (Granada).ESPAÑA.

Licenciado en Filología. Doctor en Filología Románica. Ha trabajo como Catedrático de Lengua y Literatura españolas, publicando los libros de poemas: “Edelvira”, (1975), “Los espejos fingidos” (1985), “Esplendor de la tristeza“ (1984), Zulo de noviembre” (1988), “El mar en los hangares” (2004).

La revista ABRIL de Luxemburgo recogió parte de su libro “Viviré del aire”, que fue publicado posteriormente en Estados Unidos íntegramente (2013), donde fue galardonado como mejor libro en lengua no inglesa, libro que publicaría en España la editorial Vitruvio, de Madrid , en el 2014.

Actualmente escribe un libro que se titula: “Y portuguesa el alma”, del que ha editado una parte “la Casa Gerard Brenan” de Málaga (2015).

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Estos son los que ahora vienen; y al final, un enlace a uno de sus poemas recitados por el poeta y amigo en un video.

Las imágenes que ilustran los tres poemas, son obras de Encarni Díaz “Ginger”

Disfrutadlos!

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1

 

LOCUS AMOENUS

 

La mayor aventura

sucede dentro; abre los ojos dentro: la vida,

su claridad inaceptable, una luz resuelta

en aromas dentro, sólo un sol, un sol

de una patria remota, derramado y nuevo,

todo es nuevo: la esperanza, la alegría, la verdad

o la mentira que llevaba dentro. No hay

otra isla perdida sino la infancia. Venga la primavera,

venga la palabra a encender el maravilloso

desorden de las cosas, su murmullo animal y caliente

de selvas y desiertos; de rutas de la seda y fuentes

del Nilo; de estuarios del Amazonas y deltas

del Meckong. Dentro es más alta la noche,

los ojos, la luz. Dentro.

 

2

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SUITE SIN NOMBRE

 

Lleva el agua en sus brazos

lo tuyo y lo mío,

junquillos de enero y marzo.

 

En sus brazos el aire lleva

lo mío y lo tuyo,

rosas blancas de almendra.

 

Piedad hallan, mañanica clara,

agua que prende la herida,

salvias granadas.

 

Genistas, cidonias:

un aroma de estío,

carne que encuentra su carne,

lo tuyo como lo mío.

 

El invierno trae, el invierno lleva

falsas flores. Y queman.

 

3

 

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PIEDRA VIVA

Para Antonio Carvajal.

Es la inocencia la única verdad, asombro

que da sentido al mundo, milagro

del dolor que rinde su fruto azul, guirnalda

donde el aire florece. Y la rosa,

siempre rosa, y la hormiga, hormiga siempre.

 

Es entrega la inocencia, tapia del paraíso,

agua desgajada de la más alta luz; la belleza

duele en pleno gozo, en pleno

canto, sin pauta, aguda y grave

herida, siempre herida, rosa, rosa siempre.

 

Es lugar sagrado la inocencia, audaz ruiseñor

que entre dragones amarillos, apaga el miedo,

libre de perderse, de ser hallado, libre; cielo,

hondo cielo, cielo siempre. La belleza

es verdad sólo si duele.

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Si queréis oír al poeta, pinchad sobre su fotografía.

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LUIS CENTENO. AMIGO DEL ALMA

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LUIS CENTENO. AMIGO DEL ALMA

 Te veré, amigo mío, en este día;
y te daré mi mirada y mi sonrisa.

 (Luis Centeno)

Ayer, mi amigo más querido, Luis Centeno, cumplió la provecta de sesenta años. Puedo afirmar, lleno de alegría y de contento, que llevamos lado a lado un setenta y pico por ciento de nuestras existencias. Acompañándole fiel y lealmente. Él a mí.

Por la mañana recibí una llamada de otro propio, el Afilado hermano, indicándome la intención de celebrar una cena sorpresa para festejar tan redonda cifra y para proponerme –como asistente especial no consanguíneo junto al Marmolejo Cristóbal– el unirme a dicho evento.

Inmediatamente, cómo es de suponer, acepté la invitación del puntiagudo amigo. Un privilegio que supuso para mí y para mi santa esposa. El honor de pertenecer como miembro de número y reconocido en la familia Centeno, no es el producto baladí de un momento o de una situación puntual. Es el resultado de más de cuarenta años de cariño, respeto, deferencia y consideración mutua. Eso del setenta y pico por ciento que indicaba al principio de este escrito.

Y fuimos, y nos reunimos. Toda la familia más cercana. Los hijos del que cumplía, los hermanos, sus respectivos caimanes y caimanas y, además, Nini, Cristóbal y yo, ya os digo, como invitados de excepción.

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Hoy, antes de escribir estas letras, he hablado por teléfono con Maribel (una de las oficiales) y me han llegado al corazón estas palabras “Sí, Alvarito. Anoche lo pasamos genial. No podía ser menos si estábamos con Luis, sus hijos, sus hermanos y sus dos amigos del alma. A Luis, tú ya lo sabes, lo quiere mucha gente; tiene multitud de amigos incondicionales, pero Cristóbal y tú, sois sus amigos del alma”.

Amigos del alma. Suena bien, sí señor. Amigos del alma.

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Yo creo que no es sólo la fidelidad demostrada por ambos durante estas décadas. No es sólo el cariño exacerbado que nos profesamos ni la multitud de momentos que hemos disfrutado juntos. Las mil y una situaciones inolvidables que llevamos en nuestra faltriquera de las experiencias. Es toda una vida juntos. Luis para mí simboliza la perfecta descripción de la amistad. Esa cualidad –a la amistad me refiero– que se ejerce y se hace fuerte cada año que pasa a base de instantes almacenados en el corazón y la memoria y que nunca se ve afectada por la lejanía ni por la ausencia. Tampoco –es sano que las haya– por el conjunto de nuestras discrepancias. Luis y yo siempre hemos compartido nuestro favor a eso de “El aval de la confianza”. Ese que te anima a ser amigo de quien lo es nuestro por separado, y eso, nos ha llevado a componer una caterva común de amigos difícilmente igualable.  Una queridísima banda muy difícilmente repetible.

Luis alcanzó ayer la provecta de los sesenta. Y yo, seguiré perpetuamente a su lado. Fiel y lealmente. Al menos –si es que la vida nos lo permite– otros treinta y tantos que ya será una buena fecha para transformarse en humo. Hasta entonces, quiero seguir frecuentando con él esos cutres bares de aluminio, que tanto nos gustan, para seguir envolviendo (siempre) con risas y recuerdos, nuestras palabras sin sentido.

Te quiero, amigo mío, te quiero. Tú lo sabes.

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CARTA HACIA CAPILEIRA

Carta hacia Capileira

Carta hacia Capileira.

 De vez en cuando la vida -que cuando quiere, es tan madrastra como puta- obvia  y aparta de sí esa particularidad tan necesaria (para que se le llame vida) de dicha y satisfacción que se le supone innata; y va entonces, y  se abandona a la inhumanidad y a la truculencia; golpeándote, cuando está en ese modo, con saña. Con infinita maldad, intolerancia y brutalidad.

 Además, la vida, que a veces también es malvada e insensible cuando quiere, parece ser que sabe perfectamente cuando elegir los mejores o los peores momentos para afligir más al golpeado. Los instantes justos y exactos. Que suelen ser estos, cuando la persona elegida para el martirio está con la guardia bajada; desprevenida; descuidada y entretenida en disfrutar de su existencia. Someramente, claro está. No vayamos a enfadarla y le dé -a la vida-  por bajarnos súbitamente del burro de la alegría. Como es el caso.

 Pero la vida, ya sabéis, que es tan madrastra como puta, sin provocación por nuestra parte y sin haberle dado vela en este entierro (que ejemplo mas inoportuno)  te recuerda que el paso nuestro por ella, no es placentero siempre. No es un paseo por la nubes; sino que es una larga escalera de sentimientos y situaciones. Alternancia de altibajos que se  le llama.

 Una escalera, vaga, imprecisa y accidental, donde cada escalón supone un sinmorir o un sinvivir; alternándose. Porque sabedlo así, que ascendiéndola, se conforma el completo cometido de nuestro paso por la existencia: sufrimiento, alegría; pena, regocijo; tristeza, dicha; amargura, diversión; dolor, felicidad. Escalones pares e impares. Odio y AMOR. Pares e impares.

 Pares e impares. A  veces, de vez en cuando -ya sabéis- esta vida, pasa de ser madrastra a ser puta. De las que te cobran miserablemente por sus servicios, y entonces se torna, insoportablemente dolorosa.

 Mi queridísima amiga Aurora, está pasando -sin premeditación ni alevosía- uno de esos episodios indeseados. Una situación que sin buscarla, constriñe su animo; coarta su natural modo positivo de vivir.  De ver las cosas. Así que desde estas páginas, quiero mandarle un mensaje de ánimo. De positividad; de amor. Ya te digo.

 Y, le daré un consejo aunque no me lo haya pedido: Que suba la escalera saltando los escalones de dos en dos; empezando por los impares. Verás que da resultado. Pues de esa manera, los pares -que son los malos- quedan ignorados; jodidos hasta la indignacion por que se les desdeña. Que se agarre -cuando suba la escalera- a la baranda de sus amigos, de los que la quieren. Que al fin y al cabo, es a esa baranda, donde todos nos aferramos. Para pasar la vida.

 Decirle por fin -aunque ella lo sabe de sobra- que todo, hasta los sentimientos más  aborrecibles y dolorosos, los más fuertemente anclados en el corazón, se atenúan con el tiempo. Ya verás como sí! Te lo digo yo!!

 Te quiero Aurori. Te queremos desde Málaga. Vente ya pacá!!!

 Esto para ti:

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